El Caballero Afortunado y la Princesa Condenada – Capítulo 7: Profesare mi amor primero

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


Una procesión de magníficos carruajes pasó por la ajetreada calle del pueblo del castillo. El carruaje del centro era particularmente extravagante con cuatro hermosos caballos blancos trotando orgullosamente al frente. Parados a un lado para no ser golpeados por los carruajes, los aldeanos miraban el desfile con los ojos muy abiertos.

—¡Esos carruajes son maravillosos! ¿Recibimos un invitado de otro país? —susurró una chica del pueblo mientras imaginaba cómo sería vestirse y montar en un carruaje tan elegante.

—¡No, miren el estandarte en la parte trasera de los carruajes! ¿Ves, ahí? Pertenecen a la familia noble más rica de Pharrell, los D’Claire. La duquesa probablemente va de camino a asistir al Festival del Solsticio de Verano —dijo un joven que vendía fruta a la chica del pueblo. Durante su explicación, señaló la parte trasera de uno de los carros que pasaban.

No sólo la chica del pueblo y los aldeanos cercanos que se preparaban para abrir sus puestos volaron en una agitada ráfaga, también lo hicieron los nobles que miraban desde lejos.

—¡Es la duquesa de D’Claire!

—¡La valiente duquesa que ha enfrentado a un demonio!

—¡Quería ver su rostro!

—He oído que es encantadora. ¿No es increíble? No sólo es hermosa, sino que también tuvo la fuerza y el conocimiento para romper esa maldición.

—Dios la ha bendecido con todo.

♦ ♦ ♦

El reino de Pharrell estaba entusiasmado con la noticia de que la actual duquesa D’Claire había roto la maldición que plagaba su linaje durante muchos años. La noticia del incidente se extendió como un incendio entre los pueblerinos del reino y su nobleza.

—La actual duquesa no sólo es sabia y valiente, sino también joven y hermosa —afirmó un joven del pueblo.

En los últimos dos últimos meses, Sonia se había convertido en la comidilla del reino.

♦ ♦ ♦

Acompañado por carruajes delante y detrás, el carruaje más lujoso del centro de la procesión se separó del desfile con destino al palacio. Siguiendo su camino, tres carruajes cambiaron de dirección, deteniéndose frente a la Abadía Real adyacente a la Iglesia Central.

El joven lacayo bajó de la plataforma detrás del carruaje para abrir la puerta. Tomó respetuosamente la mano blanca que se le había tendido y se aseguró de que la noble dama estuviera bien parada mientras la ayudaba a bajar al suelo.

Llevaba un vestido verde pálido adecuado para principios de verano. Un velo de encaje cubría su pelo rubio dorado ligeramente ondulado. Sus grandes y pálidos ojos azules eran tan vigorosos como el claro cielo azul. El lápiz labial naranja perfilaba brillantemente sus delicados labios, que formaban una sonrisa alegre.

Esperando en la puerta de la abadía para saludarla estaban la abadesa y Pamela, que la llamaron con alegría en cuanto la vieron.

—¡Sonia!

—¡Pamela! —dijo Sonia el nombre de su amiga con una voz igualmente alegre. Eran como imanes unidas en un abrazo—. ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? —le preguntó.

—¡Estoy mejor! Planeo hacer todo lo posible para cuidarte de aquí en adelante —respondió Pamela.

Habían pasado casi dos meses desde que Pamela fue exorcizada del padre Ferns y del demonio Bafometo, que había seguido controlando al sacerdote caído incluso en la muerte. Como ella también había sido poseída por un demonio, fue transportada a la abadía porque su cuerpo se había debilitado. Desde entonces se había estado recuperando.

—Pamela, ¿hablas en serio sobre servirme? Quiero decir… Si se trata de devolverme el dinero. Ya hemos discutido el asunto con tu tío, y hemos establecido un plan de pago. No tienes que hacer esto, ¿entiendes? —insistió Sonia.

Debido al fracaso de su empresa, el tío de Pamela había agotado la herencia que sus padres le dejaron. Pero aún así, era incapaz de cubrir las cuotas de sus deudas, que iban en aumento cada día, por lo que decidió optar por casar a Pamela con un prestamista sin escrúpulos.

A cambio de prestarle al tío de Pamela el dinero para pagar la deuda sin intereses y sin garantía, Sonia canceló el matrimonio de Pamela y se hizo cargo de la empresa. Al poner al tío de Pamela bajo la supervisión de alguien de confianza, le permitió seguir dirigiendo el negocio para ella mientras él volvía a aprender administración de empresas. Ella había recibido informes de que se aplicaba a sus estudios mientras trabajaba duro en el negocio, por lo que el supervisor enviado por el rey debe haber logrado presionarlo lo suficiente.

Pamela sonrió a Sonia, que la miró con las cejas caídas por la preocupación.

—No —dijo Pamela mientras sacudía la cabeza—. Quiero hacer esto. Me has ayudado mucho. Esto debe servir como una forma de penitencia y arrepentimiento por cuestionar tu amistad.

—Pero… —protestó Sonia, sin embargo, Pamela se mostró reacia.

—No dejaré de ser tu amiga sólo porque soy tu criada. ¿Cambiará lo que sientes por mí? Sonia rápidamente sacudió la cabeza.

