La Tierra está en línea – Capítulo 151: El gato de Schrödinger

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


La voz de la Torre Negra resonó en los oídos de los cinco.

Fu Wenduo, que se encontraba a diez metros de las barras de acero, se detuvo en seco al escucharla. Tang Mo y los demás también se sobresaltaron. Tras confirmar que nada a su alrededor había cambiado, avanzaron juntos hacia la estructura. Tang Mo extendió la mano con cautela y tocó uno de los pilares, que se alzaba unos treinta metros.

Tras un momento, retiró la mano.

—Al tacto parece metal común; debe de ser una barra de acero —observó mientras examinaba la superficie con atención—. Mide alrededor de treinta y cinco metros.

Li Miaomiao, ya habituada a su papel de «capitana», comenzó a analizar la situación:

—La Torre Negra ha activado de repente la primera misión secundaria y nos ordena entrar en la Fortaleza de Acero de Schrödinger. Si este es el Bosque de Acero de Schrödinger, significa que no debemos seguir buscando la salida aquí abajo… Entonces, la fortaleza…

Se interrumpió y levantó la mirada hacia la enorme plataforma que se extendía sobre ellos. Zhao Xiaofei imitó el gesto, observando aquel disco metálico que cubría el cielo mientras tragaba saliva con nerviosismo. A su lado, el hombre rubio bajó  ligeramente el ala de su sombrero con una sonrisa enigmática.

—Llevamos mucho tiempo en el bosque y solo hemos activado la misión al llegar aquí —intervino Zhao Xiaofei—. Eso quiere decir que la fortaleza debe de estar por aquí. Será que está… ¿justo sobre nuestras cabezas? —Aunque era una pregunta, su tono denotaba certeza—. Eso debe ser. Subamos.

Tang Mo no la refutó. Había al menos un 90 % de probabilidad de que tuviera razón. Las columnas de metal tenían decenas de metros de longitud y la superficie que sostenían cubría cientos de metros cuadrados, ocultando la luna roja y proyectando una sombra colosal sobre el suelo. Dado que era imposible ver qué había encima de aquella plataforma, ese era el único lugar lógico.

Sin perder más tiempo,  asumió plenamente el liderazgo. Mientras palpaba las columnas para evaluar el ascenso, se dirigió a Zhao Xiaofei y Grecia; se había adaptado a su rol con asombrosa rapidez.

—Son barras normales. Estoy acostumbrada a trepar árboles, así que subir por estos postes de acero no debería ser un problema. ¿Quieren que vaya yo primero?

—Nunca he escalado un poste, pero creo que podré hacerlo —respondió Zhao Xiaofei, volviéndose luego hacia Grecia.

El apuesto hombre mestizo levantó la cabeza, mostrando un rostro gentil y elegante. Movió las muñecas con parsimonia y colgó su bastón de la cintura.

—Por supuesto. Si una dama necesita ayuda, es mi deber ofrecerla.

Su mirada recorrió a los presentes, deteniéndose un instante en Tang Mo y Fu Wenduo. Este último permanecía de pie a un lado, distante, como si no conociera a nadie allí. Su mirada ignoró la sonrisa de Grecia y respondió con indiferencia:

—No hay problema.

—Por mi parte, tampoco —sentenció Tang Mo con calma

Nadie sabía qué acechaban al trepar por las barras. En un principio, Tang Mo había considerado que Fu Wenduo fuera el primero en subir, pero Li Miaomiao se adelantó:

—Iré primero. Es difícil que las cosas ordinarias acaben conmigo; si ocurre algo, puedo salir de ahí. Además, se me da bien escalar.

Tang Mo comprendió a qué se refería y no la detuvo. Ya había sido testigo de su asombrosa capacidad de regeneración: mientras no fuera un golpe mortal instantáneo, Li Miaomiao siempre tendría una oportunidad de sobrevivir.

El viento helado soplaba a través del bosque de acero. La doctora respiró hondo y exhaló despacio antes de apoyar las manos en el metal. En apenas tres segundos, ya había ascendido cinco metros rodeando la columna con agilidad. Al comprobar que no corría peligro, Zhao Xiaofei suspiró aliviada y avanzó para imitarla.

