Al límite – Capítulo 163: Difícil dejar pasar

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Wang Zhong Ding había pasado las dos últimas noches dando vueltas frente a la puerta de su casa, y ese día por fin recibió una llamada de su chófer.

Aunque en un principio el chófer le había prometido devolver a Han Dong sano y salvo, Wang Zhong Ding aun así decidió conducir personalmente para reunirse con ellos.

Diez minutos después, los dos coches se encontraron a mitad de camino.

—Ha sido realmente peligroso. El presidente casi nos descubre —dijo el chófer, que todavía mostraba un temor persistente.

Wang Zhong Ding, en cambio, se mostraba muy tranquilo.

—Todo ha salido bien gracias a usted.

El chófer se rió.

—Todo ha sido gracias a Han Dong. Si no fuera por su truco, quizá me habría pasado dando vueltas hasta el año que viene; no había garantía de que pudiera encontrar la dirección de la nueva casa del presidente.

—Vuelve primero y descansa. Estos últimos días han sido agotadores para ti.

—De acuerdo. Jefe Wang, usted también debería descansar pronto.

Mientras el chófer estaba presente, la expresión de Wang Zhong Ding se mantenía serena y contenida. Sin embargo, en cuanto se marchó, subió rápidamente al coche y besó con fervor el rostro dormido de Han Dong.

—Buen trabajo —le susurró.

Reprimiendo por el momento la excitación que lo recorría, Wang Zhong Ding condujo de inmediato de regreso a casa.

Le quitó el maquillaje y lo ayudó a bañarse mientras examinaba su cuerpo en busca de heridas… Han Dong se despertó justo en mitad de aquella tarea apresurada.

—Joder… ¿ya he vuelto a casa?

Las grandes manos de Han Dong recorrieron y pellizcaron los rasgos del rostro de Wang Zhong Ding, como si necesitara asegurarse de que era real.

Hace un momento, mientras Han Dong aún estaba inconsciente, Wang Zhong Ding se había mostrado cariñoso y delicado; sin embargo, ahora que estaba despierto, volvió a asumir su papel de marido responsable.

—¿Te golpearon? —preguntó con disgusto.

Han Dong no era alguien que se contuviera ni que fuera cortés con aquellos dos guardaespaldas, así que, al relatar lo que había sufrido, exageró aún más la paliza. Ser envuelto en una estera tejida y luego golpeado se transformó en una paliza directa y sin miramientos; además, hablaba con una expresión suplicante, como si pidiera a su marido que le hiciera justicia.

Para su sorpresa, Wang Zhong Ding resopló.

—Te lo merecías.

El rostro de Han Dong se llenó de indignación.

—¿Sabes lo fuerte que me pegaron?

Al decir esto, bajó la mirada para buscar moratones en su cuerpo, pero no encontró ni una sola herida.

—Maldición, esos dos guardaespaldas deben de ser tus aprendices. ¡Me golpearon con saña y aun así no dejaron ni rastro! Te digo que fue absolutamente…

Wang Zhong Ding no tenía ninguna intención de seguir escuchándolo, así que lo interrumpió sin rodeos:

—Vale, date prisa y duerme.

Han Dong se quedó dormido casi de inmediato, enroscándose alrededor de su marido como solía hacer mientras dormía.

Wang Zhong Ding no estaba seguro de si era por lo fuerte que lo estaba abrazando, pero tuvo la sensación de que el cuerpo de Han Dong estaba inusualmente caliente.

Le comprobó la temperatura y confirmó que tenía algo de fiebre. Como no era grave, no le dio ningún medicamento y simplemente lo arropó con una manta adicional.

Sin embargo, en menos de un parpadeo, Han Dong había pateado la sábana, así que Wang Zhong Ding tuvo que volver a taparlo.

Como era de esperar, poco después Han Dong volvió a apartar la manta de una patada.

Wang Zhong Ding optó entonces por envolverlo directamente con ella. No lo hizo con demasiada fuerza; aun así, Han Dong empezó a aullar de inmediato.

—¡Joder! ¡Libera a este maestro ahora mismo!

Wang Zhong Ding se enfadó. Se estaba tomando la molestia de cuidarlo, y él le pagaba con semejante carácter.

Así que esta vez lo envolvió con firmeza.

Han Dong entró en pánico. Golpeó el pecho de Wang Zhong Ding mientras gritaba furioso:

—¡Atrévete a tocar a este abuelo y verás!

Wang Zhong Ding no pudo evitar sospecharlo: aunque Han Dong estuviera confuso, no podía estarlo hasta ese punto.

