Al límite – Capítulo 161: Miserable desastre

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


Wang Zhong Ding, por supuesto, también estaba al tanto de aquella noticia, aunque su enfoque era muy distinto al de Wang Hai Zhi.

 A Wang Hai Zhi le preocupaba la foto íntima de Yi Lu y Han Dong; en cambio, la atención de Wang Zhong Ding estaba puesta en el club nocturno.

Xiao Liang lo había llamado antes para contarle que Han Dong había ido al club nocturno únicamente para buscar las cuentas falsas, pero que, aun así, había regresado a ese lugar casi como un sonámbulo. Era algo que Wang Zhong Ding no podía pasar por alto.

En un principio, pensó en ignorar a Han Dong durante unos días, aplicarle la ley del hielo para que se le despejara un poco la cabeza, demasiado llena de pensamientos lascivos. Sin embargo, al enterarse de que Wang Hai Zhi se dirigía en secreto a ese mismo lugar, Wang Zhong Ding ya no pudo quedarse de brazos cruzados.

—¿Cuándo es su vuelo?

Feng Jun respondió:

—Debería ser esta noche. Aún tengo que confirmar la hora exacta.

—Ayúdame a comprobar la información del vuelo de esta noche —le pidió Wang Zhong Ding mientras se levantaba de golpe—. Tengo que ir allí y comprobarlo personalmente.

—¿Aún quieres ir a estas horas?

Wang Zhong Ding no respondió. Su figura desapareció tras las puertas del ascensor, que se cerraban lentamente.

En ese mismo instante, Han Dong estaba sentado junto a Yi Lu, que no conseguía conciliar el sueño, hablando tranquilamente con ella.

Yi Lu se confesó con total franqueza ante Han Dong y admitió abiertamente su condición de amante.

—Puede que yo sea la tercera en discordia más despreciable a ojos de los demás. Wang Hai Zhi no es mi primero ni será el último; sin embargo, nunca he destruido la familia de nadie ni he tenido el menor deseo de sobrepasar mis límites. Disfrutar de su favor es suficiente para mí. Je, je… ¿soy demasiado conformista?

Yi Lu se ahogaría en saliva si otra mujer escuchara algo así, pero la atención de Han Dong no se centraba en el hecho de que ella fuera una amante.

—¿Cómo has logrado eso? —le preguntó Han Dong con curiosidad.

—He hecho un buen trabajo manteniéndolo todo en secreto. Por ejemplo, compro una rosa el día de San Valentín y la envió a su casa para que se la entregue a su mujer. Le dejo tener sexo con ella después de un largo viaje de negocios o una gira; de lo contrario, su mujer podría sospechar si no ha recibido su “comida pública”[1] durante tanto tiempo. No uso pintalabios ni perfume cuando él y yo nos vemos. El gel de ducha que le preparo es siempre sin aroma… —respondió Yi Lu con voz débil.

Han Dong pensó que Yi Lu bien podría escribir un Manual de entrenamiento para esposas.

Pero aun así quiso preguntar:

—¿Por qué insistes en meterte con un hombre casado? ¿No es agotador malgastar tu tiempo una y otra vez?

—No hay forma de evitarlo. Cualquiera que pueda estar a mi altura ya tiene entre cuarenta y cincuenta años.

—Podrías intentar buscar a un “soltero de oro”[2]. ¿Acaso no hay muchas actrices famosas en el mundo del espectáculo que se casan con peces gordos?

—¿No te parecen patéticas? Si fuera yo, no me obligaría a convertirme en una esposa marchita y sin amor solo por asegurarme el sustento. Si un hombre no me ama, o al menos no siente un poco de afecto por mí, ¿por qué querría estar con él? ¿No me digas que solo es para darle un hijo?

—No estás siendo muy inteligente —dijo Han Dong.

—¿Cuánta gente es realmente inteligente en este mundo? Y en especial los hombres… ¿te atreverías a decir que no me querrías como amante? —le preguntó, mirándolo fijamente.

Han Dong sonrió y encendió un cigarrillo. La respuesta era evidente.

¿Qué hombre no era codicioso y ruin? La única diferencia estaba en el autocontrol.

Igual que Han Dong: después de escuchar las palabras de Yi Lu, además de sentir desprecio, también deseó llevársela a la cama.

Aun así, continuó diciendo:

—Tu sentimiento de superioridad como amante nace de tu falta de confianza para ser una esposa legítima.

