Traducido por Haku
Editado por Herijo
—¡Ah…!
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir el aire nocturno sobre mi piel desnuda. Incluso si intentara cubrirme, las cadenas que me aprisionaban me lo impedían. De mi garganta solo escapaba un gemido ahogado.
Observando desde arriba con una mirada lasciva, Elsee hablaba con un éxtasis creciente.
—Ah… esta piel tan blanca… este cuerpo tan hermoso, intacto… ¡Qué ganas, qué ganas tenía! No, no… ¡He estado esperándolo! ¡Ahora… empecemos la diversión!
—¡No, por favor…!
Sus dedos recorrieron mi cuerpo con una lentitud deliberada, como un tasador examinando una pieza de valor. Me sentía indefensa mientras exploraba cada centímetro de mi piel, sin que yo pudiera hacer más que retorcerme inútilmente. La cama, normalmente un lugar de descanso, se había convertido en una jaula mullida que me aprisionaba, ahogándome en ansiedad.
—Eres increíblemente inocente, ¿no?
—¿Qué…?
—Posees un poder extraordinario, y sin embargo, tu corazón es el de una niña confundida por emociones que no comprende.
—No sé de qué hablas…
—No conoces el verdadero miedo, ni el verdadero placer, ni la verdadera pasión, ¿verdad? No te preocupes… yo te lo enseñaré todo~.
—¿Qué quieres decir…? ¡¿Ngh?!
Un sonido húmedo y obsceno resonó contra mi piel. Empezó a besarme, a lamerme, a mordisquearme suavemente con la punta de sus colmillos. El ruido chapoteante llegó a mis oídos, provocando un temblor que me recorrió la espina dorsal. Su dulce perfume me envolvía, mareándome.
—Ah…
No era náusea, sino algo distinto. Era una sensación que amenazaba con volverme loca si no dejaba escapar la voz.
Sentía cómo su lengua se apretaba contra mí, y con ella, era como si mi propia conciencia se estuviera desvaneciendo. La piel donde sus labios succionaban ardía, entumecida. La sensación era irritante y desagradable… un cosquilleo insoportable que me arrancaba los gemidos a la fuerza.
—¡Ah, nn!… ¿¡Q-qué es esto…!?
—¿Mmm~?… Je, je. Te diré exactamente lo que es.
Con una sonrisa maliciosa, Elsee se relamió los labios. Sus colmillos brillaron a la luz de la luna, como los ojos de una bestia sedienta de sangre.
—No… por favor, detente…
Un presentimiento terrible se apoderó de mí. Sentí que si la dejaba continuar, si me “enseñaba” lo que era aquello, jamás volvería a ser la misma. Sabía que era inútil, pero me agité, haciendo sonar las cadenas en un chillido desesperado. Ella se limitó a observarme, disfrutando de mi forcejeo.
—¡Oh, sí, esa cara! ¡Esa es la cara que quería ver! ¡Qué adorable! ¡Qué maravilla!… Ahora, Argento… quiero oírte gritar.
—¡Ah…!
Su rostro, transfigurado por el éxtasis, descendió hacia mi cuello. Negué con la cabeza frenéticamente, pero era inútil. Sus colmillos perforaron mi piel y desgarraron mi carne.
—¡Ah, aaaaaah!
Se escuchaba el sonido de su garganta al tragar, un ritmo regular que me recordaba a cada instante que estaba bebiendo mi sangre. Ser mordida así era completamente distinto a cuando me mordía yo misma. No había dolor, solo una extraña sensación de vacío a medida que la fuerza me abandonaba. Y, sin embargo, los colmillos clavados en mi carne quemaban intensamente.
—Ah, sí… deliciosa… el mejor sabor del mundo~.
—Ngh… ah…
La succión era mucho más intensa que sus besos, como si estuviera acariciando mis nervios directamente. Mi vista parpadeaba, alternando entre la luz y la oscuridad, mientras mi conciencia se hundía y emergía. Un entumecimiento adictivo se extendía desde la herida, paralizándome por completo. Mi cuerpo temblaba sin control, incapaz de protestar, de negar, de hacer nada más que sentir cómo mi fuerza se derretía y era absorbida.
Cada vez que un gemido dulce, casi femenino, se me escapaba, era un doloroso recordatorio de lo diferente que era mi cuerpo actual del que tuve “antes”. Un placer perverso luchaba contra mi voluntad, arrebatándome las fuerzas para resistir.
—Puah… Ah, sí… ¡Tal como pensaba, tu poder mágico es exquisito!
—¿Poder… mágico…?
—Vaya, ¿así que no sabes nada sobre la absorción de sangre? Los vampiros bebemos sangre para robar el poder mágico de nuestras víctimas. Nuestra existencia es inestable por naturaleza; somos cúmulos de magia. Necesitamos absorber el poder de otros periódicamente para mantenernos… pero supongo que esa lección no te interesa ahora, ¿verdad?
—Ah… ngh…
No entendía lo que decía. Mi mente era una nube; oía sus palabras, pero no podía procesarlas.
—Lo importante es lo que el vampiro transmite al chupar sangre. ¿Sabes? Cuando bebemos, le damos a nuestra víctima aquello que más deseamos darle. En mi caso… es el placer. Te haré sentir un placer tan intenso… tan abrumador… que querrás entregarme todo tu ser.
—Entonces… yo…
—Sí. Te estoy haciendo sentir un placer exquisito mientras bebo tu sangre.
Al oírlo tan claramente, mi cuerpo ardió de vergüenza y pánico. Ahora entendía lo que me estaba haciendo, y lo que pasaría si continuaba. La certeza me recorrió como un escalofrío. Si esto siguiera, dejaría de ser capaz de pensar.
—Pareces muy resistente a las maldiciones… pero esto es diferente. Es una característica intrínseca de nuestra especie. Y veo que aún no te has rendido… así que, esta vez, me aseguraré de hacerte caer.
—No… por favor… me convertiré de verdad en una chica…
—Je, je… que digas algo tan adorable solo me excita más. Vamos, ¿no es hora de que dos chicas se diviertan un poco?
—No… para… ¡te digo que no!
—¡Ah, ja, ja! ¡No puedes! ¿No te dije que jugaríamos hasta que dejaras de respirar? La persona que fuiste hasta hoy, muere aquí. A partir de mañana, serás mi única y adorable novia. Así que… disfrutemos de nuestra noche de bodas.
Su risa, llena de satisfacción, resonó en el aire mientras acercaba de nuevo su rostro a mi cuello. Iba a acabar conmigo. Resignada, cerré los ojos, sintiendo que no había nada más que pudiera hacer. La desesperación me invadió. Sentí la presión de sus colmillos contra mi piel y un quejido se me escapó.
—Je, je, je, es hora de devorart… ¡!
Sus palabras, sin embargo, no llegaron a completarse. Antes de que pudiera terminar, Elsee se apartó de mí bruscamente.
—¿Eh…?
Al desaparecer el peso sobre mí, abrí los ojos. Un instante después, algo pasó silbando justo por el lugar donde ella había estado. Se había apartado para esquivarlo, pero ¿qué había sido…?
—¿Qué…?
—Arge, ¿estás bien?
Una voz firme y familiar atravesó la neblina de mi confusión. Conocía esa voz. La había escuchado cada día, siempre hablándome con un tono estricto pero amable. Hice sonar las cadenas, incorporándome tanto como pude. Apenas me quedaban fuerzas, pero necesitaba ver su rostro.
Unos ojos heterocromáticos, el izquierdo violeta y el derecho dorado, me miraban con suavidad. Su cabello castaño estaba recogido en una coleta lateral. Su pecho subía y bajaba agitadamente; sin duda, había venido corriendo.
—¿Felnote…?
Como un caballero salido de un cuento de hadas. Una persona a la que anhelaba volver a ver estaba allí.
