La Princesa del Ataúd – Volumen 2 – Capítulo 4: La guerra limitada (2)

Traducido por Zico

Editado por Sakuya 


Como de costumbre, salió al patio para encontrarse con la chica bañada bajo la luz de la luna. Su tranquilizante sonrisa teñida con un toque de timidez.

Bajo la lluvia. En el viento. Al mediodía. Por la noche.

El tiempo ya se había detenido para esta chica. Hace cinco años, ese día, su futuro estaba en espera permanente. Todo lo que quedaba de ella era, literalmente, una imagen.

Pero, aun así, la imagen que dejó atrás todavía se aferraba a los viejos tiempos.

No deseando que esos recuerdos se desvanezcan, la mujer los arrastró con ella, guardó todos los retratos y artículos de la chica, y repitió esos recuerdos en su cabeza una y otra vez.

No se arrepintió de hacerlo.

Esto era algo humano.

Esto era lo que los humanos deberían hacer.

Por lo tanto…

—¿Por qué? —preguntó Dominica sin quitarle los ojos de encima a la falsa Lucie Scoda—. Nuestra batalla es mañana al mediodía. ¿O pensabas que podrías atraparme mientras duermo?

—Lo haría si pensara que realmente funcionaría. —dijo el joven, el saboteador Tohru—. Verás, hay muchas cosas que no tienen sentido aquí.

—¿No tienen sentido…?

Por fin, Dominica apartó su mirada de la falsa imagen y la dirigió a los dos que estaban detrás de ella.

Junto a Tohru estaba la chica de pelo plateado, Chaika, la que se parecía a Lucie en apariencia. Dominica no vio a la hermana de Tohru, Akari, en ninguna parte, así que tal vez estaba planeando un ataque sorpresa, o preparando algo.

—Tú fuiste parte de las fuerzas especiales que se dice que derribaron directamente al emperador Gaz y su imperio, ¿correcto?

—Correcto, ¿y? —Dominica tenía una expresión de confusión.

¿Por qué estaría preguntando algo así ahora?

—Entonces, ¿no la recuerdas? —Tohru señaló a Chaika.

—¿Recordar? ¿Qué quieres decir?

Dominica entrecerró los ojos mientras miraba fijamente a Chaika. Al mismo tiempo, Tohru miró a Dominica.

Los suyos eran los ojos de alguien que había realizado muchos sacrificios, buscando algo.

—Ya veo…

Tohru asintió, como si hubiera entendido algo.

—¿Y bien? ¿Algo más? ¿Satisfecho ahora? —Preguntó Dominica.

—Sí. Más o menos.

Se acercó al lado de Dominica.

Su par de espadas cortas le colgaban de la cintura, pero no intentó alcanzarlas. No tenía la intención de luchar o matar. Parecía que no había venido a atacar y a romper su acuerdo sobre el duelo de mañana.

—Oye, eres un caballero dragón, ¿verdad? —preguntó Tohru mientras miraba a los alrededores—. ¿Está bien que luches sin un dragón?

—¿Prefieres que lo convoque? Eso acabaría con tu posibilidad de victoria, una entre un millón, ¿sabes?

—Tienes razón, pero…

Tohru pasó por Dominica y se acercó al holograma de Lucie.

—Oye.

—¿Qué?

Cuando Tohru escuchó la voz de Dominica, ya se encontraba al lado de Lucie.

—No te acerques a mi hermana. No la toques.

—Esta no es tu hermana. Es sólo una imitación. —dijo Tohru con indiferencia.

No se compadeció de ella, ni la despreció. Sólo lo dijo como era. 

Una farsa. Una imagen posterior. Por supuesto que ella lo sabía.

Pero…

—Los muertos no volverán a morir. Los muertos nunca volverán a sufrir. Simplemente se desvanecen en el olvido. Justo como esto.

De repente, Tohru arrojó algo con su mano derecha. Se escuchó un ligero silbido. 

Como una flecha que se suelta en el campo de batalla…

—¡Bastardo!

En el siguiente instante, hubo un choque y el holograma de su hermana desapareció. Y entonces, no quedó nada. Nada de verdad.

—¿Qué hiciste?

Dominica se acercó a Tohru y lo agarró del cuello.

Probablemente había arrojado algo y roto el dispositivo de proyección.

—¿Qué pasa? ¿Te pones inestable cuando tu hermana no está a tu lado?