—¡Seguiremos siendo amigas! ¡Eres mi mejor amiga!

—¿Ves lo que quiero decir?

Las dos se rieron y presionaron sus frentes con las manos entrelazadas, como siempre lo habían hecho.

—Además, estoy muy contenta con este resultado. Ahora puedo estar contigo todo el tiempo —añadió Pamela.

—También soy feliz.

—Pero voy a tratarte como la dama más importante ante los ojos del público, así que prepárate para saltar entre cómo me tratas en público y en privado, ¿de acuerdo, duquesa Sonia? —dijo Pamela y rápidamente sacó la punta de su lengua de forma juguetona.

Sonia se rió de sus bromas y respondió:

—Es un placer tenerte, Pamela. —E hizo una reverencia digna de una dama.

—Bueno, no deberíamos quedarnos aquí para siempre. Entremos, además estoy ansiosa por escuchar la gran batalla de la duquesa Sonia —dijo la abadesa, instándoles a entrar en la Abadía Real.

La última vez que se encontraron, el corazón de Sonia se llenó de sospechas hacia la abadesa. Pero ahora se sentía en paz hablando con ella, como si nunca hubiera ocurrido aquella experiencia. Sonia se sintió renovada, como si finalmente hubiera superado una larga enfermedad. Era como si el demonio se hubiera llevado todo con él cuando desapareció.

La abadesa fue una de las primeras en ir corriendo al castillo D’Claire cuando escuchó que Sonia había roto la maldición. Sin preocuparse por secar su torrente de lágrimas, había gritado:

—¡Gracias a Dios! —Mientras se regocijaba por la seguridad de la joven duquesa. Era difícil de creer que Sonia hubiera dudado alguna vez de su amor.

Aunque tenía muchas debilidades, es imposible que el demonio pudiera aprovecharse de ella, pensó Sonia mientras sonreía a la Abadesa, antes de tomar un sorbo del té que la mujer mayor había servido. La expresión de su cara al mirar a Sonia estaba llena de compasión, como siempre.

—Entonces, ¿no has tenido ninguna interacción con el demonio Bafometo desde entonces? —preguntó la abadesa.

Sonia asintió un poco preocupada.

—Todo está bien. Aparentemente, los demonios generalmente no se obsesionan con una sola persona. Conozco su verdadera identidad y le he hecho daño, así que probablemente no intentará contactar conmigo de nuevo. Según sir Christ y el Papa, los demonios tienden a ser muy cautelosos.

—Supongo que eso significa que el padre Ferns era el que estaba obsesionado con su familia durante todos estos años. Sólo un humano es capaz de tener una devoción tan tenaz —dijo la abadesa con un suspiro de decepción.

La abadesa probablemente no podía soportar imaginar cómo un compañero sirviente del Señor había sido consumido por la codicia y finalmente se había dejado guiar al infierno con un demonio, pero después de que Sonia y Christ hubiesen blandido la espada, el rostro que se desvaneció entre los gritos que rompían los oídos pertenecía a Ferns. Bafometo debió reconocer la amenaza y escapó rápidamente.

La abadesa hizo la señal de la cruz ante su pecho.

—Maldito o no, él fue una vez un colega. No puedo evitar rezar para que se dé cuenta pronto de los errores que cometió y que pueda encontrar la redención… —concluyó.

♦ ♦ ♦

Sonia se despidió de la abadesa antes de la puesta de sol y se dirigió en su carruaje al Palacio Real, donde había sido invitada al Festival del Solsticio de Verano. Naturalmente, Pamela iba con ella.

Como sierva de Sonia, Pamela llevaba un vestido azul del Nilo de cuello alto con mangas abullonadas y una falda recta de cintura baja. Sonia se había quejado del sencillo diseño y le añadió un gran cuello desmontable de encaje blanco puro para darle una sensación de juventud.

—Es lindo, pero no tenías que hacer esto… —dijo Pamela mientras tiraba del costoso cuello.

Al ver esto, Sonia protestó:

—¡Está bien! ¿Quién sabe qué encuentro casual te espera? —Y reajustó el cuello torcido.

—¡Tienes razón! Como tu sirvienta, estoy obligada a encontrarme con innumerables y maravillosos caballeros de gran influencia! —Pamela se dio cuenta. Tan pronto como el tema cambio a romance, sus ojos comenzaron a brillar. Su comportamiento dejó claro que no había renunciado a casarse por amor. Sonia sonrió débilmente, contenta de ver que su amiga no había cambiado desde sus días en la abadía.

—¡Espero que el hombre del que me enamore sea de mente abierta como sir Crisford!

—Puede que uno de los amigos de sir Christ sea de tu agrado —señaló Sonia.

Pamela no echó de menos la expresión que apareció brevemente en la cara de Sonia cuando mencionó su nombre por primera vez.

—No has visto a sir Cristford desde entonces, ¿verdad? —preguntó.

—No —respondió Sonia con una triste sonrisa—. Pero nos hemos estado enviando cartas. Responde cada tres días y envía adorables regalos junto con las cartas… así que estoy segura de que piensa en mí con cariño.

—¿Estás segura de que no siente nada por ti?

Christ se hizo pasar por el prometido de Sonia para engañar a Ferns y al demonio para mantenerla a ella y a los que la rodean fuera de peligro. Mientras la defendía, había descubierto la verdadera identidad del demonio detrás de la maldición y luchó con él junto a Sonia. Ella todavía podía recordar el calor de sus manos cuando sostenían la espada.

