Pronto, utiliza el rostro del demonio – Arco 10: Capítulo 8 (2)

Traducido por Shiro

Editado por YukiroSaori


La princesa, con lágrimas en los ojos, se inclinó repetidamente antes de retirarse en silencio. Se dirigió hacia un rincón aislado y se subió las mangas.

Su doncella, que la esperaba a cierta distancia, se acercó y notó varias huellas dactilares negras, similares a quemaduras, en su brazo.

—Dios mío, ¿fue el sacerdote Joshua quien hizo esto? Pero parece tan amable, no luce como alguien cruel e insidioso. ¿Qué razón tendría para lastimarla? Nunca lo ha ofendido, ¿verdad? —susurró consternada.

—No, no lo he ofendido. Pero sí ofendí a su admirador. Esta es la marca del fuego divino del Padre. Él no permite que otros toquen a Joshua, así que esta es su forma de advertirnos que nos mantengamos alejados de él. —La princesa negó con la cabeza, esbozando una sonrisa amarga.

La doncella quedó boquiabierta, observando las huellas. Su expresión cambió de enojo a reverencia, como si sintiera orgullo de que su ama hubiera sido marcada por el fuego del Padre.

¡Incluso sería un honor si dejara una cicatriz!  

La princesa se bajó las mangas, satisfecha. Había tomado la decisión correcta. En un entorno tan inestable, ningún reino del continente aceptaría a un bebé de menos de un año como príncipe heredero; el riesgo era demasiado alto, especialmente con los bastardos del rey codiciando el trono.

Pero mientras Anthony ganara el favor de Joshua, eso equivaldría a obtener el favor del Padre. Entonces, no importaría cuán joven fuera el heredero; podría asegurar firmemente su posición como príncipe heredero. A partir de ese momento, nadie se atrevería a pisotear a este par de madre e hijo.

♦ ♦ ♦

Tres días después, Joshua cumplió dieciocho años. Tras su ceremonia de bautismo, comenzaría un viaje por el continente. Debido a que Boel había tomado su puesto como obispo, el templo había reducido la importancia de su ceremonia, invitando solo al clero, sin nobles del reino.

Sin embargo, al día siguiente de que Boel y el papa fueran consumidos por el fuego divino, el rey convocó una reunión de emergencia, exigiendo que la ceremonia de bautismo de Joshua se tratara como el evento más importante del continente, con la asistencia de todos los nobles de Gagor. También discutió con el obispo la posibilidad de coronar a Joshua como el nuevo obispo el mismo día de su ceremonia, pero esta idea fue rechazada.

Las dos coronaciones estaban demasiado próximas, lo que daría la impresión de que Joshua solo había sido seleccionado para limpiar el desorden. Debido a la descalificación de Boel, lo habían elegido a él; eso sería un insulto y le restaría importancia. Joshua nunca aceptaría.

Por lo tanto, el obispo propuso al rey esperar a que Joshua regresara de sus viajes para realizar una ceremonia sin precedentes y grandiosa.

El rey, tras reflexionar, estuvo de acuerdo. ¿En cuanto a la opinión del papa? Ambos hombres optaron por ignorarla. Como papa, él debía ser la encarnación del Padre en el mundo mortal, pero el Padre había enviado su fuego divino para castigarlo severamente. Un «honor» de tal magnitud nunca había ocurrido antes. Una vez que la noticia se difundiera, no estaría calificado para retener su puesto como papa.

El día de la ceremonia, todos los nobles de Gagor se reunieron en el espacio abierto del templo, excepto el segundo príncipe, quien estaba bajo arresto domiciliario. Las expresiones en sus rostros eran solemnes y nadie se atrevía a hablar en voz alta. Todos eran conscientes de que el sacerdote Joshua era el verdadero Favorito de Dios, y en ese instante, el Padre probablemente lo observaba desde el cielo.

Zhou Yunsheng se arrodilló en el salón para rezar. Cuando el sol alcanzó su punto más alto, comenzó a caminar por la larga alfombra roja hacia el pozo sagrado, situado fuera del templo. A lo largo de su camino, la multitud le lanzaba rosas blancas puras como símbolo de bendición. Los pétalos eran arrastrados por la brisa y caían lentamente al suelo, creando una escena etérea y hermosa.

Ese día, Zhou Yunsheng se sentía en excelente estado mental. Su parte racional y el fanboy descerabrado estaban en perfecta armonía, compartiendo pensamientos y objetivos. Era el día más importante para Joshua, y ambos querían asegurarse de que todo saliera bien.

Al llegar al pozo sagrado, el papa, vestido con las humildes túnicas de un sacerdote común, extendió su mano para guiar al joven hacia el agua. Tradicionalmente, era deber del papa liderar esta parte del ritual.

Sin embargo, Zhou Yunsheng apartó su mano con un gesto de rechazo. Su mirada transmitía un claro desprecio, como si dijera: «No estás calificado para tocarme». El corazón del papa se llenó de ira, pero mantuvo una sonrisa en su rostro. No quería sufrir una humillación pública, así que, sin dudarlo, agarró la muñeca del joven y trató de llevarlo al pozo sagrado.

