Traducido por Lugiia
Editado por Yusuke
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En efecto, el médico imperial era diferente a los demás. Tres días después de mi regreso del palacio, me las arreglé para mejorar. Sin embargo, en contraste con mi ligero cuerpo, mi corazón seguía manteniendo su pesadez.
Tan pronto como abrí la puerta de mi habitación, suspiré ante el uniforme blanco.
¿Cómo he acabado de esta manera?
El emperador envió no solo uno, sino dos caballeros imperiales para protegerme.
Se presentaron como Seymour y June, y me escoltaron por turnos. Incluso, cuando todos estaban dormidos, se quedaban toda la noche en la puerta de mi habitación, diciendo que la noche era lo más peligroso.
¿Por qué el emperador dio esta orden? En la situación actual, en la que las facciones políticas estaban demasiado ocupadas en asegurar sus propias provincias, era poco probable que alguien intentara hacerme daño.
Además, más de la mitad de los caballeros regulares estaban fuera de la capital, lo que suponía un aumento de la carga de trabajo de cada caballero restante.
En esta situación, el emperador me envió no a uno, sino a dos caballeros de la guardia imperial que debían proteger solo a la familia real. ¿Significaba eso que el emperador no tenía intención de dejarme ir?
Intenté lo mejor que pude seguir con mi vida diaria, ignorando sus presencias, pero no pude lograrlo ya que dos rostros desconocidos estaban siguiéndome de forma constante.
De repente, me reí. No recibí este tipo de trato especial cuando era una concubina real de diecisiete años, pero lo estoy ahora que todavía soy hija del marqués y la prometida del príncipe heredero.
—Señorita, ha llegado una carta del joven Verita.
Mientras me estaba riendo de esta situación contradictoria, Lina vino con una carta de Allendis. Era el primer mensaje que recibía después de haber pasado un mes tras su partida. Mi corazón latía con fuerza. Inmediatamente abrí el sello y la leí.
Para mi señorita, a quien echo de menos.
Ha pasado mucho tiempo. Me disculpo por no haber podido contactarte antes. Aunque hemos estado en movimiento, finalmente llegamos a una gran provincia esta mañana. En estos momentos, estoy comandando a los caballeros del pueblo para que sepan que vamos a repartir raciones.
Me había preparado para lo peor, pero, afortunadamente, no es tan grave como había pensado. Más bien, debería decir que, aunque la hambruna es grave, nos hemos preparado bastante bien para la misma.
Parece que este año no habrá cosecha. Por suerte, la familia imperial ha estado almacenando raciones de forma constante, por lo que la situación se está solucionando mejor de lo que esperaba. Siempre y cuando superemos el próximo invierno, podremos evitar lo peor. Sin embargo, es posible que tengamos que continuar con la ayuda durante algunos años.
Eso es todo. ¿Cómo te va? Puede que lo niegues, pero no eres una señorita tan fuerte como aparentas ante los demás. Sé que eres alguien que, por dentro, es delicada y se siente sola.
Quizá por eso me preocupa que el marqués, y otros de tu casa, no estén a tu lado. Estoy absolutamente desconsolado que tengamos que estar separados de esta manera. Al menos, yo debería estar a tu lado. Siento no poder estarlo en estos momentos.
Estoy escribiendo todas las cosas que no puedo decirte en persona, por miedo a que te enfades si lo hago. De todos modos, ¿cómo va el entrenamiento de esgrima?
¿Te estás excediendo? Me preocupa que lo estés haciendo. Últimamente actúas como si alguien estuviera persiguiendo tus talones.
Y, aunque pueda estar cruzando una línea, déjame decir una cosa: No tengas tanta prisa. Hay un dicho que dice que el sudor no miente.
Eres una persona que se esfuerza. Si te esfuerzas tanto como sé que lo haces, conseguirás los resultados que buscas.
Solo debes saber que, incluso si sucede lo improbable con todo tu esfuerzo y no puedes alcanzar tu objetivo, yo te ayudaré. Probablemente tu padre dará un paso adelante antes de eso, pero yo estaré ahí esperando y preparado.
