Espada y Vestido – Vol 2 – Capítulo 4 (2): Ceremonia de Compromiso

Traducido por Rencov

Editado por Yusuke


Después de que soltó el último alarido que se asemejaba al graznido de un pato, volvió sobre sus pasos como si estuviera huyendo.

¿Por qué ese bastardo seguía diciendo monstruo? Me puso de mal humor. Sin embargo, el asunto más importante era…

—En serio, ¿qué quiso decir ese tipo antes?

La forma en que habló sobre el título de conde parecía estar de alguna manera relacionada conmigo. Al ser presionado para decir la verdad, Ortzen tosió una vez y mostró una expresión de impotencia.

—Entremos primero. Te lo explicaré.

—En este momento, la cabeza de familia del conde Epheria eres tú, señorita Silla Epheria.

Tras servir el té, Ortzen se sentó en el sofá frente a nosotros antes de comenzar con la explicación.

—En un principio, Vires Epheria, el hijo mayor del conde Epheria, debería haber heredado el título de conde. Sin embargo, si analizamos en retrospectiva la fecha del fallecimiento de tu difunto padre, es poco probable que él sea su hijo legítimo.

Qué… esa familia era un desastre total. ¿Cómo era que tres niños dentro de la misma familia tenían diferentes padres?

—No obstante, el único descendiente legítimo del conde Epheria soy yo —dije.

—Aun así, la disparidad entre hombres y mujeres es mucho mayor de lo que imaginas. Podrías ser despojada de tu posición si los vasallos de tu casa favorecen a Vires Epheria para que sea la próxima cabeza de familia, bajo la condición de que requiere que se case con un pariente lejano del conde Epheria.

Resultaba que también existía esa forma. Pero ese ya no debería ser el caso ya que se había revelado que Vires Epheria no era el hijo del difunto conde Epheria.

—Pero todavía, la familia del conde Epheria…

Dejé de hablar y no terminé mi oración, luego ladeé la cabeza. Un momento, no lograron encontrar ninguna evidencia de que ni el conde ni la condesa hicieran un contrato con el Rey Demonio, ¿verdad? La casa del conde Epheria se habría acabado si hubiera alguna prueba que insinuara la relación con el contrato. Este asunto tarde o temprano se revelaría si me reuniese con el Sumo Sacerdote, pero si le pedía a él que lo mantuviera en secreto, respetaría mi deseo.

Entonces, esto significaba que todavía tengo el título y la riqueza.

¡Soy rica!

—Hasta donde yo sé, mi familia tiene una gran riqueza.

—La mitad se ha ido, pero todavía se puede considerar rico.

¿Reducido a la mitad?

—No, no puede ser, ¿por qué? ¿Quién lo malversó?

—Fue gracias a esos fondos malversados, que logramos encontrar un rastro de la participación del conde Epheria. Además de una gran cantidad de efectivo, también se vendieron algunas propiedades y no sabemos a dónde se han destinado los fondos. Quizás la familia del conde jugó el papel de proporcionar los recursos.

Entonces así fue lo que pasó. Descubrieron que la familia del conde Epheria estaba asociada con los demonios después de investigar el flujo sospechoso de los fondos malversados.

—Aun así, queda una cantidad considerable de propiedades. Siendo franco, en este momento, señorita Epheria, eres la futura esposa más buscada porque, además de tener el título, también posees una enorme cantidad de riqueza.

—¿Eh?

—Hay muchos caballeros haciendo fila para verte, señorita Epheria.

Oh. Parecía que aún conservaba mi popularidad incluso después de haber cambiado de cuerpo. Aunque la mayoría de ellos deben buscar los beneficios que podrían obtener de mí en lugar de conocerme como persona.

—¿Recibí algún regalo? Aparte de los ramos de flores y cosas por el estilo.

—Hay toneladas de invitaciones a banquetes y cartas de amor, ¿te gustaría verlos?

—No es necesario.

