Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 11: Una Traumática Ceremonia de Mayoría de Edad

Traducido por Nameless

Editado por Haru


Mi ceremonia de mayoría de edad requería mi presentación a doce de las reinas madre y a aproximadamente treinta y dos hermanas mayores, a las que no había conocido antes. Había oído que una nueva hermana había nacido unos días antes, pero no todavía no la había visto. La ceremonia de mayoría de edad de una chica no era un evento muy significativo y seguramente me hacían ir por toda esa ceremonia porque formaba parte de la nobleza. Los plebeyos probablemente no se molestaban por esa frivolidad.

Mi mundo era muy estrecho. Los libros que había leído me dieron cierta comprensión, pero no había estado en otra parte más que en mi habitación, el comedor del Escoria y algunos lugares cercanos. Por primera vez se me permitía deambular por los vastos terrenos del palacio, que aunque tenían una gran extensión, era una propiedad con muchas habitaciones vacías.

— Princesa Sanghee, preséntese. Esta es la reina en el cuarto puesto.

Ya me encontraba exhausta. Las habitaciones de las reinas se encontraban bastante separadas, divididas en diferentes edificios. Estos estaban separados al menos por doscientos metros y eran tan grandes que había que caminar bastante dentro de ellos.

Es normal que hayas imaginado la escena con castillos de estilo medieval, pero eso está muy lejos de la realidad. Estos edificios modernos tenían escaleras mecánicas y ascensores, todos manejados con magia. Yo me encontraba completamente exhausta de esa “excursión” de tres horas. Para el momento en el que me presenté ante la doceava reina, ni siquiera podía moverme del cansancio.

Sujin por otra parte sonriendo entusiasmada dijo: “Ahora es el momento de conocer a las princesas. Eres tan brillante y hermosa que estoy segura de que te querrán.”

Un pensamiento optimista, pero poco probable de que sea cierto. Las posibilidades son que de treinta y dos hermanas mayores, veinte me odien.

Después de mi ceremonia de mayoría de edad ganaría el privilegio de pasearme sin muchas restricciones por los complejos de palacio y más libertad para relacionarme con las demás princesas. Ellas ya habían formado una estructura social de la que no sabía nada y tarde o temprano tendría que integrarme.

— Sujin – Pregunté — He oído que rumores sobre mí se han extendido por las damas de compañía. ¿Es así?

— Sí, todo el mundo sabe que usted es una genio que hubiera cambiado el mundo si hubiese nacido hombre.

Ya no tenía siete años, lo que significaba que tenía que comportarme de manera diferente. Ya era lo suficientemente mayor para actuar como una ignorante respecto a cómo funcionaba el mundo, hacer rabietas por frustración o aprovecharme de mi encanto infantil.

El momento más importante de mi ceremonia era la audiencia con mis hermanas mayores. Todas mis hermanas menores de quince años se encontraban reunidas. Naturalmente, yo era la más joven de la sala.

Di mis saludos —Encantada de conoceros.

—¿Así que tú eres la tan renombrada Sanghee? Quédate ahí. Tenemos que hablar de algo entre nosotras.

Ellas eran obviamente hostiles. Sabía que habían oído que me encontraba en buenos términos con los príncipes y que ellos me visitaban a menudo.

La séptima princesa entonces inició el ataque. Ella se giró hacia mí de repente y me reprendió —¿No tienes modales?

—¿S-sí – Tartamudeé.

Ella acababa de regresar del baño. Parecía tener unos trece años y fue la primera que se dirigió a mí. Me recordé a mí misma que ella era solo una niña. Podía manejarla. Podía manejarlas a todas

—¿Te atreves a responderme?

La temperatura de la habitación pareció bajar. Me recordé que no tenía nada que temer. Podía manejar a estas niñas pequeñas. Sin embargo, me encontraba atrapada en un pequeño cuerpo. Tenía que encontrar unas pocas aliadas entre las otras treinta y un hermanas.

Deben de haber oído que había cenado con el rey. Y ellas ahora me odiaban.

También había cometido el error de presentarme primero a la octava princesa antes que a la séptima. Bueno, ¿cómo podría haberlo sabido? Nadie me dijo quién era quién. Se encontraban sentadas en una fila cercana, y yo había ido por la fila saludando a cada princesa.