Espero que mis preocupaciones sean infundadas y que te estés riendo mientras lees esta carta. Eso significa que te las arreglas bien sin sentirte sola ni exigirte demasiado.
Ya está amaneciendo, debería salir y ayudar a mi padre. Mantente sana y cuídate. Me pondré en contacto contigo la próxima vez.
Tu caballero, Allendis.
Recordé su cabello verde, tan fresco como un brote de primavera. También, sus ojos color esmeralda, tan brillantes y cálidos.
Mientras leía la carta, me pareció escuchar que hablaba a mi lado.
Gracias por preocuparte por mí, Allendis.
Cuando reflexioné sobre sus reconfortantes palabras, mis ojos se empañaron de lágrimas. Levanté los ojos húmedos y miré al techo.
Mientras parpadeaba para tener una visión clara, oí que alguien llamaba a la puerta. Unos momentos después, entró el mayordomo.
—Señorita.
—¿Qué sucede? —pregunté con voz apagada. Intenté desesperadamente contener las lágrimas, pero el mayordomo parecía ya haberse dado cuenta.
Tras dejar un sobre en silencio, hizo una señal a Lina para que saliera de la habitación.
Miré en silencio su partida y abrí la carta sobre la mesa.
Para mi hija, Tia.
Me encuentro en la parte norte del Imperio. Antes de venir aquí, todo el mundo se trasladó a sus zonas asignadas, así que ahora solo tengo a unas pocas personas conmigo. He tardado en enviarte un mensaje por asuntos urgentes. Siento haberte preocupado.
Debe ser duro cuidar de una casa vacía. ¿Estás entrenando bien? Me preocupa pensar que últimamente parecías bastante apresurada. Por si acaso, déjame decir algo que puede ser innecesario.
Mi hija, Tia, no tengas demasiada prisa. No te esfuerces demasiado.
Aunque puedo adivinar el motivo, espero que no te presiones. Lo estás haciendo suficientemente bien como estás ahora. Por favor, confía un poco más en ti misma.
No he dicho esto porque parece que esperabas lograr las cosas por tu cuenta, pero estoy dispuesto a ayudarte en cualquier momento.
Mientras lo quieras, utilizaré cualquier medio para ayudarte a conseguir lo que deseas. Me sentiría mucho más feliz y aliviado si pudieras relajarte.
Cuídate. Me pondré en contacto contigo la próxima vez.
—Papá…
Me tapé la boca con una mano temblorosa. La oscura desesperación y la falta de esperanza, que habían estado acechando en algún lugar profundo de mi corazón sin ninguna pizca de vergüenza, fluyeron y se derritieron con mis lágrimas calientes.
Me sentí una tonta por haber malinterpretado a mi padre.
¿Por qué lo hice? Él siempre se preocupaba por mí. Aunque no lo expresara, me apoyaba con todas sus fuerzas.
Lamento no haber confiado en ti, padre.
Cuando le dije que quería aprender esgrima, una sonrisa apareció brevemente en su rostro. Fui yo quien le dijo que quería aprender porque quería vivir con él, esa fue una razón muy infantil de mi parte. No le dije la verdadera razón. Pasé por alto el hecho de que su aprobación demostraba su confianza en mí.
A pesar de que siempre me ha apoyado, me esforcé por hacer todo sola en lugar de confiar en él.
En aquel momento, prometí que, en lugar de confiar en Dios, viviría consciente de las personas que me rodean mientras las miraba a los ojos. Reír junto a ellos, ser honesta cuando tuviera una dificultad e incluso contarles mis quejas. ¿Por qué olvidé esas palabras? Ya no estoy sola. Hay gente a mi alrededor que se preocupa por mí y quiere ayudarme.
Extraño a Allendis. Siempre que lo veía, me encontraba con sus ojos. También quiero ver a mi padre. Siempre me abrazaba hasta que las sombras de mi pasado desaparecían.
