Dama celebridad – Capítulo 2

Traducido por Herijo

Editado por Freyna


Juliet Karenina, la celebridad del momento. Nacida de madre coreana y padre británico.

Hizo su espectacular debut como actriz infantil en Hollywood a los seis años, con una belleza a la altura del título de ‘Belleza Global’.

Desde entonces, a través de diversos trabajos, se consolidó como una actriz de renombre, logrando la hazaña de ganar la triple corona a Mejor Actriz (drama, cine y musical) en los Globos de Oro.

Además, aprovechó su extraordinario sentido de la moda para lanzar con éxito su marca personal, «Blanc De Juliet», a los 21 años.

La mera existencia de ‘Juliet Karenina’ era el valor de la marca.

Las ventas de «Blanc de Juliet», que se disparaban día tras día, la consolidaron finalmente como una empresaria multimillonaria y, a los 24 años, fue incluida en la lista del New York Times de ‘Las 10 Personas Más Ricas e Influyentes del Mundo’.

—Si alguien quiere hablar de la vida perfecta, que levante la cabeza y mire a Juliet Karenina. —John Edgerton, director de la película Celebridad.

—¿Hay algo en este mundo que no consiga si se lo propone? —Claire Collins, modelo exclusiva de Blanc de Juliet.

Su vida, centro de la atención, la envidia, el amor y los celos de gente de todo el mundo, fue perfecta desde el momento en que nació; no conoció ni un solo fracaso.

Era la definición perfecta de una vida ‘sin obstáculos’.

Hasta ayer mismo…

—¿Qué demonios…?

Un momento. Palabras correctas, palabras bonitas.

Dado que siempre estaba en el ojo público, mi madre me enseñó a cuidar mis acciones.

—Mamá, lo siento.

Pero no puedo evitarlo. Es una situación imposible de aguantar sin soltar una maldición.

Me miré al espejo y empecé a pellizcar y estirar mis regordetas mejillas.

—Oh, es una cerdita linda.

¿Linda? ¡Ni hablar!

Por mucho que intentara verlo con buenos ojos, aquello se parecía más a un cerdo de primera calidad, bien cebado para el matadero, que a un adorable cerdito mascota.

Su llamativo pelo rojo, sus enigmáticos ojos dorados y su piel lechosa y llena de vida le conferían un aire bastante aristocrático, pero hasta ahí llegaba.

El rostro, tan ancho que parecía la llanura de Manchuria, hacía inútil cualquier intento de que los rasgos destacaran, y la papada que colgaba debajo ocultaba por completo la línea del cuello.

A saber cuánto habría comido, porque incluso llevando un vestido de línea A bastante holgado, la espalda y el vientre le apretaban tanto que apenas podía respirar.

Lo sorprendente era que, con ese aspecto, apenas parecía una estudiante de secundaria. No, lo aún más sorprendente era…

—Cálmate, Juliet.

Que esta chica era, nada más y nada menos, yo: Juliet Karenina.

—No creo que mida ni 160 cm, pero ¿pesará 80 kilos? No, seguro que pasa de los 90.

Murmuré, agarrando y soltando mi vientre, abultado como una montaña. La verdad, nunca había pesado tanto, así que me costaba calcular si eran 80, 90 o 100 kilos.

—Sea como sea, esto es obesidad mórbida. La dieta parece imprescindible, y no solo por estética, sino por salud. No me extrañaría que mañana mismo me diera un infarto.

Aconsejé a la chica del espejo con expresión amarga, como un médico diagnosticando a una completa desconocida.

Pero eso no me calmó. ¿Qué diablos…? No, ¿qué desconocida ni qué nada?

—Pero es que… —sollocé, agarrándome al borde del espejo, que parecía caro. La desolación era indescriptible—. Soy yo.

Habían pasado exactamente ocho horas desde que desperté en esta situación.

Antes de abrir los ojos en este cuerpo, yo estaba en Corea.

—Quiero mostrar mi vida como Juliet Karenina, la persona, no solo la actriz de la pantalla.

Uf, mi declaración de retiro fue espectacular.

Tras anunciar mi retiro, lo que dejó en shock a mis millones de fans por todo el mundo, me reinventé como youtuber mostrando mi día a día junto a mi madre en su país natal.

Ser youtuber es lo que se lleva ahora.

[Juliet TV alcanza los 10 millones de suscriptores en un mes]

[Juliet Karenina, ¿hasta cuándo durará su influencia?]

[Celebridad mundial, Juliet Karenina… 200 millones de seguidores en redes sociales]

[Juliet Karenina, ¿2 mil millones de wones por publicación patrocinada en RRSS? La ‘tendencia’ sigue viva]

Mi segunda etapa vital, en la que cada vídeo que subía superaba los cien millones de visualizaciones y con la que logré la proeza de diez millones de suscriptores en un mes, justo acababa de empezar en Corea.

Aquel día también, nada más hacer una publicación en redes sociales, me puse a buscar los comentarios de ‘Rubette_pig’ entre los miles que empezaban a llover.

Rubette_pig: Eres realmente hermosa. Te envidio tanto. Una vida completamente diferente a la mía.

Rubette_pig: Cara bonita, cuerpo esbelto y solo gente que te quiere a tu alrededor. Qué envidia. Y hoy vuelvo a ser molestada.

Rubette_pig: Quisiera vivir como tú solo por un día.

Su ya extraño nick me hacía dudar si Rubette_pig era fan o no, pero sus comentarios me hacían pensar que era alguien mentalmente inestable.

El último comentario que leí era especialmente preocupante:

Rubette_pig: He decidido morir hoy, Juliet.

Pensando que no podía dejarlo pasar, le pedí a mi mánager que investigara los datos de ‘Rubette_pig’ y me fui a dormir con inquietud. Ese es mi último recuerdo.

—¡Ah, señorita! ¡Ha despertado!

Y lo primero que vi al abrir los ojos fue a una niña pequeña que dormitaba sentada junto a la cama.

Como llevaba siendo famosa desde muy niña, tenía un historial de sufrir rumores, amenazas de muerte y peligros que la gente normal ni se imagina.

Así que al principio pensé: Vaya, ¿esta vez me han secuestrado…?, e intenté mantener la calma.

—¿Qué quieren? —pregunté, aunque estaba segura de que querían dinero. La pregunta real era cuánto iban a pedir.

—¿Cómo dice?

Pero la niña, después de confirmar que había despertado y traer a un anciano de barba poblada, en lugar de explicar el motivo del secuestro, me miró como si estuviera loca.

Lo mismo hizo el anciano, que no paraba de secarse el sudor. El anciano, al que llamaron ‘doctor’, me hizo unas cuantas preguntas antes de dar un diagnóstico absurdo y marcharse.

—Parece que ha perdido la memoria debido al shock.

No bastaba con secuestrar a alguien mientras dormía plácidamente, ¡encima me trataban de amnésica! Al principio me quedé desconcertada, preguntándome cuánto dinero pensaban sacar montando semejante teatro.

Pero tras hablar un poco más con la niña, me convencí.

Esto no era un secuestro normal; era una situación… bastante irreal.

—Entonces, ¿mi nombre es… Rubette-no-sé-qué? ¿No Juliet Karenina?

—Señorita…

—El espejo. ¿Puedo verme en un espejo? No, iré a buscarlo yo misma.

Aunque ya había notado, al mirar mis manos, que tenía los dedos hinchados y regordetes como salchichas, intenté no creerlo hasta verlo en el espejo con mis propios ojos.

Era imposible que algo así, propio de las películas, me ocurriera a mí, que vivía tranquilamente en pleno siglo XXI.

—¡Oh, mierda…!

Pero la realidad era cruda. No era un sueño; me había dormido y despertado en el cuerpo de una chica totalmente desconocida.

Resulta que esta chica había caído en un estanque por algún motivo, perdido el conocimiento y acababa de despertar.

Pero había más problemas.

Si simplemente hubiera intercambiado el cuerpo con alguna chica gorda de la Tierra —lo cual ya era tremendamente irreal—, quizá podría haberlo asimilado.

Al fin y al cabo, las películas de fantasía sobre gente que intercambia cuerpos de repente son un tema recurrente en todas las épocas y lugares.

Sin embargo…

—¿Descarde, has dicho?

—Sí, señorita. Pertenece a la casa ducal Diollus, una de las cuatro grandes casas ducales del Imperio Descarde. Es la única hija de Su Excelencia Leonard Diollus, Duque Diollus VIII: la Dama Rubetria Diollus.

Rebecca —la niña, o mejor dicho, la doncella asignada a este cuerpo, como se presentó— había repetido lo mismo unas veinte veces, pero no parecía molesta.

Al parecer, Rebecca creía de verdad que esta señorita gorda había perdido la memoria y, en cierto modo, parecía compadecerla.

Y la verdad, mi situación era digna de lástima. ¡Porque este lugar… no parecía ser la Tierra!

Yo, que había estudiado historia a conciencia para que no me llamaran cabeza hueca mientras vivía bajo los focos, podía asegurarlo.

¿El Imperio Descarde? Ni idea… Era un país totalmente desconocido que, estaba segura, no había existido en toda la historia occidental que yo conocía.

—Entonces, ¿no conoces Corea…?

—¿Corea?

—¿El Reino Unido, Estados Unidos…? ¿Nada de eso?

—¿Perdón?

Ni la tribu más aislada del planeta desconocería la existencia de Inglaterra o Estados Unidos, ¿no?

Dado que el propio hecho de estar en el cuerpo de otra persona ya era irreal, no me costó admitir que este no era el mundo que yo conocía.

Claro que admitirlo y asimilar el golpe son dos cosas distintas.

Me quedé sentada en la cama, con la mente en blanco, durante un largo rato, deseando que «esto fuera una pesadilla», mientras Rebecca esperaba pacientemente a mi lado.

—Si ya se ha despertado, pues muy bien. ¿Por qué demonios tenemos que venir a verla a su habitación?

—¡Eh, Lillia! Aunque sea la hija legítima, hay que guardar las apariencias. Si no venimos, nos echarán la bronca a nosotros.

Y los ‘primeros’ visitantes indeseados que conocí aquí aparecieron justo cuando ya no podía negar que aquello era real, y no un sueño.

—¿Creías que montar el numerito del suicidio haría que alguien te prestara atención? Eres increíble, de verdad.

Tendría unos trece o catorce años. La niña, de una belleza deslumbrante con su pelo rubio y ojos dorados, buscó pelea nada más entrar.

—Vaya, así que has despertado. Si yo tuviera ese cuerpo gordo y fofo, preferiría haberme muerto. —dijo un chico de edad similar, mientras arrastraba una silla y se sentaba en ella como si estuviera en su propia habitación.

Los dos chicos, que mostraban una hostilidad manifiesta, eran muy parecidos. Tanto, que se notaba que eran hermanos sin necesidad de presentación.

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