El renacimiento de una estrella de cine – Capítulo 51: Reencuentro con Kang Jian

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


Bai Lang había acudido a Full Circle para asistir a una junta de accionistas. Por sí solo representaba dos tercios del capital social; si él no asistía, las votaciones no alcanzarían el cuórum mínimo del 50 % y la sesión se declararía fallida de inmediato.

Así pues, apenas puso un pie en el nuevo edificio que la empresa había levantado el año anterior, un hombre delgado salió apresuradamente del ascensor para recibirlo. Llevaba su acreditación de empleado al cuello y vestía vaqueros con una camiseta sencilla. En su rostro se dibujó una sonrisa familiar mientras lo saludaba con entusiasmo:

—¡Ay, joven maestro Bai! Solo faltaba usted. Por aquí, por aquí.

Aquellas palabras, «joven maestro Bai», hicieron que Kang Jian, que esperaba al otro lado del amplio vestíbulo, girara la cabeza. En ese momento, a su alrededor se había congregado un pequeño grupo de jóvenes apuestos.

Ese día, uno de los departamentos de la empresa realizaba pruebas preliminares para un anuncio publicitario. Como aún no habían llegado a la fase formal de audiciones, todo se desarrollaba en una de las oficinas de la planta inferior. Al pertenecer todos al mismo círculo del entretenimiento, los jóvenes que habían ido a probar suerte se emocionaron de inmediato al ver que su sénior, Kang Jian, también estaba allí.

Se acercaron en tropel para saludarlo y entablar conversación. Tras charlar un rato, descubrieron que Kang Jian había acudido a Full Circle para tratar asuntos de negocios; sin duda, negociaciones de alto nivel. Aquellos novatos, jóvenes y todavía insignificantes, sintieron que no podían compararse con él, por lo que sus miradas se llenaron de admiración y envidia. Incluso su forma de hablar se volvió cada vez más respetuosa y halagadora.

Esta nueva hornada de aspirantes tenía entre diecisiete y dieciocho años. una de las condiciones exigidas por Full Circle para las pruebas. Tres o cuatro años atrás, cuando Bai Lang estaba en la cima de la fama, esos muchachos probablemente aún estaban en la escuela secundaria. Tal vez recordaban a algunos cantantes ídolos de aquella época, pero de Bai Lang, cuyo trabajo principal era la actuación, no conservaban recuerdos claros. Por eso, al notar el cambio en la actitud de Kang Jian, preguntaron con curiosidad:

—Sénior Kang, ¿conoce a esa persona?

—¿También es de nuestro círculo?

—¿Cómo es que no me suena? ¿Es un recién llegado?

Siete u ocho voces hablaron al mismo tiempo. En el vestíbulo, de techos altos y despejados, el eco amplificó sus palabras hasta que alcanzaron a Bai Lang, quien levantó la vista junto al hombre que lo acompañaba. Cuando sus miradas se cruzaron, Kang Jian sintió como si algo le oprimiera el corazón con un dolor sordo.

Hacía mucho tiempo que no lo veía. Comparado con tres años atrás, Bai Lang no había cambiado demasiado y, sin embargo, se sentía distinto. Su piel seguía siendo blanca y delicada; su cabello y sus cejas, oscuros y puros. Todo en él emanaba pulcritud y elegancia; mirarlo era como contemplar una pieza de jade hermoso y translúcido que invitaba, sin quererlo, a sonreír y a aproximarse. En ese momento, la habitual sonrisa de Bai Lang no había desaparecido. Incluso al encontrarse con la mirada de Kang Jian, solo se atenuó un poco, pero fue suficiente para animar a este último a avanzar con rapidez.

Kang Jian ignoró las voces a su alrededor y, como si estuviera hipnotizado, caminó directamente hacia él.

—A-Lang… cuánto tiempo sin verte.

Bai Lang asintió levemente.

—Señor Kang.

Los ojos de Kang Jian se iluminaron al instante. Desde que Bai Lang se había vuelto distante, aquella era la primera vez que le mostraba un gesto de cortesía.

¿Podía ser…? ¿Podía ser que, tras obtener ciertos logros en estos años, los malentendidos de Bai Lang hacia él se hubieran disipado finalmente?

