El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 84: Dorado y plateado

Traducido por Haku

Editado por Herijo


—¡Bandersnatch, llévate a esa chica, que solo estorba! ¡Los demás, entretengan a la pequeña zorra!

Al oír la orden de Elsee, las monstruosas quimeras se pusieron en movimiento. El gigantesco perro de dos cabezas, al que llamó Bandersnatch, cargó a la inerte Renge sobre su lomo y se alejó del lugar. El resto de las criaturas se abalanzó sobre Kuzuha.

—Viento, acude a m…

—Tu oponente soy yo~

Justo en el instante en que intentaba invocar mi magia, su cabello dorado se interpuso ante mis ojos. Se había abalanzado sobre mí, aprovechando el momento exacto en que mi atención se desviaba.

Sentí el peligro inminente y, usando mi velocidad sobrehumana, frené en seco y salté hacia atrás. Logré tomar distancia de Elsee, pero a cambio, también me separé de Kuzuha.

—¡Arge, no te preocupes por mí! ¡Acabaré con estos y voy para allá!

La voz de Kuzuha llegaba desde lejos. Al igual que yo, ella se vió forzada a retroceder, empujada por la marea de monstruos.

Nos ha separado.

Era una estrategia evidente. Nos separaban apenas unos metros, una distancia que podríamos cerrar en un instante, pero con nuestros respectivos oponentes de por medio, el espacio se sentía insalvable.

La voz de Elsee, dulce y empalagosa como la miel, rompió el silencio entre nosotras.

—Je, je… Ahora estamos a solas.~

—En ese caso, ¿puedo irme ya a casa?

—Je, je… no puedes~. Juguemos… hasta… que… dejes… de… respirar.

Como era de esperar, se negó. Tampoco era que albergara la esperanza de que me dejara marchar. Un sudor frío comenzó a perlar mi piel a pesar de la noche. No era por el calor, sino por una sensación siniestra que emanaba de ella.

Cálmate.

No hay duda de que era una vampiresa increíblemente fuerte. Pero yo también posía una cantidad considerable de habilidades, y todas al máximo nivel.

Ganar o perder era secundario; ahora mismo, debería ser capaz de, al menos, detenerla. Tenía que calmarme, inmovilizarla y correr a ayudar a Kuzuha. Para eso, primero debía concentrarme en lo que tenía delante.

Respiré hondo para serenarme y me mordí un dedo, dejando que la sangre brotara. El sabor dulce y metálico me tranquilizó un poco.

Armas de Sangre: Cadenas.

Convertí la sangre que brotaba usando una de mis habilidades vampíricas: Armas de Sangre, que me permitía forjar armas a partir de mi propia sangre. Era debatible si las cadenas contaban como armas, pero si podía crearlas entonces supongo que lo hacían.

No eran especialmente rápidas, pero podía controlarlas a distancia. Al mismo tiempo que creaba innumerables cadenas, me lancé hacia ella, manipulando las que no empuñaba para que la atacaran desde todos los ángulos.

—Vaya, eres más rápida de lo que pensaba.

—Lo siento, pero voy a pedirte que te estés quieta.

—Je, je… La que se va a estar quieta eres tú. Creación de Sangre: Cadenas.

De repente, mi campo de visión se tiñó de rojo. Una enorme cantidad de cadenas de sangre brotó del suelo como si fuera maleza. Era una habilidad distinta a la mía, pero el resultado era el mismo. A diferencia de mí, ella no había tenido que sangrar, pero el nombre de la habilidad sugería que también usaba sangre. ¿La habría esparcido por el suelo de antemano?

Atadura de Sombras.

Continuó con otro hechizo, y esta vez el color que dominó fue el negro. La sombra de Elsee, proyectada por la luz de la luna, se retorció y cambió de forma. Varios tentáculos oscuros, como manos negras, se estiraron hacia mí.

—Una atadura física y una maldición mágica. A ver si puedes librarte de ambas.

—Esto es un fastidio…

Tenía resistencias contra la magia y las maldiciones, pero los ataques físicos eran otra historia; solo podía esquivarlos o bloquearlos. Para defenderme, manipulé mis cadenas para que chocaran contra las suyas. Mis habilidades básicas parecían ser superiores; una de mis cadenas podía contener tres de las suyas. Si esto sigue así…

—Aumentemos el número, ¿no?

—¡Maldición! ¡Más cadenas!

Tal como dijo, sus cadenas se multiplicaron, y yo me vi obligada a hacer lo mismo. El consumo de sangre aumentaba, pero no podía preocuparme por eso ahora.

Aun así, mientras nuestras cadenas chocaban y se neutralizaban, las sombras seguían avanzando. A pesar de mi resistencia, era mejor esquivarlas. Las batallas pasadas me habían enseñado que, si un ataque era lo suficientemente poderoso, el daño era inevitable, por muy alta que fuera mi defensa.

Atravesé el bosque de cadenas mientras esquivaba las manos de sombra que se cernían sobre mí. Gracias a mi agilidad extrema, no fue difícil. Acorté la distancia y blandí una de mis cadenas, un golpe diseñado para capturarla.

—Creación de Sangre: Espejo.

—¡¿Qué…?!

