Reina Villana – Capítulo 33: La página que falta

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Apenas había dado algunos pasos, cuando Marianne se detuvo, incapaz de contenerse por más tiempo, se dio la vuelta y se dirigió a su superior.

—¿Oficial general Sarah?

—¿Sí?

—¿Está todo bajo control?

Sarah tuvo cuidado de mantener una expresión tranquila cuando dijo —No tienes que preocuparte por eso.

Pero Marianne lo sabía mejor que nadie que, el hecho de que Sarah le dijera que no tenía que preocuparse, era verdad. Siempre había cumplido con su deber, la reina era su principal preocupación. Y, aunque era una trabajadora diligente, esta vez, sentía que era más que un deber. Estaba sorprendida por sus propios sentimientos, más aún porque este sentimiento era hacia la Reina.

El tema de la pérdida de memoria de la Reina, solo unos pocos están al tanto de este secreto. Hay mucha incertidumbre en torno a esto, tanto en términos de personas como de circunstancias. Por ejemplo, después del incidente, la Reina se había convertido en una persona completamente diferente. Era como si la Jin Anika anterior fuera desalojada de su cuerpo y, alguien más tomará su lugar. Aunque era una lógica absurda, la realidad apunta hacia ella. Dicho esto, solo sería cuestión de tiempo hasta que las personas se den cuenta de esta disparidad y los rumores comiencen a extenderse como una plaga.

El hecho de que la Reina sea objeto de chismes no es ideal. Y, mucho menos, su imagen; esto era perjudicial hasta para mantener la armonía del Reino. Marianne se preocupó, no solo por lo que pensaba que era verdad, sino también por cómo la historia se distorsionará a medida que pasa de persona a persona. De ahí la necesidad de mantener el secreto, ya que cuantos menos oídos lo escuchen, menos balbuceos abría.

Como medida, el séquito de sirvientes fue minimizado. Esos pocos fueron seleccionados cuidadosamente y monitoreados de manera constante. Además, Marianne no quería exponer a la Reina a mucha gente. No solo porque la Reina necesita familiarizarse con los acontecimientos y el pasado, sino porque también debe familiarizarse con ella misma. Y esto necesita tiempo. Entonces, cuanto menor sea la exposición, menores son los errores.

Fue la Oficial General Sarah quien se encargó de seleccionar a los sirvientes. Había observado las debidas precauciones durante el proceso y tenía todas bajo su constante mirada.

— ¿Y la chica?

La preocupación de Marianne era Zanne, la nueva sirvienta que sirve a la Reina al frente. Parece conocer su lugar y nunca cruzó su línea, pero el escepticismo de Marianne lo encontró demasiado bueno para ser verdad.

Sarah no necesitaba que Marianne mencionara su nombre para entender a quién se refería. Parecían estar perfectamente sincronizadas con los pensamientos de la otra.

—Ella es una chica tranquila y calmada. No tienes que preocuparte por ella —aseguró Sarah.

—Si se equivoca, los alrededores terminaran hablando de más —Marianne respondió solemnemente.

Zanne aún es una niña y ya se había convertido en una de las sirvientas más importantes del palacio. Marianne sabe que la naturaleza de quienes la rodean está destinada a los celos. Por lo tanto, sintió la necesidad de tomar medidas adicionales para protegerla.

—No te preocupes —dijo Sarah, —sé para quién trabajo.

Marianne se dio cuenta de su error. Sarah es la actual directora general, y que Marianne le hable de esa manera es tomarse libertades a las que no tiene derecho. A pesar del paso en falso de Marianne, Sarah fue amable, habló con cuidado y respeto para proteger a Marianne de la humillación.

Marianne sonrió. Sarah es muy responsable y apasionada por su trabajo. Marianne confía en Sarah, por eso le pasó su posición hace tres años.

—Me preocupo demasiado. Debo estar envejeciendo —Marianne le devolvió su empatía con humildad y buena naturaleza.

—Los sirvientes parecen estar disfrutando más de su tiempo. Es un buen cambio, o tal vez, solo soy yo —reflexiono Sarah.