A diferencia de su compañera, Zhao Xiaofei sujetó el poste con torpeza, usando sus extremidades para subir con lentitud. Cuando Tang Mo  vio que ella había alcanzado los diez metros sin incidentes, se preparó para iniciar su propio ascenso. Sin embargo, justo antes de tocar la superficie metálica, un grito agudo resonó sobre su cabeza.

Tang Mo levantó la vista de inmediato. Fu Wenduo frunció el ceño y extendió los brazos para atrapar el cuerpo de Zhao Xiaofei, que caía al vacío. De pronto, una sombra pasó como un relámpago junto a Tang Mo. El delgado poste tembló levemente mientras una silueta vestida de rojo ascendía a una velocidad vertiginosa bajo la luz mortecina de la luna.

Grecia Grecia reaccionó con agilidad y sujetó por la cintura a Zhao Xiaofei mientras caía. Ella estaba muy sobresaltada; como jugadora que ya había superado el primer piso de la Torre Negra, una caída no la habría herido de gravedad, pero había perdido el equilibrio por su falta de experiencia trepando.

En el silencioso y desierto bosque de acero, Li Miaomiao escuchó el grito y miró hacia abajo.

—¿Estás bien?

A mitad del poste, Grecia se sostenía con una sola mano mientras mantenía a la mujer sujeta con la otra. Bajó la mirada hacia ella, que aún no recuperaba el aliento, y le sonrió con suavidad.

Milady, ¿necesita ayuda?

Zhao Xiaofei fue recobrando la compostura poco a poco. Puesto que de todos modos debía subir, decidió no rechazar el ofrecimiento.

—Gracias —respondió directamente.

En el tenso y peligroso juego de ataque a la torre, nadie tenía ánimos para romances. Zhao Xiaofei no mostró ningún recato; observó fijamente al extranjero sin ocultar su vigilancia. A Grecia no le enfadó aquella actitud; al contrario, su sonrisa se volvió aún más brillante. Trepaba mucho más rápido que ella y, aun cargándola, pronto alcanzó a Li Miaomiao. no le afectara: no parecía escalar, sino caminar sobre terreno llano.

Desde el suelo, Tang Mo observaba la escena con los ojos entrecerrados antes de cruzar una mirada con Fu Wenduo. Ambos comprendieron de inmediato lo que el otro pensaba. El polizón dio un paso al frente, sujetó el poste con una mano y se impulsó con fuerza, disparándose hacia arriba como un cohete. Cuando alcanzó a los que iban en retaguardia, la comisura de los labios de Tang Mo se crispó levemente; dio un paso adelante y comenzó su propio ascenso.

Medio minuto después, los cinco llegaron a la parte superior. En cuanto los pies de Tang Mo tocaron la superficie, una voz infantil resonó en sus mentes:

¡Ding, dong! La primera misión secundaria: Entrar en la Fortaleza de Acero de Schrödinger ha sido completada.

Li Miaomiao se sobresaltó.

—¿Esta es la fortaleza? ¡Parece más bien un castillo!

Sobre la plataforma se alzaba una estructura metálica que recordaba a un castillo europeo, rodeada de muros imponentes y un gran portón. Bajo la luz roja de la luna, el acero desprendía un brillo gélido.

De pronto, Tang Mo oyó unos pasos. Apoyó una mano en su pequeña sombrilla y observó la edificación con cautela. Tras el chirrido de una puerta, una figura emergió lentamente; el grupo sacó sus armas, listos para atacar. Era un hombre de mediana edad en esmoquin, con el cabello brillante por la gomina y una lámpara de aceite en la mano. Al quedar a cinco metros, el individuo, que parecía un mayordomo, se detuvo, sacó una llave y abrió el portón.

Los jugadores permanecieron inmóviles. El hombre se inclinó y saludó con tono monótono:

—Bienvenidos a la Fortaleza de Acero de Schrödinger.

Los jugadores permanecieron inmóviles. El hombre se inclinó y saludó con tono monótono:

—Bienvenidos a la Fortaleza de Acero de Schrödinger.

Li Miaomiao buscó la mirada de Tang Mo y luego la de Fu Wenduo para saber cómo proceder, pero ambos la ignoraron. Tras otros tres minutos, el hombre repitió la reverencia y las palabras exactas.

