Traducido por Shisai
Editado por Shiro
Bajo la luz roja de la luna, un pequeño gato negro, sentado sobre los hombros de Grecia, alzaba sus ojos verdes para observar a los humanos frente a él.
Un silencio sepulcral invadió la cocina.
Li Miaomiao abrió la boca con asombro, mientras Zhao Xiaofei miraba con incredulidad al gato que había permanecido acurrucado en los brazos de Grecia durante cuatro horas. Este último sonrió.
—Si el gato de Schrödinger es una persona, entonces Schrödinger es un gato… Tiene bastante sentido.
—Si no eres Schrödinger, entonces no importa si te atrapamos ahora —declaró Tang Mo con calma.
Sin darle oportunidad de reaccionar, se lanzó a atraparlo. El pequeño felino saltó del hombro de Grecia y salió disparado hacia la cabeza del mayordomo. Fue tan veloz —más rápido incluso que Tang Mo— que ni siquiera Fu Wenduo logró interceptarlo.
El gatito se acomodó sobre la cabeza del hombre y observó a los cinco jugadores. Su pequeña nariz rosada se contrajo y soltó un bufido:
—¡Eh, humanos estúpidos!
Tang Mo y Fu Wenduo quedaron sin habla. En realidad, todos en la cocina se quedaron mudos de asombro.
Schrödinger no pareció notar las expresiones de extrañeza del grupo. Sacudió la cola y continuó:
—¡Humanos codiciosos y desvergonzados! Entran en mi bosque de acero sin permiso y se atreven a irrumpir en mi fortaleza! La raza siempre intenta colarse para robar mis tesoros.
El gatito era tan pequeño que podía caminar en círculos sobre la cabeza del mayordomo. Caminaba con sus cortas patas mientras seguía despotricando contra quienes pretendían robarle, y no se detuvo sino hasta pasados cinco minutos. Entonces, clavó sus ojos redondos en los jugadores.
—¿Qué están mirando?
Se oyó una risa baja. Grecia no pudo contenerse y soltó una carcajada.
Todos se giraron hacia él, mientras el rubio reía con total naturalidad.
El pelaje de Schrödinger se erizó de golpe.
—¡No te rías!
La risa suave siguió resonando en la cocina unos segundos más.
Tang Mo no encontraba la situación graciosa, sino extraña. Aquel pequeño y arrogante… Schrödinger tenía, en realidad, una voz dulce y suave. Él nunca había criado un gato ni estado en contacto con ellos, pero recordaba haber oído sus maullidos cada primavera: esos lamentos de los gatos en celo bajo los dormitorios universitarios que recordaban al llanto de un bebé. Sin embargo, no eran tan dulces como la voz de Schrodinger.
Por eso resultaba tan chocante escuchar aquel tono melodioso decir cosas como «humanos estúpidos». Grecia tardó un momento en serenarse.
—Está bien, no me reiré.
Schrödinger guardó un silencio tenso.
—Ja, ja, ja.
—¡Sigues riéndote! —gritó el pequeño gato furioso—: ¡Maldita Torre Negra! ¿Por qué enviaste a este bastardo aquí? ¡No puedo comunicarme con alguien de coeficiente intelectual tan bajo! ¡Es un insulto a mi inteligencia! ¿Qué clase de maldito juego estás organizando esta vez?
El mayordomo siguió lamiendo la comida para gato.
—Miau.
—¿El juego del escondite? —La voz de Schrödinger denotaba sorpresa.
Un instante después, soltó un par de risitas alegres.
—¡Oh, claro! ¡Es mi juego favorito! —Alzó la cabeza y sentenció—: Muy bien, malditos humanos, dense prisa y comencemos el juego. Mientras me encuentren, podrán llevarse mis inventos. Pero si después de tres rondas no lo logran…
Una enorme nube cruzó el horizonte y cubrió la mitad de la luna. La luz roja se filtró por la ventana e iluminó medio rostro del pequeño gato. Sus grandes ojos verdes destellaron con un brillo carmesí, y la dulce voz de Schrödinger se elevó con furia:
—¡Los añadiré a mi colección!
Tang Mo y Fu Wenduo quedaron sin habla. En realidad, todos en la cocina permanecieron mudos de asombro.
—¡No se rían!
Grecia, sin mostrarle la menor consideración, volvió a soltar una carcajada. El pequeño gato se enfureció todavía más y empezó a insultarlo sin tregua. No obstante, con aquella voz tan suave, cualquier improperio resultaba más caprichoso que amenazante.
