Traducido por Lugiia
Editado por Sakuya
Después de dejar el local de la señora, me dirigí a la casa ducal Armelia.
En estos momentos, soy el único miembro de la familia Anderson alojándose en nuestra mansión en la capital.
Como mi padre y mi hermano están ocupados con las secuelas del caso de Wels, no pueden dejar el territorio Anderson.
Aunque tengo sirvientes conmigo, no me apetece volver a una mansión en la que no está mi familia ni nadie cercano con quien pueda hablar… Como Louis también estaba preocupado por mí, terminé quedándome en la casa ducal Armelia.
—Gracias por acompañarme hoy… y por dejarme quedarme en tu casa.
—Son cosas que decidí hacer por mi cuenta porque me gustan, así que no te preocupes demasiado…
Como no podía dormir, fui a la biblioteca y casualmente me encontré con Louis. Por ello, terminamos dirigiéndonos juntos al salón.
—Estás bendecida con buenos camaradas…
Rápidamente entendí a qué se estaba refiriendo.
—Sí, así es… Incluso después de saber que yo era Mellice, no cambiaron su actitud conmigo. Por supuesto, también les pedí que no lo hicieran, pero…
—El hecho de que aceptaran eso, demuestra que son buenas personas y que has logrado tener ese nivel de confianza con ellos —respondió mientras tocaba mi mejilla algo preocupado—. ¿Has logrado dormir…?
—Sí… He sido capaz de calmarme un poco.
En realidad, últimamente no he podido dormir. Sentía constantemente una sensación de pérdida, como si tuviera un agujero en mi pecho.
—¿Qué hay de ti…? Justo cuando pensaba que tu trabajo se había calmado, ¿todavía pasas noches sin dormir? —pregunté, mirando la ligera sombra bajo sus ojos. Él y yo estábamos en la misma situación.
—Bueno, estoy seguro de que mi padre está igual… Después de perder a mi madre, todo lo que quedó fueron nuestros arrepentimientos acumulados.
La señora Aurelia falleció.
Al parecer, su condición había estado empeorando desde antes de la batalla en el Principado de Rinmel.
Su funeral se celebró hace poco.
Muchas personas asistieron, creando una escena gloriosa a las alturas de las virtudes de la señora Aurelia.
El señor Romeru estuvo deprimido un tiempo mientras decía:
—No pude hacer nada porque estaba ocupado con mis deberes como primer ministro…
Pero después de quedarse despierto toda la noche con mi padre, decidió retomar sus deberes.
Aunque tenía mucha curiosidad por su conversación… decidí no preguntar nada al respecto. Quizás fueron capaces de simpatizar el uno con el otro al ser dos personas que han perdido a sus esposas.
Por el momento, el señor Romeru al menos lucía saludable. Aunque puede que solo sea superficial, verlo de esa manera me alivió. Porque antes de esto, ni siquiera era capaz de mantener las apariencias.
Louis también estaba muy deprimido, hasta el punto en que no podía soportar mirarlo.
Bueno…, yo también recibí una terrible conmoción al escuchar la muerte de la señora Aurelia. Porque, para mí, su existencia también era como la de una madre.
Todavía no había superado las muertes de Anna, Abel, los del cuerpo de guardias y Granny… Por eso, cuando me enteré que la señora Aurelia había fallecido también, no pude dormir bien por un tiempo.
Como Louis estaba preocupado de que me quedara en la residencia Anderson sin ningún familiar, me recomendó que me quedara en la mansión Armelia con él.
—Me alegro mucho de haber asistido a la reunión de hoy… En lugar de solo ahogarme con mis arrepentimientos, quiero sonreír mientras hablo de mis recuerdos de mi madre.
—Sí, te entiendo… Finalmente también he sido capaz de pensar así.
Con eso, los dos empezamos a hablar de su madre. A veces, nos reíamos mientras recordábamos el pasado.
—Ahora que lo pienso, ¿irás a la Academia mañana…?
—Sí, ese es el plan… Pero, como no puedo ir directamente desde aquí, tengo la intención de volver primero a la mansión Anderson.
—¿Necesitas recoger algo?
—No… He traído todo lo que necesito.
En realidad, me sentía incómoda con dirigirme a la Academia desde la casa ducal Armelia.
Aunque había una razón para ello, no era bueno que los demás descubrieran que me estaba quedando en la casa de mi prometido.
—Entonces, puedes ir en el mismo carruaje que yo… Es aceptable que te recoja tu prometido, ¿verdad?
—Eso es verdad… Entonces, supongo que aceptaré esa oferta.
Como esa explicación era aceptable si me llegaban a preguntar, decidí aceptar su oferta.
—Hablando de la Academia… El compromiso del príncipe Edgar ha sido decidido.
—Sí, con mi preciada amiga…
Mientras que la casa ducal Armelia y la casa del marqués Anderson estaban ocupadas por la disputa del Principado de Rinmel, el compromiso de Sharia fue decidido.
Por otra parte, Elia fue designada como concubina.
—Mi padre estaba bastante frustrado… por la repentina acción del príncipe Edgar.
—No lo dudo… Si el príncipe Edgar no hubiera tratado de manejar todo por sí mismo y, en su lugar, hubiera confiado en el señor Romeru, podrían haber ideado un plan para hacer de Sharia la reina legítima sin convertir a Elia en su concubina…
Tanto para mí como para la casa ducal Armelia, las acciones del príncipe… fueron un ataque sorpresa.
Mientras estábamos ocupados con los asuntos del Principado de Rinmel, el príncipe se fue por su cuenta a disputar con otros nobles, y tuvo éxito en hacer de Sharia su reina, tal como deseaba.
Pero, el precio de eso fue tomar a Elia como su concubina…
Fue una mala jugada.
Elia era la hija de la casa del marqués Maelian, que estaba en su apogeo de poder. Sharia, por otro lado, aunque era la hija de un conde, no tenían tanta influencia como la casa Maelian.
A pesar de eso, Sharia era la reina mientras que Elia era la concubina. Era muy evidente que esto se convertiría en una gran lucha por el poder.
Aunque le diera vueltas al asunto, las cosas ya estaban decididas. A menos que ocurriera algún incidente…, esa decisión no podría ser anulada.
Si en verdad llegara a ocurrir un incidente, tanto el honor de Sharia como el prestigio de la familia real se verían afectados…
Gracias a eso, éramos incapaces de hacer algo al respecto.
—Bueno, si mi padre estaba pensando a futuro, puede haber tomado en consideración eso para rechazar la petición del príncipe Edgar. Por eso, en cierto sentido, las acciones del príncipe fueron correctas para él mismo.
—“Correctas” para el príncipe Edgar… —dije, dejando salir de forma inconsciente un suspiro—. Bueno, con las cosas habiendo llegado a este punto, me moveré para apoyar a Sharia, lo que debería ayudar a equilibrar el poder dentro del palacio…
—Sí, eso debería estar bien… ¿Te parece si terminamos el día aquí y nos vamos a dormir? Mañana iremos a la Academia.
—Sí, tienes razón —respondí mientras le daba un beso y regresaba a mi habitación.