Prometida peligrosa – Capítulo 185

Traducido por Herijo

Editado por YukiroSaori


—¿En otras palabras, quiere asegurar de antemano el lugar donde morirán, ¿verdad? ¡Qué considerado! Parece que va a ser un buen esposo y padre en el futuro. —Shahar río como un niño, soltando una broma.

—Bueno, de todos modos no será difícil. No hay posibilidad de que su padre vaya allí directamente… Como mínimo, irá acompañado por Rashid, o enviará a Rashid a Ancartium como su sustituto —comentó Ober—. Con que el príncipe heredero aparezca en el campo de batalla es suficiente.

—Bueno, puedo darle garantías sobre eso. Una guerra parece algo desagradable a primera vista, pero dependiendo de cómo termine, puede ser un logro incomparable. Y mi padre quiere que todo el honor durante su mandato pertenezca a Rashid.

—Será mucho más fácil por mi parte. Eckart no tiene un sustituto porque no tiene padre, ni hermano, ni hijo. Si hubiera que encontrar uno, si acaso, sería el gran duque Christopher, que es bastante molesto…

—Oh, no se preocupe por eso. Últimamente, mi madre habla mucho de su infancia. Cuando siente nostalgia, no hay nada mejor que reunirse con su hermano. Si se decide, puede traerlo en cualquier momento fingiendo estar enferma —dijo Shahar.

—Solo queda encontrar la forma de “ayudarla” a tomar esa decisión.

—No se preocupe. Como sabe, un regalo de la señora Chester fue entregado al palacio de la emperatriz sin ningún problema recientemente. Eso significa que la emperatriz Alessa ya tiene clara su decisión.

Ante la sutil presión de Ober, Shahar miró a la Sra. Chester.

El regalo que la señora Chester envió a la emperatriz Alessa a través del grupo mercantil Artroom era una especie de advertencia. Con la muerte del duque Hubble, cualquier alianza previa se había convertido en cenizas. Al mismo tiempo, Chester le enviaba un mensaje silencioso pero letal: ya no tenía aliados, solo le quedaba Ober.

No había prueba más adecuada para demostrar que el dueño del poder en el que Alessa esperaba confiar había cambiado.

—La Emperatriz Alessa es una mujer sabia. Quizás su ojo crítico sea mejor que el mío. Por supuesto, puede que no sepa que uno de sus dos hijos podría ser sacrificado… —dijo la señora Chester mientras desplegaba su abanico. Una ligera brisa esparció el aroma de jazmín de su cuerpo por todos los rincones de la habitación—. Pero ¿qué puede hacer? Ese es su destino de todos modos. Es porque el maldito dios no nos ha concedido justicia en nuestras vidas.

Shahar la miró fijamente, pero acabó por apartar la vista. Inclinó la cabeza, dejando que su largo cabello verde cayera mientras murmuraba algo para sí mismo.

—Entonces, Ober, ¿a quién quiere matar? ¿A Rashid? ¿O a su medio hermano? —preguntó Shahar.

Ober sufrió un breve espasmo alrededor de la boca al oír las palabras «medio hermano».

Aun así, evitó fruncir el ceño. Sabía que si podía soportar la incomodidad en ese momento, podría eliminar al hombre al que se referían con esa palabra tan horrible en un futuro cercano.

—Aquellos disfrazados de espías de Faisal matarán al emperador.

—Entonces, déjeme enviar a Rashid a aquellos disfrazados de caballeros de Milán —replicó Shahar, captando la idea de Ober. Ober solo sonrió. Shahar era un buen socio, ya que era lo suficientemente inteligente como para entender su punto de inmediato.

Lo único que molestaba a Ober era que Shahar intentaba ser condescendiente, como si él llevara la voz cantante, a pesar de que su estatus era casi el mismo.

—Si se deshace de Rashid primero y me avisa, yo me encargaré del resto en el momento adecuado.

—¿Cuándo sería un buen momento?

—Cuanto antes, mejor. Esperemos que antes del comienzo del verano.

—De acuerdo. Actuaré tan pronto como regrese.

—En cuanto al control de la opinión pública en tiempos de guerra y el reparto financiero, y la reunión de los aristócratas en cada zona, Elias y su esposa brindarán apoyo y cooperación. La señora Chester y yo nos centraremos en guardar los secretos y recopilar información —dijo Ober, señalándolos uno por uno.

Shahar se reclinó en el sofá con una copa de vino.

—Si está dispuesto a ayudarme, definitivamente se lo recompensaré. Espero que pueda completar su misión aunque sea difícil. De ahora en adelante, cualquier error nos pondrá en evidencia —dijo Shahar.

—No se preocupe. Lo haré gustosamente y pondré todo mi empeño.

