¡¡Gotas~!! La historia de la Princesa de la Fragancia~ – Epílogo: Monólogo del primer amor del príncipe

Traducido por Ichigo

Editado por Dimah


Conocí a Dilly como “Gille” y comencé a intercambiar cartas con ella… Intenté desesperadamente contener mis sentimientos de felicidad cuando recibí mi primer regalo de ella.

Actualmente es mi tiempo de descanso entre los estudios. Aunque estoy descansando, no es bueno para mí estar aturdido.

Sin embargo, no pude ocultar la sonrisa que no abandona mi rostro. Como resultado, Vernoux dijo algo desagradable:

—Qué cara de asco tienes.

Por supuesto, incluso yo soy consciente de que mi rostro está en estas condiciones, pero es mortificante que me llamen asqueroso por ello.

—Es un regalo de su primera visita a su feudo, ¿sabes? Así que, por supuesto, me alegraría, ¿por qué no iba a hacerlo?

—Ella te lo dio porque tú le diste una rosa primero. ¿No está siendo sensata?

—Estoy feliz de que haya elegido un abrecartas para mí. Probablemente lo eligió porque estamos intercambiando cartas. Es bonito y tiene un uso práctico. Por supuesto, también está bien dejarlo en algún lugar como decoración.

—Bueno, el cuchillo no está afilado, así que seguramente no significa que ella quiera cortar su relación. ¿No te alegras?

—Vernoux, ¿estás celoso?

—No, estoy sorprendido. Tengo algo más de ella. De todos modos, ¿por qué debería estar celoso?

Lo miré con desconfianza mientras decía eso, pero no mencioné nada más. Me preocuparía si realmente ella le gustara, y prefiero sentirme aliviado. Miré fijamente el cuchillo de papel en mis manos.

“Gracias por todo, señorito Gille.”

Esas palabras me hicieron feliz. En la carta, que había sido entregada con el cuchillo, mencionaba que usaba el mismo abrecartas.

Sin embargo, había una voz que interrumpió mi felicidad y que venía de un lado.

—Gille, ¿te has olvidado de lo más importante?

—¿Qué?

—A Dilly le gustan los caballeros y la gente que no miente. ¿Qué puedes hacer cuando ocultas tu propio estatus social y, para colmo, nunca podrás convertirte en caballero, porque eres el príncipe?

La verdad me golpeó. El dolor recorrió mi cabeza como si una espada real se clavara en ella.

Como dijo Vernoux, soy el primer heredero al trono del Reino de Crista, Sylvester. Es imposible que me convierta en caballero y no es fácil que revele mi estatus social.

—¿Qué puedo hacer…? Por eso estoy preocupado.

Quería hablar con Cordelia después de que mi madre me llevara a visitar la Casa Pameradia por primera vez, para ver su invernadero.

Ella estaba usando magia y se encontraba envuelta en un halo misterioso. Tenía un aura cálida y no pude evitar querer llamarla.

Sin embargo, mi deseo no se hizo realidad.

—No la molestes —dijo mamá, y no me dejó hablarle. No dejaba de mirarla mientras esperaba mi oportunidad, y acabé observándola unilateralmente. Sin embargo, la oportunidad nunca llegó, y ese día no pude escuchar su voz.

Me pregunto cómo será ella, pensé, a la vez que recordaba el suave poder mágico del que estaba revestida y su expresión seria. Realmente quiero hablar con ella al menos una vez.

En ese momento, escuché que Vernoux se hizo su amigo  por intermedio de su padre. No pude evitar pensar que era astuto, de hecho también se lo dije.

Pero a Vernoux solo le hacía gracia.

Aún así, a veces hablaba de ella.

Al fin y al cabo, eran cosas que pasaban entre él y ella. Mi anhelo de hablar con ella crecía cada vez que lo oía mencionarla.

Se envió una convocatoria a la Casa Pameradia invitándola al castillo. En el palacio se celebraba, a intervalos fijos, una fiesta de té que reunía a los niños que desempeñarán un papel esencial en este reino. También inventé las razones por las que la había invitado.

Pero ella nunca vino.

Vernoux la invitó muchas veces al castillo, Sin embargo, ella siempre se ideaba razones para no asistir.

Yo quería enfadarme.

Para ser sincero, ahora por fin reconozco la diferencia, ya que las otras jóvenes venían al palacio aunque no las invitara. Gracias a ella me di cuenta de que estaba haciendo algo extremadamente vergonzoso.

Reflexioné sobre ello y decidí adoptar un enfoque diferente… Después de todo, ya no era capaz de soportarlo, y finalmente la invité directamente a través del jefe de la Casa Pameradia.

Pero se negó y dijo que su hija era introvertida.

Me pareció un poco extraño.

Vernoux me informó que no era tímida. No parecía que fuera introvertida, y oí que rebosaba de curiosidad. Entonces, ¿por qué no vino al castillo? ¿Por qué no vendría a verme…? Cuando pensé eso, Vernoux me hizo una sugerencia.

—¿Por qué no vas a verla? Y de paso, puedes visitar también el pueblo.

Era una invitación a ir de incógnito.

Desde luego, parecía posible escabullirse con la magia de transformación de Vernoux, de la que estaba dotado desde su nacimiento. Dudé, pero finalmente cedí y me escabullí a la ciudad por primera vez.

Y, la chica llamada Cordelia, con quien nos encontramos en el pueblo, no era ni mucho menos tímida; era una chica valiente, tranquila y brillante.

Hasta entonces, sólo había querido hablar con ella. 

Pero ahora, creo que es amor a primera vista.

Pasaron cosas y la hice enfadar; Vernoux también se enfadó conmigo y, cuando volví al castillo, mamá también estaba furiosa. Pero, yo era feliz. Gracias a ese incidente, Vernoux dejó de ser formal conmigo. No, la verdadera razón por la que había dejado de hacerlo era “porque es molesto separar el lenguaje que se utiliza entre el pueblo y el castillo, así que me limitaré a llamarte Gille cuando estemos solos”. Pero probablemente quiera invitarme a ir al pueblo de incógnito otra vez, ya que había hecho esa sugerencia. Es agradable tener un amigo que se enfade conmigo. 

Sí, me encantó que me invitara a salir con él… Pero, al mismo tiempo, sigo lamentando un poco no haberme presentado entonces.

Me pregunto qué tan bueno habría sido si me hubiera presentado como Sylvester en ese entonces. Probablemente no me preocuparía tanto ahora si hubiera hecho eso, pero no hay manera de que me haya presentado allí.

Sólo tengo una apariencia cuando Vernoux utiliza su magia de transformación en mí. El propio Vernoux tenía varios alias, pero sólo podía lanzar una forma para los demás. Por lo tanto, no podía decirle a alguien que acababa de conocer mi alias, porque no sé para qué lo usaría en el futuro.

Por lo tanto, dijo que yo era “Gille”.

Sin embargo… Fue algo doloroso ahora que hemos llegado a este punto.

—Por fin, actualmente, puedo intercambiar cartas con ella, pero actuar como Gille ahora es… Es duro que se piense que es una mentira, y no cambia el hecho de que le estoy mintiendo, incluso si ella me cree y deja de responder por eso, entonces, no podremos interactuar más entre nosotros.

—Bueno, no es que vayas a ser alabado como un príncipe por decir la verdad. Además, aunque digas que se relacionan, sólo es a través de cartas. Y, nuevamente, me he visto obligado a ser una paloma mensajera para tus misivas.

—En primer lugar… Es difícil decirle que mi nombre es Sylvester hasta el momento que descubra por qué no quiere reunirse conmigo.

—Está claro que te evita.

Vernoux no se guardó nada sus palabras, como siempre, pero eso era efectivamente cierto.

Me vi obligado a entenderlo por la forma en que seguía rechazando mis invitaciones. 

Pero, por favor, no lo digas en voz alta. Recibiré más daño si me lo dicen.

No sé por qué, pero ella me está evitando. 

Es imposible que no venga al castillo porque es tímida. Ella actuó así de confiada después de todo. ¿Por qué no iba a encontrarse conmigo? No recuerdo haberle hecho nada malo. O más bien, era imposible reunirse con ella en primer lugar.

—No tienes que ser tan impaciente. Podrás conocerla en fiestas nocturnas en menos de diez años.

—No entiendes cómo me siento porque la ves regularmente. Por ejemplo, ¿qué debo hacer si ella tiene un prometido en diez años?

Sólo pensar en ello me deprimió. Probablemente no podré hablar con ella con facilidad. Ni siquiera pude oír a Vernoux cuando dijo:

—Ya estás enamorado de ella, ¿verdad?

»¡Ah…! No creo que eso suceda. He oído que el conde adora a su hija.

Por supuesto, esas palabras tampoco me llegaron. ¿Cómo puedo acercarme a ella? Eso era lo único que tenía en mente.

—Ahora que lo pienso, ya le he preguntado a Dilly lo que piensa de Su Alteza.

—¿Qué dijo ella…?

—Ella no está interesada. También dijo que el reinado del Rey es magnífico.

Estoy seguro de ello. 

Vernoux está probando mi voluntad. 

Pero, ella no dijo que me odiaba, así que creo que todavía estoy a salvo. 

Pero… Es complicado.

Si tuviera que decirlo, entonces hemos empezado con el pie izquierdo, así que, ¿qué tengo que hacer para volver a la línea de salida? ¿Debo aspirar a ser tan fuerte como un caballero sin llegar a serlo? ¿O debo obtener tanto conocimiento como fuerza igual que el conde Pameradia, quien también es conocido como el caballero legendario? ¿O debería convertirme en un espléndido gobernante como padre, para que se vuelva a mirar hacia mí? 

—¿Gille?

—Vernoux, acompáñame un poco.

No creo que pueda quedarme quieto, pensé, mientras miraba a Vernoux. Él se encogió de hombros y habló.

—Sí, está bien. Lo entiendo.

Ya tenía la espada de madera en la mano. Era un poco molesto que pudiera leer mi mente.

Por lo tanto, no perderé en este combate. Haré lo que pueda hacer ahora. 

Sí, lo juré por mi pequeño orgullo. 

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