Traducido por Shisai
Editado por Shiro
Cuando aquella larguísima historia llegó a su fin, las lágrimas de Bai Lang ya habían empapado el cuello del pijama de Qiu Qian.
Mientras hablaba, tal vez porque la inmensa presión que cargaba en el pecho por fin había encontrado una salida, su llanto se volvió incontenible. Solo después de vaciarse por completo, experimentó una verdadera mezcla de agotamiento y alivio, al tiempo que la razón regresaba poco a poco a su mente.
—Si no me crees, no pasa nada —murmuró con voz ronca, acurrucándose contra el pecho de Qiu Qian—. Solo pensé que debía decírtelo. Debí habértelo dicho antes…
Qiu Qian, en ese momento, se limitó a seguir sujetándole la mano. Durante un largo rato, la oscuridad solo fue habitada por la respiración áspera de Bai Lang, quien guardó silencio mientras intentaba apaciguar sus emociones. Sin embargo, cuando intentó apartarse, los brazos que lo rodeaban se tensaron de pronto, atrayéndolo de nuevo con fuerza hacia el calor del torso ajeno.
Desde ese refugio, Bai Lang sintió una vibración que nació en el pecho contra el que estaba apoyado.
—Te creo.
Bai Lang se quedó inmóvil, escuchando cómo Qiu Qian continuaba:
—Pero las cosas serán diferentes… Excepto por ese paraguas que sostuve para ti en tu vida pasada. En esta vida, seguiré siendo yo quien lo sostenga.
Al escucharlo, las lágrimas de Bai Lang volvieron a desbordarse. Cerró los ojos y hundió más el rostro en el pecho de Qiu Qian, buscando refugio.
—Mm.
—Así que yo estaré bien. Tú también, y también el pequeño Hai —afirmó Qiu Qian, estrechándolo con un brazo firme, como si pronunciara un juramento—. Porque en esta vida no dejamos que el otro pasara de largo.
—… Mm —asintió Bai Lang. No sabía que Qiu Qian pudiera ser tan poético.
—En cuanto a Kang Jian, me encargaré de él más adelante. Así que ya no tienes por qué llorar.
Ante esas palabras, Bai Lang soltó una pequeña risa entreverada con el llanto. Usó el pijama de su amante para secarse torpemente el rostro y luego, venciendo el cansancio, alzó la cabeza. Sus ojos, hinchados y enrojecidos, se clavaron en los de Qiu Qian.
—… Te amo.
Los brazos alrededor de su cuerpo se cerraron todavía más.
—Yo también, conejito blanco.
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A partir de ese día, Qiu Qian dejó atrás cualquier rastro de enfado o impaciencia durante la rehabilitación. Progresó de manera constante, paso a paso, siguiendo con total obediencia las instrucciones de los médicos. Tenía determinación, optimismo y cooperaba plenamente; mientras existiera una pizca de esperanza, no defraudaría a Bai Lang.
A medida que su condición se estabilizaba, se trasladó al País D, referente mundial en medicina rehabilitadora, para recibir el tratamiento más avanzado. Bai Lang y Qiu Xiaohai lo acompañaron en cada paso del proceso. Tras dos años de esfuerzo, Qiu Qian logró lo que parecía un milagro: recuperar una capacidad para caminar similar a la de cualquier otra persona. Incluso su condición atlética quedó apenas un paso por detrás de la de un hombre sano.
Durante ese tiempo, tampoco tardó en ocuparse de los responsables del «accidente»: Ji Yi, la segunda esposa de Qiu Enxin.
Mientras él se encontraba gravemente herido, su poder y estatus dentro de la familia Qiu se vieron empañados por la incertidumbre. Sin embargo, pronto se descubrió que sus negocios estaban blindados; nadie más podía hacerse con ellos. Esto se debía a una cláusula estratégica que él mismo había incluido en sus contratos: si la titularidad de las partes implicadas cambiaba, la contraparte tenía el poder de rescindir el acuerdo de inmediato. En la práctica, esto significaba que todo el imperio por el que Qiu Qian había trabajado tan duro se desvanecería si él llegaba a faltar.
Esta era la vía de escape que que se había asegurado. Al fin y al cabo, no sentía un afecto profundo por la familia Qiu, y Qiu Enxin solo lo había acogido de nuevo cuando ya era un adulto. Aunque esto pudiera poner en duda su lealtad hacia el clan, también demostraba que sus socios valoraban, por encima de todo, su capacidad personal. En el mundo de los negocios, todos sabían que el éxito de un proyecto no dependía únicamente del capital, sino del cerebro que tomaba las decisiones.
De este modo, tras salir de la UCI y comenzar su rehabilitación, a Qiu Qian le bastó el apoyo de un pequeño equipo de leales para recuperar, para recuperar, casi sin esfuerzo, el poder que ostentaba antes del accidente. Una vez retomado el control, llegó el momento de la venganza.
