Pronto, utiliza el rostro del demonio – Arco 10: Capítulo 5 (2)

Traducido por Shiro

Editado por YukiroSaori


—¿Eres Boel Britte? ¿Y qué? Solo eres una persona ordinaria, nada más. —Soltó la muñeca del chico, llenó su mano de una luz dorada y aplastó la rosa roja hasta convertirla en polvo.

Si él no podía tenerla, entonces nadie más lo haría. Ese era el tipo de fanboy descerebrado y posesivo que era.

Un sacerdote de luz que aún no había alcanzado el nivel Santo no podía condensar el poder de la luz y darle forma. Este chico solo tenía dieciocho años, y resultaba alarmante que poseyera una fuerza tan poderosa a esa edad. A pesar de que Boel parecía un joven, si se calculara su edad, debería tener alrededor de cinco o seis siglos. Durante todo ese tiempo, había permanecido junto al Padre Celestial, absorbiendo su energía divina. Y sin embargo, su fuerza no parecía ser mucho mayor a la de Joshua si se les comparaba.

Si este muchacho madurara algunos años más, ¿hasta dónde podría llegar? Además, ¿cómo obtuvo un poder luminoso tan puro? Se parece inmensamente al poder divino mismo.

¿Podría ser este joven el favorito del Padre en el continente?

Finalmente, el papa se percató del chico, pero solo pudo ver una figura que se alejaba rápidamente; su cabello rubio platinado brillando como seda bajo el sol radiante, deslumbrando a los transeúntes.

Boel parpadeó y luego miró hacia el papa con una expresión lastimera. No había sido tratado de esa manera en mucho tiempo.

El papa le dio unas palmaditas reconfortantes en la cabeza y dijo:

—No te sientas triste, hablaré con Joshua. En el futuro, serás el obispo del reino de Sagya. Cuando él comprenda esto, vendrá a disculparse por sí mismo.

Frente a él, un niño gentil y sencillo contrastaba con un joven rebelde e incontrolable; era evidente que el primero era más fácil de manejar. Por ello, el papa decidió depositar todas sus esperanzas en Boel, con la intención de ayudarlo a contener a Joshua.

A los dieciocho años, todos los jóvenes deben emprender un viaje. El continente es tan peligroso que, quién sabe, tal vez no regrese.

El obispo, consciente del favoritismo del papa hacia Boel, se apresuró a disculparse en nombre de Joshua. Mientras los demás creían que la floración de las rosas era un obsequio destinado a Boel, él no compartía esa visión.

Había sido testigo en más de una ocasión de los encuentros clandestinos de Boel, y la pareja romántica, cada vez, era diferente.

Un individuo tan lascivo y despreciable, si se sumergía en el estanque de la purificación, sería reducido a cenizas. Mientras el Padre no esté ciego, jamás podría llegar a favorecerlo.

Sin embargo, no podía revelar la conexión de Joshua con el Padre, por lo que se vio obligado a guardar silencio. Si Su Majestad y el papa decidían causar problemas, el Padre seguramente velaría por Joshua.

El obispo recordó al desafortunado obispo auxiliar y no pudo evitar soltar un suspiro.

En el Noveno Cielo, el Dios de la Luz fruncía el ceño, profundamente descontento. No reconocía a ese Boel; de hecho, el muchacho no era más que un grano de polvo ante su mirada. Su sincera confesión había sido malinterpretada y, lo que era peor, atribuida sin razón aparente a un mortal inmundo; estaba tan indignado que casi estallaba en risa por la incredulidad de la situación.

La rosa roja, en el lenguaje de las flores, significaba: «Te amo profundamente». Eso era precisamente lo que deseaba expresar a Joshua.

¿Quién es Boel para proclamarse mi favorito? ¡Qué ridículo!

La yema dorada de su dedo brilló con la intención de evaporar el cuerpo y el alma de Boel, pero entonces una idea surgió en su mente.

Joshua siente celos de Boel. ¿Significaba esto que su amor por mí ha pasado de una fe devota a un amor apasionado?

Durante esos dos años, cada vez se había sentido más insatisfecho con la relación que él y su pequeño creyente tenían. Anhelaba que Joshua lo viera como un amante, no como un dios.

Quizás permitir que este hombre siga existiendo acelerará su despertar.

Con ese pensamiento, el Dios de la Luz almacenó su luz dorada y, a continuación, retrocedió en el tiempo a través del espejo de agua para observar la vida de Boel, sin perderse ninguno de sus innumerables y apasionados encuentros amorosos.

Una risa baja y helada escapó de sus labios, mientras sus pupilas se teñían de oscuridad.

