Traducido por Soyokaze
Editado por Tsunai
Ciertamente, Han Dong había sido molido a golpes durante los dos últimos días. Solían pegarle sobre todo bien entrada la noche.
Cuando los dos guardias que vigilaban al otro lado de la puerta estaban demasiado cansados como para mantener los ojos abiertos, Han Dong se ponía a roncar tan fuerte que parecía estar pidiendo a gritos que le dieran una paliza.
Aun así, los dos guardaespaldas conservaban algo de humanidad. Sabían que Han Dong dependía de su físico para ganarse la vida, así que no lo golpeaban directamente cada vez que lo apalearon: primero lo envolvían en una estera tejida y luego lo pisoteaban y le daban patadas. Era imposible que saliera ileso, pero al menos no moriría.
Aunque por dentro Han Dong aullaba y berreaba, seguía provocándolos incluso después de que desplegaran la estera.
—Pegadme, pegadme fuerte —les decía.
Las caras de los dos guardaespaldas se quedaron rígidas como tablas. Jamás se habían topado con un artista tan bocazas.
—Ya me he imaginado un final trágico. Entre nosotros, el corazón de este hermano no puede soportarlo. Podéis pegarme con más saña para que, cuando llegue el momento, mi mente esté en paz.
—Somos gente honesta y atendemos todas las peticiones. Aún estás a tiempo de retractarte —se burlaron los guardaespaldas.
—Aceptaré… —dijo Han Dong.
Justo cuando los dos estaban a punto de aprovechar la ocasión para ensañarse aún más con él, le oyeron añadir:
—¡Aceptaré el coño de la puta madre que os parió!
No hacía falta ser un genio para imaginar lo que pasó después.
Han Dong ni siquiera pudo subirse a la cama inflable y pasó la mayor parte de la noche tirado en el suelo.
En mitad de la noche, los dos guardaespaldas bostezaban por el sueño acumulado mientras charlaban en voz baja.
—¿Por qué ese inútil no está roncando hoy?
—Tienes razón, también me parece que está demasiado tranquilo.
—No le rompimos nada cuando le dimos la paliza, ¿verdad?
Los dos guardaespaldas abrieron la puerta de golpe y se quedaron atónitos ante lo que vieron.
Dentro seguía habiendo una persona, y la ropa era la misma, pero el rostro había cambiado por completo.
Al principio sospecharon que se trataba de Han Dong disfrazado, pero el parecido entre ambos rostros era prácticamente inexistente. Además, el pecho seguía siendo un pecho, el culo un culo y esas hermosas piernas… simplemente no se podía decir que aquel cuerpo perteneciera al miserable de Han Dong.
Uno de los guardaespaldas se acercó y preguntó:
—Eh, despierta, despierta. ¿De dónde has salido tú?
La “gran belleza” no reaccionó.
El otro guardaespaldas abrió la maleta de Han Dong y dijo:
—Antes había ropa de mujer aquí dentro.
El cansancio mental, sumado a la ansiedad, hizo que ambos perdieran la capacidad de razonar con claridad. Llegaron a la conclusión unánime de que Han Dong había intercambiado su lugar con otra persona, así que salieron corriendo para reunirse con los guardaespaldas de abajo y buscarlo.
Cuando todos se marcharon, Han Dong se levantó de la cama, sacó la ropa de mujer que había escondido en algún rincón del almacén y, tras cambiarse, salió de la habitación.
Un momento después, a los dos guardaespaldas les asaltó una duda.
—Oye… ¿por qué no hemos encontrado a ningún hombre?
—¡Tonterías, una mujer puede colarse fácilmente!
Al pensarlo mejor, los dos guardaespaldas acabaron dándose cuenta de algo.
—En otras palabras, ¿esa mujer entró para ayudar a Han Dong a escapar? Tenía que estar al tanto de la situación… ¡joder!
Entonces recordaron que debían volver a la casa para vigilar e interrogar a la mujer, pero ya era demasiado tarde. Han Dong había aprovechado el caos para escapar al exterior.
No les quedó más remedio que informar al resto de los guardaespaldas.
—No busquéis a Han Dong, puede que ya haya escapado lejos. Buscad a esa mujer, ¡seguro que no ha ido muy lejos!
—¿Qué aspecto tiene? —preguntaron los demás.
—No sabría describirla. En cualquier caso, es realmente hermosa —respondió uno de ellos, antes de añadir de pronto—: ¡Ah, cierto! ¡Lleva la ropa de Han Dong!
Habría sido mejor no dar esa pista. Mientras Han Dong caminaba por la carretera, varios guardaespaldas pasaron a su lado de vez en cuando sin dedicarle ni una sola mirada, ya que su “ropa” lo dejaba fuera de su rango de búsqueda.
Este incidente despertó al ya dormido Wang Hai Zhi.
Yi Lu notó que Wang Hai Zhi se incorporaba y se apresuró a preguntarle:
—¿Qué ocurre?
—Han Dong, ese chico, se ha escapado.
—¿Se ha escapado?
—Sí. Ha dejado que Wang Zhong Ding lo sacara de allí mediante un intercambio.
La expresión de Yi Lu cambió, pero no dijo nada.
De pronto, Wang Hai Zhi la miró con recelo y la interrogó:
—¿Has sido tú la soplona?
—¿Yo, la soplona?
—Si no, ¿cómo pudo Wang Zhong Ding saber la ubicación de esa mansión?
