Reina Villana – Capítulo 10: Cuando se provoca al Rey

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


La expresión de Kasser se endureció. La puerta de piedra, con vista al desierto, debe abrirse sólo cuando él regrese después de haber salido al desierto.

Verus respiró hondo, antes de continuar.

—No pude averiguar dónde estaba la reina después de que ella dejó el lugar, hace unos días. Después de un día completo de búsqueda, los guerreros tuvieron la suerte de encontrar a la reina desaparecida y la trajeron aquí a un lugar seguro.

Con la palma de su mano, Kasser golpeó el escritorio con fuerza y Verus se encogió por instinto.

— ¿De qué diablos estás hablando? ¿Cómo salió la reina al desierto? ¿Abriste la puerta de piedra para ella? ¡¿Sin mi permiso?! —Exclamó

—No lo hicimos, Su Majestad —el hombre farfulló y, rápidamente, continuó explicando la situación:

—Ella, escaló la pared con una soga, así que nos tomó un tiempo notar su desaparición.

— ¿Una soga? —Kasser estalló en una carcajada burlona— ¿Estás diciendo que nadie sabía que la reina cruzó las paredes y salió?

Verus asintió y permaneció en silencio…

—Qué lástima que no estuve para verlo, espera…y las criadas, ¿cómo se las arregló la reina para escapar sin dar aviso? —El rey preguntó más…

—Las amenazó en especial a las doncellas bajo su mando, para que no entraran a su habitación hasta que las llamara. Nadie se atrevió a desobedecer la orden de la reina —dijo suavemente Verus.

—Esa es una simple excusa de su parte —Kasser se burló.

Indudablemente está furioso, pero su ira se disipó tan pronto como recordó el miedo que los sirvientes le tenían a la reina.

A pesar de que ella se suavizó con el trato duro que había estado usando, desde su amenaza hace un año, todavía era implacable en su actitud hacia ellos. Por lo que, el miedo aún permanecía, e hizo que los sirvientes estuvieran muy ansiosos por no desafiar sus deseos si cometían un error.

— ¿Cómo supiste que la reina había desaparecido?

—No fue hasta altas horas de la mañana de ayer —respondió —Un general abrió su puerta, debido a que todos se preocuparon de que se estuviera muriendo de hambre, al no llamar a un criado para que le trajera sus comidas.

— ¿Y?

—Envié un equipo de búsqueda al desierto.

Verus envió diez equipos de búsqueda, compuestos por diez hombres cada uno, al desierto. Enviar guerreros sin el permiso expreso del rey, era una decisión arriesgada por su parte. Como es casi el final de la estación seca, significa que los monstruos podrían estar al acecho en el desierto.

Los guerreros son tesoros del reino. Verus sería responsable si uno de ellos resultaba herido, peor aún, mutilado.

— ¿Alguien fue herido? —Preguntó el rey, la tensión se apoderó de su mandíbula y Verus sacudió la cabeza.

—Todos los guerreros regresaron ilesos, Su Majestad.

Kasser asintió con la cabeza.

— ¿Dónde la encontraron?

—La reina caminaba sola por el desierto cuando la encontraron —dijo Verus —Fue Sir Sven quien la encontró. Regresó inmediatamente al castillo y se dio por terminada la búsqueda.

Le desconcertaba, profundamente, la razón por la qué Jin Anika haría todo lo posible para escapar del castillo. ¿Cuál era su intención? Necesita llegar al fondo de esto lo antes posible. ¿Quién sabe qué esquemas está organizando Anika en este mismo momento?

— ¿Estaba herida?

—No he oído hablar de que la Reina se haya lesionado, Su Majestad. Sin embargo, sir Sven dijo que, cuando la encontraron, parecía inestable.

Kasser se burló de la idea. Había sido jugado como un tonto. Esta no es sólo otra de las tácticas de Jin Anika, sino que estaba tratando de escapar de sus responsabilidades. Intentando escapar de él y del contrato.

— ¿Fue idea de Marianne no informarme sobre esto tan pronto como llegué? —Le gruñó al Canciller, que solo permaneció en silencio e inclinó la cabeza, avergonzado.

—Me disculpo, Su Majestad.

Kasser chasqueó la lengua. Si hubiera escuchado el informe en el momento en que llegó, se habría puesto furioso y no le importaría si la reina realmente muriera de hambre.

En este momento, sólo hay dos cosas a considerar…

Primero, Marianne sabe el monstruo en que se puede convertir si se le provoca, por lo tanto, obligó a todos a ocultarle las noticias, enviarlo a la cámara de la reina fue una distracción.

Y, en segundo lugar, ¿el repentino cambio de comportamiento de la reina? Kasser se rió sin alegría. Nada de eso era cierto.

Ella lo había estado jugando con el todo el tiempo.

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