Echaba de menos a esas preciosas personas a quienes les di la espalda sin darme cuenta.
Echaba de menos el amor que me mostraban y su cálido toque.
Secándome las lágrimas, me dije que no me impacientaría más, tal y como me dijeron mi padre y Allendis. Ahora tenía personas que me tendrían la mano cada vez que necesitara ayuda, a diferencia de antes.
Mientras esas personas compensaban aquello en lo que yo carecía, solo debía dar lo mejor de mí. Repetí esas palabras en mi cabeza una y otra vez.
—¿Puedo entrar un momento, señorita?
¿Cuánto tiempo había pasado perdida en mis pensamientos? Volví en mí al oír una voz grave al otro lado de la puerta. Me miré apresuradamente en el espejo. Mi nariz y mis ojos estaban rojos. Oh, Dios, supongo que ya no podré ocultarlo.
Resignada ante la situación, le dije que entrara y la puerta se abrió. Pronto, un caballero con uniforme blanco dio unos pasos dentro de mi habitación.
Se estremeció por un momento debido a mi rostro, pero rápidamente explicó la razón de su presencia, como si hubiera olvidado por completo lo que había visto. Supongo que los caballeros de la guardia imperial han visto mucho más que esto, al estar alrededor de la realeza constantemente.
Vino a saludarme, ya que había llegado el momento de su turno. Abrí la boca lentamente mientras miraba al joven caballero.
—Señor Seymour.
—Por favor, adelante.
—¿Puede ayudarme con algo?
—¿Qué sería eso?
—¿Deberíamos ir a otro lugar primero? Será más fácil que le muestre a intentar explicarlo.
Sonreí suavemente al rubio caballero, quien me miraba con curiosidad. Ahora que no podía obtener ninguna ayuda del joven Rass, necesitaba la ayuda de este caballero para reforzar mi entrenamiento.
♦ ♦ ♦
—¿Ha estado aprendiendo esgrima?
El señor Seymour, quien se quedó perplejo al instante que pisamos el campo de entrenamiento, se sorprendió cuando tomé la espada con destreza.
—Sí, es correcto.
—Pero, señorita, usted es la siguiente…
—Lo que quiere preguntar es por qué pierdo el tiempo practicando esgrima ya que no la usaré cuando me convierta en miembro de la familia imperial, ¿verdad?
—Así es.
—Soy la única descendiente de la casa Monique, la Lanza del Imperio. ¿Necesito otra razón?
—No.
El caballero rubio negó lentamente con la cabeza. Parecía pensar que mi razón era posible, ya que nuestra familia era una de las mejores casas guerreras en el Imperio.
—Me encontré con muchas dificultades mientras practicaba sola, después de que mi padre partiera en su viaje. Así que, si está bien con ello, me gustaría pedirle que me entrene.
—Pero…
—¿Por favor? No creo que sea una mala oferta para usted. ¿No sería mejor que me guiara y entrenara en lugar de escoltarme todo el día?
—Entiendo, señorita. La entrenaré.
—Muchas gracias, señor Seymour. Espero estar en buenas manos.
Comenzaré otra vez con nuevos ánimos. Haré mi mejor esfuerzo lentamente y sin ser impaciente. De esta forma, puedo devolverles a aquellos que confiaron en mí, e incluso a mí misma, por los esfuerzos hasta ahora. Me repetí mi resolución una vez más y le sonreí ampliamente al caballero cuyo cabello rubio brillaba bajo el sol.
♦ ♦ ♦
Parece que fue ayer cuando pensé que el otoño llegaría pronto, pero en poco tiempo nos acercaremos al corazón del invierno.
De mi boca salía un vapor blanco y la mano que sostenía mi espada estaba roja y congelada. Parecía que el invierno había llegado aún más rápido este año.
—Señorita, no relaje su postura.
Desde que lo solicité, el señor Seymour me ayudó durante su tiempo de práctica. Aunque se centró en enseñarme lo básico, eso fue suficiente para ayudarme a superar las partes donde estaba teniendo problemas. Gracias a su ayuda, mis habilidades estaban mejorando.