Intentó sujetarlo de nuevo, pero Han Dong se revolvió con aún más violencia, forcejeando mientras soltaba una cascada interminable de insultos y maldiciones.

Entonces Wang Zhong Ding lo comprendió.

La sensación que se apoderó de su corazón era imposible de describir; le dolió más que cuando Han Dong fingía estar indefenso.

Por primera vez en su vida, se sintió realmente inútil.

A la mañana siguiente, Han Dong se despertó pidiendo algo de comer a gritos, pero Wang Zhong Ding solo le dio alimentos líquidos.

Han Dong protestó de todas las formas posibles, pero, al final, seguía siendo Wang Zhong Ding quien lo cuidaba.

♦♦♦

Mientras comía, Han Dong se dio cuenta de que Wang Zhong Ding lo observaba fijamente. Cuando terminó, comprobó que seguía mirándolo, y la emoción en sus ojos resultaba particularmente extraña.

—¿Qué pasa? —preguntó Han Dong sin poder evitarlo.

El tono de Wang Zhong Ding estaba cargado de dudas, claramente incrédulo.

—¿De verdad puedes… adivinar la fortuna de alguien?

Han Dong sonrió con malicia.

—¿Por qué? ¿Quieres que te lea la tuya?

—Respóndeme primero. ¿Qué tipo de fortuna puedes adivinar? No me hables de matrimonio, feng shui ni cosas por el estilo. Quiero algo concreto.

Han Dong reflexionó un momento antes de responder:

—Hay muchas. La más extensa es el cálculo de la trayectoria numerológica de toda una vida; la más breve, la fortuna de los próximos tres a cinco días. El cálculo general consiste en averiguar el temperamento de una persona, y el cálculo detallado, en conocer su situación familiar. Si me esforzara un poco más, incluso podría saber dónde tienes las marcas de nacimiento en el cuerpo…

Wang Zhong Ding seguía pensando que todo aquello eran tonterías.

—¿Y cómo eres capaz de averiguar algo así?

—Algunos se basan en la lectura de patrones de comportamiento, pero eso nunca es cien por cien exacto. Otras cosas se captan de forma intuitiva, aunque no se puedan expresar con palabras. Dicho sin rodeos, todo se basa en la percepción —explicó Han Dong.

—¿Y cómo adquiriste esa percepción?

—No estoy del todo seguro. Cuando era pequeño, oí decir a la tía del pueblo que mi abuelo materno era un adivino muy competente. Yo aún estaba en el vientre de mi madre, pero él ya había calculado el momento exacto[1] dde mi nacimiento. Lo predijo al segundo.

Cuanto más escuchaba, más exagerado le parecía a Wang Zhong Ding.

—Si puedes ver la fortuna, ¿por qué sigues viéndote envuelto en accidentes tan graves?

Han Dong se quedó sin palabras.

—Algunos desastres son inevitables. Evitarlos también puede significar perder la buena fortuna que viene después.

—Evítalo —dijo Wang Zhong Ding con brusquedad.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Han Dong, confundido.

—¿Qué buena fortuna ni qué narices? ¡No hay ninguna fortuna de la que presumir! ¡Prefiero que evites el desastre antes que ganar un poco de suerte!

Han Dong seguía sin entenderlo.

—¿Qué intentas decir exactamente?

Wang Zhong Ding acabó escupiendo una frase:

—Calcula tu fortuna para los próximos días.

—¿Eh?

—¿Eres tonto o qué? Te he dicho que la calcules, ¡así que calcúlala!

Han Dong se pellizcó los dedos; su expresión no parecía nada alentadora.

Esta vez, Wang Zhong Ding sí se puso nervioso.

—En general no debería pasar nada grave, pero he calculado que pronto me pedirás ayuda. Una pequeña petición en los próximos tres días… y dentro de medio mes estarás suplicándome.

Wang Zhong Ding resopló con frialdad.

—¡Ni hablar!

Dos días después, Wang Zhong Ding por fin llevó a Han Dong a comer fuera.

Normalmente devoraba la comida sin miramientos, pero después de pasar varios días sin comer, parecía un animal hambriento lanzándose sobre el plato.

El restaurante tenía un ambiente elegante y refinado, por lo que los descarados sonidos de succión de Han Dong resultaban especialmente llamativos.

Han Dong volvió a fantasear en su fuero interno. Se imaginaba a Wang Zhong Ding ignorando las miradas de todo el mundo, con cinco grandes palabras escritas en la cara: «Lo estoy mimando, ¿y qué?».

Pero la realidad era muy distinta. Wang Zhong Ding parecía claramente harto.