En ese instante, todos los presentes fueron testigos de cómo, al tocar a Joshua, la palma del papa comenzó a emitir humo negro, seguida de llamas doradas que estallaron repentinamente. Esta vez, el fuego no solo consumió el alma del papa, sino también su carne, llenando el aire con un nauseabundo olor a carne quemada.

El papa no pudo mantener su postura digna y retrocedió, soltando la muñeca del joven. Su rostro, antes apuesto, se retorció de dolor. Medio minuto después, las llamas se extinguieron por sí solas, pero el papa estaba tan débil que no logró mantenerse en pie. Varios funcionarios sagrados lo ayudaron a salir del templo y lo llevaron a descansar.

Una vez acomodado, los funcionarios regresaron apresuradamente al templo, deseosos de no perderse el bautismo del sacerdote Joshua, y mientras caminaban entre los asistentes, los murmullos y conversaciones cuestionaban la autoridad del papa.

—¿Qué habrá hecho el papa para que el Padre sienta tanto desprecio hacia él? Ha sido quemado por el Dios Padre dos veces. ¿Puede un hombre que ha sido castigado así ser digno de ocupar el puesto de papa? Si todos en la Iglesia están bajo el mando de un hombre tan corrupto, el Padre nos abandonará en su ira, como han hecho otros dioses.

—No digas eso. El Padre no sería tan cruel. Además, tenemos al sacerdote Joshua. Él es santo, noble y amado por el Padre. Mientras él viva en este continente, el Padre no nos abandonará.

—Tienes razón. La última vez que volví a casa, mi esposa me recordó el significado de la rosa roja en el lenguaje de las flores. No sabía que el Altísimo Padre tuviera un lado tan romántico. Quizás, al tocar al sacerdote Joshua, el papa enfureció al Padre. Tal vez el Padre estaba celoso.

El hombre que había hablado se dio cuenta de que sus palabras podrían interpretarse como una crítica al Padre. Enseguida se cubrió la boca y dejó de hablar. Los demás, sintiendo la tensión, también guardaron silencio.

El ambiente se tornó solemne nuevamente, mientras todos dirigían su atención al joven Joshua, esperando con paciencia a que la ceremonia de bautismo continuara.

Al mismo tiempo, Zhou Yunsheng se quitó la túnica y caminó hacia el pozo sagrado, vistiendo únicamente una delgada camisa interior. El agua humedeció la tela, volviéndola transparente y pegajosa, adhiriéndose a su esbelto y perfecto cuerpo, revelando incluso las dos cerezas rojas en su pecho.

La escena era extraordinariamente hermosa y cautivadora.

Los presentes, miembros de la élite, apenas tuvieron tiempo de observarlo antes de que sus ojos comenzaran a escocer. Entonces, un rayo de luz dorada descendió desde el Noveno Cielo, envolviendo el pozo sagrado.

La visión de todos se vio bloqueada, y agacharon la cabeza, con expresiones llenas de temor.

Zhou Yunsheng se encontraba en el centro del rayo de luz. Sus ojos, deslumbrados por la intensa luz dorada, casi no podían abrirse. Estaba a punto de levantarse para comprender la situación, cuando de repente, un cuerpo cálido, alto y fuerte lo abrazó por detrás. Una mano grande le sujetó la mandíbula, levantando su rostro hacia arriba, mientras una lengua ardiente e invasiva se introducía en su boca, explorando frenéticamente y entrelazándose con su suave lengua.

Otra mano comenzó a recorrer su camisa mojada y adherida, acariciando suavemente sus dos puntos rosados. Luego, descendió, presionándolo contra un lugar rígido, mientras lo acariciaba con delicadeza.

El corazón de Zhou Yunsheng latía con un horror indescriptible. Enseguida liberó el poder en su cuerpo, dispuesto a eliminar al intruso desconocido, cuando una voz profunda y seductora resonó en su mente:

Cariño, no tengas miedo, soy yo, Adonis.

¿Adonis? ¿Qué clase de demonio es ese?

Zhou Yunsheng frunció el ceño con enojo. Cualquiera que fuera acosado sin razón por un hombre y, además, lo hiciera con un tono tan familiar, se sentiría molesto, por supuesto.

¿¡Adonis!? ¡Aaahhh! ¡Ese es el verdadero nombre del Padre! ¡Es el Padre!

El fanboy descerebrado tomó el control en un abrir y cerrar de ojos.

La iracunda mirada del muchacho, se apagó al instante, convirtiéndose en una mirada llena de anhelo y adoración. Su cuerpo rígido se relajó, derritiéndose como la miel caliente en los brazos del Padre y arqueándose todo lo posible para facilitar las caricias.

—Padre, ¿eres tú? —jadeó.

Sus pestañas rizadas temblaban mientras su cuello era besado y succionado. Quería ver el hermoso rostro del Padre, pero cuando se dio la vuelta el hombre volvió a cubrir sus labios, mordiendo y lamiendo, la fuerza frenética parecía como si el otro quisiera devorarlo.

¿Es este de verdad el Padre amable y cariñoso?

