Crié a un sirviente obsesivo – Capítulo 27: La adaptación de Raynard a la Academia (1)

Traducido por Melin Ithil

Editado por Lugiia


Los preparativos para salir estaban listos; el equipaje de todos estaba en la parte trasera del carruaje y las personas que habían llegado de la Academia, al igual que Dave, quien estaría con ellos en la ceremonia de entrada, se encontraban sentadas en el interior del mismo.

El único que queda por subir soy yo.

Aunque sabía eso, a Raynard le costaba dar un paso adelante. Había prometido una y otra vez la noche anterior irse con una sonrisa en el rostro, pero su corazón no parecía querer seguir sus deseos.

Yurina, quien salió al exterior a despedirlo, sostuvo las manos del joven con tanta fuerza, que hizo que se volvieran aún más blancas. Raynard bajó la mirada a sus temblorosas manos y sonrió. No estaba de humor para reír, pero lo hizo de forma inconsciente.

¿Eso significa que odia verme partir?

Cuando se enteró de que, si iba a la Academia, no podría verla hasta graduarse, parecía como si un águila feroz cortara su corazón con su pico y garras.

Era difícil controlar los sentimientos que surgían a causa del dolor y la amargura, los cuales se extendían por todo su cuerpo. La sensación de traición por parte de Yurina, después de haber creído que siempre estaría con él, fue muy grande.

Pero…

—Ray, te estuve esperando todo el tiempo.

Solo esa frase. Tan pronto como escuchó las palabras de Yurina en voz baja, todo pareció solucionarse. Si ella lo quería, podría ir a aquel lejano lugar sin dudarlo.

—Tengo que irme ahora, todos están esperando.

A pesar de la insistencia que apenas logró pronunciar, Yurina no pensó en soltar su mano. Él tuvo que retirarla con mucho cuidado y soplar su aliento en su mano fría.

—Tus manos están frías. Apresúrate al interior o te resfriarás.

En ese instante, la expresión de Yurina cambió sutilmente. A pesar de que no quería verla llorar, Raynard se sintió extrañamente aliviado al mirar su expresión distorsionada como si estuviera a punto de hacerlo.

Realmente no quieres que me vaya.

Aquella reafirmación era suficiente para él.

—Volveré. Hasta entonces, cuídate.

Raynard había pasado la noche anterior entre hojas de papel, escribiendo aquella carta apenas completa que ahora estaba en la mano de la niña. Se dio la vuelta y la puerta del carruaje se cerró después de que Yurina le deseara un buen viaje.

Quería retrasar su salida, pero el carruaje, que no podía leer sus pensamientos, comenzó a moverse tan pronto como la puerta se cerró.

—Yurina.

Abriendo la ventana, miró hacia la mansión, sin preocuparse por las advertencias de Dave de que era peligroso.

Yurina, quien aún no había entrado a la mansión, agitaba su mano en dirección al carruaje desde la distancia.

Al ver su rostro cada vez más lejano, las lágrimas que había estado reteniendo, mientras actuaba con firmeza frente a ella, fluyeron por sus mejillas.

—No me olvides —se murmuró a sí mismo su pequeño deseo, el cual nunca se atrevió a decirle a Yurina. Por supuesto, tenía miedo de tener que pasar siete años en una tierra extraña con un idioma diferente y sin nadie que conociera. No obstante, aunque le era aterrador no ver el rostro de Yurina durante mucho tiempo, aún más terrible era la ansiedad de que ella pudiera olvidarlo durante ese tiempo—. No me olvides —repitió.

Aunque le tomaría mucho tiempo volver, él la recordaría, así que no quería que ella lo olvidara.

Lo prometí. 

Me convertiré en un gran mago y volveré a tu lado para protegerte.

Así que, no te olvides de mí.

♦ ♦ ♦

Dave y el profesor Hutson hicieron su mejor esfuerzo por calmar a Raynard, pero no pudieron librarlo de aquel sentimiento melancólico. El joven miró fijamente por la ventana, acurrucado en la esquina del carruaje como un gatito que había perdido a su madre.

