La hija del Emperador – Capítulo 33

Traducido por Lily

Editado por Herijo


—¡Quiero helado! —Del que se come a cucharadas.

La versión de este mundo del helado se parecía más a un granizado o a nieve raspada, pero me encantaba de todos modos. ¡Soy un bebé al que le gustan las cosas frías!

—Ten, Grae. Un poco para ti —dijo Serira.

—¡No! —Graecito lo apartó de un manotazo de inmediato.

¡Oye! ¡Pues di que no lo quieres! ¡No rechaces la comida así! Sentí una profunda ira encenderse en mi cabeza, pero logré contenerme. Tranquila. Debes mantener la calma. No te alteres. Respira.

—¡Graecito! —gritó Serira. Casi se le caía el helado, y era raro oírla gritar. Era un problema que Graecito se metiera en problemas como este todo el tiempo.

Rápidamente, terminé mi granizado y me acerqué a Serira.

—Yo me lo como.

Si no lo quieres, ¡no te lo comas! ¡Me lo voy a comer todo! No tienes ni idea de lo delicioso que está. El jefe de cocina del palacio era un verdadero talento. Cielos, esto está súper rico. Es la razón por la que corro el riesgo de engordar.

—No, Alteza. Le dolerá el estómago si come demasiadas cosas frías.

—¡No! ¡Quiero comerlo!

—Alteza…

—Me lo voy a comer. ¡Quiero comerlo!

Serira parecía contrariada. Sabía que se lo estaba poniendo difícil, pero es que estaba demasiado bueno. Era muy inmaduro de mi parte, pero no podía evitarlo. ¡Por fuera sigo siendo una bebé!

—Entonces puede tomar la mitad. Yo me comeré el resto.

—¡Entonces que Elene también coma!

—Oh, ¿puedo?

Cuando giré la cabeza y llamé a Elene, juntó las manos encantada. Asentí.

—Sip. Comamos esto juntas.

¡Comámoslo juntas y burlémonos del tonto que se niega a hacerlo! ¡Hmph!

—¡Abuela, come tú también! —recogí una cucharada de helado y se la ofrecí a la abuela de Graecito. Ella me sonrió cálidamente. Era la madre de Serira, y parecían dos gotas de agua. Sentí que así se vería Serira cuando fuera mayor.

—Estoy bien. Disfrútelo por mí, Princesa.

—Solo un poquito.

Le acerqué la cuchara y, tras dudar un poco, finalmente probó un bocado.

—¿Está rico, verdad?

Esto es de lo que es capaz nuestro jefe de cocina del Palacio Soleil. ¡Oh, estoy tan orgullosa! Había oído que fue seleccionado entre mil quinientos candidatos, y estaba claro por qué. ¡Todo lo que hace es un tesoro invaluable! Este tipo de comida debería ser declarada patrimonio cultural de este país. ¡La comida deliciosa es el tesoro de una nación, después de todo!

Había vuelto a disfrutar de mi helado cuando la abuela se giró de nuevo hacia Graecito y le preguntó:

—¿Quieres probar un poco, Grae?

Pero ese niño testarudo no era de los que ceden. Negó con la cabeza con rudeza. Hmph. Bien. A ver si me importa.

—Ahhh, esto está increíble.

No hay nada más molesto que ver a alguien disfrutar de algo delicioso cuando tú no puedes, ¿verdad? Muhaha.

♦♦♦

Los rumores sobre Kaitel se habían calmado por un tiempo, pero comenzaron a resurgir con el ataque a la Prisión de Kaldoras. La gente estaba asustada y enojada, y una vez más, lo llamaban “el Tirano Sanguinario” o “el Emperador Loco de Soleil”.

Se hablaba tanto que los rumores llegaron incluso a mí, una niña encerrada en el palacio. Es decir, era imposible evitarlo cuando las doncellas siempre estaban cotilleando entre ellas.

La situación solo se calmó después de que todos los guardias de la prisión fueran asesinados o ejecutados por Kaitel, y todos los funcionarios implicados fueran desterrados.

Aunque hubiera sido mejor que el asunto terminara solo con el destierro, no era tan simple. Incluso los que supervisaban el destierro fueron reunidos, y si se descubría que habían sido negligentes en su trabajo, por mínimo que fuera, eran asesinados o despedidos. Vaya… En cualquier caso, estar en el palacio se sintió como caminar sobre brasas durante un tiempo.