Lo rechacé de forma descarada. Quería ir si podía disfrazarme de hombre, pero si tenía que usar un vestido, mejor no. Si ni siquiera podía comer bien hasta saciarme, no tenía sentido ir. Y las cartas de amor eran aún más inútiles. En el pasado, como caballero, no podía negar la sinceridad de las damas, por lo que siempre recibía todas sus cartas de amor y las leía cuando tenía tiempo libre, pero ahora ya no tenía que hacerlo, ¿verdad? Ortzen mostró una sonrisa leve a mi respuesta.

—Como pronto te vas a comprometer, estas cosas son solo pormenores que no necesitas.

—Aparte de eso, ¿cómo van las cosas con los asuntos de mi familia?

—Estamos tratando de culpar a la condesa por el caso del asesinato del conde Epheria que ocurrió hace diez años. Después de todo, esa es la verdad. Por desgracia, la parte complicada de este caso es el lado del conde Grama, la familia de la condesa, que afirmó que esa mujer es una impostora y no tiene nada que ver con ellos.

—¿Impostora?

—Sí. Todo este tiempo se mantuvieron en silencio y no dijeron nada, por lo que es imposible que no estén relacionados del todo, pero se ha demostrado que la condesa Epheria no es un miembro de la casa del conde Gramma. Sospechamos que ella es la que hizo un contrato con el Rey Demonio. Tal vez se convirtió en la condesa como resultado de tomar prestado su poder.

La condesa también hizo un contrato diferente con el Rey Demonio… esto se volvió más complicado. Significaba que hay al menos dos casas nobles de conde y una persona más con mayor autoridad por encima de ellos involucrados en este caso, ¿no?

—De momento, es difícil encontrar rastros de la mente maestra detrás de este caso. Por ahora, tenemos la intención de cerrar este caso y concluir que el principal perpetrador es la condesa que deseaba tomar el control de la casa del conde Epheria, pero fue asesinada por sus cómplices cuando se sintieron amenazados de que sus crímenes podrían ser revelados después de que el Escuadrón de Tareas Especiales comenzó a investigar cualquier cosa relacionada con la casa del conde Epheria.

—No difiere mucho de la historia real.

En realidad, se acercaba a la verdad, solo que la razón por la que la condesa cometió los crímenes no fue solo para hacerse cargo de la casa del conde Epheria.

—Será más fácil engañar a los demás cuando se mezcla con algo de verdad.

—Cuando todos los asuntos hayan concluido, ¿el condado será mío?

—Sí. Pero, tienes que preparar como mínimo algunos dotes para la señorita Roanne Epheria, tu media hermana menor. Ese par de hermano y hermana se encuentran bajo la protección de la guardia de seguridad pública, pero ¿tienes algún plan para ellos?

Para Roanne, podría casarla con alguien, pero el problema era ese chico. Su nombre era Vires, ¿no? Se decía que no era el hijo del conde, por lo que aún no debía haber cumplido los diez años.

—Pensaré un poco más en lo que debo hacer con ellos.

Primero, necesitaba preguntarle a Sofía qué pensaba Silla sobre ese par de hermanos. Si bien la relación entre Silla y Roanne era mala, tal vez no era el caso con Vires. Aunque no compartía lazos sanguíneos con Silla, pero si ella pensó que era lindo, entonces no me importaría cuidarlo.

Ortzen asintió y nos miró a mí y al capitán Jullius.

—Y también se trata de tu matrimonio que te he mencionado antes.

—¡Detente!

El capitán Jullius, que había estado escuchando en silencio todo este tiempo, se levantó de su asiento e interrumpió a Ortzen. Lo miró por un segundo, luego agarró mi muñeca y me arrastró con él a la salida de la habitación. Me dejé llevar afuera mientras me sentía desconcertada por lo que acababa de pasar.

El capitán Jullius se detuvo cuando llegamos a la terraza que conducía al jardín de flores que rodeaba el edificio. Con una mirada abatida en su rostro, me miró y luego dijo:

—Lo siento.

—¿Qué?

—Por lo que Ortzen te ha hecho.

Emm, ¿a qué te referías? Él me había mentido, me había ocultado la verdad, se había aprovechado de mí y me había hecho sentir dudas, así que no sabía a cuál te refierías.

