Traducido por Kiara
Editado por Ayanami
En cuestión de segundos, llegaron al salón. Sus paredes estaban pintadas de un tono azul oscuro. La puerta se abrió y Eugene entró poco después.
Kasser se sentó a la mesa y, en cuanto Eugene llegó, se despertó de su breve descanso. Cuando lo hizo, se miraron a los ojos durante un instante.
—Cada vez que la miro, me inunda un odio abrumador.
Eugene desvió la mirada. En su novela, fue Kasser quien le quita la vida a Jin Anika. También era el tipo de persona que no dudaría en tomar represalias contra alguien que ciertamente se lo merecía.
Sin embargo, a pesar de eso, hacer cumplir la justicia no era la única motivación que tuvo el rey al matar a su esposa. Recordó que Jin Anika, de hecho, desapareció después de verse envuelta en un trágico incidente que tuvo lugar en el reino de Hashi.
No fue sino hasta más tarde en la historia que se reveló que Jin había causado el accidente por si misma, mientras pensaba que moriría en el proceso.
Jin también estaba bien versada en las artes oscuras al sacrificar vidas humanas. La vida de la gente en el Reino Hashi. Todo fue posible a través del poder que ganó de Mara.
Lleno de ira por este descubrimiento el rey, Kasser, decide matarla de inmediato. El asesinato de su esposa fue hecho a sangre fría. También podría haberlo llamado un acto de venganza.
Eugene se sentó primero, y Kasser le siguió. Ella, hizo todo lo posible para ignorar su intensa mirada, que sin duda estaba sobre ella.
El Rey, por otro lado, observaba firmemente a la reina y notó que mantenía la cabeza baja, antes, su mirada nunca se desviaba de sus ojos y tampoco le había sonreído con esa sonrisa coqueta que siempre le enviaba, a pesar de que él no respondía.
La comida ya estaba en la mesa, lista para que la pareja comenzara a comer sin intercambiar una sola palabra, ni siquiera para saludarse.
En general, fue una comida sombría. Sarah continuó mirando a sus majestades y descubrió que sus ojos comenzaron a humedecerse ante la pobre relación que se desarrollaba entre ellos…
¿Qué debo hacer con estos dos?
Sarah se había encargado de la preparación de la comida y se había preocupado meticulosamente, incluso por los detalles más pequeños. Había subido y bajado sin descanso varios tramos de escaleras, todo para que este almuerzo fuera un éxito.
Por eso, el verlos ignorarse, el uno al otro, la decepcionó mucho. Poco tiempo después, todos los sirvientes y el presente general, incluida Sarah, fueron despedidos del salón. El rey quería hablar a solas con su esposa.
Eugene ni siquiera tuvo tiempo de mirar a su alrededor. Concentró toda su atención en su plato para no cometer errores. Los utensilios eran muy diferentes de lo que ella conocía. A pesar de ser similares a las comidas occidentales, los platos todavía le eran extraños.
Mientras comía, un pensamiento llegaba a su mente, diciéndole qué hacer…
Es…es un hongo. Puedes quitar la crema del exterior y cortarla con un cuchillo.
Ella hizo lo que su mente le decía y nadie parecía sospechar nada de su actitud. Comió lentamente, mordisqueando su memoria, cuidadosa de aparecer sin prisa. Sintió un suspiro de alivio tan pronto como terminó su comida.
Debido a su cautela, ni siquiera pudo disfrutar de su comida. No estaba segura de si el arroz le haría bien a su estómago y aunque tampoco pudo saborear su comida, se sintió orgullosa de su logro.
Fue sorprendente que algunos fragmentos de la memoria original de Jin Anika permanecieran en ella…
Ella realmente no sabe dónde o qué sabía la Jin Anika original. Tampoco dónde está la llave de ese cajón cerrado. Pero, cree que, si mira y busca en todos los rincones, eventualmente, se acostumbrara a este entorno.
Kasser dejó el vaso e indicó a los sirvientes que retiraran los platos y utensilios vacíos. No les llevó mucho tiempo ordenar el lugar y pronto sólo quedaron los dos solos.
