Traducido por Haku
Editado por Herijo
La persona que vino a visitarme fue alguien completamente inesperado.
—B-buenas tardes…
Quien inclinaba la cabeza con timidez era la misma persona de la que nos habíamos despedido apenas ayer. La hija del jefe de la aldea de Rencia… Renge, creo que se llamaba.
—Eres Renge, ¿verdad? ¿Qué ha ocurrido?
—Ah, bueno, quería hablar con usted de una cosa…
—Vaya, vaya, ¿una charla de chicas? En ese caso, esta Satsuki se retirará para no ser un estorbo. Solo les traeré un té, así que pónganse cómodas en la mesa que prefieran.
—Disculpe las molestias, señorita Satsuki.
—¡Qué va, qué va! La miel de su aldea es siempre de la mejor calidad, así que esto es un pequeño detalle de mi parte. ¡Hasta luego!
Tal y como dijo, Satsuki volvió un momento a la cocina para preparar el té, lo sirvió en la mesa y regresó de inmediato a la zona residencial.
Nos quedamos a solas Renge y yo. Bueno, y Kuzuha, que se había unido a nosotros con toda naturalidad.
Renge miraba su propio reflejo en el té con semblante solemne. Parecía muy preocupada. Como no tenía ninguna prisa, me limité a beber mi té lentamente y a esperar a que hablara, sin presionarla. No cabía duda de la habilidad de Satsuki: el té estaba delicioso.
Poco después, rompió el silencio.
—La verdad es que… he venido a pedirle si podría volver a Rencia una vez más.
—¿Otra vez? ¡Pero si acabamos de volver ayer! —exclamó Kuzuha.
—Sí… —respondió Renge, asintiendo con las cejas arqueadas en un gesto de disculpa.
Continuó hablando mientras me lanzaba miradas de soslayo.
—Verá… sobre el asunto de los devoradores de miel de ayer, parece que no aparecieron de forma natural.
—Ya veo.
Sus palabras no me sorprendieron. Aunque ayer fue la primera vez que vi a esas criaturas, Kuzuha y los demás ya habían notado algo extraño Si el comportamiento anómalo de los devoradores de miel había sido provocado por algún tipo de magia o una habilidad para controlar seres vivos, similar a mi contrato de sangre, entonces todo encajaba.
—Hay unos ladrones que andan detrás de la miel… Utilizaron magia para controlar a los devoradores de miel y hacer que arrasaran con todo. Aprovechando el caos, robaron la miel. Nos dimos cuenta de todo ayer…
—Ladrones, ¿eh?
Al oír esa palabra, el recuerdo de un peculiar trío me vino a la mente, pero seguramente no eran ellos. El estilo de Terrier y su grupo era más directo; no creía que recurrieran a un método tan enrevesado. Esos artistas eran mucho más íntegros de lo que aparentaban. Si hicieran algo, sería un ataque sorpresa, pero de frente y con descaro. Eran esa clase de gente.
Eso significaba que era obra de otros ladrones, pero… no sabía qué pensar.
—Por favor, vuelva a Rencia… Ayúdenos.
—Sí, me niego.
—¿Eh?
—Dije que me niego.
El asunto me daba curiosidad, pero de ahí a meterme en semejante embrollo era muy diferente. No es que les deba ningún favor, ¿por qué demonios tendría que hacer algo así? Acababa de volver y ni siquiera había podido echarme la siesta. Lo normal era que me negara. Aunque me molestaba que me mirara con esa cara de “no me esperaba que me rechazara”.
—¡P-pero, Arge!
—Creo que esas cosas deberías pedírselas a Akisame. Parece que tienen una especie de sistema de mercenarios, así que también podría recurrir a ellos.
—Ahora que lo mencionas, es verdad… —dijo Kuzuha, que se había levantado de un salto, visiblemente alterada, pero mis palabras lograron calmarla.
Exacto. Si surgía un problema, había procedimientos adecuados, como contratar a profesionales o informar a la administración de su propio país. La razón para pedírnoslo a nosotros, a quienes conoció ayer, era muy poco clara. Y, además, era un fastidio.
—B-bueno, es que… si se lo pido a él, el problema se hará demasiado grande. Además, nuestra aldea es pequeña y no tenemos dinero para contratar mercenarios…
—Entiendo. Pero eso no es asunto mío.
—¡N-no puede ser! ¡Se lo ruego, le daremos una recompensa…!
—Aunque me hable de una recompensa, no hay nada que desee especialmente.
Vaya que insiste esta mujer.