Yi Lu miró a Wang Hai Zhi sin expresión alguna y, a continuación, se tumbó con calma sin decir una sola palabra.
Al verla así, el corazón de Wang Hai Zhi se ablandó. La abrazó y empezó a decirle todo tipo de palabras dulces para engatusarla. Después de besarla y estrecharla entre sus brazos durante un rato, de pronto ya no le apetecía levantarse de la cama.
—Bueno, ve rápido a hacer lo que tengas que hacer. Solo faltaría que dijeras que he estado tonteando contigo a propósito para retrasarte y darle tiempo a escapar.
Wang Hai Zhi apretó el trasero de Yi Lu con desgana una última vez antes de marcharse.
El chófer le preguntó:
—¿Va a conducir usted o prefiere tomar un taxi?
Wang Hai Zhi respondió con cautela:
—Tomaré un taxi, por si es una trampa y ese chico en realidad no se ha escapado. Así evitamos exponernos innecesariamente.
—De acuerdo.
Lo que Wang Hai Zhi no pudo prever en absoluto fue que, no muy lejos del hotel, había un taxi poco llamativo que llevaba tres días vagando por la zona.
Finalmente, Wang Hai Zhi detuvo ese taxi.
El coche avanzó sin problemas por la carretera, pero cuando aún se encontraba a unos dos kilómetros de la mansión, Wang Hai Zhi gritó de repente:
—¡Pare!
El conductor pisó el freno con firmeza y detuvo el taxi. Por fuera parecía tranquilo, pero en realidad estaba muy nervioso, porque por fin había visto a Han Damei caminando en el exterior.
Wang Hai Zhi también había detenido el coche al ver a Han Damei.
El día en que Han Dong y Li Shang «lucharon por el papel protagonista», Wang Hai Zhi no participó, así que nunca había visto el aspecto de Han Dong vestido de mujer.
Gritar de repente al taxista para que se detuviera fue una reacción puramente instintiva tras ver a alguien tan deslumbrante.
Tras bajarse del coche, Wang Hai Zhi se acercó a Han Dong y le preguntó con cortesía:
—Señorita, ¿podría darme su información de contacto? Soy de Zhong Ding Film and Television Compa…
Han Damei lo ignoró por completo y siguió a lo suyo. Abrió la puerta y se sentó en el asiento trasero del taxi.
—¡Conductor, arranque!
Wang Hai Zhi vio el rostro de Han Damei a través de la ventanilla. Aunque la tenía muy cerca, no hubo sensación de invasión; simplemente parecía estar descansando. Al reclinarse hacia atrás, sus largas y esbeltas piernas quedaron al descubierto bajo la falda corta, expuestas a la mirada ardiente de Wang Hai Zhi.
El taxi ya había recorrido una buena distancia cuando Wang Hai Zhi volvió por fin en sí.
Aquella belleza era realmente extraordinaria; una lástima que estuvieran destinados a encontrarse, pero no a estar juntos.
Al llegar a la mansión, la imagen de Han Damei seguía grabada en la mente de Wang Hai Zhi, imposible de borrar. La impresión fue tan profunda que ni siquiera sintió enfado cuando le informaron de que no habían logrado encontrar a Han Dong.
Reprodujeron el vídeo de vigilancia: la habitación de Han Dong aparecía completamente revuelta, mientras que el exterior estaba en perfecto orden. Por una extraña concatenación de circunstancias, se confirmó que, efectivamente, se había producido un intercambio.
Varios guardaespaldas no se atrevían a levantar la cabeza; sin embargo, Wang Hai Zhi estaba lo bastante exaltado como para ponerse en pie.
—¿Es esta mujer la que vino a intercambiarse con Han Dong?
Los guardaespaldas asintieron.
—¡Esto es simplemente absurdo!
Wang Hai Zhi pensó para sus adentros: «¿Cómo puede ser que una mujer tan hermosa haya sido utilizada para reemplazar a esa escoria?».
Los guardaespaldas aguardaban con nerviosismo a que estallara la tormenta. Para su sorpresa, Wang Hai Zhi no perdió los estribos; al contrario, en sus ojos apareció un leve atisbo de interés.
«¿Así que era ella? ¿De verdad era ella…?»
—Os daré una oportunidad para compensarlo. Haced todo lo posible por conseguir información sobre esta mujer.
♦♦♦
Yi Lu estaba demasiado nerviosa para dormir. Cuando por fin escuchó el sonido de la puerta al abrirse, levantó la cabeza y se encontró con una expresión extraña en el rostro de Wang Hai Zhi.
—¿Has atrapado a Han Dong? —preguntó Yi Lu.
—No. Dejé escapar a ese tipo.
Yi Lu se quedó confundida.
—Entonces, ¿por qué pareces tan excitado?
—¿De verdad lo parezco?
El propio Wang Hai Zhi no era consciente de ello.
Yi Lu añadió con suavidad:
—Te estoy tomando el pelo. Date prisa y descansa.
Tras decir eso, se levantó y ayudó a Wang Hai Zhi a desvestirse.
Antes de irse, él tenía intención de desfogarse en la cama, pero cuando regresó y vio el cuerpo desnudo de Yi Lu, de repente se le esfumaron las ganas.
Yi Lu comprendió que la huida de Han Dong había influido mucho en el estado de ánimo de Wang Hai Zhi, así que no sospechó nada. Simplemente le colocó la manta y lo dejó dormir.