—Estarás bien ahora, ¿no es así…? —le había preguntado con una sonrisa. Con el respeto de un caballero, le había besado el dorso de la mano y se había despedido.

—Mencionó en sus cartas que todo los días está ocupado disciplinando al príncipe Severin, pero me adelanté y le pedí que me acompañara al próximo Festival del Solsticio de Verano —dijo Sonia.

—¿Y qué dijo? ¿Va a ir?

—Sí. También le dije que podría usar su consejo sobre cómo lidiar con la afluencia de pretendientes. Han estado enviando regalos y cartas al Castillo D’Claire diariamente, algunos incluso vienen a visitarlo. Con tantos pidiendo mi mano a la vez, temo que estalle una pelea sin importar a quién escoja. Viendo que sir Christ es tan conocido y respetado, pensé que tal vez podría ofrecerme algunos consejos sobre la mejor manera de manejar el asunto. Cuando añadí eso, me dio una respuesta muy favorable —explicó Sonia.

Al escuchar eso, Pamela dio un suspiro de alivio. Sabía muy bien cómo se sentía Sonia acerca de Christ. Alcanzó el carruaje y se agarró firmemente a las manos de Sonia.

—¡Estaré animándote desde la distancia!

 —Gracias, Pamela.

Sonia pensó para sí misma, quiero decirle a sir Christ exactamente cómo me siento en el Festival de Solsticio de Verano… aunque no me vea como una mujer madura…

♦ ♦ ♦

Incluso en el Palacio Real, Sonia era el centro de atención. El Festival del Solsticio de Verano no comenzó hasta el día siguiente. Sonia se dirigió a la sala de audiencias para saludar al rey Patrice y a la reina Cordelia ante todo.

En su camino hacia allí podía sentir los ojos de los oficiales de la corte tan profundamente que parecían querer hacer agujeros en su cuerpo. Algunos de los oficiales eran jóvenes que provenían de familias nobles de alto prestigio. Se destacaban fácilmente por encima de los demás. Estos hombres con ropas ostentosas se aseguraban de entrar en el campo de visión de Sonia. En su llamativo atuendo, podrían aclararse la garganta justo antes de que Sonia pasara. O podrían dejar caer un pañuelo y tratar de devolvérselo, diciendo “¡disculpe! ¿Se le ha caído esto?” Parecían tener una bolsa llena de trucos que usaban con la esperanza de acercarse a Sonia.

A cada paso que daba, otro joven aparecía. Sonia había pasado de estar atónita a estar realmente molesta.

¡No estoy llegando a ninguna parte! ¿Cuántos hombres esperaban para tenderle una emboscada en el pasillo antes de llegar directamente a la sala de audiencias? Sonia quería dar un giro de 180 grados y volver a casa!

—¡Sonia!

En el momento en que todos se dieron cuenta de quién corría hacia ella mientras la llamaba, se inclinaron en una profunda reverencia. También tomada por sorpresa, Sonia hizo lo mismo que los demás, en signo de respeto.

—Escuché lo que estaba pasando aquí, así que vine a buscarte.

—¡Oh mi Dios…! ¡Nunca imagine que me escoltaría personalmente,príncipe Henry! ¡Soy indigna de tan gran honor!

—No seas tan rígida y formal. Desearía que me llamaras Rere como en los viejos tiempos —dijo Henry con una risa alegre antes de tomar su mano y llevarla por el pasillo.

—Caballeros, el festival aún no ha comenzado. Dejad de luchar por el favor de la dama para mañana y concentrados en vuestros deberes de hoy —anunció con voz digna para razonar con los jóvenes que enviaron miradas de disgusto a su camino.

Con el príncipe heredero como escolta de Sonia, no podían usar excusas poco convincentes para acercarse a ella. Ella fue capaz de caminar sin más interferencias.

—Lo siento. El palacio está lleno de historias de tu logro. He oído que los funcionarios de la corte están tan ansiosos por conocerte, que no pueden concentrarse en su trabajo —explicó Henry.

—Siento que los rumores se están descontrolando… No podría haber derrotado al demonio y al sacerdote sin sir Christ. Aún así, es difícil de creer que hayan exagerado tanto la historia que interfiera con las funciones de la corte… —dijo Sonia y ofreció sus más sinceras disculpas, ganándose una brillante sonrisa de Henry.

—Oye, sé que esto no es culpa tuya. No necesitas sentirte mal —le dijo—. Oh, la verdad es que Christ está en medio de una conversación con mis padres y una dama. Parece que no terminarán por un tiempo, así que vine a invitarte a que nos acompañes a mi esposa y a mí a tomar el té —expresó guiñandole el ojo.

—¿Sir Christ está con…? —repitió Sonia preguntándose cuál podría ser la naturaleza de la discusión, un pequeño pliegue se formó entre la ceja de Sonia.

—¿Tienes curiosidad? —preguntó Henry con una sonrisa pícara—. Es sobre su futuro.

¿Su futuro?

—Como… casarse… —Sonia intentó que la pregunta sonara suave y natural, pero su voz salió temblorosa.

—No estoy involucrado, así que es difícil para mí saberlo —dijo Henry y llevó a Sonia a uno de los salones.

