Emperatriz Abandonada – Capítulo 13: La celebración del Día de la Fundación (2)

Traducido por Lugiia

Editado por YukiroSaori


♦ ♦ ♦

—¿Cómo está la situación del despliegue de los caballeros?

—Todas las princesas tienen caballeros escoltas de su propio país. Por ello, nuestro escuadrón se encarga principalmente de la seguridad de los palacios. Creo que hay unos treinta caballeros y setenta aprendices de caballero para cada palacio.

—¿Y?

—Para prepararnos para el peor de los casos, se han duplicado los caballeros que aseguran el palacio del príncipe heredero y el palacio central. Por el momento, tendremos que vigilar cómo se da la situación.

—Ya veo. Ha hecho un buen trabajo, escudera Aristia.

Después de unos diez días desde que las princesas extranjeras llegaron a la capital, recorrí el palacio interior con el duque Rass y comprobé el estado de la seguridad. Mirando alrededor del palacio central y del palacio del príncipe heredero, estaba a punto de dirigirme a inspeccionar el lugar donde se encontraban las princesas cuando vi a una chica acercarse desde el extremo opuesto.

Con el cabello rojo liso y los ojos verdes, un vestido verde llamativo como ningún otro, la chica caminaba hacia el palacio del príncipe heredero. Al igual que la chica del otro día, probablemente era una de las candidatas a esposa del príncipe heredero.

—Caballeros.

Había dudado ya que no podía saludarla ni recibir un saludo primero, pero me detuve en seco cuando la chica habló con voz arrogante. Como no podía ignorarla cuando ella me había hablado primero, miré ligeramente al duque Rass.

—¿Qué sucede? —pregunté.

—Justo a tiempo. Todavía no estoy familiarizada con el lugar. Espero que puedan acompañarme.

¿Qué ha dicho? Me giré por reflejo hacia el duque y vi que arqueaba las cejas. Tras un rato de silencio, el duque siguió caminando mientras ignoraba las palabras de la chica.

—¿Acaban de ignorarme?

—¿De qué país es, princesa?

Oh, vaya. Aunque no hubo ningún cambio en el tono de su voz, ya que en el pasado fue mi maestro y alguien a quien he estado sirviendo como escudera, sabía que estaba bastante irritado.

Era alguien que solía estar de acuerdo con las cosas, pero que rechazaba incluso las órdenes del emperador si las consideraba incorrectas. No mostraba piedad con nadie que no cumpliera las reglas, aunque fuera de la misma facción. Por eso, a todos los nobles les resultaba difícil tratar con él. Una persona así no dejaría pasar esto sin más.

—¿Quiere que me presente primero? ¿Es así como se trata a un invitado extranjero?

—De acuerdo. Déjeme presentarme primero por cortesía con un invitado extranjero. Soy Arkint De Rass, el jefe de la casa Rass.

Noté que los caballeros que estaban detrás de la princesa se estremecían. Eso se debía a que era el jefe de la familia número uno del Imperio, la casa Rass. Ser miembro de la familia de un duque significaba estar al mismo nivel que la familia real de un reino. Y siendo el duque, el jefe de la familia, serías equivalente a un rey. No era alguien a quien una princesa desconocida pudiera dar órdenes o tratar mal. No obstante, a diferencia de los caballeros que nos miraban con ansiedad, la princesa hablaba con seguridad.

—Así que usted es el jefe de la casa Rass, la Espada del Imperio. Soy la primera princesa del Reino de Yit, Moira De Yit. Siento no haberle reconocido. He sido grosera.

—¿No me ha reconocido? Está aquí como candidata a esposa del príncipe heredero, y, sin embargo, no se ha enterado de los nobles del Imperio antes de venir… Bueno, está bien. Escudera Aristia, vamos.

El duque comenzó a caminar tras mirar incrédulo a la princesa. Sin embargo, la princesa lo detuvo.

—Espere.

—¿Qué sucede, princesa Moira?

—Reconozco que he sido grosera con usted. Sin embargo, el caballero que está a su lado ha sido grosera conmigo.

—¿Qué quiere decir con eso?

Sus ojos verdes brillaron con una luz fría mientras me miraba. De repente, me di cuenta.