Tohru devolvió a Dominica su mirada, ardiendo de rabia, con los ojos bien abiertos.

—¿Son realmente tan patéticos tus sentimientos hacia tu hermana?

—¿Qué has dicho?

—No es como si fueras la única que ha perdido a alguien especial, ya sabes. Hasta yo lo he hecho. —dijo Tohru, con una voz apagada.

—¿Y qué…?

Tal como dijo Tohru, innumerables amigos y miembros de su familia perecieron en la larga guerra. Así que no había necesidad de que él se lo comunicara de nuevo con tanta arrogancia.

—Me he vuelto indiferente.

—¿Qué…?

—Incluso si quisiera olvidar, no hay manera de que pudiera. Sobre ella. Cuando cierro los ojos, ella está ahí. Tanto si quiero que esté como si no. No importa cuántas veces la rechace, mis recuerdos de ella siguen volviendo. Ni siquiera puedo pensar en otra cosa.

—Mi… —Dominica se quejó.

—¿No dirías que tus sentimientos hacia tu hermana en comparación son un poco débiles?

—Tal vez.

Tohru miró fijamente a Dominica, con una expresión helada.

—Te quedaste con sus retratos. Incluso guardaste sus cosas. Cualquiera lo haría. Pero teniendo una imagen de tu hermana en el medio del patio donde puedes verla desde cualquier habitación de la mansión, incluso con lluvia y viento, tanto al mediodía como a la noche, ¿para qué demonios crees que sirve eso?

Dominica se quedó sin palabras.

Porque en algún lugar de su corazón sabía que una parte de las palabras de Tohru no podía refutar.

Ni siquiera lo había pensado. Era lo que un humano haría, lo que los humanos deberían hacer, había pensado. Y se lo había estado diciendo a sí misma. Probablemente era más por deber que por un deseo real.

—Oye… tú no estás realmente tan triste, ¿verdad?

—¿¡Qué me acabas de decir!? —Ella agarró el cuello de Tohru aún más fuerte. Sus dedos apenas tocaban el suelo. Pero el saboteador no se echó atrás. Entrecerró los ojos y habló como si viera a través del corazón de Dominica.

—Aunque hayas perdido a tu preciosa hermana, no estás tan triste. Sólo te estás forzando, siguiendo los movimientos de la tristeza, ¿no es así?

—Bastardo… ¿Me estás tomando el pelo?

¿Por qué diría algo así?

Incluso si, digamos, fuera cierto, ¿cuál era su objetivo al señalar eso intencionadamente e irritarla? ¿Cómo lo beneficiaría eso a él? No habrá pensado que ella estaría encantada y agradecida de que se lo dijeran, ¿cierto?

—¿Estás enojada? —Preguntó Tohru, como si estuviera probando algo.

¿Así que hacerla enfadar había sido el objetivo? Es cierto, si se proponía hacerla enojar lo suficiente como para que se perdiera, podría lograr una apertura. Y ni los dragones ni los caballeros dragones eran realmente inmortales. Si una apertura se revelaba y ella sufría un golpe mortal, sería su fin.

Dominica dejó escapar un suspiro, y soltó el cuello de Tohru.

—Tenemos cosas que hacer mañana temprano. Me habré calmado después de una noche de sueño.

—¿Es así? —Tohru asintió, arreglándose el cuello de la camisa.

No parecía especialmente amargado por ello. ¿Así que el objetivo no era hacerla enfadar, entonces?

O, tal vez-

—Dispositivo de proyección.

Una voz se interpuso entre Tohru y Dominica sin previo aviso.

Cuando Dominica giró la cabeza para ver de donde provenía la voz, los rastros de ira probablemente aún permanecían en sus ojos. Como resultado, Chaika se estremeció por un segundo, pero luego continuó como si hubiera encontrado su resolución.

—Lo arreglaré. Disculpa.

La chica de pelo plateado parecía estar genuinamente arrepentida.  

Puede ser que, aunque estuvieran juntos, Chaika no había sido informada de antemano de lo que Tohru estaba planeando. Tal vez todas las acciones de Tohru esta noche habían sido un capricho, puramente circunstancial.

—Reparación de dispositivos, muy hábil.

—Está bien…

Después de pensarlo un poco, Dominica asintió.

—Como quieras. Pero no pienses ni por un segundo que puedes conseguir que te entregue los restos a cambio de la reparación.

