Matrimonio depredador – Capítulo 31: Lecho de flores

Traducido por Yonile

Editado por Meli


Leah le acarició el rostro, sus delicados dedos se deslizaron sobre su frente, bajaron por sus pómulos afilados y se detuvieron en sus labios.

Ishakan cerró los ojos y  permitió que le cepillara el cabello que se le pegaba a la frente. Los finos mechones de color castaño oscuro se suavizaban bajo su toque. Una sensación de hormigueo recorrió su cuerpo.

Ella acercó sus labios a los de él. Fue un ligero y delicado beso, como el roce de una pluma… incitando el deseo de más.

Ishakan chasqueó los labios y se sonrió cuando ella lo besó accidentalmente en la comisura de la boca.

Él envolvió su mano alrededor de la parte de atrás de su cabeza y la acercó más. Cualquier espacio entre ellos desapareció mientras se adentraban en un beso salvaje. Sorprendida, trató de retroceder, pero como si él hubiera anticipado su reacción, la sostuvo firmemente, impidiéndolo.

—Mmm… —gimió.

El ligero beso se había transformado durante mucho tiempo en un beso voraz, cada uno alimentando el fuego del insaciable deseo carnal.

Su lengua caliente se apretó entre sus labios. Era un explorador, recorriendo el paladar y deslizándose a lo largo de sus dientes. Cavó en su interior profundo áspero y desenfrenado… luego, finalmente lamió sus hinchados labios inferiores, mordiéndolo cariñosamente.

Era tan intenso que la mareó. Agarró la parte baja de su cuello mientras su cuerpo caía hacia atrás ante el enérgico beso, le masajeó el trasero.

Leah vaciló por un segundo y luego le devolvió el abrazo. El calor que emanaba de sus cuerpos entrelazados avivó su pasión; su sudor actuó como un adhesivo, eran inseparables.

Cuando sus labios se separaron, los ojos de Ishakan ya no eran gentiles y su miembro que tocaba su estómago estaba duro como una roca. La parte inferior de su cuerpo hormigueó y una sensación insoportable se elevó desde lo más profundo de su interior. El rostro excitante de Leah fue suficiente para impulsarlo a la acción.

—Hnnn, ah, Ishakan…

La única persona a la que podía aferrarse en medio del ardiente rapto era el hombre que la incitaba. Ella gritó su nombre, mordió con fuerza su hombro dejando marcas en esta piel cobriza, mientras cabalgaba la ola de placer.

—Ahh, ugh…

Ishakan, a diferencia de sus manos frenéticas explorando sus curvas y picos, solo movió levemente la parte inferior de su cuerpo. Era como si se estuviera reprimiendo, tratando de no asustarla. Sin embargo, tuvo el efecto contrario: sus ligeras embestidas la volvieron loca.

Una parte de ella esperaba que él la tomara sin ningún tipo de restricción. Quería que le atormentara cada centímetro y apagara su ardiente deseo, de una vez por todas. Si en ese momento, el calor de Ishakan la derretía hasta el suelo, no le importaría. Él quería saborear su ardiente lujuria y acabar con ella.

El pecho de Leah se estremeció, saltó sobre su centro y lo envolvió en sus brazos. Ishakan se echó hacia atrás, la sentó sobre su estómago, para evitar que usara los pies.

La ropa esparcida por el suelo se había convertido durante mucho tiempo en un desorden arrugado debido a su unión violenta.

Cayó sobre el lecho de rosas mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás.

Parecía una pintura, yacía allí enterrado en el desaliñado nardo blanco que contrastaba con su piel oscura y profunda. Leah echó un breve vistazo a su rostro y rápidamente saltó sobre él. Lo abrazó por la nuca y presionó su rostro contra el de él. Era casi como si quisiera arraigarse en él, la misma pérdida del contacto; de intimidad, era insoportable. Sus labios se deslizaron por la línea de su mandíbula afilada y besó su barbilla cincelada.

