Traducido por Haku
Editado por Herijo
Punto de vista de Akisame.
Desde la distancia, observaba con mi telescopio a un murciélago volando hacia la luna. Una joven de la raza de los demonios, que observaba lo mismo a simple vista, me habló con tono inquieto.
—Señor Akisame, ¿está seguro de que es buena idea dejar escapar a esa Princesa Vampiro?
—Bueno… ¿por qué no?
—¿No se lo está tomando demasiado a la ligera?
—Es que, si intervenimos ahora, las cosas se pondrán complicadas…
Al final del día, el Reino y la República han sido salvados por cuatro forasteros: un caballero, dos viajeros y un mercader. Es mejor fingir que no vimos nada a salir ahora y tener que dar explicaciones. Especialmente con el mercader; no quiero que termine presentándome un cobro astronómico por sus servicios.
Por lo que vi, usó magia de comercio. Probablemente derrochó suficientes monedas como para comprar una casa entera en ese ataque. Los mercaderes de los gremios comerciales juran neutralidad absoluta a cambio de poder cruzar cualquier frontera.
Tienen prohibido el asistir directamente en actividades como invasiones o espionaje, pero son figuras tan influyentes que ninguna nación quiere tener problemas con ellos. Si consideran que pueden obtener alguna ganancia, no dudarán en cobrarle incluso a naciones y considerando que somos pobres preferiría no tener que tratar con ellos
Prefiero dejar que otros limpien el desastre sin ensuciarme las manos. Solo espero que todo salga como espero.
Sin embargo, parece que mi servicio de inteligencia no está muy conforme con mi decisión.
—Si usted lo ordena, la Guardia Secreta luchará hasta la muerte en su nombre —insistió Habotan.
—Prefiero que conserven sus fuerzas.
—Nuestras fuerzas… ¿para qué las necesita?
—Por ahora, para nada… solo por precaución. Me inquietan los movimientos del Imperio.
—El Imperio…Ciertamente sus acciones recientes han sido extrañas.
—Últimamente, el Imperio actúa de forma extraña. Mantienen el estado de guerra con el Reino, pero sus ataques parecen carecer de convicción.
—Por muy poderosos que sean, no podrían ganar contra el Reino y la República al mismo tiempo.
—Tampoco lo creo. Al menos el Imperio que yo conozco no lo haría
Sí, el imperio que conocía no libraría una guerra tan imprudente. Me resultaba imposible imaginar que vean la menor posibilidad de victoria frente a dos potencias de tal magnitud. Sin embargo, ese mismo Imperio tampoco libraría guerras tan tibias como sugieren los informes de inteligencia que hemos recabado últimamente.
Mentalmente, organicé la información sobre el conflicto entre el Reino y el Imperio que el grupo de inteligencia había recopilado. Durante los últimos años, era evidente que el Imperio se había contenido. Sus movimientos resultaban inquietantes, como si aguardaran el momento preciso para asestar un golpe mortal.
Incluso si no nos atacan de inmediato, si el Reino llegara a caer, no sería extraño que un Imperio envalentonado pusiera sus miras en la República a continuación.
Quizás deberíamos considerar la posibilidad de asistir al Reino.
Dependiendo de la postura de los otros tres miembros del Consejo Yotsuba, si tuviéramos que elegir un bando como facción, el Reino sería, probablemente, la opción más segura. Aunque poseían una monarquía, su mandato no era absoluto; los señores regionales parecían gozar de una autonomía considerable y se mostraban tolerantes con las naciones aliadas.
—Bien, al menos hagamos los preparativos, Habotan. Para estar listos ante cualquier eventualidad…
—Sí. Todos nosotros seguiremos sus órdenes.
—De veras, te lo agradezco. Por favor, continúa con la recopilación de inteligencia.
—Sí…
Tras mostrar su sumisión, Habotan desapareció como si se la hubiera tragado la oscuridad. Como siempre, su capacidad de sigilo era impresionante a pesar de su corpulencia.
—En fin, yo también debería volver… Qué mundo tan problemático, de verdad.
Aunque es un deber transmitido de generación en generación, mantener una nación es un desafío constante. Preferiría pasar los días sumido en el letargo, pero eso no era posible. El mundo estaba en movimiento perpetuo; si te limitabas a dejarte llevar por la corriente sin rumbo fijo, terminarías quedándote atrás. No me considero alguien capaz de maniobrar con astucia, pero debo hacer lo que esté en mi mano.
Después de todo, incluso alguien como yo siente patriotismo y tiene cosas que desea proteger.
Con el rumbo de mis futuras acciones ya decidido en mi mente, abandoné el lugar.