—Sospechas que le conté a Marianne todo lo que sé. De hecho, no eliminé esa incertidumbre tuya en ese momento —Kasser declaró, frunciendo el ceño ante la idea.
Había pasado medio año desde que sucedió. Ya que había sucedido un gran problema con la reina. Fue cuando ella le había pedido, o más bien exigido, que Marianne, la ex general, fuera enviada lejos. Había solicitado colocarla ni siquiera cerca del castillo sino en áreas remotas del reino…
Pero el rey Kasser le había negado la solicitud.
—Nunca podría hacer eso —Él dijo esa vez.
—Su influencia en el palacio es demasiado grande. ¿Ella es solo un general del escuadrón? ¡Bien podría ocupar mi lugar!
Kasser no podía entender por qué la reina odiaba tanto a Marianne, lo suficiente como para desear que se mantuviera lejos. Marianne, a pesar de todos sus logros y su posición anterior, solo era una mujer impotente. Pero la verdadera razón por la que la gente la seguía y la amaba, no era por el poder que tenía, sino por las virtudes que demostraba en cada trabajo.
La reina siempre había considerado a Marianne y, por extensión, a Sarah, que era su sucesora, como si fueran bestias salvajes. Kasser no podía explicarse por qué.
— ¿Me crees tonta? ¿Que no lo sabes? Usted, el rey le confía todo a ella. No me dejaré engañar, nadie más lo hará.
—No seas ridícula. No importa lo que digas, Marianne se queda.
Kasser no había escuchado a la reina. Después de la pelea, ambos se quedaron con sentimientos amargos, y así, la relación entre el rey y la reina se hizo más distante.
—Fue mi error —Continuó —Deberíamos habernos comprometido, en lugar de terminar así.
Eugene se mantuvo absorta en cada una de sus palabras, a pesar de no saber de qué estaba hablando. Necesitaba obtener la información, ¿y qué mejor manera que el propio rey?
— ¿Cambiaste de opinión? Me aseguraré de que Marianne no entre en este palacio. ¿No es eso suficiente? —Le preguntó y Eugene frunció el ceño…
¿Quién es Marianne? La mera mención del nombre no le daba a ella una pista. Kasser frunció el ceño y Eugene se dio cuenta de que debía haber hablado en voz alta.
No creo que apreciara esa pregunta. ¿Pero quién es Marianne? ¿Familia? ¿Amante?
Estos pensamientos pasaron por la cabeza de Eugene.
—No, está bien —ella, finalmente le respondió, y Kasser la miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Estás segura? —Le preguntó a Eugene, quien le respondió con un breve asentimiento.
—Si, no la destierres de este palacio —Le dijo, con más certeza, esta vez, ignorando la mirada siempre prolongada que el rey le está dando.
Es claro, para ella, que está Marianne ea una persona importante para el Rey, y que él se negaba a conceder el deseo de la Reina, por su fuerte conexión con ella.
— ¿Estoy escuchando bien? ¿Ya no deseas que desaparezca? —Preguntó de nuevo y, una vez más, Eugene asintió.
—Sí.
La sala se sumió en un silencio.
—Muy bien, si tú lo dices —Kasser asintió con la cabeza, pero nunca quitó sus ojos de ella. Esto, hizo que Eugene se sintiera más incómoda, deseó que finalmente la dejara sola, mejor aún, que la dejara irse.
— ¿Qué pasa si cometo más errores que lo hagan sospechar? —Pensó, preocupada de que se delatara en cualquier momento…
—Es grosero no mirar a la persona con la que estás conversando —Kasser señaló, con una mirada entrecerrada —Mírame —exigió —estás actuando como un criminal, como si hubieras hecho algo mal.
Trago saliva con temor, levantó lentamente la cabeza y se encontró con la mirada del rey de frente. Pronto, le mostró una expresión de pura indiferencia.
En el fondo, estaba admirando la belleza natural que posee el rey. Si estuvieran de vuelta en su mundo, el verdadero, en el que se supone debe estar, podría decir, sin lugar a dudas, que la gente pagaría una fortuna solo por parecer remotamente similar a él. Él es exquisito.
Ahora que podía verlo más de cerca, sus ojos parecían más llamativos. El vívido azul brillaba contra la luz de la habitación, resalta como un cielo cristalino.
