Emperatriz Abandonada – Capítulo 15: La villa real de verano (2)

Traducido por Lugiia

Editado por YukiroSaori


♦ ♦ ♦

—Nos han rodeado —comenté, al oír el sonido de los caballeros gimiendo aquí y allá.

Siguiendo la sugerencia del señor Giss, invadimos por un camino estrecho y llegamos sin problemas a un lugar donde podíamos ver el palacio Della. Sin embargo, parecía que esto también formaba parte del plan del enemigo. Viendo cómo nos habían bloqueado rápidamente por delante y por detrás, estaba segura de ello.

¿Qué deberíamos hacer? No podemos abrirnos paso con tan poca gente.

Habíamos perdido a una persona más en el camino, dejándonos con seis, mientras que los enemigos tenían una unidad entera delante y detrás de nosotros. Era una lucha en desventaja de tres contra uno, pero era un alivio que el estrecho camino solo pudiera albergar a unas cinco personas una al lado de la otra.

Me mordí el labio, enfrentándome al caballero enemigo que se había acercado. El enemigo lanzó un grito y atacó.

En cuanto bloqueé la espada de la derecha con mi escudo, otra espada me apuntó a los hombros. Me apresuré a bajar el cuerpo. Cuando vi que la espada pasaba por encima de mi cabeza, me recorrió un escalofrío.

Mientras respiraba aliviada, otra espada que apuntaba a mi pecho pasó volando, haciendo que fuera demasiado tarde incluso para bloquearla con mi escudo. Mientras cerraba los ojos pensando que era el fin, otra espada pasó volando y la bloqueó. Era Carsein.

—Ten cuidado.

—Gracias —dije mientras daba un paso atrás. Los enemigos habían matado a uno más de nosotros y ahora solo quedábamos cinco. Parecía que íbamos a perder a este ritmo.

Tiene que haber una forma de salir de esto.

Mordiéndome el labio de nuevo, me protegí de un enemigo que apuntaba a la retaguardia, cuando de repente, un edificio no muy lejano me llamó la atención. Un pensamiento me vino de repente a la mente.

¿Será posible?

Nos encontrábamos en un pasaje utilizado por las concubinas para entrar en una de las villas reales, el palacio Lotus. Era un camino bastante estrecho entre dos edificios uno frente al otro. Gracias a ello, ahora podía ver que el edificio opuesto estaba solo a unos dos pasos de distancia.

Bloqueé otra espada y calculé la distancia. Parecía que podía ser factible, pero a la vez no. Sin embargo, el problema eran los enemigos que no me daban tiempo para descansar. Aunque existiera esa forma, tal vez no pudiera usarla.

¿Qué debería hacer?

Tras dudar un momento, decidí arriesgarme. Iba a morir si no hacía algo. También podría fracasar en el intento.

Después de dar un amplio golpe con mi espada para hacer retroceder al enemigo, relajé mi mano izquierda. El escudo que sostenía cayó al suelo con un fuerte ruido. En el momento en que los caballeros que se acercaban a mí desviaron su mirada hacia el escudo, saqué rápidamente una escalera de gancho móvil y la lancé por encima del edificio. Una escalera de gancho era un arma que se utilizaba en la guerra de asedio o en las batallas callejeras. Por lo general, se podía enrollar y transportar fácilmente, por lo que la llevaba encima.

Como no era un edificio tan alto, el gancho consiguió fijarse bien en el lugar previsto. Tras sacudirme a los enemigos con un tajo de mi espada, me aferré a la escalera. Subí rápidamente al edificio y levanté el arco que llevaba a la espalda.

Sonriendo ligeramente, tiré de la flecha. La flecha manchada de tinte amarillo alcanzó a uno de los caballeros que intentaba perseguirme por la escalera.

Después de respirar profundamente, puse una segunda flecha en el arco. Atravesó el aire y alcanzó a un caballero que había golpeado la espalda del señor Giss. Solo entonces el Segundo Escuadrón de Caballeros se dio cuenta de que estaba siendo atacado y se dio la vuelta rápidamente.

Mi unidad les impidió acercarse a la escalera.

—¡Genial! ¡Sigan adelante! —gritó Carsein.

—¡Yo me encargo!