Sus frenéticos y pequeños besos encontraron sus labios y empujó su lengua hacia adentro. Tratando, con torpeza de replicar sus movimientos.

El hombre le correspondió maniobrando hábilmente su lengua y entrelazándolas.

—Ha-huh …

El éxtasis de besarlo, mientras su gran carne estaba dentro de ella, la hizo delirar. Instintivamente apretó los muslos, frotando furtivamente su clítoris entre sus piernas rígidas sobre sus suaves abdominales. Él debía haber notado que estaba empapada debajo.

—Me arde tanto por dentro … —Leah sollozó y se quejó.

Miró la cara roja y llorosa de Leah abrazándolo, y suspiró.

—Me estás volviendo loco. —Le mordió la punta de la nariz—. ¿Sabes cómo luce tu cara ahora mismo? ¿Sabes lo atractiva que es? —La miró esperando una respuesta que no llegó, suspiró derrotado y murmuró lentamente—: ¿Es mi buena suerte haber decidido fumar hoy? Solo pensar en cómo pudiste haberle mostrado esa cara a ese bastardo de Byun Gyeongbaek me hace…

No dijo el resto. Sin embargo, puso más fuerza en su agarre. Después de un momento de silencio, sonó su voz fría.

—Debería haberlo matado.

Movió su cintura hacia arriba y se hundió más profundamente. La punta se asomó donde nunca debería entrar.

Jadeaba sin cesar y frotaba la cara contra su pecho. Después de cierto punto, ya no pudo soportarlo. Sus gritos de protesta cayeron en oídos sordos, cuando trató de salir.

—¡Ah, es demasiado profundo, Ugh…!

Ishakan la estabilizó con su agarre y presionó con fuerza en su espalda. Leah se aplastó firmemente contra él, sin tener más remedio que tumbarse de nuevo.

—¿A dónde vas?

Ishakan agarró firmemente su trasero con ambas manos. Los montículos regordetes, moldeados entre sus dedos, pequeñas protuberancias de su piel asomaban desde abajo. Su emoción le hacía imposible controlar su fuerza.

La embistió mientras estrujaba su trasero. Se produjeron ruidos sordos desde punto de contacto. Su cuerpo se estremeció cuando él la hizo rebotar de arriba a abajo.

—Esto es lo que querías. Debería darte más.

—Hhhh, ah… Ahhhh, ¡Ishakan…! —Su voz gritaba en protesta, su mente ansiaba más.

—Tendré que llenarte adecuadamente para que tu mente lo anhele por un tiempo.

Sus gemidos indefensos resonaron en la noche tranquila. El sonido de los cuerpos chocando y la respiración pesada se intensificó. Sus ojos brillaban con lágrimas, podía vislumbrar débilmente la luz de la luna revoloteando mientras echaba la cabeza hacia atrás. Ella le clavó las uñas profundamente en la espalda, sin ataduras. Su mente se quedó en blanco, un placer increíble e indescriptible invadió sus sentidos.

—¡Hick, haaaang!

Leah dejó escapar sollozos seductores y arqueó las caderas. Alcanzó el clímax, su néctar gateaba. Se veía especialmente frágil y sensual en el resplandor crepuscular.

Entonces, un escalofrío recorrió su espalda, sus manos y pies no dejaban de temblar.

Su agarre no se aflojó, empujó su vara aún recta, más profundo. Chupó la saliva que goteaba por sus labios abiertos, mordisqueando su mejilla mientras lo hacía.

—¡Te llenaré todo lo que necesites! —declaró.

♦ ♦ ♦

¿Cuántas veces lo hicieron?

Leah había perdido toda la orientación de realidad, ya no podía decir dónde terminaba y comenzaba Ishakan. Después de la segunda vez, su memoria se volvió borrosa. Todo lo que quedaba era un vago recuerdo de su frenética unión; su última astilla de prudencia había escapado hacía mucho tiempo de sus grilletes cuando él la tomó como una bestia.