—Está bien. Sabes qué es ese tipo de persona —le respondí.

Nadie había salido lastimado. Si algo malo le hubiera sucedido a Sofía, lo habría agarrado por el cuello sin dudar. Pese a lo que dije, el capitán Jullius se sentó en la pequeña barandilla de la terraza con una cara larga.

—Ortzen te mantiene aquí por mi culpa.

—¿Pero fui yo quien pidió tu mano? Además, como te dije antes preferiría tenerte como mi pareja si de verdad debo tener un matrimonio político.

—En ese momento, no sabía nada —dijo.

—¿Acerca de qué?

—El título del conde.

Sus ojos melancólicos de color gris pálido me miraban. Así que tampoco sabía nada al respecto.

—Es difícil que pueda obtener un título noble por medios ordinarios. Por eso, Ortzen y Clauen a veces se quejaban de ello.

Era de esperarse ya que se desconocía los orígenes del capitán Jullius… Un caballero era considerado un semi noble, diferente del noble habitual. La posición de un caballero en la sociedad era diferente a la de aquellos con títulos nobles, porque era un noble sin título. No se le permitía poseer un territorio del mismo modo que era imposible entregarle un título. Y lo que era más importante, heredar uno se consideraba un tema muy importante, por lo que era casi imposible para los plebeyos, criminales, extranjeros o incluso un semi noble obtener un título noble.

Había otras maneras de obtener el título noble, como lograr una gran hazaña meritoria para el imperio, comprarlo por una gran cantidad de dinero, ser adoptado en una familia noble sin hijos o casarse con una mujer que tenía los derechos para heredar el título.

Los dos primeros métodos eran demasiado difíciles y, aunque era poco probable que ocurrieran los dos últimos, todavía había algunas posibilidades. La razón era que rara vez ocurrían. Por lo general, el hijo mayor de la familia heredaría el título de nobleza, pero en un caso particular donde no hubiera ningún hijo se adoptaría uno de un pariente lejano, por lo que era raro que se trajese una persona desconocida en la familia.

Y esa oportunidad excepcional no era otra más que yo, así que no era de extrañar que Ortzen me complaciera tanto. Incluso si hiciera algún problema en el futuro, no diría nada.

—¿Qué hay de ti capitán Jullius? ¿Quieres convertirte en conde?

Parecía dudar un poco antes de responder a mi pregunta.

—La verdad no.

—¿No estás interesado en convertirte en noble?

—Me gustan las cosas como están.

Me senté a su lado y asentí.

—Yo también creo que ese tipo de cosas son molestas —añadí.

Cuantas más autoridades tuvieras, más obligaciones habría que seguir. Por fortuna, serían las tareas de mi esposo, no las mías, entonces ¿eso significaría que el capitán Jullius haría las tareas como conde? Entonces lo pasaría mal.

—¡No tienes que hacerlo si no quieres!

No había necesidad de preocuparse por cosas triviales como esa. De alguna manera, mis palabras lo deprimieron aún más.

—No me interesa el título de conde… pero odio que me separen de ti señorita Epheria.

—¿Qué? ¿Por qué nos separaríamos…? ¡Uh, no es así!

Ahora que lo pensaba, ¿el capitán Jullius creía que si no se convertía en conde no nos podríamos casar? Me puse nerviosa y agité mis manos en negación.

—No quiero decir que me voy a casar con otro hombre, eh, ¿qué tal si devolvemos el título y lo mantenemos en secreto a Ortzen? —sugerí.

—¿Devolver el título?

—Así es. El título se puede devolver a la Familia Imperial si no hay nadie que lo herede. Solo tomaremos las propiedades y descartaremos el título.

Ortzen estaría furioso si llegara a saberlo, pero el capitán Jullius dijo que no le gustaba. Si devolvía el título, habría una compensación por ello, así que al final obtendría más dinero.

—Aun así, creo que Ortzen no debería haber impedido a aquellos que deseaban conocerte así. Quizás habría alguien que te guste entre ellos.