Los bonitos ojos azules de la hermosa esposa de Henry les dieron la bienvenida al salón. Su encantador rostro ovalado, con pestañas tan largas que temblaban cuando reía, sólo aumentaba su brillo.

Sonia estaba llena de emociones mezcladas mientras estaba sentada frente a la princesa heredera, los rumores decían que era el objeto de los afectos de Christ. Incapaz de preguntar la verdad sobre su relación con el caballero, la mente de Sonia estaba en otra parte incluso después de tomar el té. Distraída durante su audiencia con el rey Patrice y la reina Cordelia, apenas podía recordar lo que habían discutido.

♦ ♦ ,♦

El Festival del Solsticio de Verano comenzaría esa noche. Al amanecer, Pamela se puso a trabajar como sirvienta y abrió el dosel de la cama.

—Duquesa Sonia, por favor, levántese —dijo. Pero se sorprendió al ver a Sonia levantarse lentamente. Las manchas negras bajo los ojos de su amiga eran horriblemente oscuros—. Duquesa Sonia, por casualidad, ¿no pudo dormir anoche?

Sonia movió la cabeza, con una expresión oscura. Sus ojos se veían húmedos como si fueran a empezar a caer gotas de lágrimas gigantes en cualquier momento. Probablemente se debía a lo que mencionó el príncipe Henry le dijo ayer sobre sir Christ.

—Sonia. —Pamela se tranquilizó, dejando caer su máscara de sirvienta y volviendo a ser mejor amiga de Sonia. Se sentó en la cama cerca de Sonia—. ¿Vas a rendirte y ser sólo su buen amigo? ¿Y elegir uno de los muchos pretendientes que aparecieron en el momento en que rompiste la maldición? ¿Esos hombres que ven tu riqueza primero y a ti después?

Sonia sacudió débilmente su cabeza y respondió:

—Pero el corazón de sir Christ ya pertenece a otra persona… así que no tengo el valor de decirle lo que siento. Nunca debí haberle pedido que me acompañara esta noche…

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Sonia. Pamela se las quitó con su delantal blanco puro, suave con amabilidad.

—Sonia, ¿no viniste a decírselo sin importar si corresponde a tus sentimientos o no? ¿O lo has olvidado?

—No lo he olvidado, pero en algún lugar, una parte de mí confiaba en que todo iría bien, que él corresponde mis sentimientos. Estaba segura de que sería así.

De lo contrario, ella no tendría tanto miedo de decírselo.

—Entonces, ¿vas a renunciar a decírselo después de todo?

—Yo…

Si no lo hago, ¿qué haré? Simplemente pasaré la noche disfrutando del Festival del Solsticio de Verano con sir Christ. Aunque no sea una dulce noche de romance, podré saborear el tiempo feliz que pasaremos juntos. Pero cuando la noche llegue a su fin, también lo hará esa felicidad. Tendré que atesorar esta noche especial mientras elijo a otro hombre para ser mi marido y sir Christ dedica su vida a otra… Puedo lidiar con eso, pero mi corazón todavía me duele. Siento como si alguien estuviera presionando mi pecho.

Pamela colocó suavemente sus manos sobre los puños de Sonia.

—Sonia, estoy celosa de ti. Quiero decir, has encontrado a alguien a quien amas tanto que te duele.

—Pamela… —dijo Sonia y miró a Pamela. Su amiga estaba sonriendo suavemente como siempre.

—Cuando eres de noble cuna, ¿no suelen decidir tus padres con quién te casas? Todo el mundo acepta la decisión y se enamora después del matrimonio… Lo hacemos en el orden inverso al de las masas, ¿no? Por eso creo que cuando nos casamos, albergamos el temor de ¿podemos amarnos? Después de todo, la mayoría de nosotras, las damas, nunca hemos tenido un roce con el amor antes de casarnos. Pero han aprendido cómo se siente enamorarse y cuidar a un hombre.

—Pamela.

Pamela apretó el agarre de sus manos sobre las de Sonia.

—¿Estás segura de que no quieres hacérselo saber? Después de todo él te ha hecho sentir… ¿estás realmente de acuerdo en no decírselo? —preguntó Pamela, sus palabras entraron en el pecho de Sonia.

Ella tenía razón. Sonia quería que Christ supiera cómo se sentía. Sólo eso era suficiente.

—He sido tan bendecida… Quiero decirle a sir Christ que me preocupo por él. Esa fue la razón por la que vine aquí… pero luego me asuste —admitió Sonia. Sonrió a Pamela mientras se secaba las lágrimas—. ¡Gracias, Pamela! ¡Haré lo que pueda! ¡Le diré lo que siento, sin importar cómo resulte!

—¡Sonia…!

Las dos mujeres se abrazaron y se rieron.

—Bueno, ahora que has decidido qué hacer, deberías dormir un rato más. Te ves atroz después de esa mala noche de sueño.

—¿Realmente me veo tan mal? —preguntó, alcanzando su espejo de mano.

—No lo haría si fuera tú. Nunca lo superarás —bromeó Pamela y sacó la lengua—. ¡De verdad no lo hagas!

Después de otro ataque de risa, Pamela se fue diciendo que haría un poco de té de manzanilla para ayudar a Sonia a dormir un poco más.