Los sentimientos de Kang Jian hacia Bai Lang eran ahora extraordinariamente complejos; en su admiración se entremezclaban la envidia y un profundo resentimiento. Por eso, en su momento, no se había opuesto a que Li Sha le causara problemas. Sin embargo, ahora Kang Jian sentía que su propia popularidad superaba a la de Bai Lang. Al disiparse aquella envidia, la figura de Bai Lang —la misma que antaño había encendido sus deseos más íntimos— volvió a ocupar la mayor parte de sus pensamientos. De pie frente a él, su corazón empezó a latir con fuerza.

Incapaz de contenerse, bajó la mirada hacia la mano de Bai Lang. Allí seguía, ajustado con discreción en su dedo, el mismo anillo de oro blanco de hacía tres años.

Tres años atrás, Bai Lang había salido precipitadamente de la gala de premios. Tres semanas después, casi todo el mundo supo que Qiu Qian había sufrido un accidente en el extranjero. Los comentarios venenosos que aseguraban que Bai Lang había «huido tras perder» se transformaron de inmediato en elogios a su amor y lealtad. A partir de entonces, no volvió a haber noticias suyas en el mundo del espectáculo; incluso Calle caótica, que se encontraba en plena promoción, desapareció sin dejar rastro. Así fue hasta hacía apenas unos días, cuando Total Entertainment anunció de forma escueta que la película retomaría el rodaje tras tres años de pausa.

Al ver el anillo, la mirada de Kang Jian se ensombreció. En ese mismo instante, percibió dos figuras que se aproximaban: se dio cuenta de que dos guardaespaldas altos y corpulentos seguían a Bai Lang a cierta distancia. Al verlo detenido por un desconocido, habían avanzado para asegurarse de que todo estuviera en orden.

Kang Jian recompuso rápidamente su expresión y volvió a sonreírle.

—Hace nada escuché que habías regresado al país y ya nos volvemos a encontrar; debe de ser el destino. Tenemos que buscar un día para charlar con calma. Han pasado tres años y China ha cambiado mucho. En el círculo han ocurrido muchas cosas que quizá no conozcas; puedo ponerte al día para que no cometas errores.

Mientras hablaba, Kang Jian sacó su teléfono con la intención de pedirle de nuevo su número. Sin embargo, una voz desconocida los interrumpió en ese preciso momento.

—¿Señor Kang? Aquí está.

Todos se giraron y vieron acercarse a un hombre trajeado, con aspecto de gerente, que también llevaba la acreditación de empleado al cuello. Tras inclinarse con respeto, se dirigió a Kang Jian:

—Señor Kang, el subdirector general lleva bastante tiempo esperándolo en la sala de reuniones. Usted…

Dejó la frase en el aire con deferencia. Kang Jian se quedó inmóvil un instante; entonces recordó que había acudido allí por asuntos de trabajo. Representaba a su nueva empresa comercial y estaba en Full Circle para negociar y firmar un contrato de almacenamiento y logística. Al girarse, notó un destello de sorpresa en los ojos de Bai Lang. Kang Jian entrecerró los ojos y lanzó una mirada al hombre delgado que había salido a recibirlo: al verlo vestido de manera informal, asumió que se trataba de un empleado de bajo rango. Enderezó la espalda con aún más orgullo y, de buen humor, dijo:

—A-Lang, tengo que ir a una reunión ahora. Hablamos otro día. Mi número no ha cambiado, seguro que lo recuerdas. Entonces… ¿espero tu llamada?

Tras decir aquello, el gerente volvió a llamarlo en voz baja. Kang Jian se dio la vuelta y se marchó; sin embargo, no había avanzado más que unos pasos cuando volvió a girarse para despedirse de Bai Lang con la mano. Este último solo parpadeó y, por supuesto, no respondió al gesto.

Cuando Kang Jian fue conducido al ascensor y desapareció de la vista, el empleado vestido de manera informal que acompañaba a Bai Lang preguntó:

—¿Es alguien a quien conoce el joven maestro Bai? ¿Debería hacer algún tipo de arreglo?

Bai Lang sonrió.

—Así es. Dile al subdirector general que retrase el asunto y que no acepte su negocio. En unos meses, su empresa quebrará.

El empleado se quedó inmóvil. Luego parpadeó y soltó una risa traviesa.