Desde el cambio de la Reina, el personal del palacio se había vuelto más fácil de manejar; habían liberado de su trabajo a los más problemáticos, que también eran los favoritos de la Reina.

Al mirar la preocupación en el rostro de Sarah, Marianne sintió algo de pena por la general. No había pensado que colocarla como Oficial General, después del matrimonio del Rey, la pondría bajo tanto estrés. Pero, para ella, en ese momento, era la candidata más apta para el trabajo.

Las órdenes de la Reina eran, obviamente, más importantes que las del Oficial General a los sirvientes. Cada vez que las dos órdenes entraban en conflicto, la dignidad del Oficial General estaría en juego, ya que los sirvientes decidían ignorar sus órdenes. Y Marianne no era consciente del desorden en la jerarquía entre el personal.

Ah, no puedo imaginar el desastre en el que debe estar la Reina —pensó Marianne. La pregunta de la Reina sobre su habilidad, Ramita, la había sorprendido, para que ella haya olvidado lo que es Ramita significa que la Reina está en una condición más severa de lo que esperaba. Además, en cada ocasión se comporta muy distinto a como era antes.

Me siento culpable por querer que estos días continúen para siempre.

Dejando de lado sus pensamientos, Marianne se dirigió rápidamente a la oficina del Rey. Cuando llegó, el canciller Verus salió de la oficina. Ambos se asintieron al pasar.

El canciller Verus inclinó la cabeza, mientras caminaba por el pasillo, pensando en los extraños acontecimientos de los últimos tiempos. Algo anda mal en el Palacio en estos días

Había oído que la oficial general anterior había regresado. Esto significa que…la pareja real debe estar en peligro o ¿por qué si no frecuentaría más el palacio?

Un rey es al mismo tiempo el dueño del reino y el jefe de familia. Todo el poder que uno podría desear es suyo. Eso hizo que el proceso para reclutar a un miembro del personal que contribuye para dirigir la Familia Real sea bastante flexible. Pero, estar justo bajo los ojos del monarca significa estar bajo vigilancia constante y exigir una precaución adicional. Era una espada de doble filo, de hecho.

¿Su Majestad está usando al Oficial General anterior para controlar a Su Alteza Real, la Reina?

La relación tumultuosa, entre la reina y la oficial general anterior, es bastante notoria para el personal del palacio. Todos saben de sus batallas cotidianas en los confines de los muros del palacio. Sin embargo, nadie hubiese imaginado que el regreso de Marianne está relacionado con la pareja real, ya que la mayor parte del personal tiene la impresión de que la pareja tiene una buena relación. El canciller Verus es una de las pocas personas que conoce todos los detalles.

¿Pero, por qué todo es tan tranquilo? Esta debe ser la calma antes de la tormenta.

El canciller Verus esperaba una gran preocupación del rey por el informe de la desaparición de la reina. Al menos, quería que se preocupara. Pero, la actitud del rey hacia las noticias era indiferente. Él cree que, si no hay señales de mejora en la relación entre la pareja real, el Rey debe hacer que la Reina asuma la responsabilidad total de sus deberes.

Pero, por alguna razón, hasta ahora, no ha habido un solo anuncio sobre el tema.

Un reino necesita una pareja real feliz. En su corazón, el Canciller Verus sabe que esto es cierto, pero, aún no puede tolerar el comportamiento del Rey. Soltó un largo suspiro e intentó empujar el tema al fondo de su mente. ¿Por qué desperdiciar una energía preciosa cuando no puede hacer nada al respecto?

♦ ♦ ♦

Kasser convocó a Marianne en privado, ella no estaba acostumbrada a este tipo de reuniones, siendo uno de los miembros del personal más confiables del Rey y de todos, sin embargo, el más mínimo cambio en la rutina fue suficiente para ponerla nerviosa con la situación actual. Ella debía admitir que se trata de los momentos más difíciles.

— ¿Se lo enseñaste? —Preguntó Kasser, justo cuando ella entró.

—Sí, su Majestad.

— ¿Y?

—Ella no lo recuerda, Su Majestad.

— ¿No reconoció al conde Wacommbe? —Kasser necesitaba aclarar ese punto, parecía haber un toque de sorpresa en su tono.

—Sí, su Majestad. Ella no lo reconoció, ni siquiera recuerda que el conde Wacommbe está en la Ciudad Santa.

Kasser había convocado a Marianne para discutir los retratos que acababa de mostrarle a Eugene. Estos retratos parecían algo fácil, pero se necesita tiempo y dinero para hacerlos realidad. Para dibujar los retratos, se requería que los artistas, hábiles y reticentes, fueran reclutados en secreto. Luego, una persona, igualmente, experta y reticente, proporcionaría la descripción de los artistas. Esto requería recursos financieros e información precisa, por lo tanto, la ayuda del Rey.

Al principio, Kasser desaprobó su petición. No quería presionar a la Reina, pero Marianne había insistido mucho.

Su Majestad, las cosas tienden a salirse de control cuanto más trata de controlarlo. Creo que es mejor ayudar a la Reina a recuperar su memoria lentamente —le había aconsejado Marianne.

Kasser tuvo que aprobar la solicitud, pero no estaba contento de que el primer retrato que eligió mostrar a la Reina sea el del Conde Wacommbe.

El conde Wacommbe es un invitado habitual de la reina. Se conocieron durante su tiempo en la Ciudad Santa. Aún más, es el traficante de libros antiguos de la Reina, la profunda obsesión de Jin Anika. Marianne estaba segura de que la Reina podría reconocer a este hombre.

¿Ella no lo reconoció? El rey dejó escapar un suspiro de alivio. Este era el resultado que había estado esperando.

— ¿Parece que la reina estuviese tratando de recordar algo? ¿Sospechas que ella estaba escondiendo algo?

—No lo sé, Su Majestad. Si puedo preguntar, ¿Su Majestad ha sentido algún progreso con la Reina? En los últimos días, han pasado mucho tiempo juntos.

Kasser estaba sin palabras. Sí, pasa todas las noches en la habitación de la reina. No, todavía no está preparado para una confrontación. En los últimos diez días, había pasado un mayor número de noches con la Reina que en los últimos tres años.

Sin embargo, no tenía nada que decirle a Marianne.

Las horas que pasó con Eugene, las pasó conociendo su cuerpo. En el momento en que entra a su habitación, la arrastraría en un beso apasionado. Poco después, se encontraría encima de ella…

Las noches que pasó con ella fueron demasiado cortas, y le era imposible dedicar un minuto a la conversación. La disfrutaría hasta que ella lo empujara, rogando que le dejara descansar en paz.

Sin embargo, parece que el tiempo que compartieron valió la pena, ahora, Kasser la conocía mejor. Ahora, podía distinguir las expresiones faciales de Eugene: el brillo en sus ojos cuando la besa, como se retuerce su cuerpo cuando la acaricia, su rostro enrojecido cuando alcanza su punto máximo, su expresión de cansancio cuando está agotada. Y, si está molesta, él debe guardar sus manos para sí mismo y dejarla dormir. Aunque son meras expresiones, para él, son las ventanas para entenderla. Tal vez, incluso acercarse.

Kasser dejó a un lado sus emociones y lució una expresión ilegible frente a Marianne. No podía explicarle ninguna de las escenas que pasan por su cabeza. Era mejor que él pareciera preocupado.

Marianne habló como si entendiera.

—Nadie puede saberlo a menos que Su Alteza Real diga la verdad.

Kasser se aclaró la garganta antes de hablar, tratando de recuperar un tono normal.

—Informa de inmediato si sospechas algo.

—Sí, su Majestad.

♦ ♦ ♦

Marianne salió ansiosa de la oficina. Ella le había mentido al rey. Ella sospecha algo, pero, por alguna razón, simplemente, no podía aflojar su lengua e informarlo.

Los recuerdos de la reina no parecían mejorar. Pero…

Al principio, se sorprendió de cuánto había cambiado la Reina y se alegró de ganarse su confianza. Pero, ahora, todo se sentía mal. A pesar de que ha perdido la memoria, la reina está demasiado tranquila. Ella no mostró una pizca de confusión o desesperación. Los médicos afirmaron que los pacientes con pérdida de memoria, a menudo, sufren de un estado mental inestable y, por lo tanto, necesitan a alguien para cuidarlos.