Investigó a fondo a los responsables, tanto a quienes ejecutaron el golpe como a quien lo orquestó entre bastidores. Todas las pruebas apuntaban a Ji Yi. Sin embargo, deshacerse de ella no era suficiente; no estaba dispuesto a vivir el resto de su vida en guardia. Así que, mientras se «encargaba» de ella, sacó a la luz pruebas de la corrupción en la que varios de sus hermanos habían estado involucrados durante años. Aunque el único hecho real había sido el atentado organizado por Ji Yi, Qiu Qian arrastró deliberadamente a Qiu Kuo y otros al conflicto, acusándolos de ser cómplices en el intento de asesinato.
Sus acciones fueron increíblemente eficaces, despiadadas y crueles. Al enfrentarse a aquellas supuestas «pruebas», los acusados quedaron expuestos como tumores cancerosos para la familia Qiu, no solo por su sucia codicia, sino por su absoluta ingratitud. Aunque todos sospechaban que las evidencias habían sido magnificadas, Qiu Qian lo hizo tan bien que nadie fue capaz de encontrar una sola falla. Les cerró cualquier vía de escape, dejándoles como único destino la ruina. Incluso los ancianos del clan, que lo habían visto todo, quedaron impresionados por tal despliegue de poder.
Tras unos meses de aquella «limpieza», incluso Qiu Enxin parecía haber envejecido varios años. En ese mismo periodo, la inversión petrolera en el País V generó sus primeras ganancias y la división naviera recibió importantes pedidos. Presionado por los ancianos, Qiu Enxin finalmente anunció que Qiu Qian, artífice de estos éxitos, sería su sucesor y que le cedería el poder total en tres años.
En aquel momento, Qiu Qian ni siquiera se había levantado de su silla de ruedas. Sin embargo, su control sobre la familia Qiu ya era absoluto.
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En esos tres años, las inversiones de Bai Lang también florecieron de forma espléndida.
Cuatro años después de la publicación del primer libro de la serie, ya habían salido a la luz cinco volúmenes. La saga constaba de seis en total; solo faltaba el gran final. Las ventas de los libros y sus productos derivados generaron ganancias inimaginables, superando los mil millones de yuanes.
Todo ese capital fue reinvertido en la plataforma de comercio electrónico Full Circle. Durante su fase de expansión, Full Circle se consolidó como el sitio de compras en línea más grande y profesional del país. Al abarcar el comercio, la logística y los servicios financieros, la plataforma creció a una velocidad vertiginosa hasta transformarse en un auténtico gigante corporativo. Entre bastidores, Bai Lang poseía más de un tercio de las acciones totales que, sumadas a las de Qiu Qian, superaban los dos tercios. Se había convertido en alguien capaz de sacudir el mercado bursátil con un solo gesto.
Así, tras haber estado alejado de los platós durante tres años, no parecía que Bai Lang tuviera ninguna necesidad urgente de regresar a su antigua profesión. Sin embargo, él siempre insistió en que no sabía hacer otra cosa que actuar; además, era algo que realmente amaba. Aunque ese camino, al igual que en su vida pasada, estuviera plagado de dificultades, cuando Qiu Qian regresó a China tres años después, Bai Lang finalmente expresó su deseo de volver a la actuación.
Qiu Qian no puso ninguna objeción. Después de todo, Bai Lang había sacrificado por él tres de los mejores años de su carrera, por lo que era natural que quisiera compensarlo. Sin embargo, cuando Qiu Qian le propuso su ayuda, Bai Lang se limitó a sonreír y lo rechazó. Le explicó que, en ese momento, incluso sin el respaldo de su poder, ya era capaz de alcanzar una posición que le permitía interpretar cualquier papel que deseara. En cuanto al camino que quería seguir, prefería descubrirlo por su cuenta; Qiu Qian haría bien en no estropearle la diversión.
Qiu Qian no dijo nada, pero su expresión se volvió un tanto extraña. Llevaban juntos tantos años que Bai Lang percibió de inmediato que algo no iba bien. Tras insistirle, Qiu Qian terminó por admitir que, tres años atrás, cuando Bai Lang no estaba en condiciones de pensar en rodajes, él había comprado por completo Calle caótica.
En aquel entonces, el equipo de producción lo había esperado durante meses; solo cuando no pudieron aguardar más, tomaron la decisión de buscar a otro actor. En realidad, se resistían a aceptar que Bai Lang no interpretaría el papel. Al fin y al cabo, el personaje de Luo Zai había sido concebido y pulido personalmente por él; si alguien más lo asumía, el personaje perdería su esencia. Qiu Qian sabía cuánto corazón había puesto Bai Lang en ese rol y, al enterarse de que pretendía abandonar la actuación, decidió adquirir la producción completa.
Al escuchar esto, Bai Lang no supo si enfadarse o reír. Le preguntó:
—¿En ese momento no llevabas una máscara de oxígeno puesta todos los días?