—Oye, ¿no puedes comportarte con un poco de decoro? ¿Eres consciente de cómo estás actuando? ¡Aunque a ti no te importe hacer el ridículo, a mí sí me molesta!

Aun así, Han Dong seguía atreviéndose a menospreciar a los demás.

—¿No crees que los hombres que comen tan refinadamente parecen especialmente poco masculinos?

Wang Zhong Ding no respondió; se limitó a clavarle la mirada.

Al darse cuenta de que el ambiente se había vuelto extraño, Han Dong adoptó rápidamente una expresión conciliadora.

—No, no, no… no me refería a ti…

Wang Zhong Ding siguió con el rostro impasible.

Han Dong cogió una bola de gambas con los palillos y se la acercó con aire adulador a la boca.

—Come.

Solo Wang Zhong Ding sabía cuánto valor hacía falta para abrir la boca siquiera un poco en público.

Sin embargo, justo cuando la bola de gambas flotaba junto a sus labios, la mano que sujetaba los palillos tembló de repente y la bola resbaló por su barbilla. Al final, el tributo acabó en la mesa.

—Otra vez, otra vez.

—¡Basta!

Han Dong se calló al instante.

De vuelta en la oficina, Wang Zhong Ding le preguntó a Han Dong:

—¿Estás lleno?

Han Dong parecía satisfecho.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, especialmente bien.

—¿Ha desaparecido por completo la sombra de tu corazón?

Han Dong rodeó el cuello de Wang Zhong Ding, sonrió con picardía y dijo:

—Se nota a simple vista. Ya no queda ninguna sombra.

—Entonces da dos pasos atrás —le indicó Wang Zhong Ding.

Han Dong no entendió el motivo, pero obedeció.

—Date la vuelta —ordenó de nuevo Wang Zhong Ding.

En ese instante, Han Dong percibió el peligro inminente; por desgracia, ya era demasiado tarde.

Soyokaze
RECORDATORIO. ESTO ES FICCIÓN. NO LO INTENTEN EN CASA. ¡¡¡CUALQUIER FORMA DE VIOLENCIA ES MALA!!!

—¡AAAH! ¿Por qué me has pateado?

—¿Todavía tienes el descaro de preguntar? Fuiste sonámbulo a un club nocturno a mitad de la noche y luego entraste en la habitación de otra persona. ¡Y no una, sino dos veces! ¿Te divertiste?

—¡No era consciente de lo que hacía!

—Si no hubiera esos pensamientos en tu corazón, ¿cómo iba tu subconsciente a actuar por su cuenta?

Todos los ruegos y muestras de arrepentimiento de Han Dong resultaron inútiles, y las patadas de Wang Zhong Ding no mostraron la más mínima indulgencia.

—¡Ponte de pie! No tienes permitido esquivarlas. ¡Cada vez que evites una, serán diez patadas más!

Han Dong aulló con todas sus fuerzas.

—¡Para, que duele!

—¿Por qué iba a darte una patada si no doliera? ¡Quita las manos!

—¡Otros ya me intimidaron y encima tú también me pegas!

—Sus actos son suyos; mis patadas, mías.

—Entonces… ¿podrías no patear siempre en el mismo sitio? ¿No puedes desviarte un poco?

—No me da la gana.

—¡AAAAAAAH! ¿Cuántas más piensas darme hasta quedarte satisfecho?

—Tres más.

Han Dong apretó los dientes y las aguantó con valentía hasta el final.

«¡Ay!» La primera.

«¡Aaay!» La segunda.

«¡Aaaay!» La tercera.

Han Dong creyó que ahí había terminado todo, pero en cuanto relajó los músculos de los glúteos soltó un grito desgarrador que casi hizo añicos los cristales.

—¡¿Por qué has añadido otra patada?! —gritó Han Dong, incapaz de soportarlo.

Wang Zhong Ding respondió con indiferencia:

—¿Quién te dijo que dejaras caer la bola de gambas sobre mi barbilla?

—¿Cómo puedes ser tan mezquino?

Han Dong parecía un gran perro apaleado que ladraba a la espalda de su amo. En la comisura de los labios de Wang Zhong Ding apareció una leve sonrisa.

Después de haber tenido suficiente de aquel peculiar intercambio de pareja, Han Dong preguntó:

—¿Ming’er está al tanto de todo esto?

—No se lo he dicho —respondió Wang Zhong Ding.

—Eso está bien. Ming’er puede parecer indiferente por fuera, pero en realidad es más tímido que nadie. Bajo ningún concepto podemos dejar que…

Han Dong estaba diciendo esto cuando, de repente, notó que el ambiente se había vuelto extraño, así que salió huyendo a toda velocidad hasta colocarse a tres metros de distancia.

