Querida “amiga” – Capítulo 32: Solicitud de amistad

Traducido por Den

Editado por Ayanami


Mi cerebro tardó un poco en procesar sus palabras y reaccioné tres segundos después.

—¿Qué? —Espeté.

—Ah, por supuesto, estoy diciendo que me gusta como amiga —dijo Klaude.

—¿Amiga? —Repetí de forma estúpida.

—Creo que es una buena persona. ¿Le gustaría ser mi amiga?

—E-Espere un momento. Esto es demasiado repentino…

Hoy era un día lleno de confusiones: tuve un encuentro tripartito con Xavier y Klaude, y este último de repente quería seguir viéndose conmigo porque le gustaba como amiga.

No pude ocultar el desconcierto en mi rostro, mientras trataba de aclarar sus palabras.

—Si por amigos… ¿se refiere a amigos que comen, hablan y compran juntos?

—Sí. No tiene que pensarlo demasiado —dijo con una sonrisa. —Escuché que es amiga de la señorita Odeletta. No es tan difícil si piensa en una relación como esa: una amistad.

—Oh…

Pero… ¿era posible que un hombre y una mujer fueran amigos? Nunca antes había tenido un amigo y no podía evitar dudar.

—¿Necesita algo de tiempo para pensarlo? —Ofreció Klaude.

No es como si me estuviera pidiendo salir, sólo quiere ser mi amigo. No podía hacerle esperar.

Al final, asentí en aprobación y, en su rostro, se formó una amplia sonrisa ante mi respuesta. Fue tan deslumbrante que entrecerré un ojo sin darme cuenta.

—Gracias, señorita Mariestella. Es un honor —dijo seriamente.

—No, no es necesario q… es vergonzoso escuchar eso —respondí, nerviosa.

—Pensé que se negaría, así que estaba un poco preocupado.

—¿Yo?

¿Me veía como una persona que se hacía la difícil? Sus palabras me dejaron en una agonía inesperada. Pensé que era una persona bastante abierta, pero ¿no lucía así para los demás?

—A veces, traza líneas. —Comenzó a explicar. —Por eso pensé de esa manera. Me alegro que haya aceptado tan fácilmente.

—Sí, bueno…

De alguna manera, me sentí avergonzada, así que sonreí incómoda.

Klaude me dirigió una mirada extraña y luego se puso de pie.

Lo miré con curiosidad.

—¿Se retira ahora?

—Antes me pidió que me fuera. Ahora que realmente me voy, ¿se siente triste?

—No es así… pero cuídese.

—Sí, señorita Mariestella. Volveré en dos días —Me dijo.

¿En dos días? ¿Mañana no? 

—¿Sucede algo mañana? —Pregunté.

—¿Está triste porque no la visitaré?

—Es sólo… —Una vaga sensación desagradable invadió mi estómago, como si algo estuviera fuera de lugar. —Es sólo que alguien que venía todos los días de repente me dijo que no vendría mañana. Solo tenía curiosidad —expliqué.

—Tengo un asunto importante —dijo.

—¿Un asunto importante?

—Sí —confirmó con una sonrisa. —Tengo que resolver algo con la familia Cornohen.

Dejé de respirar cuando mencionó ese nombre familiar.

Familia Cornohen, esa es la familia de Dorothea.

Klaude frunció el ceño cuando vio la repentina hosquedad de mi rostro.

—¿Se encuentra bien, señorita Mariestella? Su tez, de repente…

—No es nada, Su Excelencia —dije, negando con la cabeza. —Sólo recordé algo malo por un segundo.

—Ya veo. —Klaude asintió. —El conde Cornohen y su esposa son comerciantes codiciosos. No conozco los detalles… pero escuché que el conde Bellefleur y su esposa tienen una relación cercana con la familia Cornohen.

Incluso él sabía de eso. Supongo que nuestras familias están realmente unidas. Pero ¿era cierto que se habían peleado por mi culpa?

—Por favor, avíseme si la molestan —me dijo Klaude. En ese momento, debí haber tenido una expresión incómoda en mi rostro para que dijera eso.