Qiu Qian se encogió de hombros y respondió que Er Hong era capaz de descifrar su horrible letra. Acto seguido, atrajo hacia sí a Bai Lang, que lo miraba con incredulidad, lo besó y le preguntó:
—¿Quieres retomar ese papel?
¿Cómo iba Bai Lang a negarse? No solo era el deseo de Qiu Qian, sino también uno de los mayores arrepentimientos que guardaba en su corazón. Así, el rodaje de Calle caótica se convirtió en el primer proyecto de Bai Lang tras su regreso oficial al mundo de la actuación.
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Pero, más allá de cualquier circunstancia, en esos tres años el mundo del espectáculo había experimentado cambios profundos.
Rong Siqi no solo había ganado tres importantes premios de canto en años consecutivos, sino que se había consolidado como el intérprete más exitoso y prometedor del momento. Había alcanzado el estatus de superestrella, capaz de abarrotar los principales recintos con conciertos de entradas agotadas. En su vida pasada, su ascenso no había sido tan vertiginoso. En esta ocasión, quizá por haberse confirmado su parentesco con la influyente familia Rong, su entorno lo impulsó con fuerza y su música alcanzó rápidamente a un público masivo. Además, Rong Siqi poseía una ética profesional intachable: no permitía que los elogios lo deslumbraran ni que afectaran su búsqueda constante de la perfección. Con ambos factores actuando en sintonía, lo extraño habría sido que su carrera no avanzara a tal velocidad.
En cuanto a Zhu Kuan, durante ese mismo periodo había rodado dos películas muy bien recibidas. Tras el éxito meteórico en taquilla de Oro y jade, logró abandonar definitivamente las filas de los directores noveles. El año en que se estrenó Oro y jade, quizá por centrarse en exceso en la popularidad y la recaudación, no obtuvo la nominación a mejor director. Sin embargo, sus dos largometrajes posteriores, respaldados por el fenómeno de Oro y jade, no carecieron de financiación y atrajeron el interés de numerosas estrellas. Ambas obras triunfaron tanto en taquilla como ante la crítica. Muchos afirmaban que ya era hora de que Zhu Kuan rodara un filme con la clara intención de competir por el premio Golden Emperor; ese comentario, por sí solo, bastaba para demostrar que ya contaba con el pleno reconocimiento del público.
A los amigos de Bai Lang les iba de maravilla; y a quienes no lo eran, también. Fei Hong, quien había lanzado aquella advertencia antes del accidente de Qiu Qian, perdió el patrocinio de Qiu Kuo. Sin embargo, no decayó en absoluto. Al contrario, parecía haber alcanzado una especie de iluminación: su técnica actoral había progresado notablemente. Ya no se limitaba a interpretar a la heroína protagonista, sino que estaba dispuesta a despojarse de su imagen para asumir roles más controvertidos y antagónicos. Tras tres años de arduo trabajo, muchas voces afirmaban que merecía recibir por segunda vez el título de emperatriz del cine; solo que, en esta ocasión, el reconocimiento sería auténtico.
En cuanto a Kang Jian, que en ese momento estaba en el punto de mira de Qiu Qian, su ascenso resultó aún más asombroso. Tras casarse con Li Sha, aprovechó su condición de yerno del director de Harmony Entertainment para asegurarse excelentes oportunidades. La primera fue la adaptación de una popular novela wuxia, donde interpretó al hermano discípulo mayor del protagonista: un hombre de apariencia astuta que, en el fondo, era leal y valiente. El personaje resultó sumamente atractivo y el éxito de la producción estuvo garantizado. A partir de ahí, Kang Jian, valiéndose de diversas tácticas y maniobras, logró impulsar su papel hasta convertirlo en el protagonista, consolidando su camino hacia la fama.
Cuando aquel drama terminó, el resultado fue similar al que obtuvo Bai Lang con Partners: Kang Jian se convirtió en un nombre familiar, presente en cada conversación cotidiana. Lejos de detenerse, protagonizó una comedia urbana ligera donde volvió a interpretar a un personaje con apariencia de playboy y corazón leal. Esa contraposición prolongó el encanto de su obra anterior, dejando una huella todavía más profunda en el público. Ambas producciones fueron de larga duración y se mantuvieron en antena durante meses. Al emitirse de forma consecutiva, consiguieron que la popularidad de Kang Jian se disparara hasta el cielo.
En aquel entonces, incluso si solo pasaba por la empresa, ya se veía rodeado por fanáticos que aguardaban en la entrada gritando su nombre. Sin embargo, Kang Jian, que apenas había empezado a amasar una buena fortuna, tomó sus ganancias e invirtió en negocios ajenos al espectáculo. Aunque era un método habitual para hacer crecer el patrimonio, los conocedores del sector comprendían que su razón era otra: no quería seguir bajo el control de su suegro. Por eso, cuando Bai Lang regresó al país y volvió a ver a Kang Jian por primera vez, no fue en un plató de rodaje.
Fue en el vestíbulo de Full Circle.