Al escuchar la voz despreocupada de Carsein y las unidades que respondían con fuerza mientras luchaban con la espalda pegada a la pared, comencé a disparar flechas sin dudarlo al Segundo Escuadrón de Caballeros. Rápidamente, el enemigo quedó reducido a unos diez caballeros.

Cuando todas las flechas que había traído conmigo habían impactado en el suelo, mi unidad vitoreó al derribar al último enemigo en pie.

—¡Ganamos!

—¡Lo logramos!

—¡Fue un ataque increíble!

—Gracias, escudera Aristia.

Me limpié el sudor que me caía por la frente y sonreí. Ver a mi unidad elogiándome por un plan impresionante con sus pulgares hacia arriba era genial, pero al ver al señor Giss, quien había bajado ligeramente la cabeza en señal de elogio, mi corazón zumbó con una gran sensación y comenzó a palpitar.

—Ya puede bajar. Será mejor que lo haga antes de que llegue el equipo de apoyo.

—Sí, ahora mismo bajo.

Me detuve cuando estaba a punto de bajar. Quizás alguien la había tocado durante la pelea, pero uno de los dos ganchos que aseguraban la escalera había desaparecido.

—¿Qué sucede, escudera Aristia?

—Ah, no es nada.

Bajé con cuidado a la cuerda que se balanceaba. Que faltara un gancho no era gran cosa, si se tenía cuidado, ya que la escalera de ganchos también podía usarse como una sola cuerda.

Aunque temblaba, sentí que estaba firmemente asegurada y di otro paso, convencida. Sin embargo, en ese momento, el peldaño bajo mi pie se rompió y sentí que mi cuerpo flotaba en el aire.

Cerré los ojos con fuerza. Pensando en el inminente impacto, encorvé mi cuerpo todo lo posible, pero el impacto nunca llegó. Solo pude sentir que alguien me sujetaba.

—Ten cuidado, pequeña.

Abrí los ojos con cautela y vi algo rojo oscilando. Parpadeando lentamente, pregunté sin comprender:

—¿Carsein…?

—Sí, soy yo.

Definitivamente, había estado lejos de mí, pero ahora me cargaba en sus brazos. Jadeando, frunció el ceño.

—¿Quién te ha dicho que hagas algo tan imprudente? ¿Eh?

—P-Primero, suéltame…

—¿Eh?

Mientras hablaba, sonrojada, Carsein me miró desconcertado antes de darse cuenta de lo que quería decir y sonrió. Me bajó con cuidado y se apoyó en la pared.

Puse una mano sobre mi corazón palpitante y respiré profundamente. Al hacerlo, sentí que mis mejillas sonrojadas y mi respiración volvían poco a poco a la normalidad.

¿Era porque había notado que estaba mejor? Carsein, quien había estado de pie con los brazos cruzados, movió los dedos en un gesto para que me acercara. Cuando me acerqué vacilante, me dio un golpecito en la frente. Al verme frotar el escozor, puso una expresión severa.

—Eso fue un castigo. Si lo vuelves a hacer, no te dejaré ir tan fácilmente. ¿Entendido?

—De acuerdo.

—¿No te has hecho daño?

—No. Aparte de estar un poco sorprendida, estoy bien.

—De acuerdo. Entonces, está bien.

Solo entonces se separó de la pared y alivió su ceño fruncido. Tal vez los otros caballeros notaron que el ambiente se había aligerado, porque empezaron a abrir la boca cuando antes habían estado evaluando la situación en silencio.

—¡Vaya, señor, es usted muy rápido!

—No puedo creer que lo haya hecho con una sincronización tan impecable.

—Eso es porque la estuve observando todo el tiempo —respondió Carsein.

—Vaya, esa fue una declaración bastante peligrosa…

—Cállense. ¿No vamos a movernos? ¿No dijeron que debíamos hacerlo antes de que lleguen los refuerzos?

Fue entonces cuando los caballeros parlanchines se callaron y recogieron su equipo. Mientras tanto, habíamos perdido a una persona más, por lo que solo quedábamos cuatro en la unidad. Aunque el palacio Della no estaba lejos, en lugar de ir solos, pensamos que sería mejor unirnos a algunos de los otros antes de atacar juntos.

Seguí a los caballeros que miraban con recelo a nuestro alrededor y miré a mi lado mientras caminaba. Carsein, quien caminaba en silencio, levantó la cabeza hacia un lado y preguntó:

—¿Por qué me miras así? ¿Te has enamorado de mí?