Hay algo que no me cuadraba. Mi duda inicial de “¿por qué ha venido hasta aquí?” había pasado a ser “¿por qué tengo que ser yo?”. Su comportamiento era extraño. No parecía que lo que decía fuera mentira. Era posible que si recurría a Akisame la cosa se magnificara y el valor comercial de la miel se viera afectado, y también podía entender que una aldea pequeña no tuviera mucho dinero.
Pero aun así, algo no encajaba. Si fuera por una cuestión de confianza, podría habérselo pedido a Satsuki. Parecían conocerse, así que sería más fácil, y ella es tan buena persona que probablemente no se negaría. Sin embargo, actuaba como si tuviera que ser yo, como si su único objetivo fuera llevarme a mí. Esa sensación de extrañeza no se me iba. Parecía sincera, pero a la vez era como si le faltara algo.
Quizá hay algo que quiere mantener oculto a Akisame y a sus socios comerciales, y pretende usarnos como una solución conveniente.
—Arge…
—¿Qué?
—No sé… ya que lo está pidiendo con tanta insistencia, creo que podrías escucharla, ¿no te parece? Si lo solucionamos rápido y volvemos, podrás ver a esa persona que está esperando.
Al parecer, Kuzuha creía erróneamente que me preocupaba perderme la visita de Zeno. La verdad es que era pura y simplemente porque me daba pereza, pero como corregir el malentendido también me daba pereza, lo dejé pasar.
El problema era que, a este paso, Kuzuha parecía dispuesta a ir a Rencia incluso sola. Sabía que su capacidad de combate era alta, así que no debería haber problema, pero el extraño comportamiento de Renge me inquietaba. Me preocupaba dejar que una niña fuera sola a un lugar donde podría encontrarse con problemas. Admito que Kuzuha tenía una fuerza de combate impresionante, pero su nivel de atención era bastante cuestionable.
—De acuerdo. Mencionaste una recompensa, ¿de qué se trataría exactamente?
—Cualquier cosa que yo o la aldea podamos hacer.
—Entendido. Entonces… ¿podrías conseguir que en el futuro le vendan la miel a esta tienda a un precio más bajo?
—De acuerdo. Estoy segura de que mi padre no se opondrá si es para ayudar a la aldea.
Satsuki nos ha ayudado muchísimo hasta ahora con el alojamiento, la comida y guiándonos por la ciudad. Aunque ella y sus empleados seguramente dirían que “no hay de qué preocuparse”, para mí ya se había convertido en una deuda de gratitud. Si Renge era una de sus socias comerciales, conseguir un trato más favorable para ella en el futuro sería una forma excelente de devolver el favor.
Era un fastidio y tenía mis dudas, pero me preocupaba más dejar que Kuzuha fuera sola. Y si además podía devolver un favor, supongo que valía la pena. Con Kuzuha y yo juntas, deberíamos poder resolver un problema menor sin dificultad. Solo teníamos que terminarlo rápido y volver. Que siguiera insistiendo sin parar también sería un fastidio a su manera.
—De acuerdo. Vayamos a Rencia una vez más.
—¡Arge…!
—¡M-muchísimas gracias!
—Renge, ¿has venido a caballo?
—Sí, he venido a toda velocidad con el más rápido de la aldea… Como Kuro está con usted, pensé que seguramente la encontraría aquí.
—Perfecto. Nosotros también iremos a caballo, así que te pediremos que nos guíe.
El viaje en carruaje nos llevó un día entero, pero fue un trayecto muy relajado, probablemente por consideración a Akisame. Si vamos ligeros a lomos de Neguseo, podremos movernos mucho más rápido que la otra vez. Si salimos ahora, puede que lleguemos antes de que anochezca.
—Antes de irnos, pidámosle a Satsuki que deje un recado en el gremio de comerciantes, ¿de acuerdo, Kuzuha?
—¡Entendido!
No creo que tardemos mucho, pero existe la posibilidad de que Zeno regrese antes. Satsuki dijo que tenía que pasarse por el gremio, así que aprovecharemos para que les informe de nuestro destino.
—¡Je, je, je! ¡Al final es usted muy amable, Arge!
—No creo que sea eso.
No lo hago por el bien de Renge, así que no me parecía que fuese amabilidad. Mis motivos eran devolverle el favor a la Satsuki y mi propia inquietud por dejar que una amiga vaya sola. He cambiado de opinión por mis propias razones, lo que me parecía bastante egoísta, pero Kuzuha se veía muy contenta.
Aunque la reacción de mi amiga me pareció curiosa, decidí no decir nada más.