La ceremonia de mayoría de edad en este reino aparentemente tenía estrictas normas a seguir. Podía ver que esperaban intimidar a la recién llegada y reforzar la jerarquía. Me encontraban simultáneamente intimidada y entretenida. Las princesas parecían estar llevando a cabo un ritual de inducción.

—Me disculpo. No lo sabía.

—¿Conoces mi nombre?

—Sí, es Heeyeong, la octava princesa.

Ella no pudo ocultar su sorpresa. Me había cuidado mucho de memorizar todos sus nombres y rangos. Como recordarán, tenía las capacidades mentales de una niña de siete años, así que esta no fue una tarea fácil.

La princesa Heeyeong se dirigió con aparente rabia hacia la mesa y cogió una taza de té caliente. Me pregunté nerviosamente si me tiraría el hirviente líquido a la cara. Ninguna de las otras chicas hizo el intento de detenerla, así que parecía que ellas habían planeado este desarrollo antes de verme.

Al principio tenía la intención de mantenerme firme, pero retrocedí justo antes que el agua me golpeara. Sólo mi vestido estaba mojado.

—¿Te atreves a desafiarme? – Heeyeong me dio una bofetada en la cara. Tuve que calmar la rabia que tenía en mí, recordándome que no podía golpear a una niña.

Esta situación no fue inesperada, porque aquí las mujeres eran ciudadanas de segunda clase. Disfrute de la afección del rey y los príncipes, pero no podía contar con ellos siempre favoreciéndome. Podía terminar en cualquier momento. No podía arriesgarme y enfurecer a todas las princesas. Sólo podía soportar esta situación, esperando que algún día estaría en una posición de poder en la que me sería posible realizar cambios en la sociedad.

Heeyeong me exigió que le dijera mis errores.

— Me disculpo por evitar la taza de té que usted me lanzó– Dije.

— ¿Y qué más?– Preguntó otra vez.

Tartamudeé — N-no sé qué más, p-pero si usted me señala q-qué he hecho mal n-no lo haré de n-nuevo.

Heeyeong se rió. Luego, demandante, llamó a una nerviosa y temblorosa princesa.

—Siyeon Choi, ven aquí.

Recordé que Siyeon era la vigésimo tercera princesa. Ella continuó —Es tu trabajo educarla.

—Sí, Heeyeong.

¡Acabo de llegar, Dios mío! Aparentemente, se suponía que no debería de haber dicho “No lo sé”. ¿Dónde me encuentro? ¿En el ejército? ¿Era la recluta nueva a la que le hacen las novatadas?

De repente, Heeyeong abofeteó a Siyeon. Qué fiesta de té más alegre es esta. Estas chicas aplican una disciplina de estilo militar.

Después de abofetearla le gritó —¡Discúlpate! ¡¿Qué has hecho mal?! – Siyeon no tuvo tiempo de responder antes de recibir otra bofetada.

Ella tartamudeó con miedo, mirando hacia el suelo —No debería de haber sido maleducada con la manera en la que le llamé.

Heeyeong era la séptima princesa. Aparentemente Siyeon no le había otorgado el respeto que correspondía a su estatus. No había dicho “Princesa Heeyeong” con la suficiente reverencia. La princesa de mayor rango, la primera princesa Seah Hwang, dio unas cuantas palmadas para llamar la atención de las demás e hizo un anuncio.

—Nuestras reinas madre llegarán pronto. Siyeon será responsable de la nueva.

A lo mejor se volverían a comportar como niñas normales cuando llegaran sus madres. Aún me dolía la mejilla y apenas podía controlar mi ira.

Recordé cómo el príncipe Hwanseong me había defendido de la princesa Seohee en el pasado. Era un gran molesto mocoso, pero ninguna de las princesas podía enfrentarlo y podía contar con su apoyo.

Tienes que superar esto. Necesitas ganar su afecto y convertirlas en tus aliados.

Tenía que hacer que me quisieran. Sería mejor si los príncipes y yo no fuéramos vistos juntos.

No podía estar segura, pero era dudoso de que siempre se comportaran de esta manera. Ya sea que lo supieran o no, su envidia probablemente conduciría a que me acosaran.

De repente, la puerta del vestíbulo se abrió.

Entonces, una voz dijo —¡Busca!

La muñeca de trapo vino volando, a la vez que lo escuche llamarme,  —¿Donde estas perro?-

… Y luego la voz de ese mocoso resonó por el pasillo.

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