Traducido por Shroedinger
Editado por Tsunai
Después de que terminaron los acontecimientos en la red de comercio de esclavos, la vida volvió de forma sorprendente a su rutina habitual. Tal vez fuera el efecto del poder de Lakis, pero ya no había ningún sujeto sospechoso del inframundo merodeando cerca del escondite de Leo ni alrededor de la casa de Yuri.
Tan solo recordar lo ocurrido en el mercado de esclavos aquel día dejaba a Yuri sin palabras.
Para empezar, los buenos sentimientos que alguna vez había tenido hacia el protagonista masculino, Kalian Crawford, se habían desplomado por completo. Pensar que era capaz de atacar a alguien sin dudar solo por considerarlo un sujeto de prueba la enfurecía profundamente. Hasta entonces había tenido una impresión relativamente favorable de él, pero tras volverse hostil sin una razón clara, su enojo era imposible de ignorar.
Al parecer, en el este, a quienes poseían el poder de las ruinas se los llamaba herejes. La amada Anne-Mare de Kalian ni siquiera había sido parte de un experimento, pero aun así poseía ese poder. Técnicamente hablando, ¿no la convertía eso también en una hereje?
Ese detalle no aparecía en la novela, pero inevitablemente llevaba a preguntarse si Kalian era consciente de ello o no. Y si lo sabía… entonces quizá aquello sí podía llamarse amor verdadero.
Sin embargo, quien realmente había dejado una impresión imborrable en Yuri no fue Kalian, sino Lakis.
El poder que Lakis utilizó aquel día… ¿no era prácticamente una trampa total? Tenía la capacidad de manipular recuerdos y controlar a un gran número de personas. Incluso Siren y Leo parecían no recordar haberlo visto allí.
Yuri no conocía el verdadero alcance ni los límites de esa habilidad, pero aun así, era suficiente para considerarla algo aterrador. ¿Podría tratarse también de un poder de las ruinas?
Pero entonces… ¿por qué mi memoria sigue intacta?
Yuri quería preguntarle a Lakis por qué apareció allí, y además junto a Leo. Pero, naturalmente, no podía hacerlo. Lakis parecía creer que sus recuerdos también habían sido borrados, y ella sentía que lo mejor era actuar como si no supiera nada.
Por eso, cuando en ocasiones Lakis la observaba con una mirada afilada, como si estuviera buscando algo en ella, Yuri simplemente fingía ignorancia.
No puedo dormir…
Demasiados pensamientos cruzaban su mente, y por eso le resultaba imposible cerrar los ojos. Sus sentidos se concentraron de forma natural en lo que había más allá de la puerta.
Lakis estaba tan silencioso como de costumbre. Era tarde en la noche, así que podría estar durmiendo, pero por alguna razón Yuri no creía que fuera así.
Siren, a quien habían rescatado de la red de comercio de esclavos, se encontraba viviendo temporalmente en el escondite de Leo. Por supuesto, Siren no estaba nada contenta con la situación, pero parecía haber comprendido algo tras aquel incidente y no se quejó en absoluto. En lugar de eso, se limitó a enfurruñarse y a ocuparse de sus plumas en silencio.
Yuri había utilizado su habilidad como Arachne para colocar trampas alrededor del escondite. Si alguien intentaba entrometerse como la vez anterior, recibiría una señal de inmediato. Siren pareció sentirse aliviada al saberlo.
Sin embargo, lo que más inquietaba a Yuri era no haber recibido ninguna noticia de Odín. Tampoco se había presentado en el día acordado. Comenzaba a sospechar que quizá había sido capturado por quienes buscaban mutantes como Siren. Si no tenía noticias antes de que terminara la semana, tendría que actuar personalmente.
En ese momento, alguien golpeó la puerta principal de la casa.
—¿Qué demon…? —murmuró Yuri, frunciendo el ceño ante el sonido seco.
Sus sentidos se habían agudizado tanto como sus habilidades físicas, y por eso, cualquier ruido en la quietud de la noche le resultaba tan estridente como una explosión.
—¡Cariño…! ¡Abre la puerta, cariño!
La voz pertenecía, sin duda, a alguien completamente ebrio que probablemente se había perdido y ahora gritaba incoherencias frente a su casa.
Yuri se levantó, tragándose la irritación. Tal como había supuesto, Lakis también estaba despierto. Sus ojos azules brillaban con intensidad en la penumbra.
Cuando Yuri abrió la puerta de su habitación, Lakis se volvió hacia ella. Estaba de pie junto a la ventana, sosteniendo la cortina entre sus dedos.
—Yo saldré —dijo Yuri—. Descansa.