—No seas ridículo.

—Tsk. Te he salvado de ser gravemente herida, ¿y eso es lo que dices en lugar de darme las gracias?

Ahora que lo pienso, tenía razón. Me había sorprendido tanto ser llevada en su abrazo que ni siquiera había expresado adecuadamente mi agradecimiento.

—Lo siento. Y muchas gracias, Carsein.

—Está bien. Pero dime la verdad. ¿No estuve bastante genial hace un momento?

Me limité a observarlo.

—Oye, no te hagas la tonta. Pude verte sonrojar en ese momento.

—Mira, es el palacio Della. Parece que se está librando una batalla. ¿Deberíamos entrar? —pregunté, evitando su mirada. Se rió suavemente y asintió.

—Bien. Si ya están luchando, no hace falta que nos escatimemos. Podemos entrar de inmediato.

Carsein y yo corrimos directamente al palacio Della y nos unimos a los demás en la batalla que ya estaba en marcha. Los tres miembros restantes también siguieron su ejemplo.

Nuestro escuadrón llevaba un rato enfrascado en una aburrida lucha con el enemigo. Apenas habíamos llegado al segundo piso del palacio, y solo nos quedaba un poco de tiempo hasta que terminaran los ejercicios.

—¡Aguanten un poco más!

—¡No podemos dejar que rescaten al rehén!

Estaba claro que el rehén, el duque Rass, estaba en la habitación al final del pasillo que los enemigos vigilaban ferozmente.

En ese caso, no quedaba ningún lugar al que pudiéramos retirarnos nosotros y los enemigos.

Los dos escuadrones de caballeros se enfrentaron en un lugar que estaba a unos treinta pasos del objetivo final. Nuestro grupo llegó durante una pausa momentánea.

Dejé escapar un suspiro. Teníamos que avanzar un poco más, pero debido al Segundo Escuadrón de Caballeros que estaba resistiendo desesperadamente, era difícil cargar por el camino.

¿Qué podemos hacer?

Mientras estaba atrapada en mis pensamientos, Carsein se encogió de hombros y se dirigió a los caballeros que nos rodeaban.

—No tenemos mucho tiempo, así que enfrentémonos a ellos de frente. Avancemos deprisa y empujemos.

—¿Y si nos detienen?

—Entonces, perdemos, supongo. Quedarse sin tiempo o ser aniquilados aquí, es lo mismo.

—Eso es cierto. Entonces, hagámoslo.

Algunos de los líderes de la unidad estuvieron de acuerdo, y Carsein sonrió mientras decía:

—Bien. Cuando cuente hasta tres, entraremos. Por cierto, ¿escudera Aristia?

—¿Qué?

Ante su repentina llamada, giré la cabeza mientras fijaba el agarre de mi escudo.

Comprobó mi espada y dijo:

—Eres rápida, así que ponte en la segunda línea, y cuando creas que puedes abrirte paso, corre hacia el destino.

—Entendido.

—Lo mismo va para cualquiera que se crea rápido. Entonces, vamos. ¡Uno, dos, tres!

Todos cargaron colectivamente con sus escudos al frente. El Segundo Escuadrón de Caballeros estaba atento, ya que se había dado cuenta de que planeábamos algo, pero nos precipitamos hacia delante con tanto brío que les costó detenernos. Poco a poco, empezamos a hacerlos retroceder.

Finalmente, rompimos la férrea línea de defensa. Aunque los caballeros del Segundo Escuadrón de Caballeros, que se dieron cuenta, trataron de rellenar apresuradamente el hueco, yo fui un poco más rápida en pasar. Había estado esperando la oportunidad. Apenas logré atravesar la línea de defensa y corrí sin mirar atrás, abriendo bruscamente la puerta.

—¡Duque Rass!

—Oh, es la escudera Aristia. Ha hecho un buen trabajo al llegar aquí —dijo el duque Rass mientras levantaba lentamente su taza de té con mi padre. A su lado estaba el teniente del Primer Escuadrón de Caballeros, el conde Flack, y el teniente del Segundo Escuadrón de Caballeros, el Conde Burt.

Parpadeé con los ojos en blanco. Me sentía algo abatida. Apenas lo había conseguido después de usar todas mis fuerzas luchando desesperadamente. Al verlos tan tranquilos, a diferencia de la caótica situación del exterior, la capacidad de hablar me abandonó de repente. Simplemente, me quedé con la boca abierta. El conde Flack, quien me había estado observando, habló.

