Traducido por Shisai
Editado por Sakuya
El frío de principios de primavera se había ido desvaneciendo poco a poco, dejando tras de sí un tiempo inusualmente cálido, con una suave brisa ocasional que resultaba excesivamente agradable.
Un tiempo tan hermoso era perfecto para una excursión primaveral. Caminar por la hierba verde, saborear el agua del río en las manos, tumbarse en la hierba, sentarse con un grupo de amigos a charlar y comer, hacer fotos del paisaje… Una experiencia maravillosa.
Pero en el concepto de «un grupo de amigos», Tang Feng nunca había pensado que habría alguien llamado Albert, y ahora era sólo Albert quien estaba a su lado.
De repente, no supo qué hacer. El rubio nunca se había quedado demasiado tiempo con él, tal vez sólo unos días antes de marcharse, o se separaban por diversos motivos.
Pero esta vez, la inesperada tranquilidad, sin que nadie interrumpiera su tiempo juntos, hizo que Tang Feng se pregunte si el hombre había hecho algún tipo de trato con Charles o algo así.
—Siempre te fijas en un punto cuando estás pensando, con la cabeza ligeramente inclinada y las cejas ligeramente fruncidas —mencionó el rubio, observando a Tang Feng como si estuviera admirando una obra de arte.
Podría haber sido un poco divertido, pero en realidad estaban en una noria.
El actor contempló el amplio y hermoso paisaje natural que se extendía tras la ventana. A un lado estaba la ciudad y al otro, el bosque. Siempre había querido montar en una noria, pero antes no tenía tiempo o no le apetecía.
Ahora tenía la oportunidad, y resultó que estaba aquí con Albert.
Tang Feng no había tenido la intención de invitarlo, pero de alguna manera, el chico había venido.
—Deberías ir a montar a caballo, volar o jugar al golf en vez de estar aquí sentado conmigo —dijo Tang Feng, sacando los arándanos que había comprado y comiéndoselos mientras disfrutaba de las vistas.
—¿Están buenos? —preguntó Albert, mirando los arándanos en la mano del otro.
Tang Feng le entregó la bolsa.
—No lo sabrás a menos que pruebes tú mismo.
—Me gustan los arándanos.
Albert agarró dos de la bolsa, se metió uno en la boca y sostuvo el otro.
La conversación era bastante aburrida. De repente, Tang Feng se echó a reír, a pesar de que no estaban contando chistes ni viendo nada gracioso.
—Te estás riendo, ¿por qué? —preguntó Albert, desconcertado, manteniendo su postura de caballero con una expresión tranquila, pero misteriosa.
Todo esto hizo que Tang Feng quisiera reír aún más.
—Sólo creo que… bueno… es un poco extraño. —Masticando los arándanos, el actor sacudió la cabeza con una sonrisa—. No, no es nada. Sólo tenía ganas de reír, así que lo hice. No me hagas caso.
Albert lo miró, claramente sin creer sus palabras.
—Eres un hombre bastante aburrido —dijo Tang Feng. Como estaban en la noria, no podían quedarse callados ni seguir con temas aburridos hasta que terminara.
—Aburrido —el rubio repitió la palabra sin mostrar sorpresa ni confusión, como si aceptara tranquilamente la apreciación—. No necesito complacer a nadie, —explicó—. No necesito ganarme el favor de nadie, sólo hacer lo que me gusta.
Completamente independiente de los demás, Albert no necesitaba mantener buenas relaciones con sus súbditos ni tener amigos especiales. Sólo la riqueza y el poder que controlaba férreamente le mantenían en la cúspide de la pirámide.
Después de deambular despreocupadamente por el parque de atracciones, Tang Feng no tenía el descaro de competir con los niños en atracciones como el tiovivo, y los juegos más emocionantes le parecían un poco desalentadores. Incluso con un corazón sano, no quería marearse ni tener náuseas en un parque de atracciones.
—¿Cómo está tu puntería? —preguntó Tang Feng a la intimidante presencia que le había estado siguiendo.
Gracias a Albert, podía moverse libremente en el abarrotado parque de atracciones sin ser pisado ni chocado.
Como el rubio era un hombre que ni buscaba agradar a los demás ni tenía amigos, lo que le hacía bastante aburrido, Tang Feng necesitaba encontrar algo que hacer. Parecía un poco extraño estar jugando solo todo el tiempo.
—No está mal —respondió Albert.
Dos minutos más tarde, Tang Feng le entregó una pistola de juguete, señalando el objetivo que tenía delante.
—¿Has visto ‘Sr. y Sra. Smith’?
—No —el rubio miró a su compañero—. Sólo he visto tu película.
Vaya, qué honor.
—No importa si no la has visto. Debes saber cómo dar en el blanco. Si das en el blanco, nos darán un premio.
—¿Esos juguetes de peluche que parecen tontos?
El tono de Albert transmitía claramente desdén.
En efecto, un hombre muy aburrido. Tang Feng señaló a la diana.
—Entonces, ¿vas a disparar?
—De acuerdo —concedió finalmente Albert.
Tang Feng observó desde un lado. A diferencia de otros visitantes que apuntaban con poses exageradas, el rubio simplemente agarró la pistola de juguete, entrecerró ligeramente los ojos y disparó varios tiros en rápida sucesión.
Dio en la diana todas las veces, sin fallar ni una sola.
♦ ♦ ♦
—¿Te gustan?
En el camino de vuelta, Albert se vio obligado a sentarse con un gran juguete de peluche a su lado, mientras Tang Feng se sentaba al otro lado del juguete.
A pesar de que el actor vino a los Estados Unidos con Xiao Yu y los demás, todos excepto él, desaparecieron al día siguiente, y se enteró de que se habían trasladado a otro hotel.
Tang Feng sentía que estas supuestas vacaciones de dos semanas no eran más que una farsa. Se sintió como si lo hubieran vendido.
Albert no restringió sus movimientos, pero después de que el actor se levantara de la cama, descubrió que le faltaban el pasaporte y la billetera. Albert también encarnaba plenamente la etiqueta de «hombre egoísta» que le había puesto Tang Feng, y ya no hacía de Quasimodo reprimido que no se atrevía a acercarse a Esmeralda.
No restringir los movimientos no significaba que no lo siguiera.
—Dáselo a la pequeña Annie —dijo Tang Feng, frotando suavemente el osito blanco de felpa y sonriendo—. ¿No es lindo?
—Ella no necesita esto —rechazó directamente Albert.
—Eres irresponsable, aburrido, y transmitirás ese aburrimiento a tu hija. —Recogiendo el oso gigante de peluche, Tang Feng lo empujó a los brazos del rubio—. Esto es un regalo para la pequeña Annie, no para ti.
—Pero lo gané en el juego de tiro. —A Albert, quien asomaba la cabeza por detrás del oso, no le gustaba no ver a Tang Feng cuando hablaba con él. Sonrió y dijo—: Realmente te gusta Annie.
—Tu hija es adorable, —aunque su padre no.
—Puedes cuidar de ella. Le caes bien y puede aprender mucho de ti, más conocimientos y experiencias útiles que cualquier maestro. —Dejando el oso a un lado, sintió que era bueno que el coche fuera lo bastante espacioso, o Albert habría tenido que sentarse con el peluche encima.
Parecía imposible hacer de Albert y la pequeña Annie una pareja de padre e hija al menos aparentemente normales. Dada la naturaleza del hombre, cambiarla era casi imposible.
—Si no te importa, Annie puede quedarse conmigo —ofreció Tang Feng.
—No —Albert sacudió la cabeza y miró al actor—. Puede que le des demasiada libertad e indulgencia porque te preocupas demasiado, pero dejaré que te visite algunas veces.
Bueno, reunirse de vez en cuando era mejor que no reunirse en absoluto.
—¿Cómo era tu padre? —Tang Feng preguntó con curiosidad.
—Está muerto —respondió Albert de forma cruda y escueta, sacudiendo la cabeza—. Este tema no tiene sentido. No soy como Lu Tian Chen, todavía atado por la familia; no necesitas preocuparte de ningún peligro por estar conmigo.
—Bastante evidente.
Porque eres la persona más peligrosa.
—¿Es aburrido estar conmigo? —Albert de repente trajo a colación el comentario del otro de antes en la noria—. Al menos es relajante y libre, ¿no?
—En efecto —¿qué otra cosa podía decir?
—Si tienes preguntas para mí, no te las guardes para ti —el rubio alargó la mano y agarró la de Tang Feng. Se detuvo un momento, su expresión mostraba que estaba disfrutando del tacto—. Esto se siente bien.
Muy bien, Tang Feng ya estaba acostumbrado a las excentricidades del hombre.
—¿Has hecho algún tipo de trato con Charles o alguien más? —Como Albert ya lo había insinuado, no se guardaría la pregunta.
—No te lo dijeron, ¿eh? —Con una ligera sonrisa, el rubio miró al actor—. ¿Estás decepcionado, Tang Feng?
—Un poco.
—Conmigo es lo más seguro —repitió Albert.
—Lo que significa que estar con Charles o Lu Tian Chen no es seguro. No hay seguridad absoluta en este mundo. —Tirando de su mano hacia atrás, Tang Feng preguntó—: ¿Para qué es todo esto? ¿Tiene algo que ver con Lu Tian Chen?
—Lu Tian Chen tiene un padre problemático. —El tono de Albert llevaba un toque de desdén—. No puedes ayudar en nada; con estar conmigo es suficiente.