Yi Lu se quedó atónita durante un instante, antes de asentir, aceptando esas palabras.

—Es verdad, no tengo confianza en encontrar a un hombre en el que pueda confiar.

«De hecho, ya conoces a uno que es digno de confianza, pero es una lástima que sea mío», pensó Han Dong para sus adentros.

Han Dong apagó la colilla del cigarrillo y le dijo:

—Duérmete temprano.

Yi Lu asintió.

—Tú también deberías acostarte pronto. Y no olvides cerrar bien la puerta para evitar que vuelva a ocurrir un accidente como el de anoche.

Al regresar a su habitación, Han Dong llamó innumerables veces a Wang Zhong Ding, pero no obtuvo respuesta. Se preguntó, con una remota inquietud, si estaría enfadado con él.

Convencido de que ese podía ser el motivo, pasó la noche dando vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño.

Yi Lu, que tampoco lograba dormir, bajó a recepción para pedirle al gerente que le cambiara de habitación.

—¿Hay algún inconveniente con su habitación actual? —le preguntó el gerente.

El tono de Yi Lu era sigiloso.

—No me gusta demasiado el lado soleado. ¿Podría cambiarme a una habitación con menos luz?

El gerente la trasladó a la habitación situada en diagonal frente a la de Han Dong.

Han Dong se acostó con el ánimo inquieto; incluso después de dormirse, sabía que acabaría despertándose sobresaltado.

Desde el incidente de la noche anterior, Xiao Liang se mantenía en alerta máxima: se despertaba de inmediato ante cualquier sonido procedente de la habitación contigua.

Casualmente, vio a Han Dong abrir la puerta del cuarto de al lado con los ojos cerrados y entrar. No pudo evitar alarmarse, pensando que quizá pretendía…

Justo cuando estaba a punto de correr hacia allí, lo vio salir casi de inmediato, apenas unos segundos después de haber entrado.

«Menos mal, menos mal…», pensó Xiao Liang, suspirando aliviado.

Sin embargo, poco después volvió a escuchar movimiento en la habitación contigua. Esta vez, al salir, vio a Han Dong entrar en el cuarto situado en diagonal al suyo. Como no tenía ni idea de que Yi Lu se había mudado a esa habitación, no intentó detenerlo y simplemente hizo la vista gorda ante aquel giro de los acontecimientos.

En menos de un minuto, Wang Hai Zhi apareció en su campo de visión.

Xiao Liang se quedó sorprendido y se preguntó qué hacía el presidente en ese lugar.

A continuación, lo vio entrar en la habitación en la que Han Dong había entrado antes, y entonces lo entendió todo. Presenció cómo Han Dong era echado de la habitación y despertado a la fuerza.

Han Dong no lograba comprender la situación tras haber sido despertado de manera tan brusca, pero al ver la expresión furibunda de Wang Hai Zhi y los ojos conmocionados de Yi Lu, por fin empezó a atar cabos.

«¡Joder! Vale, es verdad que pensé un poco en que me gustaría acostarme con ella, ¡pero solo un poco! ¿No me digas que de verdad fui con la intención de follármela?», pensó Han Dong, atónito.

Después de ver el número de la habitación, tuvo ganas de estrangularse a sí mismo. La otra persona sabía que él tenía esas malas intenciones y había cambiado de habitación a propósito como medida de seguridad, y aun así…

Han Dong estaba extremadamente irritado, pero de repente sintió que algo no encajaba.

Miró su propia habitación, luego volvió la vista hacia la que tenía enfrente y, en ese instante, comprendió lo que le esperaba. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, seguido de muchos más.

«Oh, no. Esta vez he quedado como una auténtica escoria», asumió Han Dong.

Wang Hai Zhi contuvo su furia porque todos los huéspedes de esa planta trabajaban en la empresa, y que el asunto se filtrara le resultaría perjudicial. Por eso permitió que los cuatro guardaespaldas que había traído consigo ataran a Han Dong y lo metieran a la fuerza en el coche en el que había llegado. Además, ordenó que recogieran su equipaje para que pareciera que se marchaba por un asunto urgente.

Después de eso, se giró furioso hacia Yi Lu y le preguntó:

—¿Qué está pasando aquí?

—No lo sé —respondió Yi Lu.

—Si hubiera llegado un poco más tarde, ¿vosotros dos estaríais revolcándoos en la cama?