—Espera, ¿es un robot? —preguntó Li Miaomiao.

—Sí —coincidió Zhao Xiaofei—. Su voz y su expresión son idénticas cada vez

—No soy un robot —respondió él con rigidez.

—Entonces, ¿eres una persona subterránea? —continuó Li Miaomiao.

El hombre bajó la cabeza, evitando el contacto visual.

—Esta es la Fortaleza de Acero de Schrödinger, no el Reino Subterráneo.

Tres minutos más tarde, el hombre volvió a recitar:

—Bienvenidos a la Fortaleza de Acero de Schrödinger.

Todos se miraron entre sí, desconcertados.

El hombre de mediana edad estaba a punto de repetir su saludo por quinta vez cuando, por fin, los jugadores cruzaron el umbral. Él guardó silencio, se apartó a un lado y se inclinó ligeramente.

—Por favor, pasen.

En cuanto los cinco estuvieron dentro, el individuo avanzó frente a ellos portando la lámpara de aceite. Entraron en fila; Tang Mo, que iba en retaguardia, fue el último en cruzar. Apenas puso un pie en el interior, se oyó un estruendo y el portón de acero se cerró de golpe a sus espaldas.

—¡¿Qué estás haciendo?! —exclamó Zhao Xiaofei.

En la penumbra del castillo, la única fuente de luz era la lámpara del mayordomo. La mano derecha de Fu Wenduo se transformó al instante en un arma, mientras Tang Mo empuñaba su sombrilla rosada, listo para arremeter contra el extraño sujeto. Pero antes de que alguno de los dos pudiera actuar, se detuvieron en seco y giraron la cabeza con lentitud hacia el pasillo sumido en la oscuridad.

Sin que nadie notara cuándo lo había hecho, Grecia ya volvía a empuñar su bastón corto. Lo sostenía con firmeza mientras, con la otra mano, se tocaba el ala del sombrero. Sus ojos azules parpadearon y exclamó con aparente sinceridad:

—Vaya, qué bebé tan adorable.

En la oscuridad, un par de ojos verdes observaban fijamente a los cinco humanos. Li Miaomiao se atragantó al encontrarse con aquella mirada lúgubre. Se disponía a pedirle a Tang Mo que encendiera la linterna cuando, de pronto, se quedó muda: en aquel castillo gélido, comenzaron a brotar de la nada decenas de pares de ojos verdes.

Una marea de pupilas acechaba desde cada rincón, clavándose en los recién llegados. Al menor movimiento, los ojos los seguían al unísono. Li Miaomiao sintió un escalofrío que le recorrió el cuero cabelludo; se le erizó la piel y el vello de todo el cuerpo se le puso de punta. Intentaba evitar esas miradas, pero al bajar la vista, sentía que todos los ojos convergían en ella. Aferró un bisturí, lista para defenderse, cuando rasgó el aire un sonido agudo y repentino. La doctora retrocedió sobresaltada, casi derribando la lámpara del mayordomo.

De manera súbita, las luces se encendieron y el castillo quedó bañado por una claridad absoluta. En el amplio salón, cientos de gatos negros ocupaban cada espacio disponible, observando con gélida fijeza a los jugadores. Entonces, el primer gato lanzó un maullido estridente y otro lo imitó. El lugar se inundó de chillidos lacerantes, similares a uñas raspando un cristal, obligando a todos a cubrirse los oídos con fuerza. Solo el mayordomo parecía habituado al estrépito.

Tras un largo rato, el clamor cesó de golpe y una voz infantil resonó:

¡Ding, dong! Se ha activado la segunda misión secundaria: Encuentra al gato de Schrödinger.

Las reglas del juego:

En primer lugar, Schrödinger solo tiene un gato.

En segundo lugar, al señor Gato le apasiona la limpieza y es extremadamente antisocial.

En tercer lugar, cada tres horas, aparecerá un cuenco de comida para gatos en el centro del salón. Derrota al codicioso habitante subterráneo que custodia el alimento para obtenerlo. Al gato de Schrödinger le encanta la comida para gatos.

El gran Schrödinger ha enfurecido a su gato. Como un cualificado recolector de excrementos, Schrödinger está ideando cómo apaciguarlo. Quizá un cuenco de deliciosa comida para gatos sea el recurso más eficaz.

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