—¿El jefe Qiu va a volver a meterse en problemas? Esta vez debería dejarnos ayudar también, ah.

Bai Lang no estuvo de acuerdo y le dio una palmada en el hombro al joven.

—Vamos. Este tipo de asuntos menores no son algo de lo que tengas que preocuparte, director financiero.

⬧ ⬧ ⬧

Después de contárselo todo a Qiu Qian, la animadversión de Bai Lang hacia Kang Jian se había disipado en gran medida. Al hablar con él de todos los problemas que se había afrontado en su vida pasada, sintió como si hubiera vaciado por completo la basura acumulada en su corazón. Ahora podía pensar en todo con claridad y amplitud; por eso, incluso al reencontrarse con Kang Jian, la frialdad y la aversión ya no eran tan punzantes. Le resultaba casi un desconocido, alguien a quien podía tratar con cortesía distante.

Por supuesto, una de las razones de ello era que Qiu Qian llevaba tiempo tendiéndole una trampa a Kang. Tras escuchar el relato de la vida pasada de Bai Lang, ya había trazado planes para su futuro. Qiu Qian dejó claro que, si en la vida anterior Kang Jian lo había arrastrado al descrédito absoluto y a la humillación, en esta vida él le devolvería exactamente lo mismo: ni más ni menos. Por ello, hizo que lo vigilaran de cerca y muy pronto descubrieron su punto débil.

Después de más de dos años de matrimonio, Kang Jian parecía incapaz de reprimir por más tiempo sus inclinaciones. En varias celebraciones y fiestas, había utilizado la excusa de la embriaguez para propasarse con jóvenes actores. Sin embargo, conservaba cierta lucidez: los besaba, los tocaba o se frotaba contra ellos, pero no olvidaba pronunciar el nombre de Li Sha. De ese modo, si alguno de esos jóvenes, manoseado, intentaba chantajearlo para obtener beneficios, él podía alegar que simplemente estaba ebrio y los había confundido con su esposa.

Si aquello era verdad o mentira, probablemente solo lo sabía quien había sido tocado. Aun así, empezó a circular el rumor de que Kang Jian no era agradable cuando bebía. En un mundo del espectáculo famoso por su laxitud moral, aquello no era gran cosa; incluso si llegara a oídos de Li Sha o de Li Min, a lo sumo provocaría una reprimenda. De hecho, Kang Jian utilizaba esa reputación como coartada para comportarse con desenfado mientras fingía estar borracho.

Las fotos de esos incidentes aislados no bastaban para provocar la caída definitiva de Kang Jian. Conociendo la forma de actuar de Qiu Qian, cuando decidía atacar a alguien  lo hacía con la intención de destruirlo por completo, sin dejarle ninguna vía de escape. Por ello, su primer paso fue sembrar la discordia entre Kang Jian y sus principales respaldos: Li Sha y Li Min.

Para Qiu Qian, todo aquello resultó, en realidad, demasiado sencillo.

En lo que respecta a su relación con Li Sha, era suficiente observar el comportamiento furtivo de Kang Jian para tener la certeza de que no estaba lejos de cruzar la línea y engañar a su esposa. Además, era evidente que lo haría con un hombre. Así pues, Qiu Qian dispuso que varios modelos de poca monta —también gais y de carácter afable— obtuvieran papeles que les permitieran un contacto cercano con él. Su intención era avivar ese cosquilleo oculto en el fondo de su corazón.

En cuanto a la relación entre Kang Jian y Li Min, fracturarla sería aún más fácil.

Aunque Kang Jian era su yerno, a ojos de Li Min no era más que alguien que vivía a expensas de su hija. Si bien había impulsado su carrera, en numerosas ocasiones no le mostraba el menor respeto, especialmente en asuntos formales. Cuando Kang Jian expresó su deseo de seguirlo para adentrarse en el mundo de los negocios, Li Min le arrojó un balde de agua helada al preguntarle con desdén qué podía saber un simple actor sobre gestión empresarial.