Cualquier persona relacionada con el asalto o la organización que estaba detrás fue ejecutada sin miramientos. El patio de ejecuciones estuvo empapado de sangre durante días, y cualquier mejora en la imagen de Kaitel que se había logrado gracias a mí fue completamente destruida por el baño de sangre. Definitivamente es un tipo malo, un tirano.

—Son todos unos incompetentes. ¿Cómo demonios han logrado salvaguardar sus inútiles vidas todo este tiempo con tal incompetencia?

¿He llegado en mal momento? La voz que escuché tan pronto como entré en el salón sonaba muy intensa y seria.

Pero el verdadero problema era que, al escuchar cuál era la situación, me di cuenta de que no era una reacción exagerada en absoluto. Los prisioneros de Kaldoras eran todos criminales de primer grado. Cuando Kaitel tomó el palacio imperial mediante su rebelión, había matado a la mayoría de sus enemigos políticos, pero todavía quedaba un grupo considerable que era demasiado complicado de eliminar sin justificación. Así que fueron arrojados a la Prisión de Kaldoras. Kaitel había querido matarlos a todos, pero Perdel lo detuvo. En fin, que me desvío.

—Los humanos siempre han sido incompetentes. No es nada nuevo.

—Quiero matarlos a todos. —La voz de Kaitel estaba impregnada de una densa intención asesina. Hablaba en serio. Incluso la mirada de asco en su rostro era escalofriante.

Perdel dejó escapar un suspiro.

—Cálmate. Vas a conseguir que te maten.

—¿Qué tal si empiezo contigo?

—Basta ya de amenazas vacías.

La verdad es que estos dos son muy compatibles, aunque no lo parezca. Era bastante fascinante. En cierto modo, eran el destino del otro.

—Ocúpate de esto primero. Lo envió Asisi. Ha logrado derribar el norte de Praezia pero está teniendo dificultades con el sur. Ya llevan un mes de enfrentamientos.

—¿Y? ¿Qué quieres que haga?

—Estoy diciendo que te desates. Sal ahí fuera y libera un poco de estrés.

El rostro de Kaitel se endureció un poco al oír la recomendación de Perdel. Parecía que Perdel creía que todo el reciente baño de sangre era resultado del estrés acumulado de Kaitel. Y bueno, podría ser.

Pero él dijo que no iba a la guerra por mí. ¿Era un padre, después de todo? Se sentía extraño. Dejé escapar un pequeño suspiro, y Kaitel giró inmediatamente la cabeza hacia donde estaba. Su mirada profunda y asesina se posó en mí.

—¡Papá!

Era una mirada similar a la de cuando intentó matarme hace mucho tiempo, pero sonreí tan radiantemente como pude, y la expresión de sus ojos cambió. Su rostro se puso rígido.

—No corras. Te vas a hacer daño.

No, no lo haré. Últimamente he estado corriendo mucho. Ignorando lo que parecía una preocupación innecesaria, justo entonces mi pie se tropezó con el umbral del salón. ¡Ack! ¡Me caigo!

—Te dije que no corrieras.

Antes de que pudiera golpear el suelo, un par de brazos fuertes me atraparon. Jeje. ¡Es papá! No pude evitar sonreír. Está bien. Me atraparás si caigo de todos modos, ¿verdad?

—Papá…

A una persona tan fría y despiadada. ¿Por qué le sonreía siempre como una idiota?

Ah, bueno. Conozco la respuesta a eso demasiado bien, así que pasemos a otra cosa.

Buaaa, solo quiero vivir. No necesito más afecto. ¡Pero al menos, quiero mantener lo que tengo ahora! ¡Estoy bastante cómoda ahora mismo!

—Princesa, ¿por qué no le muestra a Su Majestad lo adorable que es? —dijo Serira, animándome.

—¡Soy muy linda!

Me pinché las mejillas con los dedos índices y sonreí. Era un gesto pequeño, pero el hombre a mi lado estalló de alegría. ¡Oye, tú! Que sepas que hago esto por ti.

—Vaya, adorable. Qué linda. De verdad, de verdad, qué linda. Es tan encantadora. Cielos, es tan bonita. De verdad, de verdad, bonita.

Ugh, mi fan número uno. Tsk, tsk.