Sin embargo, la Reina no mostró ninguno de los síntomas que los médicos anticiparon. En todo caso, ella es más optimista y curiosa. Hace preguntas sobre su pasado, el Reino, pasa tiempo en su estudio e incluso da órdenes; ¿Cómo puede, alguien con una mente inestable, hacer eso?

Todo en ella ha cambiado: habla, gestos, movimientos. ¿Podría, la pérdida de memoria, afectar los hábitos?

No fue una observación preocupante, por lo que Marianne no quería informar al Rey y crear preocupaciones innecesarias. Si Marianne hubiese servido a la Reina durante un largo período, claramente, habría sospechado. Sin embargo, ella ha estado lejos por mucho tiempo y no conoce muy bien a la Reina.

Todos los sirvientes que habían trabajado cerca de la Reina desaparecieron. No había nadie para informar cuánto ha cambiado, no podía evitar pensar en la Reina, mientras camina, tratando de convencer a su culpable conciencia de que está haciendo lo correcto.

♦ ♦ ♦

Esa noche el sirviente del rey visitó a Eugene. Al estar en su período, pudo rechazar al sirviente fácilmente.

Por primera vez en mucho tiempo, Eugene durmió sola en su cama. Parecía haber encontrado el respiro que tanto necesitaba. Esta noche, ella durmió como un bebé.

Al día siguiente, se levantó temprano, estirando su cuerpo. Mientras lo hacía, se sorprendió al sentirse tan ligera como una pluma.

¡Oh, me siento increíble!

Estaba en su mejor condición a pesar de estar en su período, y esta fue la primera vez.

El cuerpo de Eugene sufría constantes dolores durante su período. Tenía los peores calambres estomacales y tuvo que depender de analgésicos durante toda la semana. Antes de que la semana terminara, ella habría sufrido una pesadilla de dolor. Pero, en el cuerpo de Jin Anika, sintió un poco de peso en la parte inferior del abdomen, pero, eso fue todo. No hubo otras molestias, ni los temidos calambres. Le gustó mucho este cambio, y se mostró en sus acciones.

Hoy, Eugene comenzó su día de buen humor. Sacó una pila de libros de la parte posterior de la estantería, esperando encontrar una puerta secreta. Cuando nada sucedió, volvió a colocar el libro y pasó al siguiente estante.

Estaba a punto de sacar otra pila de libros, pero, pensando en algo, dejó escapar un suspiro y, en su lugar, caminó por el estudio con las manos en sus caderas. El estudio era enorme y lleno de libros. Si continúa así, le llevará una eternidad terminar. Tenía que encontrar un camino más rápido.

Sin embargo, no tenía idea de lo que está buscando. ¡Se sentía como buscar una aguja en un pajar! Se dejó caer en el sofá en el centro de la habitación para descansar. Sobre la mesa de café había otra pila de libros antiguos que había sacado de la pequeña habitación adyacente al estudio.

Eugene abrió un libro con un símbolo de Mara en su portada.

Tal vez, debería leer este libro. Necesito aprender sobre Mara.

Era un mundo que Eugene había creado, pero había muchas cosas que no sabía. Ella solo tenía conocimiento sobre los principales eventos y las personas involucradas, las cosas que escribió.

Mientras continúa viviendo en este mundo, se dio cuenta de que hay brechas y diferencias considerables entre lo que había escrito y lo que le dio la bienvenida cuando transmigró.

Centrarse en el conjunto, en lugar de los detalles, no le es de ninguna ayuda.

Al encontrar una posición cómoda, Eugene comenzó a estudiar el libro de Mara. Se sintió aliviada de poder leerlo con facilidad; De esta manera, podría cerrar las brechas y, con suerte, encontrar pistas.

En algún momento del libro, su mano se detuvo al pasar la página. Parecía haber visto algo extraño. Frunció el ceño y pasó la página hacia adelante y hacia atrás, buscando. Un pequeño jadeo escapó de sus labios cuando notó una cosa. Falta una parte…

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