—Genial. Me tranquiliza mucho su promesa. Ojalá el duque Hubble hubiera presenciado su firme promesa antes de morir.

Elias volvió a reírse sin entender la situación. Shahar hizo una señal a su sirviente con un movimiento de barbilla, ocultando su desdén por Elias con una radiante sonrisa.

—¡Rasan!

Su sirviente terminó rápidamente de escribir, escuchando la voz impaciente de su amo. Pronto se acercó a la mesa. Y desplegó el papel en el que había estado escribiendo hasta ese momento, para que todos pudieran verlo fácilmente. Había un leve aroma a tinta aún fresca en el papel. Olía fragante, como alcohol fermentado con flores.

—Esto es…

Frunciendo el ceño, Ober rápidamente comenzó a leer los caracteres en el papel.

El papel, en el que se mezclaban los alfabetos de Aslan y Faisal, era una especie de acuerdo.

Lo que los dos habían discutido hasta entonces estaba registrado en varias secciones.

—Sahar, cuanta menos evidencia quede de las conversaciones secretas que hemos compartido hasta ahora, mejor.

—Ober, esto es una especie de acuerdo diplomático. ¿Tiene algún sentido que trame algo tan temerario sin ningún acuerdo? Como ministro de exteriores, creo que sabe más que yo sobre este tipo de acuerdos.

—Nuestra promesa verbal también es seria. Como sabe, esto no es algo que podamos siquiera empezar sin confiar el uno en el otro. ¿No puede confiar en mí?

—No, confío mucho en usted. Pero, ¿puede creerme?

—¿De verdad? Entonces, ¿por qué esa bella mujer de allí está ocupada anotando nuestro diálogo? ¿Está dibujando un retrato mío porque le gusto? ¿Puede mostrármelo cuando haya terminado?

Se miraron fijamente, con agudeza. Aunque se sonreían, sus sonrisas no eran genuinas, por supuesto.

—No se altere. Ella está anotando nuestro diálogo para asegurar la precisión. Quemaré las notas tarde o temprano —interrumpió rápidamente la señora Chester, percibiendo la fría atmósfera en la habitación mientras la tensión aumentaba. Cerró el abanico con un chasquido seco.

Shahar sonrió mientras abandonaba su postura relajada para inclinarse sobre la mesa. Con un gesto, señaló el borrador del acuerdo que descansaba frente a ellos y luego comenzó a tamborilear suavemente con las yemas de los dedos sobre el cristal de su copa.

—Entonces, ¿por qué no nos quedamos con una copia de esto para evitar futuras complicaciones?

—No se lo tomen demasiado en serio. Solo digo que quiero asegurar una medida adicional. Nunca los culparé si las cosas salen mal, pero no quiero que me maten como al difunto duque Hubble antes incluso de que las cosas salgan mal.

Al final, Shahar dejó claro que exigía un aval como garantía frente a una posible traición.

La señora Chester sonrió con naturalidad ante la sutil provocación de Shahar. Sus ojos grises se clavaron en los de él por un instante hasta que, finalmente, se encogió de hombros. Sus labios, de un rojo profundo, se separaron con lentitud para responder.

—Bien. Adelante. Si podemos ganarnos su confianza, podemos escribir hasta diez certificados como este. ¿Verdad, Ober? —se giró hacia él, alzando ligeramente la barbilla.

Ober no respondió. En su lugar, paseó la mirada desde su madre hasta los ojos repugnantes de Shahar, para terminar fijándola en el documento sobre la mesa. Estaba decidido; alargó la mano hacia la pluma.

—Oh, espere. Olvidé una cláusula importante —interrumpió Shahar, sonriendo con picardía.

—Rasan. Anota una cláusula adicional aquí. No registraste el diálogo entre Ober y yo mientras veníamos hacia aquí.

Entonces, Rasan se sentó, arrodillándose a los pies de Shahar y tomó la pluma con cortesía.

—Disculpe, señor. ¿Qué debo escribir?

—Bueno… Inmediatamente después de firmar el tratado de paz, él cede todos sus derechos sobre la señorita Marianne, la hija del duque Kling, a Shahar. Eso es más o menos lo que puedes anotar.

Cuando dijo eso, reinó una atmósfera de conmoción en la habitación. Elias y su esposa, así como la señora Chester, miraron a Ober con expresión de sospecha.

—Vaya… necesita añadir una línea más abajo —dijo Ober sin inmutarse.

Atrayendo naturalmente la atención de todos, Ober señaló la parte inferior del acuerdo donde Rasan acababa de añadir las palabras de Shahar.

—Añade esto: a saber, con la condición de que la cesión de derechos sobre Marianne tendrá lugar solo después de que yo, Ober, me case con éxito con una de las cinco princesas de la familia Faisal.

21

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido