Reina Villana – Capítulo 28: No dejes una piedra sin remover

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


— ¡Retrocedan!

Los soldados se inclinaron al unísono y obedecieron la orden expresa de su soberano. Kasser estaba listo y, con su arco, apuntó a su objetivo. En una fracción de segundo, la flecha se disparó rápidamente y golpeó el torso del lark. De un solo golpe, el escudo que lo rodeaba se rompió, creando un sonido repugnante.

En represalia, la bestia, sintiendo el peligro, se volvió agresiva. Abriendo mucho la boca, maniobró su cola en dirección a la fuente de su ruina, Kasser. La energía azul se arremolinaba en los ojos de Kasser. Mientras miraba al Lark, sus pupilas se ensancharon, como las de un felino, haciéndolo parecer inhumano. Con el golpe entrante, el Praz en su cuerpo reveló su presencia. La energía azul surgió del cuerpo del Rey y se materializó un majestuoso Praz, en forma de serpiente.

Transformado, el Praz devoró la cabeza del lark. Fue una vista grotesca, el fluido pegajoso, mezclado con trozos de carne, estaba regado por todas partes.

Agilizado sobre sus pies, Kasser cortó la cabeza de la serpiente con su espada infundida con Praz. Esto detendría la regeneración de la serpiente, sino no podría matarlos, a estos monstruos hay que decapitarlos y apuñalarlos en el corazón. Más bien, el ataque del Rey solo lo paralizaría por un momento.

Para matar a un lark, uno debe encontrar su talón de Aquiles. Su núcleo. Sin embargo, dado que el núcleo es demasiado pequeño, las posibilidades de destruirlo son escasas. Afortunadamente, Kasser pudo detectar el núcleo, ya que solo un rey puede hacerlo. Levantó su espada, justo encima del punto débilmente brillante en el centro del torso de la serpiente, luego, la golpeó decisivamente.

La serpiente se retorció y quedó flácida. Lanzando su último aliento, se desintegró en un polvo que se dispersó en el viento…sus restos, su cabeza y los fluidos corporales que se untaron por todo el cuerpo de Kasser, también se convirtieron en polvo.

Simplemente, desapareció sin dejar rastro. Un final vano.

Incluso después de derrotar al lark, Kasser no tuvo espacio para respirar. Un escuadrón de soldados, en una parte diferente del muro, estaban haciendo todo lo posible para contener al otro lark. Fue precisamente, en momentos como este, que deseó poder duplicarse en múltiples copias y abordar varios asuntos de prioridad simultáneamente. Sin perder un momento, subió a la espalda de Abu e inmediatamente corrió hacia la otra pared.

♦ ♦ ♦

Eugene salió del estudio por puro asombro. La explosión fue tan fuerte que había penetrado en las gruesas paredes del estudio. Pero, la visión de los guardias enraizados en su puesto, con una expresión calmada, la tranquilizó. No parecía ser un gran problema.

Cuando dio la vuelta para salir del pasillo que conducía al estudio, la primera en saludarla fue Zanne, que estaba parada en una esquina. Parece que la había estado esperando, a pesar de que, antes, le dijo que se fuera.

Sintiendo la presencia de la Reina, Zanne se enderezó e inclinó la cabeza.

— ¿Has estado aquí esperándome?

—Sí, mi reina.

Eugene frunció el ceño. Las palabras que deseaba decir, “Te dije que te llamaré si es necesario. No tienes que atormentarte esperando aquí”, murieron en su garganta…temerosa de que la pobre Zanne pudiera interpretar sus palabras de manera diferente.

No importa si Zanne, simplemente, la malinterpretó o si temía que ella ofendería a la Reina al dejarla desatendida, Eugene entendió la situación de sus subordinados. Jin Anika gobernó con puño de hierro, la disciplina fue perforada en sus huesos. Esto explica por qué desconfían de Eugene.

—Eché un vistazo al estudio. Vámonos.

—Muy bien, mi reina —Zanne siguió mansamente a Eugene.

Caminando hacia su habitación, Eugene no pudo evitar notar que los corredores carecían de la mano de obra habitual. De hecho, no había nadie más que ellas dos en los pasillos.

—Escuché una explosión. ¿Qué está pasando? —Preguntó en voz baja.

—Es una señal de que ha aparecido un lark.

Ante la mención de la horrible criatura, la calma de Eugene desapareció, su corazón se aceleró. La diferencia concluyente, entre el mundo de Eugene y este, era la existencia de estos monstruos, llamados larks. Éstos, son un enemigo formidable de la humanidad que vive en Mahar.

