Dejaré de ser la rival del protagonista – Capítulo 40

Traducido por Yonile

Editado por Herijo


Quizás esas palabras de mi madre eran las que había deseado escuchar desesperadamente todo este tiempo. Aunque resultaba absurdo haber esperado ese tipo de amor por parte de Caitlyn y Reid.

—Nos conocimos demasiado tarde, pero afortunadamente tenemos muchos más días por delante para vivir juntos, así que debemos valorarlo.

Solo entonces me di cuenta de que, en una familia la herencia y esas cosas no eran lo importante.

¿Es esto lo que es una familia realmente?

La calidez que sentía en mi mano, sostenida de nuevo, me resultaba reconfortante.

—De hecho, me preocupé cuando saliste corriendo del escenario de esa manera. Se me pasaron mil cosas por la cabeza.

—¿Qué?

—Pensé: «¿Estará decepcionada porque no es hija de un noble? ¿Se sentirá frustrada porque nosotros somos sus padres? ¿Y si no volvemos a verla nunca más…?».

Finalmente, las lágrimas comenzaron a fluir por sus mejillas. Resulta que no era la única que estaba ansiosa por miedo a decepcionar al otro.

—No, eso no es… Eso no puede ser verdad…

—En ese momento, cuando Ian dijo que te traería de vuelta, le agradecí muchísimo.

Nunca imaginé que mi madre, que se había quedado atrás cegada por la ira, tuviera esos pensamientos. Y es que, viviendo con Caitlyn, jamás había recibido esa clase de preocupación.

Como era de esperar, Ian tenía razón.

Aunque me retrasara un poco en perseguir a Reid, la prioridad era hablar con mi nueva familia. Habría sido demasiado doloroso que surgieran malentendidos con personas tan preciadas.

—Fui una tonta, Annabelle. No puedo creer que confiara en Lanella. Ella estuvo enamorada de Oscar durante mucho tiempo…

El relato de mi madre continuó.

Mi madre confió en Lanella, ya que crecieron juntas en el orfanato, y terminó dando a luz en un hospital público. Sin embargo, le dijeron que había perdido el conocimiento debido a un parto difícil y que, al despertar, la niña había nacido muerta.

Como no era una habitación privada, mi padre no pudo entrar en la sala durante el parto. Mi madre especulaba que, como compartía habitación con Caitlyn y entraron en labor de parto casi al mismo tiempo, Lanella probablemente cambió a los bebés.

—Caitlyn… tenía que exigir dinero alegando que era el hijo del Marqués, así que debió sentir que desperdició la oportunidad al dar a luz a un niño muerto.

Es cierto. Tratándose de esa mujer, al ver a su hijo muerto, debió sentir más la pérdida del dinero que tristeza.

—Probablemente, al verme a mí inconsciente y a mi bebé con el pelo lila claro, tramó algo con Lanella en ese instante.

—Seguramente —respondí sorbiendo por la nariz.

—Reid también debió saber que yo no era hija de Caitlyn y el Marqués de Abedes. Se deshizo de toda la fortuna y se largó.

Al pronunciar el nombre de Reid, mis dientes rechinaron involuntariamente.

—Madre, para alguien como yo, que siempre fue tratada como un estorbo, los Rainfield son una familia demasiado buena.

—¿De verdad? Pero si somos unos padres pecadores que te perdieron nada más nacer…

—¿Pecadores? No digas eso. A mí me falta mucho por aprender, pero… todavía hay muchas cosas que debemos conocer el uno del otro, así que llevémonos bien.

Dije esto mientras apretaba con fuerza la espada que llevaba en la cintura.

—Pero, por ahora, atraparé a Reid. No creo que pueda soportar verlo vivir feliz para siempre después de esto.

Entonces Aaron intervino, espantado.

—Hermana, ¿adónde vas a ir para atraparlo así, sin más? Le pediré al Duque de Wade que lo rastree…

Por supuesto, eso me aterrorizó. Un “rastreo” era algo que absolutamente no podía permitir.

—¡No hace falta! —negué rápidamente con la cabeza, sobresaltada—. Sé dónde está. Lo terminaré hoy mismo. Volveré pronto.

Aaron respondió al instante a mis palabras.

—Entonces iré contigo.

—No, es un lugar peligroso.

Esta noche, Robert, Ian y Cessianne probablemente asaltarían el mercado negro de esclavos donde se escondía Reid para desmantelarlo por completo. Obviamente, se iba a producir una gran batalla y, en medio del caos, surgirían situaciones peligrosas.

—¡Si es un lugar peligroso, por supuesto que Aaron también debe ir! —intervino mi madre abriendo mucho los ojos—. Ve y protege a tu hermana. ¿Acaso no sabes usar la espada tú también?

—Madre, ¿acaso no soy mejor con la espada que Aaron? Después de todo, quedé en segundo lugar en la competencia.

Cuando lo dije con cautela, mi madre entrecerró los ojos y replicó:

—Dejo que vayas precisamente porque quedaste en segundo lugar. Aun así, nunca dejaría que fueras sola a un lugar tan peligroso. Por cierto, ¿dónde está?

Aaron parpadeó rápidamente haciéndome una señal. Era una presión tácita para que no le dijera la verdad bajo ningún concepto.

Lo sentí instintivamente. Si hubiera dicho que era un mercado negro ilegal de esclavos, mi madre me habría encerrado en el probador, venganza o no. Así que me levanté de mi asiento e inventé cualquier excusa.

—Bueno, es… solo una tienda general. Pero como Reid es un cobarde, podría ser peligroso.

—Como mi hermana también es una cobarde, estará bien. Y claro, como yo soy astuto, también estaré bien.