Aun así, este hombre es un asesino, le advirtieron sus pensamientos. A pesar de su apariencia externa, un monstruo yace escondido debajo de esa piel perfecta.
Cuando él la atrapó mirándolo, alejo sus pensamientos y le envió una sonrisa, o un intento de ella. Ahora que está más cerca podía sentir que sus ojos la perforaban, mientras lo miraba descaradamente, un par de grilletes imaginarios la alzaron, anticipando que algo saldría mal…
— ¿Tuviste un cambio de corazón, mientras estuve lejos del castillo? —Preguntó, inclinando la cabeza hacia un lado, sin ninguna pizca de vergüenza, continuó mirándola.
En represalia y sin ser rechazado, a pesar de que su corazón latía salvajemente, Eugene le dedicó la sonrisa más agradable que pudo reunir…
Cree que su pecho estaba a punto de estallar.
Por supuesto, él sigue siendo el esposo de Jin Anika. Cualquier cambio en ella, seguramente, lo notará.
—Sí —respondió ella, esperando que sonara confiada, —quería cambiar —Kasser se animó, realmente curioso.
— ¿Para qué?
—Quiero marcar la diferencia de ahora en adelante. Eso es todo —Eugene terminó, su respiración se tensó ligeramente, mientras los ojos azules continuaban observándola, más bien como si la examinará para ver lo que ella estaba escondiendo con esos orbes de zafiro suyos.
De hecho, los ojos del rey son algo diferentes. El simple hecho de verlo la hacía sentir como si pudiera leerle la mente con gran detalle. Separar todo en sus pensamientos, lo que la hace, ella.
— ¿Entonces…esta es la causa de tu cambio repentino?
— ¿Qué quieres decir?
—No finjas que no sabes —dijo, su irritación se filtraba en su tono —Nuestro contrato terminó —Eugene se congeló…
— ¿Qué contrato? —Pensó frenéticamente. Nada de esto tenía sentido. ¡Esto no era parte de la trama!
—Lo creas o no. No le conté a nadie sobre nuestro contrato.
Kasser continuó, ajeno a sus tumultuosos pensamientos.
— ¿De qué contrato habla? Eugene, inventa algo, por favor. Se revolvió el cerebro, pero no se le ocurrió nada. ¡Esto ciertamente no fue algo que ella escribió en su novela!
—Han pasado tres años desde que hicimos el contrato, tres años desde que viniste a este castillo.
¿Tres años? Eugene ni siquiera sabía la edad del dueño original, pero podía estimarse que el Rey es, al menos, mayor por tres años.
— ¿Cuál es exactamente tu punto? —Finalmente respondió, fue lo suficientemente neutral. Suficiente para sonar como si supiera de qué está hablando, pero aún no está segura de lo que está tratando de decirle —Dime, para que finalmente pueda seguir adelante.
— ¿Quieres decir que cumplirás tu promesa? —Preguntó, y Eugene pudo escuchar que estaba cada vez más escéptica…
—Sí, cumpliré mi promesa.
—Eso es lo más agradable que he escuchado de ti —dijo con entusiasmo, ante su tono, Eugene se encontró frunciendo el ceño una vez más —No quiero ser sarcástico. No te enojes —añadió, notando su expresión desagradable…
Eugene solo sabía una cosa con seguridad. La relación entre la pareja, parece mala. Su expresión y tono, hacia ella, no es la forma en que un hombre actúa hacia un ser amado.
Bueno, eso es un alivio. Eugene se alegró de esto. Era mejor que no le tuviera afecto para que no tomara en serio su repentino cambio.
Tengo que entender por qué Jin se casó con el rey. Debe haber una razón importante. Por lo que ella sabe, cuando creó a la reina, ella estaba sola…y fue designada con el papel de la villana.
Kasser, por otro lado, había esperado más resistencia en su conversación. Sorprendentemente, su esposa parecía apagada y, por alguna razón, esta vez le resultó agradable…
Él, entendió que este no es el dominio de Jin Anika. Necesita cuidado extra, tiempo para adaptarse a los cambios a su alrededor. Sus formas no son las de ella, después de todo, el matrimonio no cambió eso.