Pasó junto a él y se dirigió directamente hacia la puerta principal. Sin embargo, Lakis reaccionó de inmediato y la sujetó del brazo.
Yuri se detuvo y lo miró.
Lakis bajó la vista hacia ella y, tras una breve pausa, comenzó a hablar.
—Es peligroso.
El susurro le hizo cosquillas en los oídos.
La suave luz de la luna que entraba por la ventana proyectaba una sombra sobre el rostro de Lakis. Como era de esperar, la atmósfera que lo rodeaba era completamente distinta, como el día y la noche.
En ese momento, Lakis transmitía una sensación aguda y peligrosa, como una bestia agazapada en la oscuridad, esperando a su presa.
No… creo que el verdadero peligro eres tú, no ese borracho.
Las palabras estuvieron a punto de escapar de sus labios, pero Yuri se las tragó.
¡Cómo puede el amor cambiar así…! ¡Éramos felices juntos!
Afuera, el borracho sin sentido seguía gritando su balada de amor a todo pulmón. Si lo dejaban continuar, no tardaría en despertar a todo el vecindario. Sobre todo, aquellos gritos ya estaban agotando la paciencia de Yuri.
—No es peligroso.
Yuri habló con firmeza y volvió a avanzar. No sabía exactamente qué estaba pensando Lakis, pero él terminó soltándole la mano.
Finalmente, Yuri abrió la puerta.
Se encontró cara a cara con la existencia que llevaba rato torturando sus oídos. En cuanto el hombre la vio, se quedó atónito.
—¿Eh…? Cariño, ¿tu cara cambió?
Parecía confundido por la repentina aparición de Yuri en la puerta, y enseguida rompió a reír.
—¡Estás aún más hermosa! ¡Ven aquí, cariño! Déjame abrazar—
No pudo terminar la frase.
En ese mismo instante, la temperatura descendió de forma abrupta. Un frío antinatural lo envolvió, como si el invierno hubiera llegado de golpe.
—Si bebieras…
Después de eso, los labios de Yuri se arquearon levemente.
—¿No sería mejor que simplemente gatearas de regreso a casa?
Su voz era tranquila y baja, como la quietud de la noche. Sin embargo, al escucharla, el borracho tembló y se quedó rígido, como si el frío lo hubiera golpeado de lleno.
—No se va a la casa de alguien a hacer un alboroto como este.
Bajo la luz de la luna, unos intensos ojos rojos brillaron con una profundidad oscura.
Al instante, el hombre comenzó a hipar, como un ratón frente a un gato. Entonces, una sombra negra apareció detrás de Yuri.
Era Lakis.
El visitante inesperado de medianoche contuvo la respiración con un grito ahogado. Un hombre con una presencia aún más peligrosa se alzaba detrás de la mujer, emanando un escalofrío inquietante.
Sus penetrantes ojos azules se clavaron en él, como si su sola mirada pudiera matarlo. El entumecimiento le recorrió el cuerpo de la cabeza a los pies.
Entonces, el hombre levantó la mano detrás de Yuri y entrelazó lentamente sus dedos con los de ella. Al instante, el aire a su alrededor cambió.
Lakis la abrazó por detrás y, finalmente, enfrentó al visitante no invitado.
—Piérdete.
La advertencia fría cortó el aire nocturno.
—Y cállate.
La puerta se cerró de golpe justo después.
En algún punto, el hombre se había vuelto completamente sobrio. Ya ni siquiera podía hipar; permanecía allí de pie, aturdido.
De pronto, recuperó el sentido y huyó apresuradamente de Gray Ferret. Después de eso, nunca volvió a Ferret.
♦♦♦
En cuanto la puerta se cerró, la luz de la luna que se filtraba también desapareció. Lakis y Yuri quedaron envueltos en la oscuridad, como si fueran absorbidos por ella.
—Señor Lakis…
—Fue un invitado no deseado.
Una voz baja, similar al murmullo del aire nocturno, reverberó en la habitación silenciosa. Lakis entrelazó aún más sus dedos con los de Yuri. Ella dio un paso atrás, intentando evitar la avalancha de emociones que volvía a invadirla.
Pero su espalda ya estaba contra la pared; no podía retroceder más. Lakis, frente a ella, se acercó un poco más.
—No estoy seguro de por qué, pero…
Un susurro suave, arrastrado por el aire bañado por la luz de la luna, llegó hasta sus oídos.
—Me molesta cuando hay un tipo extraño a tu alrededor.
Una sensación vibrante nació en la mano que sostenía la suya. Tal vez ya se había acostumbrado al contacto de Lakis, porque esta vez no lloró ni perdió el control de sí misma.
