Traducido por Herijo
Editado por YukiroSaori
—Sabes que eres mi único amor, ¿verdad? No hice nada romántico con el emperador anoche. Solo fui a su habitación con la excusa de que no podía dormirme por la tormenta. Me acosté fatigada, intentando encontrar alguna pista mientras esperaba a que terminara su trabajo. Cuando desperté, ya era de mañana.
—Marie. No voy a dudar de ti ni a reprocharte. Fui yo quien te dijo que hicieras cualquier cosa para engañar al emperador.
—Sin embargo…
—No importa incluso si haces cosas más maravillosas en el futuro. Eres mía, ¿verdad? Igual que yo soy tuyo.
Ober acarició suavemente su mejilla. Ella mostró algunas lágrimas como si se sintiera aliviada.
—Observa con atención el orden de rotación de quienes cuidan el dormitorio del emperador.
—Entendido.
—Desde que el conde McMillan fue degradado, se me ha hecho más difícil reunir información sobre lo que sucede dentro del palacio…
Ella notó de inmediato que él titubeaba intencionadamente. Eso significaba que esperaba algo de ella.
—Puedes estar tranquilo. Como sabes, el actual jefe del departamento de asuntos de palacio es mi padre. Últimamente parece estar bastante ocupado ya que tiene que encargarse del Ministerio del Interior. Déjame preguntarle furtivamente. No te preocupes.
—Genial. Confiaba en que me darías una respuesta sabia. Mi juicio no fue erróneo.
Ober besó su frente con orgullo. Ella reprimió el impulso de levantarse el vestido y patearle el trasero.
Él retrocedió y agarró la pintura sobre el escritorio. No quería quedarse más tiempo con ella ya que sentía que había oído todo lo que ella tenía que decir por ahora.
—Aceptaré este regalo con gusto. Me gusta.
—Me alegra oír eso.
—¿Puedo darte buenas noticias a cambio? —Ella asintió, con los ojos brillantes—. Cuando termine la temporada de lluvias, creo que habrá una recepción de compromiso. He oído que los preparativos para el torneo de artes marciales en la recepción están en pleno apogeo dentro del palacio…
Se puso los guantes que se había quitado.
—Conseguirás un muy buen caballero después de la recepción.
—¿Un muy buen caballero?
—Como es el hombre que te protegerá, lo he elegido con mucho cuidado. Definitivamente puedes esperarlo con ilusión.
Se acercó a ella, sonriéndole encantadoramente. Su aliento se esparció sobre su nuca.
—De acuerdo. Lo esperaré con ilusión.
Ella lo despidió con una sonrisa. El silencio volvió a la habitación, mezclado con el sonido de la lluvia. Mirando fijamente la puerta cerrada, se giró bruscamente. Caminó por la habitación con molestia.
—En cuanto al muy buen caballero… ¿Va a enviarme a Roeth, un informante, o a Kiara, una asesina? —murmuró y se frotó el cuello rígido. Como si quisiera limpiarse la suciedad, siguió haciéndolo durante un rato.
♦♦♦
Docenas de carruajes se detuvieron en el paso fronterizo.
El paso de Euroslaf, frente a las fronteras del imperio Faisal, situado en la parte más al norte de Lennox, era el paso más transitado para quienes cruzaban la frontera. También se le llamaba el paso central porque era mucho más grande que otros. Como había caminos bien pavimentados y muchas comodidades, la mayoría de los comerciantes que viajaban entre Faisal y Lennox usaban el paso de Euroslaf.
Artroom Yurt, uno de los tres principales comerciantes de Aslan, también era un cliente habitual que usaba el paso de Euroslaf.
Mordos examinó la procesión de los comerciantes conocidos. Entre los carruajes alineados en filas, uno colorido y descargado se encontraba al frente de la procesión. Se acercó al carruaje, tarareando una melodía. Cuando se acercó, vio un rostro conocido a través de la ventana entreabierta.
—¡Oh! ¿Quién es? ¿Señor Modos? ¡Qué suerte para mí que esté de servicio hoy!
—¡Oh, por favor! No me llames señor.
Mordos miró a su alrededor, levantó un dedo y se lo puso en el centro de los labios.
—Ningún problema. Creo que ya se lo dije antes. Su padre tiene el mismo título que el mío, baronet, y usted es miembro de los caballeros del Norte, ¡así que merece ese título!
—Bueno, si usted lo cree así, lo aceptaré… —Mordos titubeó, acariciándose la barbilla como si estuviera satisfecho.
Según la ley del sistema nobiliario de Aslan, aquellos por debajo del rango de baronet no podían ser llamados “señor” para distinguirlos de los nobles oficiales.
A los caballeros que eran nombrados formalmente se les otorgaba el título de señor, independientemente de su clase.
Mordos no era un caballero nombrado, sino un aprendiz. Como resultado, no calificaba para el título. Sin embargo, se sentía bien cuando la otra parte lo llamaba como a un noble.
Después de aclararse la garganta, Mordos tocó la espada en su cintura.
—Por cierto, ha vuelto pronto. Su procesión parece un poco más corta de lo habitual. Pensaba que la procesión mercantil de Yurt era siempre muy larga, y que una vez que cruzaban la frontera, tardarían varios meses en volver aquí.
—Parece que el capitán de los caballeros de Astorlf no podría decir nada aunque fuera sentenciado por negligencia en el cumplimiento del deber. No sabe que un caballero excelente como usted, con tan buena memoria y ojo agudo, está siendo desperdiciado así aquí.
Artroom Yurt rió entre dientes, elogiando efusivamente a Mordos. Pero mientras Mordos miraba dentro del carruaje, Yurt agarró una de las bolsas junto a él y se la dio.
—¿Eh? Por favor, no. Ya sabe. Mi jefe es muy estricto.
—Por eso se la estoy dando. ¡Tómela rápido!
—No tiene por qué. Estoy bien…
—Dios mío… Me meteré en un gran problema si alguien me ve. Un poco de flexibilidad es la virtud del caballero. Si quiere ser un gran hombre en el futuro, debería prestar atención a las apariencias. Ahora, piense que lo recogió en el camino y regálese un buen vino esta noche. Si realmente se siente incómodo, gaste el dinero rápidamente. ¿Entendido?
Yurt introdujo intencionadamente la bolsa en su bolsillo. Aunque Mordos agitó las manos, intentando rechazarla, finalmente miró a su alrededor y metió la mano en el bolsillo para comprobar la bolsa.
Riéndose de él, Yurt se aclaró la garganta y dijo:
—Bueno, tengo que irme ya. Estoy ocupado.
—Oh, sí. Siempre está ocupado. Espere un momento.
Mordos retrocedió y tocó el silbato una vez. Entonces los guardias de bajo nivel que estaban revisando la procesión de Yurt dejaron de revisar y se retiraron todos a la vez.
La cabeza de la procesión finalmente comenzó a avanzar.
—Déjeme invitarle a una copa la próxima vez. Traje un buen vino de Faisal.
—Gracias por sus amables palabras. ¡Por favor, cuídese!
Yurt sonrió y levantó la mano. Después de que Mordos saludara, cerró la ventana y dirigió la mirada hacia el frente.
—Mmm… parece que es muy bueno sobornando a la gente.
Se oyó la voz interesante de alguien dentro del carromato. Aunque su pronunciación era fluida, tenía un acento extraño.
—Me siento halagado, señor. Simplemente tengo dinero, y no hay gente a la que no le guste. Eso es todo.
Yurt rio, limpiándose el sudor de su rostro pulcro. Aunque dio una respuesta educada, por dentro había estado soltando muchas maldiciones.
Lennox era una zona con menos cambios climáticos que Milán, pero aún así podían notar el cambio de estaciones. Como ya había pasado mediados de junio, la temperatura en la parte norte del país era bastante alta. Así que, atrapado en el espacio estrecho de un carruaje, rápidamente se volvía bochornoso.
Normalmente, no habría cruzado el paso en esta época del año. Al menos habría abierto la ventana, o se habría puesto un pijama holgado y se habría tumbado con una botella de agua fresca y una bolsa de hielo.
Sin embargo, Yurt tenía un invitado en su viaje esta vez. Como el invitado era muy especial, no podía tratarlo con rudeza. Por supuesto, no podía dejarle usar otro carruaje. Se suponía que no debía dejar que nadie supiera que llevaba a este invitado especial.
—Por cierto, ¿no tiene calor, Su Excelencia?
—Bueno. No tanto. Es mucho más cálido en Faisal que aquí. Por supuesto, aquí es menos húmedo, pero más bien tengo frío. Diría que siento escalofríos. Creo que necesito algo más de tiempo para acostumbrarme. Quizás sea porque me estoy aclimatando al clima de Aslan.
—Quizás. Si se siente incómodo o necesita algo, por favor hágamelo saber en cualquier momento.
Sonriéndole entre dientes, Yurt arrugó el pañuelo húmedo en su mano. Con este calor, el invitado sorbía licor caliente, vestido con un grueso abrigo de Faisal. Solo mirarlo molestaba a Yurt.
—Pero aquí es verano, así que puede que haga más calor y haya más humedad en la ciudad capital de Milán. Después de cruzar el río Sor, sería mejor que se cambiara de ropa, puede usar unas más al estilo de Aslan…
—Claro, lo haré. Puede que me sienta un poco incómodo, pero no es conveniente atraer la atención de los demás.
—Es usted muy inteligente.
Yurt apenas respondió, tragando de golpe el agua fría que había reservado para sí mismo, con frustración. No podía quejarse del invitado, especialmente por no haberse cambiado de ropa antes de cruzar la frontera.
Juró, por septuagésima cuarta vez, que una vez que llegara a la capital, recibiría el pago completo por su servicio.