Aaron respondió con sinceridad a mi excusa y sonrió con picardía. De cualquier manera, parecía decidido a seguirme. Por supuesto, Aaron podría protegerse bien, así que no sería una carga, pero realmente era un lugar peligroso…

—En este punto, demostraré mi posición sobre el derecho a la herencia a través de la acción.

Al verlos actuar así, me quedé sin argumentos. Me sentí avergonzada de nuevo al recordar que lo primero que había mencionado frente a esta cálida familia había sido la herencia.

—Más que la herencia, que puedes recibir en cualquier momento, quiero demostrarte mi sinceridad: estoy muy feliz de que seas mi hermana.

—¡Vaya! ¿Estás contento? ¿No te da vergüenza? ¿Olvidaste todo lo que les hice a los Caballeros de Wade…?

—Gracias a eso fue muy divertido. Estaba un poco triste porque no viniste estos días, e Ian estaba un poco molesto. Me alegra que aparecieras ayer, aunque fuera tarde. Porque Ian solo terminó su entrenamiento después de que te fuiste. Pensé que me retendría allí unas horas más sin remedio.

—¿Por qué estaba molesto Ian?

—Eso no lo sé. Bueno, debe haber alguna razón lógica, aunque nosotros no la entendamos.

Aaron se encogió de hombros como si no le diera importancia y se levantó de un salto para seguirme.

—Entonces nos vamos, mamá. Cuando volvamos, ¿papá tendrá lista la cena?

—Claro —dijo mi madre mientras continuaba acariciando mi cabello—. Quisiera retenerte y abrazarte toda la noche, pero… tus ojos ya están llenos de venganza.

—Ah… sí.

—Parece que quieres devolverle el golpe cuanto antes a quien te hizo daño.

Puse los ojos en blanco, preguntándome si parecería demasiado cruel, pero mi madre añadió:

—Te pareces a mí en ese aspecto.

—De ninguna manera, madre —dije tímidamente, sonrojándome—. ¿Cómo puedes compararme con alguien tan refinada como tú…?

Mi madre, con el maquillaje corrido por el llanto, murmuró con una expresión aterradora:

—Yo también quiero destrozar a Lanella si es posible. Espero que esa perra huya a toda prisa, que un estafador la engañe, que pierda toda su fortuna y que se vaya a la mierda…

Recordé los días en los que yo insultaba a Ian con fluidez y sentí como si la sangre me llamara.

Parecía que mi madre tenía dos personalidades: una para atender a los clientes en la tienda de ropa y su verdadero yo. Y me alegraba tener que adaptarme a esta última.

Aunque su boca fuera sucia y su expresión feroz, me gustaba que esta persona, capaz de revelar sus sentimientos más oscuros y honestos, fuera mi madre.

—De todos modos, quería decir que entiendo perfectamente ese sentimiento.

Así que confesé rápidamente mis verdaderos pensamientos.

—He vivido veintidós años con esa basura. Nunca podré perdonarlo. Tengo que atraparlo rápido antes de que huya más lejos.

Hoy había una gran subasta de esclavos, por lo que Morriott, el comerciante de esclavos y mejor amigo de Reid, no podría apoyarlo completamente hasta mañana. Antes de eso, seguramente se escondería en el mercado, pero tenía que atraparlo antes de que huyera al extranjero.

—Volveré en seis horas.

En realidad, no planeaba que pasara de la medianoche. Tenía esa confianza en mis habilidades.

Mi madre respondió con otro suspiro.

—Podrías haber vestido y comido lo mejor de la capital… Todavía no puedo creer que mi hija haya vivido una vida de carencias…

Aaron, temiendo que no pudiéramos irnos nunca, se despidió de nuevo y me arrastró fuera.

—Volveremos, madre. La escoltaré bien. De hecho, mi mentalidad es simplemente no ser una carga.

Sin querer, terminé acompañada por mi hermano menor, aparecido de la nada.

Al salir de la tienda, me sentí extrañamente emocionada.

Una madre que se queja y se preocupa, aunque objetivamente la situación no sea tan grave.

Un padre que estaría preparando la cena para cuando regresáramos.

Un hermano menor que me sigue de inmediato aunque no sea asunto suyo…

Me sentí rodeada de una familia realmente normal.

♦ ♦ ♦

Cuando llegué a la tienda general de Ronopodia con Aaron, ya estaba anocheciendo.

—Entonces… —dijo Aaron con voz cautelosa—. ¿Cuál es el plan?

Respondí con seriedad.

—Allí, en el sótano, hay un mercado negro de esclavos. La subasta se celebrará hoy.

—¿Qué? ¿Esclavos? ¿Te refieres a… esos que controlan la mente de las personas con magia negra?

—No.

—Ah, menos mal…

—Para ser precisos, no se trata de controlar la mente, sino de eliminar su voluntad por completo.

—Hermana, ¿vas a comprar un esclavo para encontrar a Reid? ¡No puedes! Por muy mala que sea tu personalidad, ¡la magia negra es terrible…!

El rostro de Aaron se tiñó de terror. Interrumpí sus palabras, murmurando como si fuera absurdo.

—No. Por mucho que haya crecido como basura entre la basura, ¿crees que compraría esclavos en un mercado negro?

—Pero tampoco eres de las que tienen el sentido de la justicia suficiente para derrocar y denunciar la casa de subastas, ¿verdad? ¡Eso es algo que haría Ian!

Aunque llevábamos poco tiempo juntos, parecía que había una gran posibilidad de que nos convirtiéramos en buenos hermanos.

Principalmente porque ya nos conocíamos muy bien.

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