—Buen trabajo, señorita.
—Gracias por su entrenamiento hoy también.
Cuando volví a casa y derretí mi cuerpo helado en agua caliente, el señor Seymour se puso un cómodo uniforme blanco tan como la nieve.
A pesar de su renuencia, le pedí que tomara asiento frente a mí mientras abría un libro. Como hasta ahora solo me había centrado en la esgrima, necesitaba aprender otras cosas en la medida de lo posible.
—Alguien se acerca. Tenga cuidado…
El caballero rubio, que bebía en silencio el té frente a mí, se levantó de repente. Tan pronto como emitió esas palabras, la puerta se abrió de golpe.
En el momento en que giré la cabeza sorprendida, mi vista fue bloqueada por su uniforme blanco.
—¿Quién es usted? Identifíquese de inmediato.
—¿Un caballero imperial…? ¿Por qué un caballero imperial, que se encargan de defender a la familia real, está presente?
Era una voz que recordaba con claridad. ¿Por qué vino hasta aquí? Pensé que no volvería a hacerlo.
Mi mente era un caos, pero sentí que tenía que decirle al señor Seymour que todo estaba bien.
—Está bien, señor Seymour. Es una persona que conozco.
—De acuerdo, señorita.
Cuando el joven caballero se hizo ligeramente a un lado, un flamante cabello rojo quedó a la vista. Fue tal y como esperaba.
Me levanté lentamente, suspirando para mis adentros.
—Ha pasado mucho tiempo, joven Rass.
—Lo mismo digo.
—¿Qué sucede? Pensé que no quería volver a verme.
El chico no respondió. En cambio, su mirada se dirigió hacia el señor Seymour. Cuando le pedí al caballero que saliera de la habitación por un momento, para mi sorpresa, asintió con frialdad.
Tan pronto cerró la puerta a sus espaldas, el chico de cabello rojo habló con unos ojos penetrantes.
—Oye, tú.
—Adelante.
—Cuanto más lo pensaba, más me enfadaba. En definitiva, no puedo dejarlo pasar. Me dijiste que me comportara, consciente del honor de mi padre y de mi familia, ¿verdad? ¿Sabes que ese comentario estuvo fuera de lugar? Aunque pertenezcamos a la misma facción, ese comentario podría haber provocado una pelea entre nuestras familias.
—Lo sé.
Asentí ante su elección de palabras. Aunque eso lo dije en un arrebato de ira, tenía razón sobre que podía haber causado una disputa entre familias.
—Estuve fuera de lugar. Le pido disculpas, joven Rass.
—Oye…
—¿Qué sucede?
—¿Crees que una disculpa tan rápida está bien, después de haberme dicho cómo debería actuar un noble?
Sonreí levemente al joven, quien lucía un poco perplejo.
Qué divertido. ¿Está bien que le cuente a su hijo lo que el duque Rass me enseñó durante las lecciones sobre cómo ser emperatriz en el pasado?
—¿Cree que una disculpa es una acción de deshonra para un noble?
—Por supuesto.
—¿En qué sentido? El no disculparse cuando ha hecho algo mal, y no agradecerle a otra persona que le ha hecho un favor, esas son las acciones deshonrosas que acaba de mencionar. Si es cuestionado por su orgullo innecesario, entonces ¿realmente se está comportando como un noble debería? —Me detuve un momento para observar pero, como no obtuve respuesta, añadí—: En fin, solo estaba disculpándome por las cosas que hice mal. Asimismo, joven Rass…
—¿Hmm?
—¿Sabe que la forma en que me ha tratado hasta ahora también podría derivar una disputa familiar?
Le dirigí la mirada y levanté las comisuras de mis labios en una sonrisa burlona. Una sonrisa con un significado oculto. Siempre y cuando no fuera un tonto, debería ser capaz de notar mis intenciones. Y, tal y como pensé, la expresión del chico se distorsionó.
—Uh… Entonces, lo que quise decir es…
—Por favor, adelante.