Esto era lo que ella quería. Ya sabía quiénes éramos y nos había detenido fingiendo no saberlo a propósito, para encontrar una excusa que me hiciera inclinarme ante ella.

—Escudera Aristia, ¿no es de la casa Monique? Aunque su casa sea tan favorecida como la familia de un duque en el Imperio, sigue siendo solo la hija de un marqués. Mientras use el segundo nombre “La”, está por debajo de las personas que usan el segundo nombre “De”. En ese caso, ¿cómo no me ha saludado primero?

»Sé que es la prometida del príncipe heredero y que he venido como candidata a su esposa. Sin embargo, en esta posición, yo soy la primera princesa del reino de Yit, y usted solo es una dama de la casa Monique. Entonces, mientras no me haya presentado como candidata, ¿no es de buena etiqueta que usted me salude primero?

El duque Rass guardó silencio. Estrictamente hablando, ella tenía razón. Como aún no se había presentado formalmente como candidata a esposa, su posición no era de candidata, sino de princesa de un reino.

En el momento en que se presentara como candidata a esposa, tendría inmediatamente una posición inferior a la mía, que sería la primera esposa. Sin embargo, su posición actual era más alta que la mía. A pesar de recibir el mismo trato que la hija de un duque, mi identidad seguía siendo la de la hija de un marqués.

De alguna manera me sentí ofendida. ¿Por qué me comportaba de esta manera? Si iba a ser la heredera de mi familia, puede que tenga que servirla de todos modos. Gracias a estas princesas, podría escapar de mi destino de convertirme en concubina, así que ¿por qué me ofendo? Debo controlarme.

Respiré hondo. Cuando estaba a punto de rendirle el debido respeto, una voz fría habló de repente.

—Ha pasado mucho tiempo, duque Rass.

—Su Alteza, el Futuro Sol del Imperio.

Quizás había salido a tomar aire mientras cumplía con sus obligaciones, ya que sus escuderos le seguían. La princesa, quien me había estado mirando fríamente, de repente sonrió con elegancia y se inclinó.

—Por fin puedo volver a verle, Su Alteza. Soy la primera princesa del reino de Yit, Moira De Yit. Por favor, llámeme Mona.

—Encantada de conocerla, princesa Moira.

Aunque ella le había pedido que la llamara por un apodo, él se limitó a cortarla, pero la princesa no perdió la sonrisa.

—He venido como candidata a su esposa, pero me ha costado tanto verle que he estado a punto de pedir una reunión a pesar de saber que podría ser descortés. Al verle de esta manera, estoy segura de que el destino existe.

—¿Es así? Lo siento entonces.

—Si no es descortés de mi parte, ¿podría dedicarme algo de su tiempo?

La chica habló con recato, pero el príncipe se giró para mirarme y dijo:

—Ahora mismo estoy muy ocupado.

—No le molestaré. Por favor, solo permítame caminar a su lado.

—Bueno, lo que usted quiera. Duque Rass, nos vemos la próxima vez.

Le vi desaparecer con ella y apenas exhalé el suspiro que había estado conteniendo. De repente, al mirar mis mangas, vi que se había depositado algo de polvo en ellas. Como el uniforme desaliñado me molestaba, lo ajusté repetidamente.

Hiciera lo que hiciera, no me gustaba. Me ajusté la ropa unas cuantas veces más y el duque Rass, quien me había estado observando sin hablar, suspiró al hablar.

—Es suficiente, escudera Aristia. Se ve lo suficientemente arreglada.

—Sí, señor.

—La princesa de antes parece una de las candidatas que apoya la facción de los nobles. Aunque no sabía que nos encontraríamos con ella aquí, parece bastante dura.

El duque se quedó mirando hacia donde habían desaparecido ella y el príncipe heredero y me miró con desgana en sus ojos.

—Por la forma en que se comportó con usted, parece que aspira claramente a ser la próxima emperatriz y no solo su esposa. No entiendo en qué está pensando el emperador. Sin embargo, creo que el que usted se convierta en la próxima emperatriz es más beneficioso para el Imperio que el que se convierta en la heredera. —El duque observó la expresión en mi rostro y añadió—: He hablado sin necesidad; olvídelo. Vámonos.

Seguí al duque cuando se dio la vuelta. Era hora de volver al trabajo.