Raynard apenas pudo recuperarse cuando el carruaje atravesó las vastas llanuras del Imperio, cruzó la frontera y llegó a la entrada principal de la Academia situada en la capital del reino de Crohn.

—Esta es la habitación en la que se quedará hasta que se gradúe, joven Raynard.

Dave le mostró el dormitorio mientras le daba unas palmaditas en el hombro. En comparación con su habitación en la mansión Carthia, que era más ancha y lujosa que cualquier otra, esta era muy pequeña y se encontraba en mal estado, pero era una que había sido preparada por la Academia y tenía todo lo necesario, incluyendo un baño privado y una chimenea.

Era un gran privilegio teniendo en cuenta que al menos dos o hasta seis estudiantes se alojaban en la misma habitación. Todo eso era gracias a las donaciones del marqués Carthia y a las habilidades del joven que hicieron que el profesor Hutson lo trajera en persona.

Aunque la Academia era apoyada por las matrículas, como muchos de los estudiantes provenían de diferentes orígenes, el dormitorio estaba dividido según las donaciones. El marqués había prometido apoyarlo tanto como pudiera e hizo más donaciones que cualquier otra persona.

—Debe tener mucha hambre. ¿Le gustaría salir al centro de la ciudad a cenar con el profesor Hutson? Conozco un restaurante famoso.

—No tengo tanta hambre, solo quiero dormir.

—Entiendo, adelante. El largo viaje debe haber sido duro. —Dave acarició cuidadosamente la cabeza del joven, sin querer insistir más en el asunto.

Raynard cerró los ojos, como si actuara como un bebé, y silenciosamente aceptó su toque.

—¿Quiere que me quede con usted?

—No, está bien.

—Está bien. Si algo pasa, llámeme con esto, ¿de acuerdo? —Dave colocó un par de herramientas mágicas en sus manos. Las personas que compartían aquella herramienta podían escuchar la voz del otro dentro de una cierta distancia.

—Sí.

Por desgracia, el radio no era tan amplio, haciendo imposible que escuchara la voz de Yurina.

Dave, a quien le costaba dejar la habitación incluso después de darle la herramienta mágica, solo logró retirarse después de que el niño le susurrara que estaba bien.

Cuando escuchó que la puerta se cerraba, Raynard arrastró sus pies y cayó sobre la cama. Ni siquiera pensó en lavarse o cambiarse a una ropa cómoda.

Su cuerpo se sentía pesado y letárgico. Era incapaz de encontrar una forma de tratar con ello. En lugar de sentirse emocionado por haber llegado a un nuevo lugar, la sensación de perdida era mucho mayor.

¿Cómo diablos iba a poder soportar tanto tiempo? Aunque se esforzara por superar su impotencia, todo lo que podía pensar era en sus brillantes ojos azules, los cuales siempre le sonreían.

Por la mañana, se sentaban en la mesa a comer un desayuno sencillo, luego tomaban una aburrida clase de historia juntos. Por la tarde, asistían a una clase de etiqueta y practicaban su baile. Después de la cena, se quedaban sentados uno al lado del otro para practicar juntos su escritura en el salón.

Por la noche, antes de ir a la cama, bebían leche tibia y hablaban sobre cualquier cosa antes de despedirse el uno del otro e ir a sus respectivas habitaciones.

Entonces, al día siguiente, la rutina se repetía. De cierta manera, podía sonar aburrido, pero nunca había pensado en que esa monótona rutina fuera aburrida.

Más bien, siempre oraba para que pudiera estudiar con Yurina tan pronto como llegara la mañana.

Sin embargo, cuando la persona que se convirtió en el pilar de todos esos días había desaparecido, no estaba seguro de qué hacer. ¿Sería mejor tener días ocupados después de la ceremonia de entrada?

Yurina…

Con anhelo, se colocó dentro de la manta, temblando y derramando lágrimas.

♦ ♦ ♦

—¿Eh? ¿Betsy? ¿Qué acabas de decir? —Yurina, quien regresaba a su habitación después de la cena, de repente se giró.

Betsy, quien la seguía lentamente, inclinó la cabeza.