—Lo siento. Quiero decir, le pido disculpas, señorita.
—Acepto sus disculpas, joven Rass.
—Yo… Uh, bueno…
Su tartamudeo, y la expresión nerviosa en su rostro, me parecieron, de cierta forma, adorables. Aunque al principio me recordó a alguien de mi pasado, ahora que lo veía inquietarse por mis palabras, la sombra de mi pasado desapareció de sus ojos.
—¡Oh, lo que sea! Ya que lo he hecho desde el principio, seguiré hablándote informalmente. Si tienes un problema con ello, puedes presentar una queja oficial.
—De acuerdo. Entonces, ¿puedo decirle esto a su padre?
—¡Ugh, oye!
—¿Qué sucede? Como miembro de una familia noble que valora el honor, no querrá retractarse de lo que me ha prometido, ¿verdad?
—Pues, adelante. No me causará igual muchos problemas.
Al ver que el chico murmuraba con la cabeza baja, la risa, que estaba reprimiendo desde hace unos momentos, finalmente estalló. Era la primera vez que me reía de esa manera. Me sentí reconfortada al hacerlo.
La presión de mantener la etiqueta, que la prometida del príncipe heredero debería tener, solo hizo que sonriera en silencio. Nunca me había reído así antes.
—Oh, ¿sabes cómo reír? ¿Por qué siempre luces tan seria?
Me apresuré a cambiar mi expresión cuando me miró con los ojos muy abiertos. Luego, aclaró su garganta y murmuró con un tono suave:
—Oye.
—Sí, joven Rass. Adelante.
—Bueno, como nos hemos disculpado mutuamente, nos hemos reconciliado, ¿verdad?
—¿Entonces?
—Entonces…, puedes venir a mi casa de nuevo.
Sonreí con alegría ante las palabras que dijo sin titubear.
—Pero ya no tengo que ir a su casa…
—¿Eh, por qué? ¿Te rendiste con la esgrima? ¿Eh? Casi te mataste queriendo mejorar.
—No es por eso —respondí con calma cuando vi su agitación.
Después de respirar profundamente, volvió a preguntar:
—E-Entonces, ¿por qué no vendrás a mi casa? ¿Sigues molesta?
—No, solo que ya no necesito practicar con usted.
—¿Qué estás diciendo?
—El señor Seymour aceptó guiarme. Solo espero no ser una carga para él ya que carezco de habilidades.
—¿El señor Seymour? De cualidad, ¿te refieres a ese caballero imperial? —preguntó con el ceño fruncido y añadió—: ¿Por qué te protege un miembro de la guardia imperial? No eres un miembro de la familia real.
—Nominalmente, todavía seré miembro de la familia real a futuro.
—¿En un futuro? ¿Tú?
—Sí, de momento, así es como es. ¿No lo sabía?
—Oh, ahora que lo pienso, dijeron que la prometida del príncipe heredero es la hija mayor de la familia Monique. Pero como eres hija única…
Me mantuve en silencio ante la realidad de sus palabras.
—Ya veo…, qué problema.
Como si acabara de recordar ese hecho, arrastró sus palabras y se quedó en silencio.
Yo también seguí su silencio, pero poco después, se rascó su cabeza y dijo con el ceño fruncido:
—Bueno, no importa. Como mi padre me ordenó que te guiara, no puedo ignorarlo. Así que, hagamos esto: Tú sigue recibiendo orientación de ese caballero y yo vendré hasta aquí para unirme a su práctica.
—¿Va a venir, joven Rass?
—Sí. Bueno, también puedo ver qué tan buenas son las habilidades de ese caballero y, al mismo tiempo, si puedo aprender algo de él, lo haré. Entonces, estaremos en contacto muy seguido en el futuro.
Suspiré ante su comentario despreocupado. Prácticamente, está haciendo lo que quiere. Cuando me sonrió como si nada estuviera mal, mi cabeza comenzó a doler. Fue una tarde que me hizo extrañar mis días pacíficos.