Herscherik – Vol. 2 – Capítulo 7 (1): Fiesta, Príncipe de las Rosas y Trampa

Traducido por Zacc

Editado por Sakuya


Durante la fiesta de esta noche, no era el anfitrión, sino los invitados, quienes se encontraban inquietos. Las damas y caballeros en sus elegantes atuendos continuaron dando vistazos hacia la escalera de caracol del salón principal, preguntando: —¿Ya? ¿Ahora?

Esto comenzó cuando un amigo del anfitrión mencionó que había alguien que querían que participara sin importar que. Cuando el número de invitados ya había llegado a su límite, pensaron que dicha persona declinaría, pero repentinamente lo reconsideró y aceptó. Por consiguiente, el encargado de esta fiesta se encontraba hecho un nudo de nervios mientras hacía preparaciones para asegurarse de que todo fuera un éxito.La persona que repentinamente decidió participar se había mantenido lejos de este tipo de reuniones sociales desde que se convirtió en un adulto. Sin embargo, antes de eso, era bastante popular en este tipo de encuentros e incluso había generado varios rumores. Difícilmente había alguien de la alta sociedad que no conociera su nombre. No, las únicas personas que probablemente no lo sabían eran bebés recién nacidos y niños que todavía no eran conscientes de lo que les rodeaba. Esta flor que aún no aparecía se encontraba en un nivel más alto que el resto de los invitados, quienes esperaban por él.

—¡Está aquí!

La dama más próxima a la puerta sostuvo su abanico más cerca de su boca mientras llamaba suavemente y con entusiasmo a quien se encontraba a su lado. El tan esperado aristócrata y su amigo aparecieron, descendiendo elegantemente por la escalera. Era un hombre hermoso con cabello y ojos de un ardiente color rojo, y facciones bien definidas. Cada uno de sus gestos era sublime. Su traje azul marino tenía diversos diseños bordados, claramente era el trabajo de un artesano que puso su alma en ello para complementar aún más la belleza del vestuario.

—Ha sido un tiempo desde que vimos al Príncipe de las Rosas en una de estas fiestas.

—El Señor de las Rosas… definitivamente es encantador.

Susurraron las mujeres en deslumbrantes vestidos. En cuanto a los varones, estos lo miraron con ojos ambiciosos, sin dejar escapar esta oportunidad.

El príncipe llegó a la base de la escalera y fue recibido por el anfitrión.

—Bienvenido, Su Alteza Marcus. Hemos estado esperando por usted.

—Gracias por aceptar mi repentina propuesta de participar.

Al escuchar estas palabras, el hombre meditó sobre el hecho de que incluso el rostro de disculpa de su invitado era pintoresco. Esta era la segunda persona más importante del Reino de Greysis después de Su Majestad el Rey; el primer príncipe, Marcus Greysis.

Cuando su alteza se convirtió en adulto y entró en el ejército, la cantidad de veces que apareció en este tipo de reuniones disminuyó. La belleza que heredó del rey y su madre, así como el magnífico color rojo de su cabello que parecía una rosa, le dieron los títulos de “El Señor de las Rosas” y “El Príncipe de las Rosas”. Por supuesto, estos nombres eran muy populares, pero la persona misma no lo sabía.

—No es necesario que me agradezca. Por favor, disfrute la velada de esta noche.

Respondió el anfitrión inclinándose profundamente antes de despedirse. Esa fue la señal para el inicio de la fiesta. Una música elegante comenzó a fluir por todo el salón mientras los invitados bailaban y conversaban.

Estas “fiestas nocturnas” eran el campo de batalla de la alta sociedad. Uno en el que los aristócratas intercambiaban información en lugar de golpes de espada.

Los invitados con sus atuendos a la moda miraron a su presa con ojos brillantes. Sus miradas se sentían como agujas en la piel del príncipe, quien dejó salir una risa tensa. Aunque ha pasado un tiempo, estas reuniones no han cambiado.

—Este lugar aún es una zona de guerra. Qué aterrador. —murmuró Marcus.

—¿Cómo puedes decir eso siendo un veterano de este campo de batalla?

Respondió sarcásticamente el joven, quien parecía ser un amigo y acompañó al príncipe mientras bajaba por la escalera.

—Hmph. ¿Qué hay de ti? Estabas comprometido, pero aun así creabas una tormenta en cuanto aparecías. ¿No es verdad, Octa?

Octavian, a quien últimamente llamaban Orán, frunció el ceño ante el rápido contraataque. Él también vestía acorde a la ocasión. Su traje era rojo oscuro para complementar su cabello del color del amanecer y al igual que el del príncipe, le ajustaba perfectamente, llamando la atención de los demás nobles.

—Era mi trabajo ser su chaperón… Ella tenía cierto linaje, por lo que debía acudir a esta clase de lugares frecuentemente. Solo estaba ahí para mantener a las pestes lejos. —Respondió recordando aquella época.

Si bien ella pertenecía a una familia noble, ellos también manejaban negocios a gran escala, así que a menudo asistía a reuniones sociales. Siendo una mujer dócil y tímida, destacaba de forma contraria al príncipe, ya sea que a Orán le gustara o no. Y le preocupaba que si no se quedaba a su lado como un perro guardián, sería acosada por hombres vulgares. Desde otro punto de vista, estas razones solo eran en parte verdad, la otra parte probablemente eran simples celos.

—Bueno, esperemos que nuestra presa venga y muerda el cebo. —comentó Marcus riendo disimuladamente.

—Sería malo si no lo hace. —murmuró Orán en respuesta.

Cierto, sería malo si la presa no muerde el cebo. Después de todo, esa es la razón por la que estamos aquí.

—Todo irá bien.

Detrás de ellos, una joven voz, que se sentía fuera de lugar, resonó. A causa de Marcus, el dueño de la voz no llamó la atención pese a ser un príncipe también. Herscherik mostró una inocente sonrisa mientras observaba cuidadosamente sus alrededores. Fue en ese momento que notó a su objetivo y le dedicó una amplia sonrisa al ver que también los estaba observando.

Sin embargo, en medio de las dos paredes que eran su hermano y su caballero personal, su sonrisa fue pasada por alto.

—Definitivamente no te dejaré escapar.

Los ojos del séptimo príncipe mostraron la misma agudeza de un depredador que ha encontrado a su presa. Posteriormente intercambió miradas con los dos jóvenes a su lado.

—Ahora, ¿deberíamos comenzar? —preguntó, mientras sus gentiles ojos azules decían “es temporada de caza”.

♦️ ♦️ ♦️

Ignatz Navy era el hijo del Barón Navy, un aristócrata de bajo rango. La familia Navy era una de esas casas mercantiles que se convirtió en nobleza. Fue el ex-Barón Navy quien compró su título nobiliario con dinero. Para Ignatz, la habilidad para los negocios que poseía el fundador, quien también era su abuelo, superaba a todas las demás. Después de todo, en tan solo una generación, logró elevar el estatus de su casa a nobleza.

No obstante, el hijo de este hombre era diferente. Cuando el Barón falleció, el padre de Ignatz heredó su posición, pero de ninguna manera heredó su habilidad comercial. Si se tratara de una familia mercantil normal no habría problema porque era lo suficientemente capaz para ese nivel. Pero, como aristócrata, no podía igualar las habilidades del fundador, lo cual provocó que las finanzas de la familia cayeran alrededor de la época en que asistía a la Academia.

Con su familia en una situación tan precaria, no tuvo otra opción más que actuar. Ignatz no era particularmente llamativo y, aunque su inteligencia estaba arriba del promedio, no era suficiente para que sobresaliera. Sin embargo, era simpático y bueno con sus palabras, alguien con quien era fácil socializar y cuya personalidad era bastante apacible. Usando estas cualidades elevó su posición en las reuniones sociales y se mezcló con los aristócratas. Al principio lo menospreciaban por tratar de subir desde tal posición, pero después de experimentar su encanto comenzaron a tener una impresión favorable. Y cuando les propuso un trato, las negociaciones se completaron antes de que se dieran cuenta.