♦ ♦ ♦

Unos días después, al encontrarme con Carsein a la salida del palacio, nos dirigimos juntos al almacén de carruajes. Vi a una chica conocida que pasaba junto a nosotros, pero había algo raro. ¿Conocía a alguna mujer en el palacio? Definitivamente, me resultaba familiar.

—Esa mujer de ahí, no está vestida como otras que trabajan en el palacio interior. Si no trabaja aquí, ¿quién es ella para andar por el palacio? Ni siquiera tiene escolta.

Solo entonces recordé dónde la había visto. Era la mujer que había visto con el príncipe heredero el día que volvía a casa con Allendis, agotada de trabajar por las noches.

En ese caso, era una candidata a esposa del príncipe heredero. ¿Cómo es que andaba sola sin un solo caballero a su lado?

Como noble de este Imperio, antes de ser caballero, no podía dejar que una familia real de otro país vagara sola por el palacio, así que estaba a punto de acercarme a ella apresuradamente. Si no fuera por el caballero que corrió hacia ella, lo habría hecho.

—¿Kaysian?

Tal y como dijo Carsein, el caballero de cabello rojo no era otro que el señor Rass. Como llevaba el uniforme del Segundo Escuadrón de Caballeros con su insignia roja, estaba segura de que era él. Después de que se acercara a la princesa, hablaron durante algún tiempo.

Ahora que lo pienso, él era responsable de la seguridad de uno de los palacios donde se alojaban las princesas. Tal vez también esté a cargo de ella.

Entonces, no necesito prestarle más atención. Estaba a punto de girarme mientras organizaba mis pensamientos cuando me detuve ante las palabras de Carsein.

—¿A dónde van? Ese es el camino que sale del palacio.

—Tienes razón.

Para mi sorpresa, los dos se dirigían a la salida del palacio. Como no entendía la situación, miré a Carsein por un momento y parpadeé.

Oh, Dios.

Un pensamiento surgió de repente en mi mente.

—Vamos a seguirlos —dije.

—¿Eh? ¿Por qué?

—No sé de qué reino es, pero es una princesa. Si algo malo sucede mientras el señor Rass la escolta, nuestro imperio será responsable. Además, está aquí como candidata a esposa del príncipe heredero. Si un escándalo sale sobre ella con el señor Rass…

—Ya veo. Deberíamos alcanzarlos antes de que desaparezcan. Vamos.

—De acuerdo.

Carsein y yo nos apresuramos a seguirlos. Caminaron un buen rato después de salir del palacio, y siguieron pasando por las numerosas mansiones de los nobles.

Los dos caminaron más rápido de lo esperado, así que Carsein y yo solo los alcanzamos cuando llegaron al centro de la ciudad, donde había muchas tiendas para nobles.

—Kaysian.

—Sein, señorita Aristia. ¿Qué están haciendo aquí? —preguntó el señor Rass, alarmado.

La princesa miró al señor Rass antes de preguntarme alegremente:

—Señorita Aristia, ¿no nos hemos visto antes?

—No, no nos hemos…

—Encantada de conocerla. Soy la segunda princesa del Reino de Rua, Princia De Rua. Cuando la encontré antes, quise presentarme, pero la situación no lo permitió.

—Ah, sí. Soy la única hija del marqués Monique, Aristia La Monique.

A diferencia de la princesa de Yit, quien me había pedido arrogantemente que me presentara primero, ella se había presentado de forma casual primero mientras sonreía con alegría.

—Tenía ganas de conocerle, y después de ver al príncipe heredero, quería acercarme aún más a usted. Tenía curiosidad por saber qué clase de persona era.

—¿Perdón? ¿Por qué…?

¿Por qué quiere acercarse a mí? El Reino de Rua es un país fuerte como el Reino de Lisa. Como princesa de tal reino, ¿qué quiere de mí? A pesar de los rumores sobre mí, soy la prometida del príncipe heredero, así que ¿quiere utilizarme para llegar a él? ¿O quiere algo de mi familia?

Como si se hubiera dado cuenta de que desconfiaba de ella, la princesa sacudió ligeramente la cabeza.

—Ah, no quiero llegar al príncipe heredero estableciendo amistad con usted. No tengo el más mínimo interés en él. No me gustan los hombres fríos.

»No hay ninguna razón. Solo me preguntaba cómo era la famosa hija de la casa Monique. Me fascinó que entrara en el escuadrón de caballeros a pesar de su identidad como prometida del príncipe heredero. No es algo que pueda hacer cualquiera.

Me mantuve en silencio al no saber qué responder. Después de mirarme sin comprender, sonrió alegremente.

—Ya que nos conocemos, vamos a comer juntas. De todos modos, ya es hora.

—Creo que es mejor que vuelva al palacio…

—Por favor. Apenas he logrado salir y no quiero volver sin hacer nada. Yo también quería ver cómo era la capital.

—Pero…

—Está bien, princesa, pero después de comer, tenemos que volver directamente a palacio —interrumpió Carsein de repente y la princesa sonrió ante sus palabras.

—Gracias. ¿Cómo se llama?

—Carsein De Rass. Soy el segundo hijo del duque Rass.

—Oh, Dios, veo que es el hermano menor del señor Rass. Encantada de conocerle. Entonces, señor Carsein, si está bien, ¿podría recomendarme un restaurante?

—Si camina un poco hacia allá, hay un lugar decente. Le guiaré.

Los dos parecían llevarse bien mientras empezaban a caminar juntos.

¿Carsein? ¿Qué le sucede?

Aunque estaba un poco desconcertada, no tuve más remedio que seguirlos y caminar con el señor Rass.

Como ya se habían adelantado bastante, comencé a caminar rápidamente. Solo tardé un momento en darme cuenta de que estaba sola. Me di la vuelta para encontrar al señor Rass inmóvil y mirando fijamente a Carsein y a la princesa. ¿Qué le pasaba?

—¿Señor Rass?

—Ah, ¿me ha llamado, señorita Aristia?

Sobresaltado, comenzó a caminar de nuevo y se apresuró a alcanzarlos.

Mientras trataba de igualar sus pasos, pregunté con cuidado:

—Señor Rass, usted está a cargo del palacio donde se aloja la princesa, ¿verdad?

—¿Perdón? Ah, sí.

—¿Qué clase de persona es la princesa? Parece que no puedo leerla.

Sus ojos rojos cobraron vida de repente. A diferencia de su habitual calma, el señor Rass habló con voz emocionada.

—Ella es amigable con sus subordinados y es amable con los caballeros del Imperio. Por supuesto, eso no significa que sea amable con todo el mundo. Cuando lo necesita, muestra claramente su autoridad. Tuvo un enfrentamiento con otra princesa, pero fue muy fría…

»Aunque su reino no puede compararse con el Imperio, de entre todos los reinos, el de Rua es el más fuerte. Además, así como su derecho de nacimiento, ella es segura de sí misma y serena. Es una princesa muy ideal.

—Ah, sí. Ya veo.

Asentí dócilmente con la cabeza, ya que estaba un poco abatida. Aunque lo conocía desde hace mucho tiempo, nunca había visto al señor Rass actuar de esa manera. ¿Era una persona tan impresionante? Solo sabía que él se parecía a su padre en su forma de actuar, pero era extraño verlo hablar tan emocionado.

Ladeé la cabeza y seguí a Carsein y a la princesa, quienes se habían adelantado. Llegamos a un restaurante exclusivo para nobles que era muy popular entre los restaurantes del centro de la ciudad.

Antes de que nos hubiéramos sentado, Carsein me dijo:

—Tienes filete y ensalada de salmón. Si solo comes verduras como la última vez, te regañaré.

—¿Por qué actúas así?

—Ya te lo dije en ese entonces. La fuerza física lo es todo para un caballero. Tienes que comer bien. Comer solo verduras no ayudará.

—De acuerdo.

Asentí de mala gana. La última vez tampoco me permitió elegir mi comida. El día que dijo que me invitaría a cenar para conmemorar que se había convertido en mi superior, Carsein me obligó a cambiar el menú cuando pedí verduras. ¿Por qué estaba haciendo lo mismo hoy también?

Sin embargo, sin importarle mi estado de ánimo, él me sonrió con satisfacción.

La princesa nos miró y se volvió hacia el señor Rass.

—Señor Rass, ¿podría elegir mi comida también?

—¿Y-Yo? —tartamudeó el señor Rass, algo nada habitual en él.

