Traducido por Haku
Editado por Herijo
—¡Grrr… Espada Maldita! —exclamó Elsee.
En el instante en que pronunció aquellas palabras, varias cuchillas negras brotaron del suelo. Parecidas a aletas dorsales de tiburón, estas hojas emitían un brillo sombrío mientras se abalanzaban directamente hacia mí.
Era un ataque cargado de una maldición evidente; la prueba definitiva de que mi oponente había desistido de capturarme ilesa.
—Las extremidades son poco importantes, siempre habrá un repuesto… ¡Te despedazaré como a un insecto!
—Al fin te lo tomas un poco en serio.
Empuñé mi arma sagrada, adoptando una postura baja. En la República, a esta técnica se la conoce como Iai.
—Encantamiento: «Sacro»… ¡Desaparece!
Imbuí la espada sagrada con magia de luz mediante mi habilidad. Al lanzar el tajo, el arma no soltó un corte físico, sino una ráfaga de haces luminosos. No fue un ataque al azar; era magia programada para rastrear y disipar automáticamente la maldición. No se trataba de una purificación sofisticada, sino de fuerza bruta: aproveché la ventaja de mi atributo para borrar de un golpe aquel enjambre de cuchillas.
Hacía tiempo que no peleaba de verdad.
Debido a la naturaleza de crear y mantener armas mediante maná, el consumo de energía era enorme, por lo que no se podía usar a la ligera. Además, hasta ahora no me había topado con nadie que me obligara a darlo todo.
Aunque no he tenido tiempo de acostumbrarme, me enfrentaba a lo que probablemente sea uno de los monstruos más letales de este mundo. Pero así era el combate real: casi nunca salía según lo planeado.
En lugar de lamentar la injusticia, ábrete paso a través de ella.
Recité aquellas palabras en mi interior como una oración, una lección del pasado, y volví a moverme para cerrar la distancia que nos separaba.
—¡Jaula de Sangre!
Elsee sacó de su regazo un objeto de brillo carmesí y lo estampó contra el suelo mientras retrocedía.
Estaba en los informes.
Lo había leído en los documentos de mi época en la Orden de Caballeros. La «Jaula de Sangre» era la técnica insignia de Elsee; una habilidad rara incluso entre los vampiros, que permitía almacenar seres vivos siempre que se obtuviera su sumisión. Normalmente, era imposible encerrar a un ser vivo dentro de la sangre debido a la restricción de que los fluidos vitales no pueden mezclarse. Sin embargo, la Jaula de Sangre crea un espacio especial dentro del torrente sanguíneo para sellar a la criatura… o eso recuerdo que decía el texto.
Era la primera vez que lo veía con mis propios ojos, pero no había por qué entrar en pánico. Al fin y al cabo, solo estaba invocando refuerzos.
De los fragmentos carmesíes surgió un dragón colosal. Su cuerpo gigantesco, cubierto de escamas negras que reflejaban la luz de la luna, me fulminó con una mirada ardiente. Entre sus feroces colmillos, unas chispas de llamas azules crepitaban con amenaza. Su cola, larga y esbelta, poseía una belleza casi artística y se mecía como si nadara en el aire nocturno. Medía unos tres metros de altura; para ser un dragón, era un ejemplar imponente.
—Aún no he jugado mucho con este pequeño, ¡pero ya basta de guardarme cosas!
—Por lo que veo, es un dragón clase Fafnir… Tienes a una bestia considerable como mascota.
En la jerarquía draconiana, era el segundo rango más alto, solo un escalón por debajo de la clase Yggdrasil. Seguramente usó algún hechizo de encanto de magia oscura; controlar a un dragón así no era poca cosa. Normalmente se necesitaría a todo un ejército para enfrentarlo, pero ahora solo estaba yo.
—¡Ve, Jabberwocky!
—¡¡Gyaaaaaaa!!
Con un rugido ensordecedor, descargó sus garras desde arriba. Salté hacia atrás para esquivarlas. No era solo el roce; la presión generada por ese golpe era suficiente para despedazarme. Un movimiento evasivo exagerado era justo lo necesario.
—¡No creas que puedes aplastarme solo con tu tamaño! ¡Materialización!
Si el oponente era gigante, solo tenía que crear una hoja a su altura. Usando maná adicional como combustible, mi espada de luz se alargó. El Arma Sagrada constaba de un cuerpo de energía sólida creado con magia; su longitud y grosor eran totalmente maleables. Es más, ni siquiera tenía que ser una espada.
Esta era la carta de triunfo que los antiguos paladines idearon para contrarrestar cualquier calamidad. Ya sea contra humanos, bestias gigantes, enemigos únicos o multitudes: ante un solo tajo, todos son iguales.
—¡¡¡Haaaah!!!
La hoja colosal, de más de tres metros, cruzó el aire. Fue un tajo vertical que partió al dragón por la mitad. Más que un corte de espada, el cuerpo de la bestia pareció ser devorado por la luz. Como era de esperar de una criatura controlada, sus movimientos eran mucho más torpes que los de un dragón auténtico. Seguía siendo una amenaza, pero tenía demasiados puntos debiles.
—Te toca a ti a continuación.
—No habrá una “continuación”. Ya he terminado mis preparativos, ¿sabes?
