Traducido por Lily
Editado por Herijo
Al volver al Palacio Soleil, me dirigía directamente a mi habitación cuando escuché la voz del mismo responsable de que me hubieran echado de allí para ir al Jardín de la Serenidad.
—¡No! ¡Fuera!
¿Todavía sigue con lo mismo?
—¡Graecito! —Serira hacía todo lo posible por consolar a su hijo, pero por alguna razón, cuanto más lo intentaba, más grande se hacía su berrinche. A todo esto, ¿por qué está tan alterado?
Ver a Serira intentando calmar desesperadamente a Graecito me hizo darme cuenta, una vez más, de que de verdad era una madre. Me recordó a cuando mi propia madre me regañaba de pequeña. Y entonces me pregunté: ¿por qué Serira es tan dulce conmigo? ¿Será porque soy una princesa? Mmm, no, debe ser porque me porto muy bien, ¿verdad? Tiene que ser eso…
—¡Serira! —la llamé, y ella se giró para mirarme en medio de sus intentos por calmar a Graecito. Al ver su radiante sonrisa, no pude evitar sonreírle de vuelta.
—Ah, Su Alteza, ya ha vuelto. Por favor, siéntese. Es la hora de su merienda.
—¡Claro!
Con la ayuda de Elene, me senté en la silla y contemplé los deliciosos postres. Ah, los postres son lo mejor. No estaba segura de si mi paladar había cambiado por estar en otro cuerpo, pero, extrañamente, disfrutaba de todo lo que me daban.
Estaba sentada, mordisqueando una galleta, cuando me di cuenta de que el alboroto había cesado. ¿Habrán dejado de discutir por fin porque estoy yo aquí? Sentí una mirada aguda clavada en mí. En cualquier caso, no era algo que me agradara.
—Pruébalo, Cito —le dije. La verdad, ya no era tan pequeña como para querer jugar de verdad con un niño como él. El chico recibió mi sugerencia en silencio y, al poco tiempo, se giró con un bufido.
Odia todo lo que hago, ¿no? Aun así, me conformé con que la interminable pelea se hubiera detenido.
Serira soltó un suspiro de alivio al ver a Graecito sentado en silencio frente a mí.
—¿La baronesa Brave se encuentra bien?
—Sí. El médico dijo que estará bien.
—Debiste de estar muy preocupada.
—Está bien.
Mmm, ya veo. Tomé otra galleta, me la metí en la boca y miré a Graecito. En cuanto nuestras miradas se cruzaron, apartó la vista.
Pero sigue pareciendo inquieto… Bueno, debe de sentirse incómodo. Su abuela no se encuentra bien, y por eso lo habían dejado aquí en el palacio con su madre.
Sin embargo, Serira también estaba intranquila. Estaba reprimiendo las ganas de ir a ocuparse de su trabajo, y para colmo, Graecito se lo estaba poniendo difícil.
Por lo menos, yo debería portarme bien. No es que no fuera mi intención desde el principio, pero sentí una renovada determinación al respecto.
Con ese pensamiento, devoré el trozo de tarta de manzana que tenía delante.
—Tú también deberías comer, Cito.
Graecito se me quedó mirando con la boca abierta mientras yo comía.
¿Eh? ¿Por qué me miras? ¿Soy tan guapa? Sé de sobra que lo soy. Pero no tanto como para hacer que alguien se olvide de la comida que tiene delante. Uff, sí… creo que esta vez me he pasado. Culpa mía.
—¡No! ¡No quiero!
—¡Graecito!
Apartó la mano de Serira de un manotazo, y la tarta de manzana casi salió volando. Pero bueno, este mocoso…
Aunque me encantaba la filosofía de Serira de que el castigo físico no era la solución, en momentos como este pensaba que un poco de disciplina no vendría mal.
¡Uf! Fruncí el ceño al ver que la conmoción volvía a empezar. Nos espera otra guerra campal, ¿eh? Me dolía la cabeza solo de pensarlo.
En fin, ¿qué le voy a hacer? Tendré que intervenir.
—Si no te la vas a comer tú, me la comeré yo.
—P-Princesa…
Arrastré el plato de Graecito hacia mi lado. El sonido del plato al raspar la mesa resonó con fuerza en la habitación. En el instante en que tomé el tenedor, Graecito me arrebató el plato.
—¡Es mío!
Acto seguido, agarró su propio tenedor y empezó a devorar la tarta de manzana. Dejé mi tenedor sobre la mesa con un suspiro.
¿Tanto lío para acabar comiéndotela igualmente?
♦ ♦ ♦
Era hora de dormir. Después de asearme, esperaba en el dormitorio de Kaitel. Cuando entró de repente, me quedé helada.
¿Eh? ¿Eeeh? ¿Por qué me mira con esa cara? Estaba a punto de correr a sus brazos como siempre, pero me detuve un instante. No era la primera vez que veía esa expresión, pero era difícil acostumbrarse y todavía me ponía nerviosa.
¿He hecho algo? ¡¿Qué he hecho mal?! Le di mil vueltas, pero no. No había hecho nada malo.
A ver… ¿Cuál es el problema? ¿Que no hemos cenado juntos esta noche? Pero eso ha sido porque estaba ocupado. No entiendo nada. Esto ha salido de la nada.
Se hizo un silencio incómodo. Bueno, decidí actuar con normalidad. Actúa normal. Con naturalidad…
—¡Papá!
¡Hora de poner una sonrisa adorable y saltar a sus brazos! Me esforcé por dedicarle mi sonrisa más radiante.
No tengo ni idea de qué he hecho, pero si ha sido algo malo, por favor, no te enfades, papá. Sabes que no podría tener malas intenciones, ¿verdad? Ha sido porque no sabía, así que, vamos, sé comprensivo. ¿Dónde está ese corazón magnánimo tuyo? ¡Sé el padre indulgente que eres! Los niños cometen errores todo el tiempo, ¿no?
La cara de Kaitel empezó a suavizarse poco a poco. Por suerte, invocar toda la lindura de cada célula de mi cuerpo había funcionado. Me senté en sus brazos, sacando a relucir todos los trucos adorables que tenía bajo la manga. Sinceramente, era un poco agotador.
Le pides mucho a tu hija de dos años, ¿sabes? Aunque no voy a negar que me encanta lo natural que resulta cuando te inclinas para tomarme en brazos.
—He oído…
—¿Hm?
—Que fuiste al harén.
Pero eso fue esta mañana. Mi cuerpo se puso rígido como una piedra. ¿Ya se ha enterado? ¡Uf, Elene! ¡Esa chismosa…!
Ahora que sabía más o menos qué tipo de lugar era el harén, la reacción de Kaitel me daba todavía más miedo.
A ver, no me va a cortar la cabeza por haber ido ahí una vez, ¿o sí…? Uf, odio esto. Odio que esa posibilidad me parezca tan real. Entonces, ¿me vas a matar, papá? No puedes. ¡Aún no estoy lista para morir! No tengo otra opción. Tengo que sacar mi arma secreta. ¡Mi jugada maestra!
—¿Mmm? ¿Qué es un harén? —pregunté, fingiendo no saber nada.
La clave aquí era mantener mi aire inocente.
El rostro de Kaitel se endureció. ¡Puedo ser adorable! ¡Súper adorable! ¡Taaan linda! ¿Cómo crees que he llegado a los dos años? No. No moriré aquí. ¡¿De verdad crees que puedes matar a una cosita tan adorable y encantadora como yo?!
—El lugar al que fuiste hoy era el harén.
—¿Adónde he ido?
¿Es cosa mía o se le están marcando las venas de la frente a Kaitel? Es cosa mía… ¿verdad? No me gustó cómo empezó a fruncir el ceño, por muy sutil que fuera, así que le puse el dedo índice en el entrecejo. Relájate, ¿quieres?
—Los edificios que están detrás del Palacio de Sienna.
—¿Hm?
—El edificio más cercano a la puerta oeste del jardín.
—¿Eeeh?
Kaitel se calló. Aunque me asustaba la forma en que apretaba los labios, terriblemente disgustado, al mismo tiempo, despertó algo en mí.