Lo último que recordaba era sus gritos delirantes de placer extático. Parecía que se había desmayado después de haber hecho el amor tan ferozmente. No había comido bien para prepararse para el banquete, por lo que era natural que su cuerpo no pudiera soportarlo.

Leah se obligó a abrir sus párpados plomizos. Necesitaba desesperadamente humedecerse la garganta reseca.

Agua, necesito agua.

Un largo trozo de tela le llamó la atención. Era una cortina bordada con dibujos muy elaborados, que ondeaba libremente con el viento. Su conciencia regresó a ella, comenzó a notar su entorno. Sus ojos miraban ausentes, como si estudiara los intrincados patrones de las cortinas.

Estaba en una habitación oscura y tranquila. Una bruma de humo colocó un filtro, el silencio tan intenso que incluso se podía escuchar el inaudible torbellino de polvo.

La luz plateada de la luna perfectamente redondeada brillaba a través de la ventana. Un mundo de estrellas pintó el cielo, lo que le permitió ver un prisma de pequeñas y brillantes gemas que salpicaban el cielo a través de los cristales transparentes.

Fue surrealista.

Sintió que alguien le peinaba el cabello, fue cálido, reconfortante. Sus párpados revoloteaban, tratando de comprender si todavía estaba en un sueño o si este trance era una realidad.

Después de un rato, se dio cuenta de que estaba acostada en una cama. Su cabeza descansaba en un muslo cálido y firme.

El hombre, que estaba apoyado en la cama con una extremidad levantada en un ángulo de noventa grados y la otra tendida para ella, tenía un cigarrillo entre el índice y el dedo medio.

Dio una calada profunda y exhaló. El humo nebuloso que siguió a su largo aliento, se esparció en el aire del amanecer. El aroma fresco, pero dulce, flotaba a través de la habitación.

Lo observó durante mucho tiempo antes de intentar mover su cuerpo. No tenía energía, solo logró mover un poco la cabeza. Él lo notó de inmediato. Sus ojos dorados que miraban al lejano crepúsculo se volvieron hacia ella.

—Agua…

Ishakan la levantó y la apoyó en su pecho. Apagó el cigarrillo en el cenicero de latón de la cama y se acercó a la mesita de noche.

Cogió la jarra y bebió un bocado. Luego, mirando sus labios resecos, la besó, soltando lentamente el agua en su boca. Ella tragó el agua fría hasta la última gota. Sus ojos se detuvieron en los de él, pidiendo más.

Ishakan volvió a hacerlo. Algunos de sus sentidos regresaron después de haber saciado su sed. Sin embargo, todavía no tenía fuerza en su cuerpo y su mente todavía estaba confusa. Sentía como si alguien le estuviera pinchando la cabeza con una aguja. Su percepción estaba distorsionada, su visión giraba en espiral.

—Me siento mareada… —dijo dócilmente.

—No te lo tragues, déjalo reposar en tu boca, durante unos segundos, luego escúpelo… —Pasó algo por sus labios—. Sí, así es, así.

El humo del cigarrillo llenó su boca y tan pronto como el fresco aroma penetró en su húmeda cavidad, su dolor de cabeza desapareció. El mareo disminuyó  lentamente. Quería tragarlo, pero le faltaba la fuerza para hacerlo, así que lo mantuvo en su boca y lo escupió.

—Buen trabajo.

La besó. Le gustó la sensación de frescor y quiso probar un poco más. Abrió la boca de nuevo, pero Ishakan se la quitó con firmeza.

—No. Incluso demasiada medicina es veneno. —Su voz tranquilizadora rechazó su súplica silenciosa.

Una mano cálida le cubrió los ojos mientras lo miraba con tristeza. Su voz profunda y baja sonaba como una canción de cuna.

—Deberías estar bien ahora.

Sus palabras la tranquilizaron mágicamente.

Sí, todo iba a estar bien.

Cerró los ojos. La somnolencia comenzó a ocluir sus pensamientos y, se hundió de nuevo en un profundo sueño.

| Índice |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *