¡Vamos a romper este compromiso! – Capítulo 94: Charla ociosa – La crisis de Ricardo (1)

Traducido por Shröedinger

Editado por Ayanami


Estoy pensando en Sana tanto si estoy despierto como dormido. Cuando me despierto por la mañana me pregunto si estará despierta y le hará compañía a Lillina.

Lillina tiene suerte de poder pasar tiempo con Sana desde la mañana.

Cuando comía en un comedor lleno de hombres, comía sándwiches hechos por Sana.

Lillina tiene suerte de poder comer alimentos hechos por Sana.

Estoy cansado del entrenamiento de la orden de caballeros, que consiste en intentar derrotarme, como aplastaría a cualquiera que pensara en acercarse a Sana, Sana es mucho más fuerte que esos tipos.

Lillina tiene suerte de poder confiar su espalda a Sana.

No importa lo que haga, recuerdo a Sana y también a Lillina.

¿Por qué no está Sana conmigo ahora mismo?

Si Sana fuera mi sirvienta, la habría tenido conmigo en todo momento.

Aah ~~, me pregunto si regresarán pronto ~~.

¿Quizás, debería ir al País Occidental?

Pero ~~, el abuelo, ciertamente, estaría enojado.

No quiero admitirlo, pero incluso si lo desafiara cien veces, con mi habilidad actual no ganaría ni por casualidad.

¿Por qué esa persona es tan fuerte?

♦ ♦ ♦

Estaba pensando en esas cosas mientras llenaba documentos, que es en lo que soy más débil.

Algo me golpeó de repente.

—¡Duele ~~!

—Aquí, aplique el sello con firmeza y precisión.

Era mi ayudante, Alex, quien me golpeó la cabeza con un libro tan grueso como un diccionario. Con cada año que pasa, me trata cada vez con más rudeza.

—Santo cielo, habla primero. ¿Por qué me pegas inmediatamente?

—Uf… te hablé diez veces desde hace un tiempo. Y, sin embargo, tú… Por favor, no seas tan irresponsable. Entiendo que echas de menos a la señorita Sana, pero eres el capitán de esta orden de caballeros.

Alex habló y volvió a su trabajo.

Como no se puede evitar, decidí sellar los documentos que se elevaban sobre mi escritorio.

Aah ~~, quiero beber el té de Sana.

Quiero comer los dulces de Sana.

Quiero ir a cazar demonios con Sana.

Sana… Al menos quiero reunirme con ella.

Mientras pensaba en Sana, estaba golpeando el sello a toda prisa para que Alex no me golpeara.

Este día establecí el nuevo récord de documentos sellados.

Esa noche me dijeron que fuera a la habitación de mi padre porque quería hablar conmigo.

¿De qué demonios quiere hablar?

—Ricardo, asiste a una entrevista matrimonial…

—No quiero. —Rechacé secamente la palabra de mi padre.

¿Por qué debo asistir a algo como una entrevista matrimonial?

Padre repitió con una ceja arrugada. —Escucha, asiste a una entrevista matrimonial.

—No quiero.

Seguimos mirándonos el uno al otro.

Aun así, ¿Por qué ahora?

Además, ¿Hay alguna mujer que quiera reunirse conmigo?

Me entristece decirlo, pero no creo que podamos congeniar.

—Ricardo, la señorita está ansiosa por tener una entrevista de matrimonio contigo. ¿No podrías, al menos, encontrarte con ella por un pequeño momento?

—… ¿Hay algún otro propósito?

—La joven parece querer conocerte por todos los medios.

Guarde silencio.

¿Qué es esto? Tengo un muy mal presentimiento sobre esto.

Mi intuición me advierte sobre el peligro.

Ya puedo oler un problema absoluto.

—¡Padre, rechacémoslo!

—Imposible. La entrevista de matrimonio es mañana.

—¿Ma…mañana? ¿Qué estás diciendo? Mañana tengo que trabajar.

¿Mañana?

Por lo general, lo anunciaría antes.

—Puedes descansar mañana sin preocupaciones. Le pedí al joven Alex que te hiciera terminar tu trabajo hasta cierto punto.

Ese bastardo ~~.

Por eso llenamos tantos documentos.

Quiero golpearme por sellar documentos frenéticamente como me dijeron.

Incluso si la entrevista de matrimonio sale bien, no me comprometeré, y mucho menos me casaré.

Yo… ¿Yo?

¿Sip? ¿Por qué? Sana me vino a la mente.

Mientras gruñía sin refutar, papá terminó la charla y me echó de su habitación.

He estado pensando desde que volví a mi habitación.

No me gusta la entrevista de matrimonio.

Porque no quiero casarme con una persona que no me conozca.

Si me caso, me gustaría estar con alguien que conozca mi carácter y con quien pueda proteger mi territorio.

Me quedé en blanco.

—¡¡Aaaaaaah!! —Grité sin querer.

Yo, yo… Tal cosa.

¿Por qué no me he dado cuenta de algo tan simple?

—Amo a Sana.

Ahora que he notado mis sentimientos, todo comienza a encajar maravillosamente.

Oye, ¿Por qué no me he dado cuenta?

¿Estúpido? ¿Soy estúpido?

¿Mis pensamientos, mi comportamiento, no son una prueba de que amo a Sana?

Por qué no me había dado cuenta hasta ahora, qué… soy…

Además, mañana es la entrevista de matrimonio.

Pero ahora que me di cuenta de lo que siento por Sana, ¡Puedo hacerlo!

—¡Sana! ¡Espérame!

Cuando finalmente me di cuenta de mis sentimientos, me quedé dormido de buen humor.

Sin ser consciente de la crisis de mañana.

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