Tanto el dispositivo de proyección como el holograma de Lucie eran preciosos, pero no eran insustituibles.

—Por supuesto. Reparación. Mañana. Antes del mediodía, antes de la batalla, se devolverá.

Chaika asintió con entusiasmo. Ella entendió que eso significaba que no tenía intención de jugar sucio y utilizar el holograma de Lucie como moneda de cambio.

—Dijiste que querías una pelea, y te la vamos a dar. —dijo Tohru a su lado, enderezando su postura.

Pero sus oponentes eran saboteadores. No sabía hasta qué punto podía confiar en esas palabras.

—Si es así, estaré de acuerdo.

Con ese comentario de despedida, Dominica se retiró.

El holograma de Lucie había desaparecido, así que Dominica ya no tenía nada que hacer aquí.

Aunque, para ella, tal y como estaba ahora, daba igual estar en una habitación o al lado de la carretera. Cualquier espacio donde pudiera seguir existiendo le parecía bien. Había perdido su verdadero hogar, así que no era exagerado decir que el concepto de lugar era una mera nimiedad.

Pero-

Las palabras de Tohru de hace un momento resonaron en su mente.

—Oye… tú no estás realmente tan triste, ¿verdad?

—Es absurdo. —se dijo Dominica—. Estoy devastada. Estoy llena de arrepentimiento. Pero…

Tohru se había equivocado. Pero ¿estaba completamente equivocado?

—Es simplemente… absurdo.

Dominica salió del patio, murmurando para sí misma.

♦ ♦ ♦

Tras abandonar el patio, el siguiente destino de Tohru fue la Svetrana.

Aunque Akari ya había investigado a fondo las habitaciones que les habían dado, Tohru determinó que los últimos preparativos debían hacerse fuera de la mansión, por si acaso.

—Tohru. —Mientras salían del vestíbulo, Chaika, que le seguía medio paso por detrás, habló—. ¿Por qué…?

El dispositivo de proyección que había recuperado del local era lo suficientemente pequeño como para llevarlo en brazos. Una de las dagas lanzadas por Tohru sobresalía de un lado. Una pequeña piedra probablemente podría haber hecho el trabajo sin problemas, excepto que romperla no era el objetivo final. Para que fuera fácil de reparar después, buscaba una precisión milimétrica, así que había optado por usar un arma con la que estaba familiarizado.

Sin embargo, Tohru no había informado a Chaika de los detalles de antemano.

Claro, eso podría haber sido algo malo, pero Chaika era una chica que dejaba ver todas sus emociones en su rostro de forma inmediata, por lo que informarla habría sido un inconveniente.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir con “por qué…”?

—Algo, cruel, como eso.

—Ah…

Tohru inclinó la cara.

Parecía que Chaika tenía una espina clavada con él por el trato que le daba a Dominica, incluyendo la forma en que arruinó su dispositivo de proyección. Claro, desde la perspectiva de un espectador, probablemente parecía que sólo estaba siendo malvado.

—Quería confirmar algo. Ver si Dominica se enfadaba de verdad cuando decía esas cosas— explicó Tohru, recordando la cara de Dominica.

En efecto, se había enfadado. Se había enfadado, pero…

—Oye, Chaika.

Tohru, ahora al lado de la Svetrana, se giró para mirarla. Pudo sentir que dudaba por un segundo, pero siguió adelante y preguntó de todos modos.

—¿Y si te hubiera dicho esas cosas sobre tu padre? ¿Cómo te sentirías al respecto?

—¿Padre? ¿Cosas? ¿Eh? 

Chaika se quedó ahí, claramente confundida. Parecía que no entendía en absoluto la pregunta de Tohru.

—Cómo por ejemplo, qué pasaría si te dijera, ‘no estás realmente tan triste por la muerte de tu padre, ¿Mmm?

—¿Mu…?

Las cejas de Chaika se fruncieron.

Sí, así es, murmuró Tohru en su corazón.

La tristeza sólo se difunde dentro de las personas. No es algo que se pueda olvidar sin más, pero la mente aprende a soportar y a seguir adelante. Estar o no estar triste, normalmente regresa al subconsciente.

Lo mismo ocurre con el dolor.

Si se deja el dolor de una herida que aún no ha sanado, no dura para siempre. En la mayoría de los casos, el dolor es más intenso en el instante en que se recibe la herida. Suponiendo que la herida no se reabra, el dolor sólo se atenúa a partir de ese momento y te acostumbras: la herida no se ha curado y el dolor no ha desaparecido, pero no eres tan consciente de el. 

Y por eso, si alguien le dijera a Tohru que en realidad no estaba tan destrozado por la muerte de Jasmine, no se enfadaría. Podría estar confundido, pero sólo con mirar dentro de sí mismo y encontrar esa tristeza que queda en su corazón, podría negar fácilmente sus palabras.

Que alguien se enfade después de que le digan eso, ¿no sería lo mismo que confirmar que tenían razón?

Tenía la sensación de que cuanto más insistes en estar triste, más acabas negando tus propios esfuerzos.

Si así fuera…

—Llanto y lamento, hecho. No más. Pero… realmente triste.

—Estoy seguro —asintió Tohru—, pero no te enfadarías.

—Mm —Chaika asintió—. Pero. Padre, la muerte. No vi.

—Sería lo mismo que Dominica.

Sí, había quienes habían experimentado la muerte de un ser querido sin poder presenciarla ellos mismos. Sin embargo, ¿se enfadarían si se los mencionaran?

Desde cualquier punto de vista, las palabras y el comportamiento de Dominica eran extraños.

Y lo que es más… El hecho de que ella tenga un trozo de los restos, confirma que fue una de las que acabó directamente con el Emperador.

El conde Del Solant también había pertenecido a ese grupo.

—¡Ridículo! ¡Se supone que estás muerta!

Roberto Abarth lo había dicho definitivamente.

Aunque no tenía forma de confirmarlo, estaba seguro de que esas palabras no iban dirigidas a él ni a Akari. Y las únicas personas presentes en la habitación en ese momento habían sido Tohru, Akari, Roberto… y Chaika.

Por lo tanto, la persona que debía estar muerta según Roberto, tenía que ser Chaika.

Para ser honesto, antes de conocer a Chaika… no, incluso hasta que se enteró de su origen por el Grupo Gillette, Tohru no tenía ni idea de que el Emperador Gaz tuviera una hija.

En primer lugar, no sabía mucho sobre el emperador Gaz… o más bien, se decía que nadie, salvo una pequeña fracción de sus ayudantes cercanos, sabía nada sobre su vida personal.

Pero los líderes del mundo, emperadores, reyes y soberanos por igual, eran hombres del público. Si uno de ellos tenía familia, se conocía en toda la tierra. Aunque trataran de ocultarlo, no podían hacerlo a medias.

Y, sin embargo… no había detalles de la existencia de una hija, no había absolutamente ninguna información sobre las posibles esposas que pudiera haber tenido, legales o no. Lo más probable es que ni siquiera sus súbditos tuvieran idea.

Lo que significa…

Sólo un número determinado de personas ha visto el rostro de Chaika. Esto es aún más cierto para aquellos fuera del Imperio.

Y, esas palabras… se supone que estás muerta…

Desde esa lógica, ¿no podría significar que Roberto Abarth vio la cara de Chaika durante el ataque a la capital del Imperio?

Por ejemplo, cuando irrumpió en la vivienda del emperador Gaz.

Con el castillo asediado, ciertamente tenía sentido que el emperador Gaz hubiera querido tener a sus criados más cercanos y a su familia con él mientras formulaba un plan de escape. En ese sentido, era posible que Chaika hubiera estado al lado de Arthur Gaz durante la batalla. En ese caso, no era nada extraño que Roberto Abarth hubiera visto la cara de Chaika mientras la unidad de fuerzas especiales apresaba al emperador.

Si se pensaba en la pérdida de memoria de Chaika como resultado de algún tipo de shock o trauma por haber presenciado esa escena, entonces todo encajaba.

Pero… si eso fuera cierto…

Dominica debería ser uno de esos mismos héroes, así que también debería haber visto la cara de Chaika. No obstante, no la reconoció. Siendo Chaika tan única y hermosa como era, no había forma de que Dominica no la hubiera reconocido en cuanto la vio.

¿Qué diablos significaba eso entonces?

¿Quizás la unidad de fuerzas especiales no siempre operaba como un todo?

Por supuesto, dependiendo de los detalles, era más que posible que Dominica simplemente no hubiera visto la cara de Chaika, pero… 

También era posible que Dominica no estuviera ahí cuando el Emperador Gaz había caído.