—Eh, son solo algunas moscas que están detrás de mi título y riqueza de todos modos.

No creo que hubiera algún hombre decente entre ellos.

El capitán Jullius inclinó la cabeza, me miró y luego preguntó:

—¿Qué tipo de hombre te gusta?

—Emm… yo tampoco estoy segura.

Lo que vería en un hombre sería… En primer lugar, mi aspecto era el mejor, así que, si se dejara de lado la apariencia, me gustaría que pudiera acompañarme a entrenar mi habilidad con la espada durante más de media hora todos los días. No me importaría su riqueza porque tenía mucho dinero, pero esperaría que su personalidad coincidiera con la mía. Y también… emm…

—¡Un hombre en el que puedo confiar en el campo de batalla!

Sí, eso era. Mi tipo ideal era un hombre con buenas habilidades, buena personalidad y confianza.

—Intentaré dar lo mejor de mí.

—Si eres tú capitán Jullius, creo que ya eres bueno cómo estás.

—¿Es así?

—Sí.

Creo que puedo hacer lo que quiera y creo en él que me protegerá. No está mal.

Extendí mi mano y acaricié su cabello negro y luego dije con calma:

—Es por eso que no tienes que preocuparte demasiado por el plan de Ortzen. Si me disgusta, puedo escapar por mi cuenta. Estoy segura de que, sea lo que sea lo que ese hombre planeó contra mí, me libraré de eso. Si mi habilidad no es suficiente para enfrentarlo, entonces sé que me echarás una mano, ¿verdad, capitan Jullius?

—Sí.

—Entonces todo estará bien. No pienses demasiado en eso.

Aunque dije eso, todavía siento que sería mejor hablar con Ortzen. Sobre todo, dudaba que él me impulsara a casarme con el capitán Jullius solo para obtener el título de conde. No estaba segura de poder indagar bien en sus motivos, pero al menos debería intentar preguntarle.

♦ ♦ ♦

Ortzen se quedó en su oficina. Cuando llamé a la puerta y entré, él estaba rebuscando en un cajón en medio de la estantería, luego giró su cuerpo de inmediato y me vio.

—Antes, la cosa es…

—Está bien. Más importante aún, ¿lo has aplacado?

—Sí.

—Gracias. De ahora en adelante, también dependeré mucho de ti para cuidarlo.

Me pidió que me sentara mientras mantenía una sonrisa leve. Esto fue inesperado porque pensé que al menos se molestaría un poco porque lo dejamos en medio de la conversación. ¿Quería tanto el título de conde? Tan pronto como me senté en el sofá, Ortzen sacó una caja de bombones del armario y los puso frente a mí.

—¿Puedo comer todos estos?

—Tantos como quieras —respondió.

Todavía me sentía incómoda por su excesiva indulgencia conmigo, pero me dio esta caja de bombones, así que, por supuesto, la tomaría. Conocía esta marca de chocolatería. Era muy costosa.

—¿Y si…?

Me llevé a la boca un trozo de chocolate en forma ondulada y luego dije:

—Oh, delicioso, no, quiero decir, ¿y si le devuelvo el título a la Familia Imperial, seguirás deseando que me case con el capitán Jullius?

—Sí.

Ortzen respondió con firmeza y sin dudarlo.

—¿Por qué?

—Creo que los dos se adaptan muy bien el uno al otro.

—¿E-Eso es así…?

—Sí. Es por eso que todavía espero que ustedes dos se casen aunque no tengan el título de conde.

¿De verdad hacía una buena pareja con el capitán Jullius? Bueno, él y yo teníamos una forma de pensar similar.

—Desde luego, me gustaría que mantuvieras el título como está —dijo—. No es solo por el capitán, sino también por tu propio bien.

—¿Para mí también?

—La disparidad entre tener un título noble y no tenerlo es enorme. En primer lugar, la ley discrimina a los plebeyos y a los nobles.

—Así es. Pero el capitán Jullius es un semi noble. No hay mucha diferencia excepto los derechos a poseer una tierra y los derechos a heredar un título, ¿no?