Mientras discutían, Tang Mo y Fu Wenduo intercambiaron una mirada y se movieron al unísono. Se desplazaron a izquierda y derecha para flanquear al gato que permanecía agazapado sobre la cabeza del mayordomo, pero Schrödinger ya estaba alerta. El empleado lanzó el cuenco de alimento y saltó hacia atrás, esquivando el ataque de ambos con agilidad.
Tang Mo y Fu Wenduo estaban a punto de perseguirlos cuando Schrödinger apoyó una pata contra la pared de la cocina.
Una explosión sorda sacudió los cimientos de la fortaleza de acero. El suelo y el techo temblaron con la violencia de un terremoto, provocando que los cuencos del armario cayeran y se hicieran añicos. De inmediato, varios brazos mecánicos emergieron de los muros y barrieron los restos hacia los conductos de basura. Desde el interior de las paredes se desplegaron innumerables placas metálicas que se extendieron hasta recubrir por completo cada superficie.
En un abrir y cerrar de ojos, la cocina se convirtió en una cámara blindada. El mayordomo sostenía al pequeño gato en una mano y permanecía junto a la puerta, observando con mirada inexpresiva a los cinco humanos. La dulce voz del felino, cargada de una risa burlona, resonó en un eco metálico:
—¡Humanos estúpidos, prepárense para formar parte de mi colección!
El mayordomo se dio la vuelta y, con el gato en brazos, saltó al interior de un oscuro tobogán de acero. Tang Mo y Fu Wenduo intentaron seguirlos, pero la compuerta se selló antes de que pudieran alcanzarla. El suelo continuaba vibrando; la cocina entera parecía desplazarse mientras los crujidos mecánicos resonaban por todo el castillo.
Cinco minutos después, el estrépito cesó y todo quedó en un silencio absoluto.
El grupo permaneció en la estancia, intercambiando miradas de alerta. Aguardaron unos instantes sin detectar movimiento alguno hasta que Fu Wenduo asintió y se acercó a la salida. Empujó el pomo con una mano mientras, con un movimiento sutil de la otra, hacía aparecer una daga oscura en su palma.
Se escuchó un clic metálico y la puerta se abrió.
Todos empuñaron sus armas, atentos ante cualquier enemigo que pudiera aparecer en cualquier instante. Al segundo siguiente, una canción llegó a sus oídos:
Lalala, Schrödinger tiene un bosque de acero.
Lalala, Schrödinger tiene una fortaleza de acero.
Lalala, el castillo de Schrödinger es el hogar de Schrödinger y su gato.
Lalala, hay pobres habitantes subterráneos que se han convertido en parte de la colección de Schrödinger.
¡Ding, dong! Misión principal activada: El juego del escondite de Schrödinger.
Las reglas del juego:
En primer lugar, la fortaleza de acero de Schrödinger tiene 108 habitaciones, y Schrödinger se esconde en una de ellas.
En segundo lugar, la fortaleza de acero de Schrödinger está dividida en dos niveles. Todas las habitaciones están abiertas a los jugadores y pueden ser registradas libremente.
En tercer lugar, las puertas de las habitaciones se distribuyen a ambos lados del pasillo. Cada jugador solo puede recorrer un pasillo una vez; tras atravesarlo, quedarán huellas humanas en él y el acceso será vetado.
En cuarto lugar, no se dejarán huellas dentro de las habitaciones.
En quinto lugar, los jugadores disponen de tres oportunidades para encontrar a Schrödinger. Tras cada intento fallido, podrán descansar diez minutos.
En sexto lugar, la habitación de Schrödinger puede contener sus inventos, tanto exitosos como fallidos.
En séptimo lugar, si revisan todas las habitaciones, encontrarán sin duda a Schrödinger.
En octavo lugar, si tras tres rondas no lo encuentran, la victoria será de Schrödinger y los jugadores pasarán a formar parte de su colección. En caso de encontrarlo, el juego terminará y los jugadores ganarán; entonces podrán hacerle una petición que él no podrá rechazar, siempre que esté dentro de sus capacidades.
En noveno lugar, la fortaleza de acero de Schrödinger se encuentra en una grieta temporal. Cualquier accesorio con efectos sobre el tiempo queda inhabilitado.
El gran Schrödinger quiere atrapar niños para hacer un guiso hoy. ¿Qué niño será el afortunado?