—¿Perdón? —Pestañeé confundida ante su comentario inesperado. —Pero, ¿por qué…?

—Porque ahora somos amigos.

La lengua se me adormeció cuando mencionó la palabra “amigos”. Klaude tomó mi mano y la besó con gracia. Antes de que pudiera decir algo, habló.

—Los amigos se protegen mutuamente. No dude en hablar conmigo en cualquier momento.

Lo miré aturdida, mientras abandonaba la habitación. Cuando me quedé sola, agarré el pañuelo que Xavier me dio. Mi cerebro daba vueltas. Habían pasado demasiadas cosas a la vez como para procesarlas.

—¿Marie?

Llamaron a la puerta y, un momento después, entró Martina.

Me volví hacia ella con una mirada inexpresiva.

—Hola, Martina —balbuceé en voz baja.

—¿Qué pasa con tu expresión? ¿Pasa algo? —Preguntó.

—Siento que mi energía está siendo absorbida hoy —dije en un tono monótono.

—¿De verdad? —Dijo, luego, sus ojos se posaron en mis manos. —Oh… nunca antes había visto ese pañuelo.

—Ah. —Una sonrisa incómoda tensó mis labios. —Es el pañuelo que me entregó el príncipe heredero… ¿qué tal? ¿No es bonito, Martina?

—Es sencillo, pero elegante y hermoso. También hay un bordado. ¿Esa es tu inicial? —Observó Martina.

—Sí. Su Alteza lo bordó él mismo.

—Oh, cielos. Eso fue muy amable —dijo, sus cejas se arquearon ligeramente por la sorpresa. —Sabía que el príncipe heredero estaba bien versado en muchos campos, pero no sabía que también era bueno con el bordado. Es realmente… perfecto. No hay nada que no pueda hacer.

—También me sorprendió. Después de lo que me dijiste, pensé que era muy frío, pero no fue así. —Sonreí levemente. —Creo que es alguien bueno.

Congeniaba bien con Odeletta.

Cuando ella me vino a la mente, de repente, la extrañé. No es como si esperara que viniera, pero aun así, estaba un poco decepcionada. ¿Estará ocupada? Decidí preguntarle a Martina.

—Martina, ¿sabes alguna novedad de Odeletta?

—¿La hija de la familia Trakos? Ah, cierto. Ahora que lo pienso, hay algo que no te he dicho.

—¿Qué?

—Sabiendo que no se te permite recibir visitas, te envió una carta hace un tiempo. Dijo que quería visitarte si estabas de acuerdo.

—¿De verdad? —Dije efusivamente y sonreí alegremente. Martina pareció sorprendida por mi reacción.

—¿Desde cuándo eres tan cercana a la hija de la familia Trakos? Entonces, ¿le digo que venga?

—¿Le puedes decir a la señorita Odeletta que venga mañana?

Resulta que Klaude no vendrá mañana. 

Martina asintió.

—Sé lo diré. —Su voz sonó, de alguna manera, emocionada cuando me respondió, y no pude evitar sentir curiosidad.

—Pero más importante, ¿sucede algo bueno, Martina? —Le di un codazo. —Pareces emocionada.

—Hmm… en realidad, estoy emocionada —respondió.

—¿Por qué?

—Siento que finalmente eres amiga de alguien bueno. En realidad, no sé mucho sobre Odeletta, pero, al menos, es mejor que Dorothea.

—Ya no me involucraré más con ella. —Declaré.

—¡Por supuesto que no deberías! Es una pérdida de tiempo salir con esa mujer. —Martina sacudió la cabeza por última vez y luego se retiró. Después de un momento, finalmente, asentí estando de acuerdo con ella.

De todos modos, eso era lo que Dorothea pensaba de mí. La prueba estaba ahí: no me visitó ni una sola vez cuando me encontraba mal y no me envió ni una sola carta o flor.

Ahora, solo necesito arreglar la relación entre Odeletta y Xavier…

Me recosté en la cama y cerré los ojos.

Una vez que los juntara, todo volvería a la normalidad.

No pude reprimir la sonrisa de satisfacción en mis labios.

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