Él tenía ambición, quería avanzar en el mundo. Por supuesto, esto era para aumentar el honor de su familia, pero en realidad, esa era una meta secundaria. Incluso estas fiestas solo eran otro medio para lograr su objetivo, ya que su intención era adular a algunos aristócratas poderosos, y una gran presa estaba mezclada con la multitud esta noche.

Esta presa era el primer príncipe del reino: Marcus Greysis. Actualmente el primero en la línea al trono. Para Ignatz esta era una gran oportunidad, pero su objetivo tenía a un hombre repugnante junto a él.

Octavian Ordis: el tercer hijo del Duque Ordis, uno de los mejores generales en el Reino de Greysis. A los ojos de Ignatz era un hombre ideal; venía de una notable familia, su padre era un ex-general y todos sus hermanos eran caballeros del reino. Fue bendecido con talento y belleza, pero su personalidad tampoco era mala. Era la clase de persona que llevaría una vida completamente diferente en el futuro. Fue por eso que en el pasado intentó acercarse a él esperando poder usarlo, pero el hombre nunca lo siguió, provocando que el complejo de inferioridad de Ignatz estallara.

Pero su caída fue tan cómica…

Tanto por dentro como por fuera Ignatz se burló de Octavian. Dos años después de la muerte de su prometida, sus calificaciones se desplomaron como alguien cayendo de un acantilado. Al principio sus amigos y profesores estaban preocupados, pero con el paso del tiempo, su paciencia se agotó. Se suponía que se graduaría como el mejor de su clase, pero fue marcado como un mal estudiante que apenas logró graduarse.

Para Ignatz no hubo un momento más agradable que ese. Pero, recientemente, otro rumor hizo que su complejo de inferioridad estallara de nuevo. Así que, para poder confirmar este rumor, se atrevió a acercarse al repugnante hombre, poniéndose la máscara de una sonrisa para no levantar sospechas.

—Cuanto tiempo, Octavian.

—Sí, ha pasado un rato.

El joven se sorprendió por un momento, haciendo que Ignatz se sintiera superior. Fue un panorama refrescante ver al mejor de la clase, que siempre se mostraba indiferente, mirarlo con ojos tan molestos.

—Desde la graduación, ¿verdad? Es bastante raro que asistas a una de estas reuniones… —comentó mirando a Orán.

Vestía un traje rojo oscuro ligeramente menos llamativo y su rebelde cabello anaranjado con reflejos dorados se encontraba atado con un listón de alta calidad. Llevaba ropa tan ornamentada que desprendía un aire elegante y todo era de la mejor calidad. En comparación, el traje de Ignatz revelaría su costo si se movía de forma extraña; esto nuevamente reforzó el hecho de que estos dos hombres se encontraban en niveles completamente diferentes.

La sensación de superioridad de antes se desvaneció en el momento que notó lo que Octavian cargaba en su cintura. Era una espada, y no era sólo de decoración, era una espada práctica y real.

Generalmente, a parte de los guardias del palacio, nadie tenía permitido llevar un arma a las fiestas. Pero había una única excepción a esta regla, y esos eran los caballeros personales contratados para proteger a un Duque o a un miembro de la familia imperial, quienes tenían permitido portar un arma en todo momento. Solo eran leales a sus maestros, así que este fue un privilegio otorgado por el Rey.

—Entonces el rumor de que te convertiste en un caballero personal es cierto.

—Supongo. Simplemente sucedió. —contestó Orán dejando salir una risa irónica, provocando que Ignatz recordara su envidia inicial.

¡¿A qué te refieres con que “simplemente sucedió”?!

Aquellos con ayudantes siguiéndolos eran quienes podrían considerarse cercanos a la familia real. La posición que Orán obtuvo era algo que todos envidiaban, pero ¿por qué no parecía presumido o humilde? En cambio, sonaba como si solo fuera un hecho.

—¿Cuál es el problema, Oranju?

Justo antes de que Ignatz perdiera el control de sus emociones y hablara, una voz joven y fuera de lugar se abrió paso.

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