—Gracias —murmuró Sonia mientras veía a su mejor amiga salir de la habitación.

♦ ♦ ♦

La gran noche llegó al fin. Era la hora del Festival del Solsticio de Verano. Como si se deslizaron en el sueño de una noche de verano, tanto el campesinado como la nobleza se pusieron los trajes a su gusto. Desde hadas a bestias, los trajes que usaban eran de distintas formas y colores.

Este año, demonios, ángeles, sacerdotes y caballeros fueron los motivos más populares encontrados en el festival. Entre los campesinos, el aspecto de princesa era extremadamente popular. Naturalmente, Sonia tuvo mucho cuidado al elegir el vestido para su traje.

No me voy a vestir como siempre, y ya estoy harta de los demonios.

El traje que Sonia había hecho era un vestido de satén turquesa con alas de hada, hecho de un material translúcido, pegado por detrás. Dos de las cuatro alas tenían anillos cosidos que eran lo suficientemente grandes como para caber en sus dedos índices, con espacio de sobra.

Finalmente, el elemento clave para el Festival del Solsticio de Verano es… ¡La máscara! Amigos y conocidos se reconocería rápidamente, independientemente de sus máscaras, pero este accesorio era la clave para el gran éxito del festival, llenando el salón de baile con una sensación de misterio.

Sonia iba a llevar una máscara blanca lisa con un patrón de arabesco con brillos dorados. La media máscara sólo ocultaba la parte de sus ojos. Aunque eso era todo la parte que se mantenía escondida, era como si la persona que la miraba en el espejo fuera alguien completamente diferente. Le hacía sentir que podía hacer cosas que normalmente nunca haría.

¡Creo que podré decirle a sir Christ cómo me siento! Pensó para sí misma en una oleada de coraje.

Un golpe en la puerta le dio a Sonia tanto miedo que se puso de pie. La criada  inclinó sus piernas, mientras recogía sus faldas sumergiéndose en una breve reverencia.

—Sir Chrisford ha llegado —informó.

—Dile que estaré allí en un momento —dijo Sonia a la criada mientras comprobaba su traje con Pamela, que la había estado ayudando a prepararse.

—Ve y diviértete, Sonia —dijo Pamela animadamente. Sonia le dio una gran sonrisa y asintió con la cabeza.

—He venido a llevarte al baile de máscaras, duquesa Sonia —dijo Christ con una reverencia. Cuando se puso de pie de nuevo, Sonia no pudo evitar dejar caer su mandíbula y mirarle boquiabierto.

—Señor Christ, su barba… y su pelo… —Sonia se ahogó con sus palabras.

Como Christ también llevaba una máscara que solo cubría la mitad de su rostro, podía ver perfectamente su rostro. Enfatizó su nariz, boca y mandíbula.

La barba uniformemente arreglada que crecía desde las orejas hasta la parte inferior de su barbilla había sido afeitada. El peinado corto que se había asemejado a un campo de trigo recién cosechado había sido reemplazado por un bonito pelo marrón que había crecido y se había suavizado hasta convertirse en una limpia cola de caballo.

La magnitud de la sorpresa de Sonia hizo que Christ se frotara la mejilla de forma vergonzosa.

—¿Me veo tan diferente? —preguntó.

—Sí, apenas puedo reconocer… —respondió ella. Aunque en parte se debió a la máscara, Christt se veía como una persona totalmente diferente ahora. Por supuesto, ella sabía que era innegablemente por el sonido de su voz.

—Bueno, te agradecería que pensaras en eso como un disfraz que usé para derrotar al demonio… —dijo Christ—. Aunque, me había encariñado bastante con él. Había considerado lucir la barba y el pelo corto por un tiempo más, pero…

Christ se frotó su barbilla borrosa con asco antes de continuar.

—Algunas personas empezaron a arrancar sin piedad los pelos de mi barba, diciendo que eran “amuletos de buena suerte”, “amuletos de protección” o “buena fortuna”. Como si eso no fuera suficiente, empezaron a arrancarme el pelo de la parte superior de la cabeza también…

—¡Oh Dios!

—¡Fue demasiado doloroso! Tuve que afeitarme la maldita barba. Prefiero no ir por ahí con la cabeza brillante, así que me deje el pelo un poco más corto.

Después de escuchar su explicación, Sonia simplemente lo miró fijamente durante un momento o dos…

—¡Oh, cielos! Debió haber sido horrible, sir Christ —dijo, escondiendo su boca detrás de su mano mientras se reía.

—¡Realmente lo fue, caramba! Mi barbilla fue un desastre durante un tiempo —insistió Christ.

—Ojalá me lo hubieras dicho en las cartas. Habría enviado alguna pomada que es buena para la piel áspera —dijo Sonia.

—Debería haberlo hecho. No se me ocurrió.

Los dos se rieron un rato antes de que Christ extendiera el brazo.

—¡Vamos! ¡Disfrutemos esta noche al máximo!

—¡Absolutamente! —respondió Sonia y puso su mano en el brazo de Christ.

—Veo que estás vestida como un hada este solsticio de verano. El disfraz te queda maravilloso —dijo Christ, haciendo que las mejillas de Sonia se volvieran rojas.

—¿Qué se supone que eres…? —preguntó Sonia. Parecía que llevaba el traje estándar de abrigo que se usa en bailes y veladas, no algo basado en un motivo en particular.