—Hmm. He oído que ha sido bastante útil, pero no sabía que vendría hasta aquí… Parece que le he subestimado. Lo siento. Aunque fue un poco imprudente, fue un buen plan. Si trabaja un poco más, será una buena líder.

—Gracias, teniente. —Incliné la cabeza para expresar mi agradecimiento.

El duque Rass dejó su taza de té y miró hacia mi padre, hablando con bastante alegría.

—Keirean. Sé que probablemente estés contento con su actuación de hoy, pero no es el momento de que parezcas tan feliz. ¿No perdió tu escuadrón?

—Eso es cierto.

Justo cuando mi padre arrugó la frente, oí el sonido de una trompeta en la distancia. Era la trompeta que señalaba el final del simulacro.

¿Hemos ganado? ¿De verdad?

Sonreí. Mi cuerpo decaído volvió a llenarse de energía.

Mi padre se levantó de su asiento y me acarició el cabello mientras hablaba.

—Tia.

—¿Sí, padre?

—Aunque es una pena que me hayas ayudado a perder, estoy bastante orgulloso de tu extraordinaria actuación de hoy. Buen trabajo.

—Ah…

Mi corazón se hinchó como si fuera a estallar. Desde que había retrocedido en el tiempo y declarado que aprendería esgrima, mi padre nunca había puesto ninguna objeción. Solo había apoyado mis decisiones, pero esta era la primera vez que me elogiaba por mi trabajo como caballero.

Mientras estaba abrumada por las emociones, el duque Rass, quien sostenía una pluma, escribió algo en un papel sobre la mesa mientras hablaba.

—Hmm, entonces es hora de que terminemos nuestras evaluaciones. Keirean, estoy pensando en finalizar la puntuación así. ¿Qué te parece?

—No tengo ninguna objeción, pero me preocupa que la gente cotillee.

—¿Hmm? Conde Flack, conde Burt, ¿qué piensan?

—¿Chismes? No hay manera. Hubo muchos caballeros que fueron testigos de las contribuciones de estos dos.

—¿Oíste eso? Te preocupas por nada. Toma, vamos a anunciar los resultados ahora. —El duque Rass dobló el papel y levantó una de las dos banderas que habían colgado en la pared, la que tenía bordadas las cuatro lanzas entrelazadas. Solo entonces mi padre asintió y levantó la bandera azul marino bordada con un escudo de plata.

Salí del palacio Della con los cuatro y me dirigí al palacio exterior. En el amplio espacio, los caballeros ya habían ordenado su equipo y estaban de pie en filas perfectamente combinadas. Todos miraban con expectación a mi padre y al duque Rass, quienes subían al estrado.

En ese momento, vi que un grupo se acercaba en la distancia. Un joven de cabello azul iba a la cabeza, seguido por caballeros vestidos con uniformes blancos que lo escoltaban. Ante la repentina llegada del príncipe heredero, los caballeros rompieron a cuchichear. Por supuesto, en el momento en que el duque Rass miró con dureza a la multitud, se callaron.

—Lealtad al León. Es un honor ver a Su Alteza, el Futuro Sol del Imperio.

—Gloria al Imperio. Siento haberles molestado. Quería observar los simulacros desde el principio, pero acabé enterrado en mi trabajo.

—¿Molestarnos? En absoluto. Es un honor para nosotros que se interese por los asuntos de los escuadrones de caballeros.

Asintió ante la respuesta de mi padre y habló.

—Aunque no pude observar los simulacros, deseo entregar personalmente la recompensa a aquellos que han hecho importantes contribuciones.

—Por favor, hágalo. Será un gran honor para todos.

Mi padre le pasó el papel que tenía en la mano y dio un paso atrás. El joven abrió el papel y miró su contenido. Tras un momento de silencio, comenzó a hablar lentamente:

—Caballeros de nuestro glorioso Imperio, las lanzas y los escudos de la Gran Castina. Estoy asombrado por su esfuerzo y pasión, y agradezco sinceramente su paciencia y valor. Que su futuro esté lleno de gloria sin fin.

—¡Sí!

—¡Gloria al Imperio!

—¡Lealtad al León!