En la oscura fortaleza de acero, la Torre Negra guardó silencio, aunque su potente voz continuó resonando entre los muros de acero.
Tang Mo se acercó a la puerta de la cocina y se colocó junto a Fu Wenduo para observar el exterior. El castillo había cambiado por completo; ya no era una mansión, sino una auténtica fortaleza de acero.
Habían desaparecido el mobiliario, las pinturas al óleo que colgaban de las paredes y el pan de oro que decoraba los pilares. A ambos lados se extendían pasillos sombríos, bañados únicamente por la luz roja de la luna que se filtraba en la penumbra. El campo de visión de Tang Mo apenas alcanzaba los cinco metros.
Encendió la linterna y el haz iluminó el corredor frente a ellos, deteniéndose justo en el punto opuesto a la salida. Los otros tres se acercaron y fijaron la vista hacia donde apuntaba la luz.
—¡¿Qué es eso?!
Ante ellos se abría una extraña intersección de cuatro caminos.
Como si se tratara de la refracción de la luz sobre el agua, el pasillo donde se encontraba Tang Mo era una línea recta horizontal, similar a la superficie del agua. Un haz de luz parecía descender desde la parte superior izquierda para luego refractarse; la trayectoria de ese haz se convertía, a su vez, en dos pasillos adicionales.
Si el grupo quería iniciar la búsqueda desde la puerta de la cocina, tenía cuatro rutas posibles: girar a la izquierda, a la derecha o elegir cualquiera de los dos extraños corredores que se abrían frente a ellos.
Tang Mo bajó la vista hacia el suelo.
En ese momento se encontraban dentro de la cocina; es decir, aún estaban resguardados en una habitación. El castillo había cambiado por completo y su estructura era ahora radicalmente distinta a la anterior. Si daban un solo paso al frente, se consideraría que habían entrado en el pasillo. Y una vez en el corredor, dejarían huellas humanas y ya no podrían dar marcha atrás.
Tras reflexionar un instante, Tang Mo dio un paso adelante y se detuvo justo en el centro de la intersección de cuatro caminos.
El juego, después de todo, tenía que comenzar. Los otros cuatro lo siguieron y entraron juntos al pasillo. Fu Wenduo levantó un pie y una huella azul resplandeciente apareció bajo su suela.
—Esta son las huellas humanas —señaló Li Miaomiao—. No podremos volver a pasar por ningún lugar por el que hayamos caminado.
Todos levantaron los pies y, como era de esperar, bajo cada uno de ellos brillaba una huella azul. Mientras Li Miaomiao analizaba qué ruta elegir para avanzar, una voz resonó en el silencio:
—Esperen, creo que he descubierto cómo superar el juego. —Zhao Xiaofei no pudo ocultar su agitación—: ¡Es muy sencillo! La Torre Negra dijo que no podemos volver por donde ya pasamos. Eso significa que, al buscar a Schrödinger, es muy probable que pasemos por alto algunas habitaciones y no podamos regresar a ellas.
»¡Pero podemos dividirnos! Somos cinco personas y aquí hay exactamente cuatro pasillos. Si cada uno elige una ruta diferente —ya que los pasillos transitados quedarán marcados con huellas—, podremos cubrir la mayor cantidad de habitaciones posible. Si alguien se queda sin salida, simplemente espera en el sitio hasta que los demás terminen. De esta forma, encontraremos a Schrödinger sin duda alguna.
Al oírla, Li MiaoMiao comentó:
—Tiene sentido. Entonces nos dividiremos en cuatro grupos para buscarlo por nuestra cuenta. Las reglas mencionan que las habitaciones pueden contener inventos de Schrödinger, así que es probable que en algunas haya castigos. ¿Qué les parece si el jugador más fuerte y el más débil forman un equipo, mientras los demás eligen cada uno un camino distinto?
Mientras hablaba, Li MiaoMiao miraba de reojo a Tang Mo, intentando buscar su aprobación. Sin embargo, él mantenía el ceño fruncido, cabizbajo y en silencio. Ella le hizo varias señas durante un buen rato, pero él no reaccionó. Justo cuando empezaba a impacientarse y estaba a punto de insistir, él levantó la vista.
—Podemos intentarlo —dijo Tang Mo—, pero no creo que sea tan sencillo.
—Yo iré con él —intervino Grecia con una sonrisa, levantando la mano y señalando a Tang Mo.