¿Un ser tan inmundo se atreve a proclamarse el «favorito de Dios»? Hacerlo desaparecer de manera rápida y certera sería, en realidad, un acto de misericordia para alguien como él. ¿Y esta es la figura más poderosa del continente? ¿Es que los seres vivos de este mundo han caído hasta tal grado de decadencia?

Entonces, lo mejor será destruirlo todo cuanto antes.

♦ ♦ ♦

Zhou Yunsheng regresó a su habitación, pero su necesidad de amar y adorar al Padre superaba la ira que lo invadía. Por lo que, controló su temperamento inestable, volvió al jardín para recoger girasoles y luego se dirigió hacia el salón lateral. Las dos criadas, con delicadeza, llevaron los pasteles recién hechos al vapor y los dispusieron ordenadamente en la bandeja. Era raro para ellas ver al sacerdote tan enfadado; en ese momento, sus manos temblaban de miedo y, de vez en cuando, le dedicaban miradas furtivas.

—Mi señor, creo que el sacerdote Bright no es tan extraordinario como dicen las leyendas. Ni en apariencia ni en poder se compara con usted. Aunque usted permanece en el anonimato en este momento, llegará el día en que su luz ilumine todo el continente. Usted se convertirá en el más grande de los sacerdotes de la luz —expresó sinceramente una de ellas con auténtica devoción.

La otra asintió, respaldando sus palabras con fervor.

Zhou Yunsheng les sonrió. Su profunda fe lo hacía ser portador de un temperamento gentil durante el día, lleno de pensamientos inocentes y dispuesto a dejar de lado lo negativo para centrarse en las cosas buenas de la vida. Sin embargo, cuando alguien insultaba a su Padre, su actitud cambiaba drásticamente y se tornaba agresivo.

El ambiente del salón apenas se había calmado un poco cuando Boel entró de nuevo con paso ágil.

—Joshua, hablemos con tranquilidad, ¿te parece? —preguntó con una sonrisa—. Te ruego me digas, ¿en qué te ofendí antes? Estaré residenciado en este templo por un tiempo prolongado, y espero que podamos forjar una sólida amistad.

Boel estaba acostumbrado a ser adorado dondequiera que iba. Ante alguien que lo menospreciaba, sentía un impulso inquebrantable de no rendirse hasta conseguir que esa persona se sintiera atraída por él.

Las criadas se retiraron en silencio, dejando a ambos hombres a solas.

Zhou Yunsheng apretó los labios, negándose a hablar. No deseaba ser amigo de aquel hombre; de hecho, solo con mirarlo sentía un impulso incontrolable de atacarlo.

Boel adoptó una expresión de desamparo y preguntó con cautela:

—¿Es por el segundo príncipe? Solo somos amigos ordinarios, por favor, no lo malinterpretes.

Zhou Yunsheng lo fulminó con la mirada y enfatizó:

—Solo el Padre ocupa mi corazón. Mi ideal de vida es ofrecer todo lo que poseo como tributo al Padre, para que Él ame esta diminuta porción de tierra y no permita que se convierta en un paraíso para los demonios. No me interesa tu relación con el príncipe; no me interesa saber nada al respecto.

Sus palabras fueron firmes, y su mirada desbordaba desagrado y descontento al mencionar al segundo príncipe, lo que llevó a Boel a comprender que no se trataba de mera hipocresía. La persona a quien amaba y deseaba conquistar ni siquiera merecía ser mencionada por Zhou Yunsheng, lo que hizo que se desvaneciera por completo su sensación de superioridad y triunfo.

En el Noveno Cielo, el Dios de la Luz escuchó esta conversación y se sintió conmovido y angustiado a la vez. Estaba dispuesto a aceptar todo de Joshua, sin dudar en ofrecerle todo a cambio, incluso su divinidad como Dios de la Luz. Sin embargo, Joshua lo veía como perfecto e intocable, lo que le generaba un temor profundo a decepcionarlo.

—Realmente no sé cómo confesarte lo que siento por ti —murmuró, cubriendo su rostro, experimentando por primera vez la confusión que acompaña a las emociones contradictorias.

En el salón, la conversación entre ambos continuó. Boel, incómodo, permaneció en silencio por un momento antes de intentar nuevamente:

—¿Por qué? ¿Por qué me desprecias? Apenas nos hemos conocido; ¿no es demasiado pronto para juzgarme así? En realidad, me caes muy bien. —Sonrió con el encanto habitual con el que conquistaba a todos.

Zhou Yunsheng se inclinó, jugueteando distraídamente con los pasteles, como si no hubiera escuchado ni una palabra de la conversación.