Uy. Esto es bastante divertido. Contuve la risa mientras intentaba parecer lo más tranquila posible. Ah… creo que empiezo a entender, quizás un uno por ciento, por qué Perdel no para de tomarle el pelo a Kaitel, aunque siempre acabe apaleado. Así que esto es lo divertido del asunto. ¡Ja!
—En cualquier caso, no vayas allí. ¿Entendido? —Tras rendirse en su intento de explicarme qué era el harén, Kaitel procedió a advertirme. Parecía bastante serio.
No. No lo hagas, Ria. No lo hagas. ¡¡¡No lo hagas!!!
—¿Por qué no? —Pero acabé preguntando de todos modos—. ¿Por qué no? ¿Por qué no puedo ir? —Kaitel volvió a apretar los labios al oír mi voz alegre, feliz e inocente.
Parecía increíblemente molesto. Era todo un espectáculo. Oh, no. Oh, Dios. Tenía claramente el aspecto de querer darme un puñetazo, pero no lo hacía como lo habría hecho con Perdel, quizás por ser yo un bebé o por alguna otra razón.
Uy. ¡Esto es muy adictivo!
—No es bueno para ti, así que no vayas.
—¿Por qué no es bueno?
—Simplemente no lo es.
—¿Qué tiene de malo?
Kaitel respiró hondo. Se estaba esforzando al máximo por contener su temperamento mientras yo me moría por dentro. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Qué divertido! ¡Esto es una locura adictiva! Empecé solo por divertirme, pero ahora estoy completamente metida en el papel. Vaya. Me está encantando… —No iré —dije, justo en el momento en que pensé que iba a explotar. Kaitel frunció el ceño.
¡He dicho que no iré! ¿También tienes algún problema con eso? Pero como había encontrado una mina de oro inesperada hoy, decidí dejarlo pasar. Señalé mi cama.
—¡A dormir! ¡Al país de los sueños!
Kaitel me bajó al suelo. Corrí hacia la cama y me tapé con las sábanas hasta la cara.
—¡Su Majestad Imperial! —Mi cabeza se giró automáticamente al oír la voz que venía de fuera de la habitación.
¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Y a estas horas? A diferencia de mi cara de perplejidad, los ojos de Kaitel se volvieron feroces.
El sirviente que entró en la habitación inclinó la cabeza inmediatamente. La forma en que temblaba me hizo sentir un poco de pena por él. Pero, ¿qué demonios está pasando?
—¡Hay un mensaje urgente de la fuerza expedicionaria!
Kaitel le arrebató el papel de la mano al sirviente y empezó a leerlo. Su rostro se endureció. Después de todo el esfuerzo por subirme a la cama, me senté de nuevo y miré a Kaitel. Podía sentir la energía amenazante que emanaba de él.
—¡¿Quién lo envía?!
—E-El maestro Thuiolle, Su Majestad.
La verdad es que me daban pena todos los sirvientes y doncellas que trabajaban en el Palacio Soleil. Kaitel les hacía pasar por mucho. Pero para ser justos, el dinero extra que recibían por ello era bastante alto.
Mmm. ¿Qué diablos dice ese papel para que Kaitel esté temblando así?
—Convoca a Perdel inmediatamente.
—Sí, Su Majestad.
Con esa orden, Kaitel salió furioso del dormitorio.
¿Qué será eso para que se vaya corriendo y me deje atrás? Ahora, sola en la cama, incliné la cabeza, desconcertada. Supuse que volvería pronto, pero fue una suposición precipitada.
Kaitel no regresó hasta la mañana siguiente. Mientras tanto, yo me desperté con un ligero resfriado. Me sentí muy extraña ese día.
♦ ♦ ♦
—A ver, ¿quién iba a pensar que Praezia nos atacaría?
—Estaban siendo atacados, ¿no es natural que contraataquen?
—¡Pero este es nuestro país! ¡Es Agrigent!
—Ya basta. ¿A qué viene tanto alboroto tan temprano?
Mis oídos se llenaron con el parloteo de las doncellas. Se sentía una energía intensa en todo el palacio, pero no por algo bueno. Era más bien una sensación de inquietud, que me hacía sentir extrañamente abatida.