—¿Tú…? —balbuceó Li Miaomiao.
Grecia parpadeó con fingida inocencia.
—Yo soy el más débil y él es el más fuerte.
Li Miaomiao, atónita, pensó indignada: ¡Las más débiles somos Zhao Xiaofei y yo, y el más fuerte es Fu Wenduo!
Pero antes de que ella pudiera abrir la boca, una voz masculina y profunda resonó:
—Yo soy aún más débil. —Dicho esto, Fu Wenduo se colocó con total parsimonia al lado de Tang Mo. Incluso se ajustó el cuello de la chaqueta con indiferencia, fingiendo una fragilidad que no tenía.
Li Miaomiao, que conocía la verdadera identidad de Fu Wenduo, quedó sin habla.
Zhao Xiaofei, que todavía conservaba el sentido de la vista, la acompañó en su silencio.
¡¿Es que los hombres de hoy ya no tienen ni un poco de dignidad?!, exclamaron ambas en su interior.
A Tang Mo no le importaba la distribución de los grupos; naturalmente, prefería estar en el mismo equipo que Fu Wenduo. Sin embargo, no tuvieron tiempo de discutir el asunto por mucho más tiempo. En el momento en que los cinco se dispusieron a separarse y dieron un paso hacia las cuatro direcciones distintas, fueron detenidos por un muro invisible.
—¡Ustedes, humanos desvergonzados! —Una voz dulce y suave resonó por todo el castillo—. ¡No tienen vergüenza, no tienen vergüenza, no tienen vergüenza! ¡¡¡Desvergonzados!!! Yo, el noble Schrödinger, me he rebajado a jugar con ustedes, ¡Y se atreven a intentar dividirse para buscarme! ¡Qué descaro, son un montón de gente abusando del pobre Schrödinger!
Los cinco fueron empujados de vuelta al punto de partida.
—Hmph, humanos desvergonzados. Si de verdad quieren ir por separado, no es que no se los permita… Pero entonces soltaré mi invento más poderoso. ¡Hmph! ¡Vengan a buscarme, seguro que morirán primero en las habitaciones! ¡Morirán en las habitaciones! ¡¡¡Lo juro, todos ustedes!!!
Tang Mo sospechaba desde hacía tiempo que aquel método no funcionaría. En las reglas dadas por la Torre Negra, siempre se trataba a los jugadores como un solo grupo; este era un duelo entre la humanidad y Schrödinger. Si fuera así de sencillo, sería demasiado injusto para él.
Por lo tanto, los cinco jugadores solo podían avanzar o retroceder en conjunto; no por separado.
En el pasillo, Schrödinger seguía repitiendo sin cesar la palabra «desvergonzados». Su voz, dulce y pegajosa como la de un gatito, se enroscaba en los oídos de todos. Li Miaomiao fingió no escucharlo y preguntó:
—Entonces, como no podemos separarnos, tenemos que elegir un solo camino… ¿Cuál elegimos? —Sus ojos buscaban a Tang Mo.
Tang Mo iluminó con su linterna los pasillos a izquierda y derecha, y luego dirigió el haz de luz hacia los dos extraños corredores que se proyectaban al frente.
—Los pasillos laterales parecen formar una línea recta; son muy largos. A juzgar por el reflejo de la luz, deben tener al menos cien metros de longitud cada uno. En cambio, estos dos que tenemos delante no son largos, medirán unos diez metros cada uno. Los pasillos rectos suelen ser más sencillos y no presentan demasiados cambios. Empecemos por los oblicuos. Elige uno.
La voz de Tang Mo se detuvo y miró a Fu Wenduo. En lo que a la suerte se refería, él nunca confiaba en sí mismo.
Fu Wenduo tomó la linterna de manos de Tang Mo y caminó hacia el pasillo diagonal de la derecha.
—Este.
Los cinco entraron uno tras otro en el corredor inclinado hacia la derecha. Acompañados por el eco constante de «desvergonzados» de fondo, los jugadores se adentraron en el pasaje. La luz de la luna, de un tono carmesí, caía sobre la gélida fortaleza de acero, proyectando un reflejo cortante.
♦ ♦ ♦
La autora tiene algo que decir:
Viejo «Débil» Fu: Soy débil, soy lamentable, quiero que Tang Tang me proteja. ^_^
Mo Tang: … ¡Te voy a dar una paliza hasta matarte!