—Analice una variedad de ideas, pero ninguna parecía apropiada para esta noche —respondió con una gran sonrisa que mostraba sus dientes blancos perfectamente rectos.

—Ya veo.

Probablemente fue porque la mujer que ama puede estar observando. Quizás sea esa señorita la que estaba consultando con el rey Patrice ayer. El dolor perforó el pecho de Sonia.

Estoy segura de que quería pasar esta noche con ella en lugar de conmigo… Los sentimientos de culpa hacia la dama sólo empeoraron el dolor en su pecho.

Lo siento. Tragándose la disculpa junto con el dolor, Sonia le sonrió a Christ. Por favor, deja que pase esta noche, sólo esta noche, con sir Christ. Olvidaré mis sentimientos por él después de decirle a sir Christ lo que significa para mí…

♦ ♦ ♦

El salón de baile estaba lleno de emoción. Persona tras persona se reunieron en un lugar, donde bailaban, bebían vino, y trataban de leer los rostros escondidos tras las máscaras mientras conversaban. Si se quitaban la máscara, ¿Se encontraría una hermosa sonrisa o un rostro deformado por el odio?

Todos se miraban unos a otros con ojos penetrantes que ardían con intensa pasión. Eso también, se sumó a la excitación del salón de baile, lo que alimentó aún más su fervor.

—¡Hace calor…! —se quejó Sonia, también atrapada en la atmósfera febril. Su cara se sentía caliente como si la sangre se le hubiera subido a la cabeza por la atmósfera.

—¿Te gustaría refrescarte fuera? —preguntó Christ. Tomó dos vasos de agua con gas de una sirvienta cercana que servía bebidas y le ofreció uno a Sonia.

Los dos hablaron mientras salían a la terraza. Varias otras parejas ya se habían instalado allí y estaban mostrando muestras de afecto apropiadas para una noche de verano temprana.

—Tengo otro lugar reservado para nosotros —dijo Christ. Abrió la puerta de la veranda y llevó a Sonia a través de la puerta del patio.

Pasando por el jardín de rosas actualmente en plena floración, ocasionalmente pasaban por los braseros. El lugar al que finalmente la llevó no era otro que…

—El cenador…

Restringido a la familia real, este era el lugar favorito de la reina Cordelia.

—No se preocupe. He recibido permiso de la reina Cordelia para usar el cenador por adelantado —dijo Christ, poniendo su vaso vacío en la mesa del cenador—. Así que vine temprano y, bueno, ¡miralo por ti misma! —sacó una gran cesta cubierta con un paño para mostrarle a Sonia.

Sonrió con orgullo al retirar el paño, emitiendo un chillido de alegría de la joven duquesa. La cesta contenía una botella de champán, queso y galletas, y una tarta de frutas con especias, todas decoradas con rosas.

—¡Asombroso! ¡Es como un mago, sir Christ! —expresó Sonia maravillada.

—¿Un mago bien preparado? —se burló—. Ahora, por favor, siéntese —instó, después de extender la tela de la cesta sobre el banco de mármol para que Sonia se sentara.

Mientras Christ luchaba con la botella de champán, Sonia sacó el queso y las galletas de la cesta y cortó la tarta de frutas en porciones.

—¿No se siente como si fuéramos amantes o una pareja casada haciendo esto? —comentó.

—¡¿Eh?! —Las manos de Christ se congelaron al abrir la botella de champán.

Sus ojos se cerraron, y Sonia se encontró corrigiendo frenéticamente sus palabras.

—¡Ah! quiero decir ¡Hermanos! Los hermanos también se tratan así, ¿no?

Sólo dijo que como Christ se sonrojaba tan brillantemente, podía decirlo incluso a la luz de la antorcha.

—Bueno, supongo. Sí, claro… —murmuró Christ, sin esperanza de que se le trabará la lengua.

Una vez que se sirvió el champán, Christ tomó una de las copas.

—Por ahora, brindemos por nuestro seguro reencuentro —propuso con una voz especialmente alegre.

—¡De acuerdo! —dijo Sonia y recogió su copa. Ambos brindaron golpeando ligeramente sus copas.

—¡Oh, claro! Mencionaste que querías pedirme consejo en una carta… —Christ sacó de repente el tema, casi haciendo que Sonia se atragantara con un trozo de queso.

Se me olvidó por completo… El pánico se apoderó de ella por un momento, pero luego se dio cuenta de que podía usar este tema para profesar su amor por él. Habiendo llegado a esa conclusión, fue capaz de calmarse.

Una vez que su copa estuvo vacía, Sonia la puso sobre la mesa. Luego se quitó la máscara de la mascarada.

—Bien… Poco después de ese incidente, la noticia de que la maldición D’Claire se había roto se extendió por todo el país… De repente empecé a recibir regalos e invitaciones para fiestas y eventos de completos desconocidos. Mientras trataba de lidiar con eso, algunos trataron de entrar en el castillo de Clare. Por ejemplo, mientras paseaba a caballo por el castillo. Venían al castillo y decían, “Da la casualidad que pasaba por aquí. ¿Podría darme un vaso de agua? Otros han afirmado que están perdidos y necesitan un lugar para pasar la noche. He tenido diferentes señores que vienen con excusas salvajes día tras día… —dijo Sonia. Sólo recordarlo la hizo suspirar de frustración.