Cuando se les preguntó si el objetivo final de la raza humana era el exterminio absoluto de los Larks, pocos dirían “Sí”.

Cuando transcurrió el período de actividad y los Lark invernan, la “semilla” que dejan atrás es recolectada y utilizada por los humanos durante la estación seca. Las semillas se han convertido en recursos esenciales que enriquecen la vida humana. La estación seca es el tiempo para los humanos, y el período activo el de los larks. De esta manera, Mahar era un mundo donde coexisten humanos y monstruos.

— ¿Estás bien?

—Sí, mi reina. Apareció una bengala amarilla, por lo que no hay necesidad de preocuparse demasiado. Los larks aún no han traspasado el muro.

—Debe haber un sistema de señal basado en la calificación de riesgo —pensó Eugene, quizás, debería pedirle a Marianne más detalles. Si hubiera alguien en quien pudiera confiar, sería Marianne, la mujer que crió al rey y no espera nada a cambio.

Además, no era apropiado que una Reina desconfíe de sus subordinados. Si pareciera vulnerable y necesitada ante un sirviente, este último, pronto podría desafiar su autoridad y abusar de su amabilidad. Ese era el pensamiento que tenía.

Eugene puso una sonrisa tensa. Se sentía amargada en su propio corazón, que veía malicia en casi todos. Incluso en Zanne, que actuaba como un tímido ratón.

Esto se debe a que ella había recibido más mala voluntad que buena voluntad en su mundo original. Antes de cruzar a Mahar, la vida de Eugene fue la encarnación de la supervivencia de la jungla del más apto.

Y ahora, ella había caído en un mundo extraño y, en muy poco tiempo, debía recuperarse del impacto. El fuerte impulso de sobrevivir, nunca la abandonó, incluso después de su transmigración imprevista.

♦ ♦ ♦

En cuanto volvió a su habitación, Eugene convocó a Marianne. Cuando supo que le habían pedido que entrara debido a la explosión, Marianne preguntó ansiosa.

— ¡Mi reina! ¿Te sorprendió eso?

—No, no es gran cosa. En todo caso, todos parecen estar tranquilos.

—Sí, no tienes que preocuparte. Ahora que Su Majestad ha ido, pronto aparecerá una bengala azul. La primera señal es una alerta de advertencia, y una vez que se elimine el peligro, dispararán una azul.

— ¿Su Alteza siempre dirige a las tropas?

—Sí, mi reina. Día y noche, atiende la seguridad del Reino. Una vez que da un paso adelante, la situación se vuelve estable y el daño es mínimo.

Las palabras de Marianne expresaron su respeto por el Rey, no como su niñera sino como un ciudadano de su reino. Eugene asintió. No todos los reyes toman la delantera en la búsqueda de los larks.

Como ejemplo está el rey Ferred. Este Rey Oscuro, en la novela, estaba cansado de la cacería de Larks. Y, al rey Yeowang le gustaba hacer alarde de su fuerza, por lo que fue a cazar a los Lark solo, para su propia satisfacción. No eran tiranos, pero tampoco eran santos.

—Entonces, Kasser debe ser un buen rey.

La novela de Eugene no presentaba al Rey como uno marcial, porque el Reino de Hashi solo se menciona por nombres geográficos y el foco principal es la Ciudad Santa. En la novela, él era un guerrero fuerte en lugar de un Rey Marcial.

— ¿Se distinguen las señales de bengala por color?

—Sí, mi reina.

Así, Marianne continuó explicando el sistema de las bengalas. El amarillo es para los avistamientos de los lark fuera de los muros, verde cuando están completamente sobre los muros y rojo cuando entran en la ciudad.

El humo amarillo se alza varias veces al día porque hay muchos lark deambulando, generalmente, era una vez cada cuatro días. Hubo momentos en que no hay señales verdes durante la actividad, un promedio de tres o cuatro veces.

Una llamarada roja implica bajas humanas. Las paredes están tripuladas por soldados, fuertemente armados, que podían lidiar rápidamente con la bestia, la probabilidad de que un Lark apareciera en las calles era baja.

— ¿Cuántas veces se ha usado una bengala roja durante la actividad?

—Al menos, un par de veces.

—Ah…

Eugene estaba avergonzada porque el número era más de lo que había imaginado. Las palabras de Marianne significan que siempre hay víctimas durante cada período de actividad.

—Recientemente, ¿ha habido alguna señal roja?

