Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 2: Un extraño, un extraño mundo y mis más extraños hermanos mayores


Alrededor de tres días han pasado desde la primera vez que oí esa voz. He pasado estos días acostada en algo que supuse que era una cuna. Todos mis esfuerzos por hablar surgían como lamentos. Así que paré de intentarlo. Eso causó que la gente a mi alrededor se preocupara, preguntándose si necesitaba un doctor. Para satisfacerlos, me aseguré de llorar de vez en cuando.

Llegué a conocerme. ¡He renacido como un bebé!

Sé que suena absurdo. Casi seguro, no era un sueño. He visto a mi madre y mis hermanas mayores. No me he mirado en un espejo todavía, pero he escuchado comentarios sobre lo adorable que era. No hablaban coreano, pero todavía era capaz de hacerme una idea del significado naturalmente. Dada la locura de mi nueva realidad, nada realmente me sorprendía.

Me acostumbré a mi nuevo ambiente mientras los días pasaban. Quizás era una bendición que fuera un infante, incapaz de moverme como deseaba. Después del shock del asesinato que soporté, esto era abrumador. Si tuviera todas mis facultades recuperadas por completo, quizás me hubiera suicidado.

La mujer, que aprendí que era mi madre, se sentó a mi lado. Una vez comentó con nostalgia, —Si sólo hubieras nacido como un niño.

Bueno, mire aquí, señora – supongo que no debería llamarte Madre – Soy claramente una niña. Aprende a vivir con ello.

Envuelta en suave seda en una cuna, era incapaz de comprender que este no era un mundo ordinario. Nada faltaba en mis alrededores. Había una TV y una nevera. El interior de la casa lucía como una casa que encontrarías en la Tierra, lo que era un alivio. Estaba rodeada por lo familiar. Por suerte, no había sido traída a la vida en la Edad Media. Por lo menos me habían ahorrado esa miseria. Por lo que había oído, era bastante común agacharse y aliviarse en la carretera. ¡Y qué horror habría sido vivir en un mundo sin televisión u ordenadores!

Otros pocos días pasaron durante los cuales vi a mi padre una vez más. Mi cerebro era el de un infante, así que procesaba las cosas lentamente y mi memoria era terrible. Aun así, tenía una clara memoria de su rostro.

Dejando todo lo demás a un lado, él era atractivo. Tenía un corte corto y deportivo y una frente ancha y bien formada. Enmarcados por sus cejas frondosas, sus ojos oscuros que parecían mirarme hacia abajo estoicamente, todavía tenían cierto encanto. Su nariz emergía de un puente bien definido, sus labios ligeramente rosados evidenciaban su buena salud, y su mentón estaba cincelado lo suficientemente afilado para cortar a través del papel. Él era atractivo. Lo siento. ¿Cuántas veces he dicho eso? Bueno, lo era. Pero era frío tanto como de ensueño.

—Si realmente lo sientes, esfuérzate más en conseguir un niño la próxima vez.

Eso estaba diciendo ahora.

¿Sentirlo por qué? ¿Darme a luz? quería gritarle, pero solo pude reunir un leve gemido.

—Qué molestia. Ese es el problema con las niñas. Demasiado ruidosas.

Mira aquí, tú estúpido. Lo sé por cuidar de mi sobrino. Niño o niña, los bebés lloran. ¿No te gusta que llore? Yo solo lloro cuando las circunstancias dictan que debería hacerlo. ¡Qué injusticia!

Vi su rostro raramente. A pesar de la apatía de su mirada, tenía que admitir que él era… condenadamente atractivo. Se debía dar crédito a lo que merecía dar crédito, sin importar lo mucho que me molestara.

Con el pasar del tiempo, fui capaz de discernir más y más, a pesar de que no pudiera caminar del todo bien. Este mundo era diferente, seguro. Los hombres eran supremos aquí por razones que no podía comprender. E incluso si las razones fuesen conocidas, cualquiera del siglo 21 habría tenido problemas acostumbrándose. Por supuesto incluso en la Tierra del siglo 21, no es difícil encontrar signos de patriarquía. Todavía habían asesinatos por honor de hijas y hermanas por padres y hermanos. Sin embargo, el tipo de dominación masculina aquí estaba a otro nivel. Acabé entendiendo esta impactante brutalidad.

Una voz dijo.

—Princesa, es hora de su comida,

Podía identificar el período de tiempo. Era probablemente no muy distinto al que conozco. Puesto que hay un rey, esta no era una república con oficiales elegidos. También he aprendido que esto era un imperio. Increíblemente, el rey era mi padre. Él era un rey benevolente, que regía justamente. Todo esto significaba que yo era una princesa, nacida en lujo, por lo menos en la superficie.

—¡Sujin, juega conmigo!

Esa molesta voz otra vez.

—Sí, Su Majestad.

¡Aliméntame! ¡Estoy hambrienta! – quería decir, o – ¡Pon la comida a mi corto alcance!

Sujin, nuestra niñera, me abandonó para atender al pequeño príncipe.

¿¿¿En serio??? ¿Acaso la decencia humana no requeriría que por lo menos me dieras de comer primero?

Evidentemente, aliviando a un príncipe bebé del aburrimiento es más importante que alimentar a una princesa hambrienta, puesto que las mujeres no eran nada más que los contenedores de las semillas de los hombres. Eso es lo que había sacado en claro de los silenciosos murmullos de mi madre.

Ahora sabía que no estaba en Corea. Había sido trasplantada a una sociedad polígama. Para alguien con mi forma de pensar, esto era verdaderamente inusual. Aquí estaba una sociedad tecnológicamente avanzada, disfrutando de paz y prosperidad. No había nada racional en que un hombre tuviera el dominio. Cuando el nivel de vida aumentó, el de las mujeres naturalmente incrementó. Pero no aquí.

Mi furia creció. Por ahora, no tenía poder, pero planeaba ser una fuerza de cambio importante. Fuera esto siquiera posible o no era algo para considerar otro día. Hambrienta, miré a la botella de leche con intenso anhelo.

¡Cambiaré este desdichado mundo para bien!

Mi estómago gruñó, pero juro que no estaba diciendo esto sólo porque estaba hambrienta.

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