El vapor que se alzaba hacía que el aroma de los pasteles impregnara el aire. Ni siquiera en el Templo de Dios había visto nada tan exquisito como aquellos manjares. Una profunda admiración brotó de su pecho, y suspiró con anhelo.

—Huelen de maravilla. Aunque el Padre no necesita alimentarse, seguro que se sentiría tentado a probarlos si los viera. —Con una leve sonrisa, añadió—. Su mayor placer es reclinarse en su diván y disfrutar de una bebida; aborrece las interrupciones.

»Aun así, solía llamarme a su lado para que le cantara. Podía escucharme durante horas, como si mi voz nunca lo cansara. Si está de buen humor, me acariciaba suavemente la cabeza. Su cuerpo no es tan frío como imaginan los mortales; es cálido, y acurrucarse a sus pies brinda una paz indescriptible.

Zhou Yunsheng escuchó estas palabras y sintió cómo su corazón se desgarraba. De inmediato, fulminó a Boel con la mirada.

—Si estabas tan cálido y en paz al lado del Padre, ¿por qué quisiste venir al mundo mortal?

Boel detectó la intensa chispa de celos en sus ojos y, para su sorpresa, se sintió complacido. Sonrió mientras respondía:

—Porque el Templo de Dios es demasiado solitario. Llevamos vidas largas y, en ocasiones, nos sentimos agotados. El Padre percibió mi infelicidad y me permitió venir al continente para relajarme. Cuando llegue el momento, enviará a un emisario celestial para escoltarme de regreso.

Después de repetir una mentira mil veces, esta se convierte en la verdad. Al principio, Boel había tejido esta historia para protegerse, sin imaginar jamás que aquellos a su alrededor lo elevarían hasta lo más alto. Disfrutó de una honra y un privilegio que jamás había experimentado y, con el tiempo, terminó atrapado en ese abismo de adoración y vanagloria.

Los ojos de Zhou Yunsheng se humedecieron mientras una risa fría escapaba de sus labios.

—Permanecer al lado del Padre es un regalo glorioso. ¿Cómo puedes tildar eso como soledad? Si fuera yo, jamás me alejaría de su lado.

—Pero, lamentablemente, tú no eres yo —replicó Boel, dedicándole una sonrisa provocadora y encogiéndose de hombros antes de llevarse un pequeño trozo de pastel a la boca.

Un golpe certero. El corazón de Zhou Yunsheng ya no sangraba, sino que se hacía pedazos. Para un fanático devoto, estar junto a su ídolo en todo momento era la mayor dicha imaginable, algo por lo que incluso estaría dispuesto a dar su vida. Pero esa persona no solo había huido, sino que además había estado involucrándose con varias personas a la vez.

¿Tiene sentido alguno dejarlo vivir después de esto?

¡Por supuesto que no!

Los ojos de Zhou Yunsheng se llenaron de intenciones asesinas mientras una hebra de luz dorada danzaba entre sus dedos, lista para atravesar el corazón de Boel. Sin embargo, su parte racional, que yacía oculta en lo más profundo de su subconsciente, lo detuvo.

¡Las fuerzas externas no pueden eliminar a los hijos del destino directamente, o el mundo colapsará! Puedes lanzar el anzuelo, pero no recoger la línea, o arruinarás todo tu trabajo.

¡Despierta de una vez, maldita sea! ¡No puedes pasar el día orbitando alrededor de tu Padre!

Para recordárselo, su parte racional surgió, rompiendo numerosas barreras psicológicas, y logró hacerse escuchar. Sin embargo, fue empujado de regreso al oscuro mar del subconsciente por el descerebrado.

Pero el mensaje había calado en su parte devota y fanática. Con un brusco movimiento de sus mangas, volcó todas las bandejas al suelo, se puso de pie y salió.

—¿Cuál es tu problema? —gritó Boel, cubierto de pasteles pegajosos, con las mejillas ardiendo de furia.

—Estos son ofrendas dedicadas al Padre, y tú no eres más que un mortal. ¿Qué derecho tienes tú, un simple mortal, a probarlos? Ahora que los has profanado, ya no son dignos. No creas que por haber estado en el Templo de Dios cientos de años eres superior a los demás, quítate esa aura de santidad, no eres mejor que yo.

Con estas palabras, Zhou Yunsheng dio media vuelta y se apresuró hacia el salón principal, donde se plantó frente al Padre, sus ojos llenos de lágrimas.

Padre, ¿cómo puedes preferir enamorarte de esa persona en lugar de mí?

 

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