Serira permanecía en silencio en medio de todo el ruido, pero Elene, por supuesto, no. Estaba dejando el cepillo de dientes en el lavabo después de lavármelos cuando Elene empezó a parlotear emocionada.
—Señora Serira, ¿se ha enterado?
Ya empieza otra vez. Con sus malditos cotilleos.
Al final, era este lado de Elene el que me mantenía al día de todas las últimas noticias e información. Acepté el vaso que Serira me ofreció para enjuagarme la boca.
—¿A qué viene tanto alboroto?
—¡Oh, es terrible! ¡Un desastre!
Pero para ti todo es un desastre. Parecía que Serira pensaba lo mismo.
—Entonces, ¿qué demonios ha…?
—¡El caballero Zavaikal ha sido gravemente herido! —La voz de Elene sonaba alarmada y muy seria.
¿Eh? ¿Zavaikal? ¿Quién es ese? Estaba totalmente confundida.
A diferencia de mí, que no tenía ni idea de lo que pasaba, Serira se quedó tan sorprendida que se le desencajó la mandíbula. A mi, me sorprendió lo sorprendida que estaba ella.
¿Qué? ¿Hasta Serira lo conoce y yo no? Escupí el agua de mi boca, y Serira me secó alrededor de los labios con una toalla. Cuando terminó, me giré inmediatamente para mirar a Elene.
—¡El Caballero Negro de Su Majestad! ¡El mejor caballero de todo el imperio está herido!
Espera. ¿Caballero Negro? Eso me suena mucho. Entrecerré los ojos. ¿Quién era ese otra vez? Juraría que lo sé…
—¿El caballero Asisi? ¡¿Está bien?!
—No estoy segura, pero parece que la cosa va mal. Su Majestad convocó una reunión de emergencia anoche. Incluso llamaron al canciller. Todos parecían estar en un estado terrible.
—Oh, espero que no sea demasiado grave. —Me sorprendió lo genuinamente preocupada que sonaba la voz de Serira. Pero cuando me giré para mirarla, no pude deducir mucho de su expresión.
¿Qué demonios está pasando? Así que Asisi es el caballero que resultó herido. Asisi. No pude evitar soltar un suspiro, a pesar de no haber visto nunca a esa persona. Y la reacción de Kaitel de ayer ahora tenía sentido.
Aunque parecía que Perdel no le importaba tanto, este caballero, Asisi, era otra historia. Me daba la sensación de que había un vínculo más fuerte entre ellos, al menos para mí. Pero incluso teniendo eso en cuenta, la reacción fue extrema. No habían perdido la guerra. No habíamos sido derrotados. Y, sin embargo, todo el mundo parecía estar conmocionado por el simple hecho de que este caballero hubiera resultado herido.
¿Tan poderoso es ese caballero? Es realmente difícil hacerse una idea de la situación sin saber quién es este tipo.
—Nuestro Caballero Negro nunca había sido herido antes. Incluso si era una emboscada… He oído que la moral de nuestro ejército ha decaído por esto.
—Estoy segura de ello, solo con oírte decirlo ahora.
—¡¿Qué quiere decir, señora Serira?!
Serira se calló mientras me secaba el pelo. Solté un suspiro deprimido mientras escuchaba a las dos. Parece que este mundo no es diferente. Dicen que la vida es parecida dondequiera que haya gente, pero desearía que esta parte pudiera ser distinta.
La historia de la humanidad es también la historia de la guerra. Es algo de lo que los humanos nunca han podido escapar a lo largo de la historia. De hecho, durante los últimos cien años de la historia humana moderna, solo hubo un total de catorce días en los que no se libraba una guerra en la Tierra. Nunca olvidaré la conmoción que sentí la primera vez que oí eso.
Curiosamente, como alguien que vivió en paz en la península de Corea, que todavía está en armisticio, la guerra me resultaba a la vez ajena y familiar. Sentía como si estuviera sentada frente al televisor de casa, escuchando las noticias sobre una guerra en el noticiero.
¿Así de podrida estoy?