Rápidamente, giré la cabeza para mirar a mi padre. Oye, papá, ¿por qué esa cara larga? Me he esforzado en hacer algo lindo para ti. ¿Quieres morir? Se supone que esto es un toma y daca. ¿Vas a quedarte ahí sentado mirando? Ugh, despreciable.

—¡Mire aquí, princesa! ¿Dónde estoy? —exclamó Perdel mientras colocaba ambas manos cubriendo su cara. Luego, mientras las apartaba, volvio a exclamar—: ¡Aquí estoy!

Ugh. ¿Qué demonios cree que está haciendo? Ese juego ya no funciona conmigo. Haz algo nuevo si quieres llamar mi atención.

—¡Princesa! ¡Princesa Ariadna. ¡A! ¡Ri! ¡Ad! ¡Na!

Oh, Dios mío. ¡Cállate! Papá, ¿puedes hacer algo con él?

Tiré del cuello de la ropa de Kaitel y, por alguna razón, soltó un suspiro y me acercó más a él. No es que fuera particularmente afectuoso, pero como me gustaba más Kaitel que Perdel, me sentí un poco en conflicto. ¿Quizás era porque, al fin y al cabo, era mi padre? Digo, lo veía más a menudo que a Perdel, y Kaitel tenía una especie de presencia que hacía difícil no prestarle atención. Claro, eso cambiaba cuando le daba un arrebato de locura, pero en fin…

Después de hacer de todo para captar mi atención, Perdel finalmente se desplomó en el sofá con una expresión malhumorada. Parecía bastante decaído.

Así es, fan. Creo que deberías mantener tu obsesión conmigo a un nivel razonable. 

Te gusto demasiado.

—Kaitel, ¿sabes por qué no le gusto a la princesa?

—Porque eres feo.

¿Eh? Su rostro se endureció ligeramente. ¿Qué? ¿Qué acabo de oír?

—Ah, porque soy feo. Ya veo. ¿Por qué no lo vi antes… ¡imbécil! ¡Dame una respuesta seria por una vez!

Por un momento, Perdel se rio como si hubiera llegado a una revelación, y luego, enojado, le arrojó el cojín que tenía al lado. Por supuesto, Kaitel lo esquivó sin esfuerzo con un ligero giro de su cuerpo.

—¿Porque… no eres atractivo?

—¿Y cuál es la diferencia exactamente?

Uh, ¿probablemente el número de letras?

Perdel se agarró la frente con gesto sombrío, pero cuando levanté la mano para bostezar, sus ojos se iluminaron de nuevo.

—¡Oh, qué gesto tan elegante y recatado!

Impresionado una y otra vez… Debo de ser una especie de estatua de la Venus de Milo a sus ojos. Cualquier cosa que hago, queda absolutamente pasmado. Tsk, tsk. Y no era solo yo quien encontraba molesta su mirada obsesiva. Kaitel se dio la vuelta conmigo en brazos.

—Oye, ¿por qué la escondes? —La voz de Perdel sonaba desconcertada, pero Kaitel se mantuvo firme.

Sí, eres el único que puede protegerme de ese pervertido, papá. Me retorcí y pataleé un poco en sus brazos. Luego le agarré los hombros y me asomé por encima. En cuanto nuestras miradas se encontraron, la cara de Perdel se iluminó.

—¡Sil! ¡Silvia!

¡Te echo de menos, Silvia! Desde que se convirtió en mi madrina, había visitado el palacio al menos tres días a la semana, pero últimamente no la había visto mucho.

—¿Extraña a mi esposa?

Ugh, está embelesado. ¿Cómo puede estar tan enamorado? Era molesto, pero el problema es que no lo odiaba del todo por ello. Asentí, y Kaitel se dio la vuelta de nuevo. No sabía por qué me bajaba, pero me alegré de todos modos.

—¡Sip, Sil!

—Entonces, ¿vamos a verla? —Perdel sonrió radiante mientras tomaba mi diminuta mano.

Oh, ¿vamos ahora mismo? ¿Podemos? A mí me parece bien, pero ¿no deberíamos pedirle permiso a mi padre primero? ¿O no?

Rápidamente giré la cabeza para mirar a mi padre. Kaitel me agarró por los hombros y me atrajo de nuevo hacia él. ¿Eh? Y entonces, Perdel fue inmediatamente bloqueado. ¿Um?