Cuando lo miré con perplejidad, sorprendentemente se sonrojó. Como si estuviera desconcertado, levantó el menú y dijo:

—Aunque el filete de ternera está bien, a veces la carne de aquí es mala… Ah, ¿qué le parece pescado? El pescado de aquí está bien. Ah, o qué tal el pastel de trufa…

—¿Hmm? —Carsein, quien había estado eligiendo su propia comida, levantó de repente la cabeza. Observó a su divagante hermano y, estupefacto, añadió—: El filete de aquí está bien, princesa.

—Ah, ¿es así? Entonces, me quedaré con eso. Le agradezco sus recomendaciones, señor Rass, pero había tantas que elegir es difícil. Probaré su recomendación la próxima vez. Lo siento.

—E-Está bien, princesa. —El tartamudo señor Rass enterró en silencio su cara en el menú.

Cuando terminamos de pedir, la comida se sirvió pronto y todos hablamos mientras movíamos los tenedores. La mayoría de las veces, la princesa me hacía preguntas y yo respondía mientras Carsein interrumpía a veces.

El señor Rass apenas entraba en la conversación y tenía un aspecto bastante rígido mientras se llevaba la comida a la boca en silencio. Como si le molestara su silencio, la princesa, quien había estado hablando de todo tipo de cosas a partir de las memorias de su vida, le miró de repente de reojo.

—Señor Rass.

—¿S-Sí?

Ella ni siquiera lo había llamado tan fuerte, pero aun así se sobresaltó. Debido a eso, el cuchillo que había estado sosteniendo cayó al suelo ruidosamente.

Mirando el cuchillo y al señor de forma alternada, con una expresión de estupefacción, Carsein preguntó en tono sospechoso:

—¿Estás enfermo, hermano? Hoy estás muy raro.

—No es nada, Sein. Estoy bien. No le des importancia.

—Hmm, dime si no te sientes bien.

El señor Rass asintió, con la cara sonrojada. Dejé el tenedor, pensando que estaba avergonzado por su error, cuando de repente oí una voz familiar.

—¿Señor Carsein?

—¿Hmm? —La voz pertenecía a la señorita Kirina. Detrás de ella había algunas damas que habían formado parte del grupo de la señorita Ilyia. Carsein respondió con rigidez, a diferencia de lo que era habitual en él—: Disculpen, pero ¿quiénes son ustedes?

—Nos conocimos en la fiesta de jardín de la casa Verita, pero parece que no se recuerda. Soy Kirina se Vir.

—Ya veo.

—Sí, también fui a su fiesta de felicitación.

Sonriendo recatadamente a Carsein, quien la miraba sin comprender, la señorita Kirina se volvió para hacer una reverencia hacia el señor Rass. Después, me miró por un momento antes de dudar y se inclinó hacia mí con una sonrisa como si no hubiera pasado nada.

Aunque parecía que no sabía quién era, también saludó a la princesa antes de despedirse de nosotros y alejarse.

—Parece que está interesada en el señor Carsein.

Ante las descaradas palabras de la princesa, Carsein se encogió de hombros y respondió:

—Eso es imposible.

—Creo que es cierto.

—Aun así, no estoy realmente interesado.

—¿De verdad? Entonces, ¿qué tipo de chica le gusta?

Ante la repentina pregunta, debería haberse sorprendido, pero Carsein respondió como si ya hubiera pensado la respuesta:

—Me gustan las mujeres que son como espadas.

—Oh, Dios, sí que es un caballero hasta la médula. «Las mujeres que son como espadas». Espero que conozca a una buena mujer.

La princesa dudó un momento antes de sonreír como si estuviera aludiendo a algo y me miró. ¿Qué era esto? ¿Por qué me miraba así?

—Señorita Aristia.

—Se está haciendo tarde. Es hora de que regresemos, princesa.

La interrumpí, fingiendo no darme cuenta, ya que de alguna manera me sentía incómoda, aunque no sabía por qué. La princesa se levantó con una sonrisa, y Carsein y yo la seguimos.

Sin embargo, el señor Rass estaba inmóvil. Estaba pensando en algo tan profundo que Carsein tuvo que llamarlo varias veces antes de que pareciera despertar de sus pensamientos y se levantara apresuradamente pidiendo disculpas.

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