—No, mi reina.

Mirando cuidadosamente la cara de Eugene, como si no quisiera perderse la más mínima reacción, Marianne preguntó.

— ¿Ha mirado alrededor de su estudio? ¿Fue capaz de recordar algo?

—Es extraño, como si nunca hubiera estado allí antes. Pero…

— ¿Cuál fue el problema?

—Bueno…encontré un libro extraño. Mara…con una imagen extraña…

—Oh… —Marianne solo sonrió, sin mostrarse perturbada —Algunos de los libros más antiguos tienen ese tipo de cosas.

— ¿Está bien tener un libro como ese?

—Es un tabú, pero los libros son solo libros. Escuché que los libros sobre Mara son especialmente populares entre los coleccionistas, debido a las muchas ilustraciones coloridas —explicó Marianne.

Oh ya veo —Eugene reunió una pista de las palabras de Marianne. —Jin Anika, seguro que usaste tu cerebro. Recolectando esa clase de libros, para que nadie sospeche de ti si incluyeras un libro sobre Mara.

Eugene estaba segura. El estudio era una artimaña inconfundible. Debe haber un altar secreto en algún lugar. Jin Anika no estaba buscando conocimiento sobre Mara por una simple curiosidad académica. Ella debió haber encontrado una manera de alcanzar el poder prohibido e iba a ser la encarnación de Mara en el futuro.

¡Por supuesto, no dejaré que eso suceda!

Eugene contuvo su impaciencia. Si ella busca un altar, es probable que encuentre uno. Al hacerlo, los recuerdos de Jin podrían aparecer lentamente en su mente. Jin Anika no lo habría escondido de forma descuidada. Eugene se sintió determinada. Ella no debía dejar ni una piedra sin remover.

—Dijiste que traje muchos libros cuando vine al Reino, ¿verdad?

—Así fue, mi reina.

—Quiero encontrar una manera de distinguir entre los libros que traje y los que coleccioné después.

—Estoy segura de que la Reina los ha arreglado por separado, pero no puedes recordarlo ahora. Si es así, ¿le gustaría verificar sus compras? No tendrá que entrar en detalles, pero podrá calcular el costo de compra de libros de todos los meses.

—Es una buena idea.

♦ ♦ ♦

Poco después, Eugene pudo recibir los detalles de presupuesto y gastos asignados a la Reina este año.

—Le traje los datos de este año, para que pueda leer rápidamente. Las especificaciones más detalladas de los últimos años necesitan tiempo para solucionarse.

La mitad del año ha pasado, por lo que los datos que trajo Marianne cubrían, aproximadamente, medio año.

El dinero es la unidad estándar. ¡Qué alivio!

Eugene conocía aproximadamente el valor del oro, la unidad monetaria más grande, aunque no sabía el precio de las necesidades diarias.

—Gracias. Lo examinaré lentamente.

—Muy bien, mi reina.

Una vez que todos se retiraron, Eugene revisó meticulosamente los documentos. Su rostro se puso rígido y sus labios se encogieron ligeramente. La mano en el documento mismo cedió.

—Que locura. ¿Dos libros a este precio? ¡Un libro viejo casi vale una casa!

Jin Anika rara vez socializaba, por lo que no gastó mucho dinero en lujos como ropa y joyas. No es que no haya usado sus recursos en absoluto, pero gastar cientos de millones al mes en libros es, simplemente, abrumador. ¡Qué desperdicio de dinero!

No solo eso, todo ese dinero provino del tesoro real destinado al Reino.

— ¡Qué mierda! ¡Compraste libros con el dinero que el Rey te dio, aprendiste los trucos de Mara con el conocimiento que obtuviste de ellos y ganaste fuerza al sacrificar a la gente del Reino! ¿Otros reinos le asignan tanto dinero a su reina? Con esta cantidad se podría alimentar a cientos de personas durante años. Ya que el reino es próspero… ¿será la razón por la cual Jin Anika se casó con el rey?

Kaboom.

Eugene levantó la cabeza con sorpresa, ante el ruido. Ella saltó y corrió hacia la ventana. Mirando hacia afuera, vio humo azul esparciéndose en el cielo.

—Se acabó…

Sobre estas personas, que viven en un mundo donde los monstruos aparecen todos los días, Eugene, finalmente, pudo entender porque se mantienen tranquilos. Se debe a que tienen un Rey que los protege a toda costa y en todo momento. Sintiendo una fuerte sensación de alivio, Eugene dejó escapar una pequeña risa.

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