Al otro lado del dragón, que se partía en dos sin siquiera emitir un lamento de muerte, Elsee sonrió con malicia. Como si recordara que debía sangrar, el cadáver del dragón estalló en una fuente de sangre… y entonces me di cuenta de mi error.
—Ah… ♪ Gracias por trocearlo tan bien, me has ayudado mucho.
Susurró con deleite mientras su vestido se empapaba de rojo. Sobre los volantes negros de su ropa, la sangre resaltaba con un carmesí intenso; ella tomó una gota con los dedos y la lamió. Las quemaduras que le provoqué anteriormente ya habían desaparecido. Estaba disfrutando de la sangre de lo más animada.
Metí la pata.
Un cuerpo tan enorme albergaba una cantidad proporcional de sangre. Y se trataba de un dragón: la cantidad de maná en su torrente sanguíneo es superior a la de un humano. Al matarlo y dejar que se desangrara, le entregué a Elsee una fuente inagotable de poder. En esa situación, ignorar al dragón era imposible. Mi razón lo entendía, pero no podía evitar la frustración. ¡Si tan solo hubiera subido la potencia para desintegrarlo en lugar de cortarlo…!
—Hacía mucho tiempo que un solo humano no me acorralaba tanto… Te daré crédito por ello. Te reconozco el mérito. ¡Por eso, voy a aplastarte con todo lo que tengo!
En medio del enorme charco de sangre, Elsee se movió como si bailara.
—Extraer el maná de la sangre es la especialidad de los vampiros.
No hacía falta que lo dijera. El poder mágico de Elsee estaba creciendo de forma alarmante. Era una masa de magia oscura tan vasta que anulaba mi ventaja de atributo. Era como intentar apagar un incendio devastador con un poco de agua que se evaporaba antes de tocar las llamas. Usando la vida del dragón como combustible, activó su hechizo. Con Elsee en el centro, destellos carmesíes corrieron por el suelo formando un círculo mágico.
—Zona de penumbra.
En cuanto pronunció esas palabras, el entorno cambió por completo. El aire se volvió pesado, la luna emitió un brillo púrpura sombrío y el paisaje comenzó a distorsionarse. Mi espada sagrada vibró como si tuviera miedo al repeler la maldición que intentaba afectarme. Sin embargo, parte de la maldición que no pude bloquear se enredó en mis piernas. Sentí un peso desagradable, como si de repente estuviera caminando bajo el agua.
—Mientras estés aquí, el poder de seres como yo aumentará, y el tuyo disminuirá. En términos de la República, supongo que deberíamos llamarlo… la «Hora del encuentro con los demonios».
—¡Una maldición sobre el espacio y todo lo que contiene, junto con el fortalecimiento de un atributo específico!
—Normalmente requiere una preparación minuciosa, y como esta vez mi oponente era una de mis iguales, no la preparé… pero contra ti, será más que suficiente.
—¡Maldición…!
Sabía que sería difícil, pero esto supera mis expectativas. Que un oponente con habilidades básicas tan altas no se confíe y use tácticas tan meticulosas es lo más problemático del mundo.
—Incluso en este espacio, el poder de mi espada sagrada sería letal para tí, ¿verdad?
—Así es. Si es que logras alcanzarme con esas piernas tan pesadas… ¿no crees?
Sonriendo mientras destrozaba mi fachada de confianza, Elsee comenzó a concentrar su maná. Sabiendo que no podía permitirle seguir, intenté moverme, pero la lentitud de mis pasos era un lastre crítico. Por el contrario, ella estaba en su elemento. El maná que hilaba y la velocidad de su despliegue eran superiores a todo lo anterior.
—¡Jajaja! ¡Resistir ya no tiene sentido! ¡Húndete en la oscuridad y detente: Atadura Fatal!
Una cantidad ingente de poder mágico se desplegó alrededor de Elsee y se lanzó hacia mí. Al ser una “atadura”, su intención seguía siendo sellar mis movimientos. Es decir, no ha cambiado su postura: pretende capturarme viva a toda costa. Pero el nivel de seriedad es distinto. Ahora, una marea de llamas malditas que cubría todo mi campo de visión se dirigía a un solo objetivo.
—¡Aún no me rindo! ¡Encantamiento: Juicio Sagrado!
Cargué en la espada sagrada toda la magia que pude reunir y lancé un tajo horizontal. Al contacto con los haces de luz, las llamas de la maldición se desvanecían. Sin embargo, eran demasiadas. Un solo tajo no era suficiente para lidiar con todas.
¡Si tienes tiempo para pensar que este es el fin, muévete!
Sacudí mis pensamientos negativos e intenté blandir la espada de luz una vez más. La maldición ya estaba frente a mis ojos. Sinceramente, dudaba que llegara a tiempo, pero rendirse no era una opción…
—Yo me encargo.
—¿¡Ah…!?
Escuché una voz nostálgica y alguien me tiró por la espalda. Caí sentada por la sorpresa y, en mi lugar, una cabellera plateada ondeó al frente.
—Ciertamente, esto parece un poco difícil incluso para tí.
Al mismo tiempo que las palabras resonaban, el enjambre de maldiciones cayó de lleno sobre el cuerpo de Arge.