—¿Puedo ir a buscar a Ming’er?

Wang Zhong Ding hizo un gesto con la mano.

—Ve.

Después de que Han Dong se marchara, Feng Jun llamó a la puerta y entró.

—Ya hemos localizado la propiedad inmobiliaria. Realmente usaron una identidad falsa para comprarla; han puesto capas y capas de trámites para que no se filtre ni una sola pista. Esto llevará bastante tiempo.

El rostro de Wang Zhong Ding se ensombreció.

—¿Está siguiendo el paradero de Han Dong?

—No. Creo que tiene claro que la información sobre los bienes inmuebles está en nuestras manos, así que no le queda más remedio que dejarlo estar. Después de todo, la esposa de su tío, jefe Wang, no es alguien con quien resulte fácil tratar.

Wang Zhong Ding asintió, sin hacer más preguntas.

—Sin embargo… —Feng Jun cambió el rumbo de la conversación—. Ha estado preguntando por esa “belleza”.

—¿Belleza? —preguntó Wang Zhong Ding, sin captar la indirecta.

Feng Jun sonrió y le aclaró:

—Precisamente es Han Dong disfrazado.

Wang Zhong Ding respiró hondo. «¿Por qué no puedo dejar de preocuparme?», pensó con frustración.

En medio de su inquietud, Xiao Liang llegó con más malas noticias.

El bolígrafo grabador no podía restaurarse.

—He buscado a varios profesionales y técnicos, pero ninguno ha conseguido arreglarlo. Estiman que está completamente inutilizado.

Wang Zhong Ding extendió la mano.

—Dámelo.

Xiao Liang no tuvo más remedio que entregarle el bolígrafo grabador, impotente.

Esa noche, Wang Zhong Ding regresó a casa con el dispositivo. Lo manipuló durante mucho tiempo, pero sin ningún resultado.

Más tarde recordó a su esposa “todopoderosa”, así que la llamó a su estudio.

—Hazme un favor.

Soyokaze
Aquí está la petición de la predicción que mencionó Han Dong; falta la otra, en la que Wang Zhong Ding le ruega durante más de medio mes, ja, ja.

—¿Quieres que te ayude? ¿He oído bien? ¿Estás pidiéndome ayuda?

Wang Zhong Ding no estaba nada contento.

—¿Vas a ayudarme o no?

—Depende de si me lo suplicas.

El rostro de Wang Zhong Ding se ensombreció, pero se tragó su orgullo con tal de descubrir la verdad.

—Te lo suplico —pronunció esas tres palabras.

Han Dong se puso inmediatamente engreído.

—Recuerdo que cierto individuo aseguraba que ni de broma me pediría ayuda… Mmm, ¿cómo se llamaba ese bastardo…?

Wang Zhong Ding le dio una ligera patada en el trasero, con expresión tranquila.

Han Dong tardó más de una hora de manipulación antes de conseguir recuperar una pequeña parte del audio. Justo cuando acababa de transferir el archivo al ordenador y estaba a punto de escucharlo, Xixi lo arrastró fuera.

—Tío Cola de Cerdo, ven, te voy a enseñar algo.

—No me llames Cola de Cerdo. ¿Acaso tú no tienes también una pequeña colita de cerdo? Llámame solo tío.

Xixi se quedó sin palabras.

Wang Zhong Ding entró en su estudio, vio el archivo transferido al ordenador y lo reprodujo.

Del audio surgió una voz grave y profunda.

—¿Cómo le ha ido a Han Dong estos días?

Wang Zhong Ding trataba de recordar dónde había escuchado aquella voz cuando alguien irrumpió de repente en la habitación.

—¿Por qué estoy oyendo la voz del hermano Ye?

Soyokaze
SU AMIGO YE CHENG LIN, QUE ESTABA DESAPARECIDO!

Wang Zhong Ding se quedó helado al oír esas palabras.

El audio siguió avanzando.

—Claro que quiero. ¿Cómo no iba a querer?

Han Dong también se quedó petrificado.

La atmósfera se enfrió de inmediato y un escalofrío insoportable le recorrió la espalda.

Todo encajaba: el asunto de Kahn, el de Yu Ming, las fotos desnudas, la visita al club nocturno… Todo había sido la gota que colmó el vaso. Wang Zhong Ding había perdido los estribos, había montado un escándalo y después todo había terminado.

Pero ahora se sumaba Ye Cheng Lin.

Era algo que jamás podría dejar pasar.

 


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