—No dije nada.

—¿No acabas de decir “Yurina”?

—Oh, señorita, ¿por qué la llamaría por su nombre? Estaría en problemas de hacerlo.

—¿Es así? —Debió haber imaginado que alguien la llamaba. Yurina sonrió torpemente ante la vergüenza y luego siguió caminando de nuevo. Después de unos pocos pasos, la doncella realmente la llamó.

—¿A dónde va, señorita?

—¿A dónde voy? Al salón… —Se sorprendió al ver que, sin darse cuenta, estaba insinuando que trataba de ir a ayudar a Raynard con su tarea.

Betsy se rió con un poco de amargura, como si supiera lo que estaba pensando a pesar de que su maestra había tragado saliva a toda prisa para no terminar su frase.

Yurina miró a la doncella e intento levantar las comisuras de su boca, pero sus labios se retorcieron de una forma extraña y tuvo que cubrirse la boca con el dorso de la mano.

—La llevaré a su habitación y le traeré algo de miel con leche tibia, así que bébala y vaya temprano a la cama.

—Sí…

La doncella, que era muy perspicaz, naturalmente se adelantó para llevarla a su habitación. Caminando por el pasillo desolado, Yurina miró hacia el pequeño salón donde siempre se quedaba después de la cena y se detuvo.

Me pregunto si mejoraré cuando vengan mis hermanos.

Sin Raynard ni Dave, la mansión estaba de alguna manera desolada a pesar de que había muchos empleados. Los tres hermanos mayores de la joven, quienes se alojaban en la Academia, volverían en las vacaciones de verano, por lo que estaría un poco abarrotada.

Aunque aún se sentía incómoda con sus hermanos porque no se habían visto más que un par de veces, de todas formas sería mejor que estar sin ellos.

Yurina, apenas podía dar un paso, ya que sus pies se sentían particularmente pesados. Sin embargo, se armó de valor y se dirigió a la habitación.

♦ ♦ ♦

Después de una semana, la cual pareció un año, comenzó a acostumbrarse al aire desconocido de la Academia.

Raynard observó al niño frente a él, quien le dirigía la mirada. El niño, con un cabello castaño rojizo y ojos verdes, lo observó, independientemente de la expresión desagradable en el rostro de Raynard.

Al final, el impaciente Raynard abrió la boca.

—¿Qué está mirando? —Su tono era agudo y contenía un sentimiento de incomodidad. Desde luego, era algo que no se podía evitar.

Hace unos momentos, mientras salía de la habitación para ir a almorzar con Dave, sus ojos se encontraron con el niño frente a él. Como no era alguien que conociera, decidió pasar a su lado sin decir una palabra; no obstante, el niño, con un rostro curioso, le exclamó: «Wow».

Desde entonces, se quedo mirando su cara sin decir nada. Sus ojos estaban lo suficientemente fijos en él como para hacer tres o cuatro agujeros en su cara.

Raynard se tapó los ojos por reflejo y, ya que el niño no le había respondido, nuevamente le dijo:

—¿Mis ojos son un espectáculo?

—Oh, lo siento.

Solo entonces el niño se río y se rascó la cabeza. No obstante, aquel sentimiento de incomodidad se quedó en Raynard durante mucho tiempo. ¿Lo sentía? ¿Qué era lo que sentía? ¿Era lo único que tenía para decir?

No podía controlar su expresión facial, así que cuando hizo una cara malhumorada, el niño frente a él sonrió torpemente y extendió su mano.

—Fue muy grosero de mi parte hacer eso sin presentarme, ¿verdad? ¿Hola? Soy Aiden Tessie. Provengo de una zona rural en el extremo sur del reino, ¿y usted?

Raynard bajó la mirada a su mano, resopló y siguió caminando.

—¿Eh? ¡Espere! ¡Espere un minuto! —El niño, quien se presentó como Aiden, corrió y lo agarró del brazo.

—¿Qué?

—Lo siento, lo siento mucho. No se enoje porque hice algo mal. Lo siento terriblemente, solo pensé que era un poco extraño.

Cuando dijo la palabra «extraño», Raynard finalmente dejó salir lo que había aguantado.