—¡¿Por qué, por qué, por qué?! —protestó Perdel con vehemencia.

Kaitel simplemente le dirigió una severa advertencia.

—No toques a mi hija.

—¡No lo hice! —gritó Perdel, sintiéndose acusado injustamente.

Pero Kaitel hablaba en serio.

—Tampoco le tomes de la mano.

Oh, ¿así que estás haciendo esto porque me agarró la mano?

Antes de que me diera cuenta, Kaitel había invocado su espada para protegerme con ella. Incluso yo me quedé un poco sorprendida, así que solo podía imaginar cómo debía sentirse Perdel. Se quedó allí con la mandíbula desencajada. Parecía haberse quedado sin palabras.

—¡Vaya, estás loco! Esto es acoso. Me repugna.

Sí, eso ha sido un poco excesivo, Kaitel. Hasta yo pensé que era mezquino. Pero nuestro Kaitel era, como siempre, audaz y sin remordimientos.

—Consigue tu propia hija. —Su voz estaba impregnada de asco. Casi me hizo pensar que debería tener una hija yo misma.

—¡Pienso hacerlo de todos modos! —protestó Perdel, pero Kaitel simplemente resopló.

Pero a diferencia de la última vez, las afirmaciones de Perdel esta vez tenían cierta credibilidad, ya que Silvia tenía seis meses de embarazo. Por eso no había podido visitarme tanto últimamente, y me sentía un poco decaída por ello. Te echo de menos, Silvia. Mucho.

—Mi propia princesa nacerá pronto. ¡Ya estamos de seis meses!

—¿Y cómo sabes si va a ser niño o niña?

¡Sí, cómo sabes si es una hija o un hijo?!

Aunque existían formas mágicas de discernir el género del bebé antes de que naciera, Perdel había insistido en esperar hasta el nacimiento para llevarse la sorpresa. O… ¿lo comprobó en secreto?

—¡Claro que es una niña! ¡Quiero tanto una hija que, por supuesto, tiene que serlo! ¡Mi primer hijo será una niña sí o sí!

Cielos. ¿Crees que eso va a pasar solo porque lo deseas?

Aparentemente harto, Kaitel desvió su mirada de nuevo hacia mí. ¿Hm? ¿Qué? Ah, parece que me he manchado con helado antes. Tocó la mancha en mi vestido blanco mientras me miraba inquisitivamente.

¿Y qué? Sí, me he manchado un poco mientras comía. ¿Es eso tan sorprendente?

—¡Oye, no me ignores! ¡Préstame algo de atención! ¡Muestra algo de preocupación y empatía por los desfavorecidos sociales! —se quejó Perdel.

¿Quién es exactamente el desfavorecido social aquí?

Ambos miramos a Perdel como si fuera la cosa más patética del mundo. De tal palo, tal astilla. Estoy condenada. Como si no fuera suficiente con parecerme a él, ahora actúo igual. ¿Qué voy a hacer?

Me preocupaba poder acabar causando un baño de sangre algún día como Kaitel. Eso es aterrador, maldita sea.

—Olvídalo. ¿A quién quiero engañar? ¡Prefiero morir que vivir así!

Parecía que Perdel estaba completamente derrotado por las miradas similares que le dedicábamos el dúo padre-hija. Parecía especialmente abatido, y sentí lástima por él. Oh, ¿qué puedo hacer? Negué con la cabeza, me bajé de los brazos de Kaitel y puse mi mano en el hombro de Perdel.

—No te mueras.

—¿Me está… consolando?

Sí. Si te mueres, ¿quién va a fastidiar a Kaitel? No puedes morir. Todavía no soy lo suficientemente fuerte como para fastidiar a mi padre como tú. Ahora que mi pronunciación es decente, ya ni siquiera puedo insultarlo en voz alta. ¡Así que eres mi último rayo de esperanza!

Aunque mis intenciones eran un poco egoístas, el resultado final fue bastante bueno. Los ojos de Perdel brillaron de emoción. Ah, parece que se ha conmovido profundamente.

—Sip. No te mueras.

Perdel me abrazó y empezó a lloriquear.

—¡Buaaa, es un ángel!

Inmediatamente, la mano de Kaitel se abalanzó sobre él.

—¡Ack, no me pegues! ¡Ay!

¿Esto es Dos Tontos muy Tontos o algo así?

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