En el momento en que se supo que estaba libre de la maldición familiar, los hombres se volvieron locos por ella. Era demasiado para Sonia. Tenía a Matthew, el mayordomo, e incluso el ama de llaves luchando con sus pretendientes, pero algunos jóvenes se las arreglaron para escapar de sus dedos.

—La Iglesia Central hizo todo lo posible para manejar todo el asunto… Me doy cuenta de que es una gran oportunidad para que algunos nobles pensaron en obtener beneficios, pero aún así… —se quejó Christ  mientras se quitaba la máscara. Tenía una expresión de preocupación en su cara—. Aunque Su Majestad les diera un mandato para que se comportaran con moderación, no creo que sirva de nada…

—Bien… No hay nada que los detenga. Me sorprendió mucho el hombre que intentó escalar los muros del castillo para entrar en mis aposentos privados…

—¿Qué? ¿Y no era un ladrón? —Sonia asintió en silencio con la cabeza.

—He oído que los jóvenes apasionados pueden ser imprudentes en ocasiones… ¿Te ha hecho daño? —preguntó Christ, mirando a Sonia con tal preocupación.

Miró a los ojos de Sonia con tal preocupación que ella se avergonzó demasiado de su mirada y tuvo que darse la vuelta. Ella pudo ver por la mirada en su cara que él estaba preguntando:

—¿Te hizo algo sin escrúpulos? —Era demasiado para que ella lo soportara.

Mientras tanto, Christ temblaba por la rabia que recorría todo su cuerpo.

—¡Maldicion! ¡Cómo se atreve a mancillar tu honor! ¡¿Quién fue?! ¡¿Se nombró a sí mismo?! ¡Más vale que el sinvergüenza no haya huido sin decir quién era! ¿Qué aspecto tenía? ¿Tenía algún rasgo único? —exigió Christ, de repente su rostro se torno rojo oscuro por la ira, como si fuera una olla de agua caliente hirviendo.

Sonia rápidamente continuó la historia.

—¡Está bien! ¡No me hizo nada! No sólo fue incapaz de hacer nada, sino que se cayó del muro del castillo antes de llegar a mi habitación.

—¡¿Queeé?! —Christ se enfrió de forma audible. Viendo que estaba más calmado, Sonia dio un suspiro de alivio.

—Después de ese incidente… he llegado a pensar que los nobles dejarian de molestarme si me casara más pronto que tarde… Bueno, eso es lo que llegué a comprender después de pensarlo mucho —dijo Sonia.

—Probablemente tengas razón. Las cosas probablemente se asentarían si te casaras. —Christ estuvo de acuerdo. Sonia respiró profundamente.

¡Díselo, Sonia!

—Si es posible, me gustaría tener a mi lado un hombre mayor que sea de mente abierta, alegre, que tenga la fuerza para superar la adversidad, fuerte y que pueda ser algo adorable… creo… —confesó.

—Alguien que sea mayor, de mente abierta, que supere la adversidad, fuerte… ¿significa eso que es bueno con la espada? Y sin embargo es adorable… —repitió Christ.

Refunfuñó contemplativamente mientras los pensamientos corrían por su mente. Suena como si tuviera a alguien en mente, pensó con el corazón pesado mientras fingía tratar de pensar en quien podía ser.

En ese caso, debería ayudarla a casarse con el hombre que desea. Mientras ese pensamiento cruzaba su mente, escuchó.

—¡Sir Chrisford Cortot… estoy… enamorada… de… usted!

—¿Eh?

Hubo una pausa de silencio. Dudando de sus propios oídos, miró a Sonia para encontrar su cara roja como la remolacha. y sus manos se convirtieron en puños nerviosos.

—Te amo, sir Christ. Sé que usted está enamorado de alguien más, pero quería decirle… cómo me siento… —dijo Sonia con lágrimas en sus mejillas. Su intento de contenerlas sólo hizo que su voz temblara.

Sonia había planeado empezar de nuevo después de decirle cómo se sentía y felicitarlo cuando se casara, incapaz de conternerlas por más tiempo, las limpio una y otra vez con sus manos mientras continuaba.

—No te puedes imaginar cuanto me ha salvado tu ánimo y tu alegría. Me alegro de haberte conocido. Si no fuera por ti, no estaría aquí sana y salva. Ojalá hubiéramos podido pasar el resto de nuestros días juntos… Pero me doy cuenta de que estás enamorado de otra persona… No te molestaré más. Atesoraré esta noche que hemos pasado juntos por el resto de mi vida.

—Espera. ¿Qué dama…? ¿De quién estás hablando exactamente? —preguntó Christ, interrumpiendo a Sonia con una mirada de pura confusión escrita en su cara.

—¡El príncipe Henry me habló de ella ayer! Él dijo que Christ está teniendo una importante discusión con el rey y una dama, sobre su futuro —respondió Sonia.

Con eso, las piezas del puzzle deben haber encajado, porque una mirada de exasperación estaba presente en el rostro de Christ.

—¡Increíble! ¡No tienes que inventar excusas! ¿Es mi amor por ti realmente algo tan terrible?

—¡¿Excusas?! —gritó Sonia.

¡Estaba siendo malo! Con gran diferencia de edad o no, ella había puesto su corazón en transmitir lo que sentía!