El primero de muchos deseos fue el matrimonio. Un reconocimiento formal de su relación. Tenía que ser perfecto para que el público lo viera.
Desterrar a Marianne fue el único deseo que había negado, pero esto no fue todo. Como reina, ella es básicamente una figura decorativa, quería riqueza, lujo y todos los beneficios que conlleva su cargo, pero ninguna de las obligaciones.
Independientemente de la influencia política que tuviese, sólo la usó para su propio beneficio, sin tener en cuenta a la gente. Con eso, comenzó a infundir miedo en los corazones de sus subordinados. Incluso los cortesanos la criticaron y discriminaron al deshacerse despiadadamente de varias sirvientas.
Su objetivo principal, con la invitación al almuerzo, era recordarle a Jin Anika su acuerdo. Todavía tenía que proporcionarle el heredero que le había prometido.
—Para ser honesto, había anticipado resistencia, por eso decidí que era mejor almorzar en mi salón —Continuó —Es una situación agradable el llegar a un acuerdo sin tantos problemas —luego sonrió. No fue la primera vez que lo hizo. Probablemente, no se había dado cuenta, pero Eugene podía ver la diferencia. Fue la primera sonrisa genuina que le envió.
—Anika.
— ¿Si?
—No hay necesidad de fingir —dijo él —Has sido diferente últimamente —él la miró. Eugene solo podía darle una sonrisa incómoda, esperaba que no fuera una mueca.
—Vamos a parar. ¿Hoy es el último día del mes? Te visitaré mañana —dijo, Eugene sintió que algo se disparaba en su mente…
¿Mañana? ¿Qué quiere decir?
Ella entró en pánico y perdió el momento para responder naturalmente. Esto hizo que Kasser dudara de ella, mientras seguía mirándola, sus orbes de zafiro la recorrían mientras la observaba. Eugene sacudió sus nervios lo mejor que pudo, sonriendo tan naturalmente como pudo en su estado de confusión actual.
—Por supuesto, su alteza —Respondió Eugene.
Afortunadamente, su falta de respuesta no pareció molestar a Kasser. Eugene exhaló en silencio un suspiro de alivio, mientras ambos continuaban el resto de su comida.
Pronto, ambos salieron del salón y se fueron por caminos separados, sin más reconocimiento de lo que había sucedido. Nada había sucedido de todos modos. Eugene se dirigió rápidamente a su habitación, mientras que Kasser fue a su estudio.
Se sentó en su escritorio, reflexionando sobre la reina. Estaba tan perdido en sus pensamientos que apenas prestó atención a lo que estaba haciendo, las pilas y los montones de papeles quedaron desatendidos.
El almuerzo con la reina, ciertamente, no fue lo que él había esperado. Todo en ella es diferente; su expresión, aplomo, incluso cómo respondía. Cuanto más recordaba, menos se parecía a la mujer que una vez pensó que conocía.
Y cuanto más lo pensaba, más extraño era el sentimiento en sus entrañas.
—Es como si ella fuera una persona completamente diferente —pensó él.
Atrás, quedaron sus sonrisas malvadas, la risa falsa. La imagen que le había presentado como una mujer molesta y detestable, por primera vez, le pareció muy…humana.
— ¿Qué pasó mientras me fui?
Independientemente de si ella realmente ha cambiado, o solo está presentando un acto creíble, Kasser no podía bajar la guardia. Debe estar absolutamente seguro. Por eso, sabe que necesita el consejo de alguien en quien pueda confiar.
No pasó mucho tiempo, antes de que el canciller Verus se parara frente a él.
—No me has informado todo, ¿verdad? —Fue directo al grano.
—Sí, su Alteza.
El hombre lo dijo lleno de remordimiento, y Kasser entrecerró los ojos.
— ¿Qué pasó en mi ausencia? —Demandó.
Temeroso de la corta paciencia del rey, Verus respondió rápidamente, asegurándose de ser lo más breve y conciso posible.
—Su Alteza, la puerta de piedra se abrió unos días antes de su regreso.
OMG, ya empiezan los enredos


Muchísimas gracias por el capítulo