En otras palabras…

—Todo es tan enigmático —dijo Tohru mientras bajaba una cesta del portaequipaje de la Svetrana. En ella había una serie de herramientas y piezas de equipo variadas que habían tomado de la aldea Acura en el momento de su partida. El asalto a la mansión de Abarth había sido principalmente una misión de sigilo, por lo que en ese caso habían priorizado la agilidad y no habían utilizado las herramientas. Sin embargo, se enfrentaban a un caballero dragón de frente. Esta misión tendría un fuerte énfasis en el combate.

—Ugh, siento que algo está mal.

—¿Mal?

—La he provocado para saber qué, pero…

La inclinación de cabeza de Chaika le mostró que, naturalmente, no lo entendía en absoluto.

—Te lo explicaré más tarde —dijo Tohru mientras miraba el contenido de la cesta.

Chaika se quedó a su lado, mirándole fijamente, pero entonces… 

—Tohru.

Habló con una expresión ligeramente preocupada por alguna razón.

—¿Qué?

—En caso de que… la vida esté en peligro… recomienda… huir.

Tohru volvió a tapar la cesta y centró su atención en ella.

Cuando la miró de frente, ella desvió la mirada e intentó girar la cabeza, como si estuviera avergonzada por algo. Pero Tohru extendió ambas manos, las colocó a ambos lados de su cara, y detuvo esa acción.

—¿Mui?

—Ahora escucha. —dijo Tohru, clara y enfáticamente—. No necesito ese tipo de preocupación.

—¿Tohru…?

Los ojos de Chaika se abrieron de par en par. Mirando fijamente sus ojos violetas, en su profundidad, Tohru continuó.

—Soy un saboteador. Ya sea en la nuestra o en la de los demás, hacer de la vida algo sin importancia es nuestro oficio.

Mente, cuerpo, técnicas, incluso la vida misma, eran meras herramientas para cumplir la misión. Ese era el credo de un saboteador… y su orgullo.

—Sin embargo…

Chaika parecía estar al borde de las lágrimas.

Realmente parecía que Chaika no había pensado en cómo su misión, la recolección de los restos, afectaría a los demás a su alrededor, o si lo había hecho, no se había dado cuenta de las implicaciones.

Ser despreciada, ser odiada, y… perder algo como resultado. Por ejemplo, la vida de un camarada.

Pero la chica no estaba tratando de recoger cualquier resto. Estos eran los restos del Emperador. Incluso después de la muerte, su influencia era demasiado grande: una existencia que afectaba al destino de un gran número de personas. Por supuesto, tendrían que arriesgar sus vidas para recuperar restos de ese calibre.

Incluso Chaika estaba probablemente dispuesta a poner su propia vida en juego.

Pero utilizar las vidas de otros como garantía para cumplir con las propias ambiciones egoístas, requería un tipo de resolución diferente. No obstante, pedirle a Chaika que albergara esta determinación cuando su objetivo final era simplemente dar a su padre un entierro adecuado, era ciertamente duro.

Porque para ella, sería lo mismo que decirles a sus aliados que murieran por sus propias ambiciones.

—Por favor —El rostro de Tohru se relajó, y le mostró una sonrisa irónica—, piensa en tus propios deseos antes que en cualquier otra cosa.

—¿Tohru?

—Como mínimo, no deseches tu propio objetivo por consideración a ninguno de nosotros. De lo contrario, todo nuestro esfuerzo será en vano, maestra.

Chaika parpadeó rápidamente una y otra vez, casi como si estuviera asustada. Ahora, después de todo este tiempo, probablemente se había dado cuenta por fin de lo que significaba emplear a un saboteador.

—Lo he dicho antes, ¿no? Mi objetivo es asegurarme de que llegues a tu objetivo hasta el final. Así que cuando mi maestra está indecisa e insegura, eso dificulta mi trabajo.

—Tohru… yo…

Chaika se quedó sin palabras, como si no pudiera expresarlas.

Y entonces…

—¡Mierda!

En el siguiente instante, Tohru empujó a Chaika y por reflejo saltó hacia atrás. Algo negro pasó disparado justo entre ellos.

Golpeó el exterior de la Svetrana y giró en el aire tras haber rebotado.

—Espera un momento…

Tohru estiró la mano y lo agarró.

Era una daga giratoria, específicamente pintada de negro para evitar que la luz se reflejara en ella. Podía tener un aspecto diferente, pero era un objeto básico del que se encontrarían varios en la bolsa de cualquier saboteador.