—¿Me estás tratando así porque crees que soy sólo una niña?

Sorprendido por la interpretación de Sonia, Christ protestó:

—Estaba molesto con el príncipe Henry. Cuando dijo que teníamos una discusión importante, se burlaba de ti… y de mí también.

—¿Eh?

Esta vez le tocó a Sonia estar aturdida.

—Su Majestad nos estaba consultando con respecto a sus planes para que el príncipe Severin entrene bajo el mando de alguien. Ya ha decidido dónde tendrá lugar el entrenamiento y quién lo manejará, pero necesitaba decidir cómo manejar el viaje hasta allí. Decidimos considerar el viaje como parte del entrenamiento y hacer que dos caballeros y un curandero lo acompañen, para un total de cuatro personas. Uno de los cuatro era la dama que el Príncipe Henry le mencionó.

—Ya veo —dijo Sonia, pero su alivio sólo duró un momento, rápidamente reemplazado por la tristeza—. Ya que habrá dos caballeros… ¿significa eso que tú eres el otro…?

—Se suponía que debía serlo, pero cortésmente me negué a ir. He pasado dos meses tratando de disciplinar al príncipe Severin… pero parece que no puedo hacer que me entienda…

Viendo a Christ dar un suspiro tan fuerte que parecía que su cuerpo se estaba desinflando, Sonia sólo podía imaginar el duro momento que Severin debió haberle dado.

—Además, tengo algo de lo que temo que me arrepentiré si no lo hago ahora —dijo Christ, cambiando la expresión de su cara. Miró a Sonia con tal intensidad que le hizo recuperar el aliento. Sintiendo la pasión en sus ojos atentos, Sonia sintió que los latidos de su corazón crecían más rápido.

—De verdad, soy yo quien debería haberte dicho esto —dijo Christ mientras se arrodillaba en una rodilla ante Sonia que estaba sentada en su banco. Suavemente colocó sus manos sobre las de ella antes de decir—. Soy un hombre que ya tiene treinta años, y sólo soy bueno en el arte de la guerra. Pero si quieres, haré todo lo posible para aprender administración de bienes. Si no te gusta todo mi vello corporal, me lo afeitaré cada día. Tendré cuidado de no dejarme crecer la barba. Nunca haré nada que te disguste. Así que te pido, por favor, que camines a mi lado mientras ambos vivamos.

Hubo un largo y prolongado momento de silencio. Las lágrimas se habían secado de los ojos de Sonia, y ella ahora miraba desconcertada.

Finalmente se atrevió a hablar.

—Por casualidad… ¿se está proponiendo…?

—De ninguna manera, me estoy declarando.

—¡No puedes ser…! Quiero decir, ¿no me ves como una niña? Sir Christ, ¿no prefiere, ya sabe el tipo más maduro y elegante, como la princesa heredera?!

—¿La princesa heredera? —preguntó Christ.

Al principio pareció desconcertado ante la mención de tan improbable candidata, pero luego dijo:

—Oh, eso. —Mientras se frotaba la barbilla a sabiendas.

—Si mal no recuerdo, solía haber un rumor al respecto entre las damas que asistían al palacio. Odio decir esto, pero surgió de unas pocas damas que estaban celosas de la princesa heredera.

—¿Qué quiere decir…?

—Comenzó cuando se decidió que se casaría con el príncipe Henry. Los celos de las mujeres que no eligió se volvieron enfermizos, que el príncipe Henry no pudo pasarlos por alto y se presentó personalmente ante todas ellas. Pensé que los rumores se habían calmado después de que él reprendiera y advirtiera a las damas que difundían los rumores de ser más conscientes en el futuro… —explicó. Suspiró con incredulidad que los rumores seguían extendiéndose y creciendo.

—Así que todo fue un malentendido… —dijo Sonia con un largo suspiro, sintiéndose exhausta. Al ver eso, una gran sonrisa se extendió por el rostro de Christ.

—¿Puedo intentarlo de nuevo? —preguntó. Sintiendo que él presionaba sus manos esta vez, el corazón de Sonia comenzó a latir de nuevo.

—Voy a saltarme algunas cosas, duquesa Sonia, por favor, cásese conmigo.

El caballero que estaba delante de ella la miró directamente a los ojos con sinceridad. Ya no se parecía al oso que ella vio cuando se conocieron. Aunque fuera peludo o tuviera barba, ya no le asustaría. El hombre que se le propuso apasionadamente era uno de los caballeros más preciados del reino.

Extendió su mano en mi momento de necesidad, sin prestar atención al peligro. Junto con el calor que la llenaba por dentro, las lágrimas se derramaron por sus mejillas, esta vez de alegría.

—Soy tan feliz… ¿Estás seguro de que soy lo suficientemente bueno? ¿No sigo siendo sólo una niña para ti?

—¿Qué te hace decir eso? ¡Eres una dama maravillosa, duquesa Sonia! ¡Podría decir lo mismo incluso con el poco tiempo que llevamos juntos! —insistió Christ con vehemencia.

Sonia le apretó las manos.

—Por favor, cuide de mí ahora y siempre, sir Cristford.

Al oír a Sonia aceptar, Christ sonrió ampliamente. A diferencia de cualquier sonrisa que había mostrado antes, parecía una mezcla de querer reír y llorar al mismo tiempo.

 

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