Si bien esas dos cosas eran de suma importancia, pero eso era para otras personas, el capitán Jullius no querría nada de eso. Las responsabilidades que seguirían serían más problemáticas.

—Quiero decir, por ahora todavía está bien. Pero un caballero ya no será un semi noble cuando se jubile.

—Ah.

Nunca pensé tan lejos. Un caballero santo dedicaría toda su vida a servir a la iglesia siempre que no cometiera un error grave, pero era diferente con un caballero ordinario. Si él sufría lesiones graves hasta que no pudiera continuar con su trabajo o si ya era mayor, era común que renunciase a su cargo.

—Por lo tanto, espero que ambos se queden con el título y que les sea útil en el futuro. ¿Quizás puedas llamarlo como una especie de plan de jubilación? Un título noble será un buen escudo en muchos sentidos.

Sería fácil manipular al capitán Jullius, que ya no era miembro del escuadrón de Tareas Especiales en el futuro.

—Además, la interferencia de las altas esferas sería menor que ahora sí el capitán Jullius se convirtiera en conde. En este momento, mucha gente lo desprecia. Incluso el vice capitán del escuadrón de Tareas Especiales no lo respeta. Todo es porque es solo un semi noble. De hecho, entre todos los capitanes de cualquier escuadrón de caballeros imperiales, el capitán Jullius es el único que no tiene otro título noble que no sea su título de caballero. Incluso Su Majestad finge ser ignorante debido a que el capitán Jullius, aun sin tener un título noble, se le puede asignar cualquier tarea sin que los nobles desconfíen de que el Escuadrón de Tareas Especiales se den cuenta de sus movimientos.

—¿Su Majestad?

—Sí.

Qué, eso es indignante. Nunca pensé que Su Majestad fuera alguien así, estoy muy decepcionada de él.

—Entonces tenemos que casarnos —dije.

—Eso es bueno. Además, no es malo para ti. Como mujer, tienes que casarte para asegurar el título de noble. Y basado en tu personalidad, si vas a convertirte en la esposa de un noble caballero común, es obvio que te sentirás frustrada, señorita.

—Mmm.

Él tenía razón. Podría evitar cualquier fastidio que me obligara a actuar como se suponía que debiera ser una condesa si me casaba con el capitán Jullius. ¿No había otra forma además de casarme con él si no volvía a la iglesia como clérigo y deseaba tener una vida de ocio manteniendo el título de noble?

—Da la casualidad que, el capitán Jullius y yo también hemos llegado a un acuerdo para casarnos si tenemos que hacer un matrimonio político.

—Eso está bien.

—¿Sí?

—Por supuesto —respondió.

—Entonces nos casaremos.

—Si ya estás lista, lo tendré preparado lo antes posible.

Mientras escuchaba las palabras de Ortzen, los pensamientos sobre que tenía que casarme aumentaron y me convencí más de casarme, pero… todavía estaba atrapada en el asunto del “amor”. Sentí que de alguna manera estaba siendo imprudente por casarme sin amor.

—Todavía queda mucho tiempo, así que me gustaría pensarlo un poco más.

—En realidad, no nos queda mucho tiempo.

—¿Eh? ¿Por qué? —pregunté confundida.

—Un título no puede quedar vacante durante más de medio año.

—¿E-En serio?

No tenía ni idea de eso. Así que era medio año.

—Si el período de suspensión termina, el título volverá a la Familia Imperial o será propiedad del esposo de la señorita Roanne Epheria.

—¿Roanne?

Después de pensarlo bien, ella también era la hija del conde. A diferencia de su hermano menor Vires, era más probable que ella fuera la hija del difunto conde. Quizás.

—Si ese es el caso, me casaré con el capitán Jullius si en el plazo de medio año no encuentro ningún otro pretendiente adecuado.

—¿Puede prometerlo, señorita?

—Lo prometo.

Era un desperdicio perder el título de conde, así que me casaré entonces. Después de hacer esa simple promesa, salí de la habitación con la caja de chocolates conmigo.

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