El pensamiento acababa de pasar en su mente, cuando una voz sensual rio entre dientes y dijo en tono complaciente:

—Mi Joshua, mi pequeño creyente, solo yo puedo hacerte esto.

Shiro
ALERTA: Inicio de escena NSFW.

Esas palabras hicieron que el fanboy descerebrado abandonara por completo cualquier resistencia. Se aferró con fuerza a los fuertes brazos del Padre, enredando sus piernas alrededor de su cintura como una enredadera se busca a la luz. Su ser entero se estremecía, entregándose a su Padre sin reservas.

Adonis lo besó con una ferocidad que hizo que una hebra de saliva plateada se derramara de sus labios, goteando en el agua. Gemidos pasionales, tan intensos que podían acelerar el pulso de cualquiera, escapaban de sus labios. El joven intentó reprimirlos, pero las lágrimas se acumularon en el rabillo de sus ojos, dándole una apariencia de desolación y belleza.

—Gime, cariño, nadie te escuchará. A partir de ahora, eres mío. Solo a mí me perteneces. —El Dios de la Luz rio entre dientes, lamiendo la saliva que se desbordaba de sus labios, como si probara el néctar más delicioso del mundo.

—Padre, soy tuyo. Todo mi ser es tuyo. Por favor, tómame, por favor, hazme por completo tuyo. Solo a ti te pertenezco. —El joven arqueó el cuerpo y gimió de éxtasis, liberándose de toda inhibición.

Se adhería con firmeza a sus propias creencias y deseaba ofrecerle toda su dedicación. En ese momento, por fin había obtenido su deseo y sentía una felicidad suprema. El Dios de la Luz tampoco lograba contener su emoción, sus ojos dorados a punto de tornarse de un negro absoluto.

Para que el pequeño creyente no viera su rostro, lo colocó de espaldas a él con suavidad, restringiendo sus hombros con una mano. Con la otra, le desabrochó el cinturón para liberar su adorable pene, y su propio miembro se endureció al presionarse contra el dulce contorno de su trasero.

Acto seguido, con un movimiento de sus caderas, frotó su gigante férreo hasta que se deslizó en la cavidad, la cual, humedecida por el agua del pozo, lo envolvió por completo. En el interior, la piel era tibia y resbaladiza, y le hizo saborear por primera vez el éxtasis, estremeciéndolo hasta la médula.

Enterró su cabeza en el cuello del pequeño creyente, jadeando sin control, y luego dejó un chupetón rojo en su hombro.

Quien me llena es mi amado Padre.

Este simple pensamiento hizo que Zhou Yunsheng llorara de pura alegría.

El lugar, aunque estrecho, le ofrecía el máximo placer al Dios de la Luz; un placer que solo se sentía cuando las necesidades eran saciadas.

Zhou Yunsheng gimió con anhelo, balanceándose para que el Padre lo penetrara más profundo.

—Padre, te amo. No te imaginas cuánto te amo —susurró, con sus labios rosados entreabiertos.

Quería darse la vuelta para que el Padre viera la sinceridad en sus ojos, pero el Dios de la Luz, captando de inmediato el reflejo de sus ojos azules en el agua, se extasió al sentir su amor cálido y franco. Entonces, se deslizó en su boca con su lengua, confirmando su devoción.

Enseguida, sintió al pequeño creyente apretar su interior, y aunque deseaba amarlo hasta los huesos y tomarse su tiempo, no pudo contenerse. Con una mano cubrió sus ojos, y con la otra sujetó con firmeza su esbelta cintura, tras lo que el falo duro se introdujo de golpe, comenzando un movimiento rítmico.

—Tesoro, yo también te amo. No lo sabes, pero te vigilo cada día. Escucho tus plegarias, te protejo de todo mal. Dime, tesoro, ¿qué quieres? —inquirió, para después continuar con un suspiro—. ¿Y bien? Dime. No importa si deseas el cielo, las estrellas o el cetro de los dioses… Te lo puedo dar todo. Tesoro, eres mi néctar. Te amo, te amo con desesperación…

En medio de sus palabras de amor, tomó las caderas del joven, que parecía a punto de resquebrajarse. Zhou Yunsheng, aturdido por las dulces palabras, sintió cómo el placer se multiplicaba exponencialmente en su cuerpo.

Moverse era imposible. Flotando a merced de la fuerza de su Padre, sus pies no tocaban el suelo y sus manos se aferraban débilmente a sus brazos. La única conexión que lo mantenía a flote era el punto en el que sus cuerpos se unían, lo que hizo que el duro miembro del Padre lo penetrara más profundamente por la fuerza de la gravedad. Un placer arrollador lo invadió, y, sin poder evitarlo, su cuello se arqueó mientras un gemido se escapaba de sus labios.

Los gemidos ardientes y agudos resonaron, y los ojos dorados del Dios de la Luz se volvieron completamente negros. Apretó al joven contra su pecho, temblando con él mientras alcanzaban el éxtasis. Existió durante eones, pero solo ahora, en ese instante, sintió lo que era la vida, lo que la felicidad realmente significaba.

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