—No. Solo se equivocó de habitación.

Wang Hai Zhi no podía descargar su ira contra Yi Lu, así que se limitó a hablar con un tono inflexible:

—No creo que necesites quedarte aquí más tiempo. Enviaré a alguien a recogerte mañana.

Tras decir esto, Wang Hai Zhi se marchó con el rostro sombrío.

Cuando Wang Hai Zhi se fue, Xiao Liang no llamó de inmediato a Wang Zhong Ding. En su lugar, se coló en la habitación contigua a la de Han Dong y empezó a registrar todo en busca de algo. Al final, descubrió un bolígrafo grabador en miniatura dentro de la papelera.

Para entonces, Wang Zhong Ding ya había llegado demasiado tarde.

No había pasado mucho tiempo desde que Wang Hai Zhi se había llevado a Han Dong cuando él apareció.

Xiao Liang le contó lo sucedido, y el rostro de Wang Zhong Ding se ensombreció al instante, no por lo que había hecho Han Dong, sino por lo extraño de todo el asunto.

En ese momento, Xiao Liang, al que le gustaba que reconocieran sus méritos, le entregó el bolígrafo grabador a Wang Zhong Ding.

—Encontré esto en la habitación contigua a la de Han Dong.

Wang Zhong Ding pulsó dos veces el botón de reproducción, pero el bolígrafo no emitió ningún sonido. Abrió el cuerpo del dispositivo y examinó su estructura interna. Gracias a sus muchos años de experiencia tratando con grabaciones encubiertas, descubrió que el bolígrafo había sido manipulado: era como una bomba diseñada a medida para destruir la grabación una vez cumplida su función.

—Llévatela y busca a un especialista que pueda repararla.

Tras dar la orden, salió apresuradamente del hotel.

♦♦♦

Wang Hai Zhi encerró a Han Dong en una mansión que había comprado en secreto no hacía mucho. La propiedad figuraba a nombre de Yi Lu, pero el título estaba registrado bajo una identidad falsa que ella utilizaba, lo que significaba que nadie conocía la existencia de aquella mansión aparte de Wang Hai Zhi y Yi Lu.

Han Dong fue encerrado en un almacén sin cama ni sofá. Los armarios del interior estaban vacíos, y nadie le proporcionaba comida ni agua; todo lo que tenía para sobrevivir estaba dentro de su equipaje.

Soyokaze
El tío, además de celoso y de doble moral, resultó ser un criminal
.

En ese momento, Han Dong comprendió mejor por qué Yi Lu había llevado a cabo, de forma deliberada y meticulosa, una jugada de ajedrez de semejante magnitud.

¡Era porque su “marido” era alguien realmente increíble… en el peor sentido de la palabra!

Wang Zhong Ding había metido en su maleta un colchón y una almohada inflables, además de sábanas y una manta, por lo que dormir no supondría un problema. También había algo de comida deshidratada y compacta que podía durarle varios días.

Aunque Wang Hai Zhi no sabía que Wang Zhong Ding y Han Dong mantenían una relación, sí era consciente de que su sobrino apreciaba profundamente a Han Dong. Por ese motivo, y para evitar a la gente que su sobrino seguramente enviaría a seguirle la pista, no fue personalmente a la mansión ni golpeó a Han Dong con sus propias manos. Se había encargado de todo a través de una simple llamada telefónica.

Como resultado, la búsqueda de Wang Zhong Ding fue infructuosa, por lo que no le quedó más remedio que acudir personalmente a casa de su tío para pedirle que liberara a Han Dong.

La actitud de Wang Hai Zhi fue sorprendentemente firme.

—¡Es imposible que lo deje marchar así como así!

—Todo este asunto es un malentendido. Estaba sonámbulo —trató de explicarle Wang Zhong Ding con paciencia.

—¿A quién crees que estás engañando? —le espetó Wang Hai Zhi—. ¡Yo mismo vi las grabaciones de seguridad y, además, consulté con un médico! Los movimientos de un sonámbulo son mecánicos y regulares, pero Yi Lu se había mudado a otra habitación sin que Han Dong lo supiera. Lo lógico habría sido que se dirigiera a la habitación anterior, así que ¿cómo explicas que fuera directamente a la nueva? ¿Puede un sonámbulo lograr algo así?

—Creo que alguien lo guio en secreto. Dejaron un bolígrafo grabador en la escena. Aunque todavía no he repa…

Wang Hai Zhi interrumpió a su sobrino sin miramientos.