—¿Extraño? Sí, sé que mis ojos son extraños. ¿Y qué?

Era una especie de mecanismo de defensa, podría lastimarse menos al hablar de su debilidad antes de que otros la encontraran.

Los adultos lo habían señalado con el dedo por sus ojos siniestros, pero la respuesta de los niños generalmente se dividía en dos.

La primera: aquellos que comenzaban a evitarlo después de escuchar a sus padres diciéndoles que no se acercaran a él.

La segunda: aquellos que lo observaban con curiosidad por ser la primera vez que veían ojos rojos.

De cualquier manera, el final siempre era malo. No solo aquellos que lo evitaban, sino los curiosos también llamaban a sus ojos «extraños».

Sería simple si solo pensaran que eran eso, pero muchos niños señalaron sus ojos y escupieron palabras maliciosas.

Monstruosos, demoníacos, diabólicos.

Había escuchado lo suficiente como para tener una cicatriz en la oreja, pero no importaba cuantas veces lo escuchara, se sentía herido cada vez. Así que tuvo que tomar precaución ante cualquiera y trató a los que llegaran desde el inicio con agudeza, porque ya sabía cuál era el final.

A excepción de una persona, Yurina.

En la mansión Carthia, siempre lo trataron cálidamente y los límites se aflojaron un poco, pero el recuerdo de esos momentos aún permanecía en un rincón de su cabeza.

Como ya estaba mentalmente cansado de quedarse en un lugar lleno de cosas extrañas, cada una de las acciones de Aiden le parecía negativa.

Ante la mirada fría de Raynard, Aiden abrió mucho los ojos y rápidamente agitó las manos.

—¡No! ¡No es así! Solo estaba mirando a los estudiantes de primer año que son más jóvenes que yo y me sorprendió verlos. Sabe que, bueno, hemos sido admitidos un poco más tarde que otros niños, ¿verdad? —Era desgarrador verlo poner los ojos en blanco sin mirarlo correctamente. Cuando Raynard cruzó sus brazos y no respondió a aquella extraña excusa, Aiden agregó rápidamente—: Y, de hecho, um… Es sorprendente que tenga la misma edad que yo, pero la razón por la que dije que era extraño no era por sus ojos, si no por su rostro. —Se rascó las mejillas como si estuviera teniendo dificultades para expresarse—. Nunca he visto a un chico tan apuesto como usted. Como dije, mi ciudad natal es tan rural que todos los niños son desaliñados. Nadie tiene un rostro tan pálido como el suyo y no muchos tienen el cabello rubio. Como pensé, los niños de la capital son diferentes.

Siendo honesto, no le impresionaron sus palabras. Raynard sabía muy bien que era lo suficientemente apuesto como para atraer la atención de la gente por su apariencia. No era nuevo escucharlo de un chico de su edad.

—Sé que es un poco extraño que sin ser una chica me le quede viendo a un niño por primera vez porque es apuesto.

—No es un poco extraño, es muy extraño.

—Eso es cierto, pero sigue siendo muy apuesto.

Como era extraño escucharlo del niño, y más porque era de su edad, dio un paso atrás de forma inconsciente.

—Entonces, ¿puedo preguntarle de nuevo cuál es su nombre?

Raynard suspiró mientras miraba sus manos y estrechaba la ajena.

—Raynard, sin apellido.

—¿Eh? ¿No es un noble?

—No.

—Pero luce como uno.

—Escucho eso a menudo por mi buena apariencia.

Incluso con su orgullo, Raynard tuvo que admitir estar un poco avergonzado en ese punto. Sin embargo, a pesar de sentirse un poco infortunado al hacer que otra persona escuchara esas palabras, Aiden asintió con fuerza y afirmó:

—Sí, así parece.

Sus asuntos debían haber terminado de todos modos, así que giró su cuerpo para huir rápidamente; no obstante, Aiden atrapó su brazo de nuevo. Aunque parecía de su misma edad con solo mirar su rostro, sus manos eran tan fuertes que apenas podía sacudirlas.

—¿Y ahora qué?

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