Un objeto brillante apareció de la nada frente a mí y se hizo añicos con el impacto de mi cadena. Los fragmentos se dispersaron por el aire, reflejando caóticamente la luz de la luna. Elsee ya no estaba al otro lado de los reflejos y, en el instante en que me di cuenta, un nuevo conjuro llegó a mis oídos.

Atadura de Sombras: Caleidoscopio.

De la multitud de fragmentos brillantes, incontables sombras saltaron hacia mí. Me había tendido una trampa. Ni con toda mi velocidad podría esquivarlas. No había ni un solo resquicio por el que pudiera escapar.

—Auch… eso duele.

—¡Has aguantado! ¡Como se esperaba de la novia que he elegido! ¡Eres maravillosa!

—¡Te he dicho que no sé de qué hablas!

Ignoré sus palabras y me abrí paso a la fuerza, dejando que mi resistencia a la magia y a las maldiciones repeliera las sombras que me aprisionaban. Sin embargo, las zonas de mi cuerpo que tocaron se sentían entumecidas, y notaba las piernas un poco más pesadas. Parece que la defensa no era total; la maldición me había afectado.

Sana, sana…

Usé magia curativa para limpiar los restos de la molesta maldición.

—La noche es joven. Creadora de Maldiciones: Jaula.

Del suelo a mis pies brotaron unas enredaderas negras cubiertas de espinas. Pude sentir el denso poder mágico y la potente maldición que contenían. Las enredaderas crecieron, trazando una curva a mi alrededor hasta unirse sobre mi cabeza, encerrándome en una jaula.

—¡Maldita sea…! ¡Qué molesta eres!

En el momento en que la jaula se cerró, mi cuerpo se volvió increíblemente pesado, como si de repente me hubieran arrojado al fondo de un lago.

—Si maldigo el espacio en sí mismo en lugar de a ti, tu magia curativa no debería servir de nada, ¿qué te parece?

—¡Aun así puedo salir!

Vaporización. Era una habilidad que me permitía convertir mi cuerpo en niebla. No me gustaba usarla porque mi conciencia se volvía muy tenue, pero salir de esta jaula era la prioridad. También podría usar mi forma de sombra, pero dado que ella las manipula, sería demasiado arriesgado.

—Así que puedes usar todas las habilidades básicas. Bien. Entonces, déjame enseñarte algo.

Incluso con la conciencia dispersa, sin oídos, podía escuchar su voz.

—Puede que tus habilidades y tu poder físico sean superiores a los míos, pero… eso no lo es todo en una batalla.

Sentí un tirón, como si mi conciencia diluida estuviera siendo absorbida. Era una sensación similar a la de caer en un sueño profundo, pero mucho más violenta. Una repugnancia me invadió mientras sentía que mis sentidos eran devorados. La poca visión y audición que me quedaban se tiñeron de negro. Mi garganta, aunque incorpórea, gritó de pánico.

¡Qué asco, qué asco, QUÉ ASCO!

—¡No…!

Para escapar de esa sensación de hundirme en un pantano sin fondo, desactivé la vaporización por puro instinto. Frente a mí, donde antes estaba mi niebla plateada, ahora flotaba una niebla dorada. Mi cabeza aún daba vueltas, pero pude adivinar de qué se trataba.

—Esta niebla…

—Sí, es mi vaporización… ¿Te sorprende?

La niebla dorada convergió hasta tomar la forma de la chica de ojos rojos. Su vestido se agitó y su cabello rubio volvió a danzar en la noche.

—Creación de Sangre: Cadenas.

—¡Kyaa…!

Aprovechando que mi mente aún estaba confusa, me atacó. Las cadenas apresaron mis extremidades, inmovilizándome por completo. Luego, tiraron de mí hacia ella.

Creación de Sangre: Cama.

Al mismo tiempo que escuché su voz, sentí un tacto suave en mi espalda. Una cama mullida, con sábanas de un rojo tan intenso que parecían teñidas de sangre, había aparecido para recibir mi cuerpo.

—¿No lo sabías? Cuando dos vampiros en forma de niebla chocan, sus conciencias se mezclan.

—¿Mi conciencia…?

—El nivel de la habilidad es importante, pero… cuando una voluntad débil choca con una fuerte, es devorada.

Sus palabras eran sencillas. Como su voluntad era más fuerte, la mía fue… devorada. Su voluntad casi aplastaba la mía. Sabiendo el truco, era el resultado natural. Ya no podía mantener la conciencia, ni concentrarme, ni moverme. Lentamente, la figura dorada se cernió sobre mí.

—Ah… por fin te he atrapado… Argento… Je, je, je…

—Espera… Hablemos…

—No. Jamás te dejaré escapar. Si lo haces, atraparte de nuevo será mucho más difícil… Atadura de Sombras.

Visiblemente emocionada, Elsee usó su magia de nuevo. Las sombras se enroscaron alrededor de las cadenas, convirtiéndolas en una atadura rojinegra. No sentía dolor, pero era incapaz de concentrar mi poder. El daño mental que sufrí al fusionar nuestras nieblas se sentía ahora amplificado.

Intenté liberarme, pero la fuerza no era suficiente. Tampoco podía usar mis habilidades. Las cadenas se limitaron a tintinear, como si se burlaran de mi inútil esfuerzo.

—La diversión… empieza ahora.~

Acercó sus dedos, finos y delicados. Con una agudeza increíble para su apariencia, rasgó el kimono que Kuzuha me había regalado.

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