—No necesitas justificarlo. ¡Te dije hace mucho tiempo que esta persona era absolutamente indigna de ser reclutada y patrocinada! Tiene un carácter cuestionable y una moral extremadamente baja. Mantenerlo en la empresa es un error.

Soyokaze
El burro hablando de orejas.

—¡No puedes hablar así de él! —dijo Wang Zhong Ding. Su actitud se endureció de repente.

El rostro de Wang Hai Zhi se ensombreció al instante.

—De verdad te has puesto en mi contra por esos huesos baratos[3].

Al oír las palabras «huesos baratos», los ojos de Wang Zhong Ding se volvieron de un rojo intenso, y una intención asesina, que no distinguía ni siquiera entre familiares, afloró tenuemente.

—¡Te exijo que cuides esa boca! —lo amonestó Wang Zhong Ding con voz severa.

Wang Hai Zhi estaba completamente fuera de sí.

—¡Te lo advierto! Esta empresa la he levantado yo y soy quien tiene la última palabra. Si ahora mismo llamo a la junta directiva y les digo que te destituyan, ¡lo harán de inmediato, sin hacer preguntas!

Al notar que el ambiente se cargaba aún más, Feng Jun se apresuró a intervenir para disuadir a Wang Zhong Ding.

—¿De verdad merece la pena discutir con un familiar por un artista? Vamos, volvamos primero… volvamos primero.

Wang Zhong Ding permaneció inmóvil, con la mirada fija en el rostro de su tío.

—Cálmese y tenga en cuenta el panorama general —le recordó Feng Jun en voz baja.

Finalmente, Wang Zhong Ding reprimió su intención asesina, se dio la vuelta y se marchó.

De regreso a la oficina, le preguntó a Feng Jun:

—¿Has averiguado por dónde fluye el dinero?

—Solo se ha localizado una parte —respondió Feng Jun.

La mirada gélida de Wang Zhong Ding se clavó en el informe del caso que tenía en la mano.

—Concéntrate en revisar los bienes inmuebles —le indicó a Feng Jun.

—Los bienes inmuebles ya han sido investigados. Yi Lu compró recientemente un apartamento, hace aproximadamente medio año, pero durante ese periodo el presidente no recibió ningún ingreso anómalo.

—Entonces debió de utilizar una cuenta bancaria falsa.

Feng Jun se mostró inquieto.

—La dificultad de esta investigación es considerable y es posible que no se resuelva en pocos días.

Aquello también le estaba provocando a Wang Zhong Ding un intenso dolor de cabeza.

No pudo evitar volverse hacia Er Lei y preguntarle:

—¿Qué hay dentro de la maleta de Han Dong?

Er Lei ya había respondido a esa pregunta en varias ocasiones, y Wang Zhong Ding era plenamente consciente de ello. Aun así, volvió a plantearla.

Er Lei suspiró.

—Las probabilidades de rescatarlo con éxito son muy bajas. Solo nos queda esperar que consiga escapar sin que nadie se dé cuenta, usando esa habilidad suya tan misteriosa.

Feng Jun volvió a lanzar una mirada despectiva a Er Lei y le dijo:

—¿De verdad crees que los guardaespaldas del presidente están solo de adorno?

Una voz agradable llegó de repente desde la puerta.

—¡Puede escapar por sí mismo!

Los tres hombres giraron la cabeza al mismo tiempo hacia Shen Chu Hua, cuya voz dulce contrastaba por completo con su expresión agresiva.

—He metido artículos de mujer en su maleta. Además, le recordé que podrían servirle para resolver ciertos problemas si llegaba a necesitarlos.

Tanto Feng Jun como Er Lei se quedaron sorprendidos por la previsión de su compañera Shen Chu Hua.

Wang Zhong Ding rió por primera vez. Le dio una palmada en la cabeza a Shen Chu Hua y la elogió:

—De verdad no me equivoqué contigo.

Shen Chu Hua estuvo a punto de desmayarse de felicidad.

Wang Zhong Ding despreciaba la idea de rezar a los dioses y no creía en la telepatía, pero aquella noche no dejó de murmurar una y otra vez:

—Cariño, tienes que pensar bien este movimiento.

 

 


[2] Soltero de oro: un hombre soltero que sobrepasa los 35 años, que tiene mucho dinero, sin familia y con una carrera exitosa.

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