De ese modo, Kang Jian comprendió que aquel anciano solo deseaba que él y Li Sha le dieran un nieto; en cuanto a él, jamás llegaría a ser digno de su consideración. Bajo semejante desprecio y constantes humillaciones, era natural que ansiara construir su propio imperio. Sin embargo, en el círculo del espectáculo siempre estaría sometido por Li Min, llevado de la nariz sin posibilidad de escapar. No tenía otra opción que elegir un sector diferente.

Así, todo lo que Qiu Qian necesitó hacer fue empujar un poco a ese tonto —que aferraba su capital con la intención de fundar una empresa— hacia el camino de unos estafadores elocuentes y expertos en palabras bonitas. No le preocupaba en absoluto que un forastero como Kang Jian pudiera ver a través del engaño y, tal como se esperaba, este terminó arrojando su dinero a un pozo sin fondo.

No obstante, ninguno de los arreglos anteriores afectaría su carrera actoral. Salvo aquella producción envuelta en un escándalo de drogas, Bai Lang dejó claro que no deseaba sabotear otros proyectos solo para atacarlo; sabía que detrás de cada obra había demasiadas personas que dependían de ella para su sustento. Si una producción podía triunfar, debía hacerlo.  Y si se trataba de pisotear y hundir a Kang Jian, Bai Lang prefería hacerlo por sus propias capacidades.

Por ello, además de Calle caótica, Bai Lang le preguntó a Fang Hua si existían otras oportunidades para él. Por pura casualidad, el programa de cocina ¿Quién invita a cenar?, que lo había catapultado a la fama por segunda vez en su vida anterior, estaba realizando audiciones. Todos los artistas masculinos con habilidades decentes en la cocina habían sido invitados a participar.

Al recibir la noticia, Bai Lang acudió de inmediato a Qiu Qian para expresarle su intención de participar. Sin embargo, para su sorpresa, quien alzó la voz en protesta fue Qiu Xiaohai, con los ojos abiertos de par en par.

—¡¿Por qué?! ¡A-Bai, ¿por qué vas a ir a cocinar a casa de otros?!

Qiu Xiaohai frunció sus espesas cejas y habló con un tono de profundo malestar. Durante los días en que Qiu Qian estuvo herido, Bai Lang y el pequeño solo se tuvieron el uno al otro; cada día se abrazaban y lloraban juntos apoyándose mutuamente. Por eso, hacia Bai Lang, Qiu Xiaohai ya no sentía solo afecto: había desarrollado una dependencia intensa, casi desesperada.

Bai Lang acarició la cabeza de Qiu Xiaohai cuando el niño se acercó para abrazarlo.

—Es solo para la televisión. Seguiré volviendo a casa y cocinando para ti, Xiao Hai.

El pequeño hundió su rostro contra el vientre de Bai Lang, comportándose de una forma inusualmente egoísta.

—No quiero… A-Bai, tú solo deberías cocinar para nuestra familia.

Qiu Qian asintió con la parsimonia, mostrándose de acuerdo.

—Deberías filmar películas. Aún te falta un premio, ¿no fue una lástima la última vez?

Bai Lang miró a Qiu Qian con sorpresa. Él, mejor que nadie, debía saber el enorme beneficio que aquel programa le había reportado en su vida pasada.

Qiu Qian, al notar su mirada de sorpresa, suspiró.

—Ya preparas demasiadas cenas nocturnas para Er Hong. Mira lo gordo que se ha puesto.

Bai Lang se quedó sin palabras: quiso señalar que solo habían sido unos cuantos tazones de fideos, pero en ese momento, Qiu Xiaohai levantó la cabeza de repente y volvió a suplicar:

—A-Bai, por favor, no vayas, ¿sí?

Aunque estaba siendo egoísta, el niño no olvidó mostrarse educado, pese a que era evidente que estaba haciendo un berrinche cariñoso. Bai Lang no tenía defensas contra él  le dio unas suaves palmadas en la cabeza.

—Está bien. No iré. Te haré caso.

El rostro de Qiu Xiaohai se iluminó con una gran sonrisa y volvió a frotar su cabeza contra el vientre de Bai Lang. Qiu Qian, sintiéndose excluido ante tal escena, también se acercó y lo besó.

—Muy bien.

Bai Lang se sintió impotente ante ellos, pero al mismo tiempo no experimentó arrepentimiento alguno. Solo pudo pensar que, en esta vida, las cosas realmente eran muy distintas.

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