Esperó a que cesaran los vítores y dijo:

—Entonces, anunciaré al ganador. El equipo ganador de los simulacros de hoy es…: la unidad ofensiva. Lanza del Imperio, alabo su agudeza.

—¡Sí!

Al instante, los caballeros del Primer Escuadrón de Caballeros estallaron en vítores. El duque Rass sonrió y agitó la bandera bordada con las cuatro lanzas. Por otro lado, los caballeros del Segundo Escuadrón de Caballeros tenían un aspecto sombrío, mientras que mi padre estaba inexpresivo.

Ante el enorme contraste de emociones entre los dos escuadrones, el joven que estaba de pie en el estrado levantó su mano derecha.

—Entonces, continuaré anunciando la mejor unidad. La mejor unidad de este simulacro es…: la decimotercera unidad del Primer Escuadrón de Caballeros. Por favor, den un paso adelante.

Mis ojos se abrieron de par en par.

¿La decimotercera unidad? ¿De verdad?

—Vamos, Aristia. —Carsein me dio una palmada en el hombro y sonrió. Los demás caballeros que lo rodeaban, como el señor Giss, se quedaron atónitos como yo.

Mientras avanzaba sin rumbo, los miembros de la Primera Escuadra de Caballeros vitorearon colectivamente.

—Decimotercera unidad del Primer Escuadrón de Caballeros, su líder Carsein De Rass, y sus otros nueve miembros. Les concedo espadas e insignias a cada uno de ustedes, quienes han demostrado un valor y una planificación extraordinarios para llevar al equipo a la victoria. Recuerden siempre lo que han hecho hoy y den ejemplo a los caballeros del Imperio.

Después de que el joven de cabello azul expresara sus elogios, entregó a todos y cada uno de los miembros de la unidad una espada y una insignia decorativas. Todos recibieron los recuerdos, y pronto me tocó a mí.

El joven se puso a dos pasos de mí y me miró sin comprender.

—Usted…

—¿Sí, Su Alteza?

—No importa… Buen trabajo.

Estaba a punto de decir algo, pero en su lugar se limitó a poner en silencio una insignia con forma de lanza en la solapa. Alisó mi chaqueta ligeramente arrugada y me la enderezó antes de darme la espada decorativa y darse la vuelta.

Miré su espalda durante un rato antes de echar un vistazo a la insignia con forma de lanza fijada en mi solapa. De repente, sonreí. Era el primer logro que había conseguido desde que había empezado a aprender esgrima. Al recordar que incluso mi padre me había elogiado, no pude evitar sonreír.

Después de presentar todos los premios, habló.

—Les daré a todos los caballeros un mes de salario como bonificación por haber pasado por un entrenamiento tan duro.

—¡Sí!

—¡Larga vida al príncipe heredero!

—Y los invitaré a todos a cenar y a beber, así que disfruten hoy todo lo que quieran. Eso es todo. —Cuando terminó de hablar, miró en mi dirección una vez antes de girar y bajar del estrado. Aunque me pareció que nuestras miradas se habían cruzado, no podía estar segura, ya que había bajado muy rápido.

Mientras miraba su cabello azul bajo el sol poniente, un caballero de aspecto familiar se acercó a mí y me saludó.

—Felicidades, escudera Aristia.

—Gracias, señor Dillon.

—Me enteré de que usó una escalera de gancho en el palacio Lotus para atacar. Hubo más de unas pocas unidades que fueron aniquiladas allí. ¿Cómo se le ocurrió ese método?

—Ah, yo solo…

Mientras yo sonreía por la incomodidad, él sonrió y habló.

—¿Se ha dado cuenta? Ahora mismo hay bastantes mocosos mirando hacia nosotros.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Supongo que han sentido algo —Chasqueó con la lengua—, les dije tantas veces…

Miré lentamente a mi alrededor. Tal y como había dicho el señor Dillon, unos cuantos caballeros estaban mirando hacia nosotros. De repente, sonreí al ver cómo se daban la vuelta cuando los miraba. Parecían más bien incómodos y avergonzados, en lugar de mirarme con desprecio como de costumbre.

¿Por fin se me reconoce, aunque sea un poco?

Los miembros de la unidad, el señor Giss, mi padre, y ahora los caballeros del Primer Escuadrón de Caballeros. Al pensar en sus cambiadas miradas, una brillante sonrisa llenó mi rostro. Había sido un día muy gratificante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

error: Contenido protegido