En otras palabras…

—¡Akari!

Tohru se dio la vuelta para ver a su hermana caminando hacia él desde la mansión de Dominica.

—Oye, ¿cuál es tú problema?

—Hermano —dijo Akari con los ojos medio cerrados—, esa era una situación peligrosa.

—¡Tú eres la peligrosa! —dijo Tohru, lanzándole ligeramente la daga. 

Lanzando eso de la nada… 

—Intentar robar un beso al amparo de la noche… pero, en realidad, eso es propio de ti, hermano.

—¿Qué quieres decir?

Aunque, más o menos se dio cuenta de lo que Akari quería decir.

Antes, cuando Tohru agarró la cara de Chaika para evitar que desviara la mirada de él, debió parecer que intentaba tomar por la fuerza sus labios con los suyos. Para decirlo sin rodeos, sus habilidades de deducción eran las peores… pero, bueno, decírselo no tenía sentido.

—Quiero decir que intentaste besarla.

—¡No lo hice! Además, ¿me arrojaste una daga por una pequeñez como esa?

—Lo hice. Lo hice, en efecto.

—¡No suenes tan orgullosa de ello!

—De todos modos, es demasiado pronto para que tengas hijos.

—¿Eh…? —Tohru arrugó su cara, completamente perdido—. ¿Qué quieres decir con eso…?

—Hermano, ¿no lo sabes?

Akari dijo sus siguientes palabras con un tono significativo, como si le estuviera impartiendo una gran sabiduría.

—Besando es como se hacen los bebés.

—Tus conocimientos son retorcidos en todo tipo de formas.

Sintiendo que un cansancio inútil se apoderaba de él, bajó los hombros. Exhaló un pesado suspiro y, cambiando de marcha, planteó una pregunta.

—Entonces… ¿Cómo te fue?

—Más o menos como pensabas. Revisé toda la mansión, pero -devolvió la daga arrojadiza a su bolso- incluso la supuesta habitación en la que se aloja Dominica no mostraba signos de uso.

Básicamente, eso era lo que Akari había estado haciendo mientras tanto. Mientras Tohru y Chaika estaban en el patio ocupando la atención de Dominica, Akari estaba revisando la mansión, incluso las habitaciones que no habían podido revisar previamente como la propia habitación de Dominica. Si se topaba con los restos durante la búsqueda, era sencillo: los tomaría y correría, aunque honestamente Tohru no había esperado tanto.

—Desde que hicimos la cena, me ha estado molestando.

La cocina que fue dejada en gran parte sin tocar.

Por muy atento que estuvieras al campo de batalla, no tenía sentido salir a cocinar al aire libre cuando tenías una cocina en perfecto estado. La cocina estaba tan descuidada que se había convertido en un nido de arañas. Al menos, estaba claro que no se había encendido el fuego ni una sola vez en el último año, o quizá más.

—Incluso la cama estaba intacta. El suelo estaba cubierto de polvo.

En otras palabras, exactamente igual que la habitación que le habían dado a Tohru y Akari.

—En realidad, la habitación de Dominica Scoda sí mostraba algunos leves signos de uso. Sin embargo, ciertamente no era reciente. Esa habitación no ha sido utilizada en más de un año.

—Maldita sea. En este caso hubiera preferido que mis expectativas fueran traicionadas… —Suspiró.

Chaika, a su lado, miraba de un lado a otro a Tohru y Akari con una expresión de desconcierto. Probablemente no entendía el significado de su conversación, y cómo se relacionaba con la conclusión a la que Tohru había llegado finalmente.

—Entonces, ¿cuál es el plan, hermano?

Akari bajó una cesta del portaequipaje con sus propias herramientas metidas en ella. Su cesta era diferente a la de Tohru, ya que, además de sus armas y armaduras, también contenía equipos de química y una serie de medicamentos que iban desde bálsamos y medicinas de uso interno hasta venenos e incendiarios. El sonido de los objetos al entrar en contacto con un jarrón de porcelana resonó en la habitación, ya que se necesitaba un recipiente para mantenerlos todos en un mismo lugar.

—En una lucha justa contra nuestro oponente, no creo que pudiéramos ganar.

—Y por eso esto no será una pelea justa, por supuesto.

Tohru se encogió de hombros.

—Muy bien, una vez que estemos en el vehículo te contaré el plan que he preparado. Luego quiero que me digan lo que piensan las dos.

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