La gota de esperanza – Capítulo 2

Escrito por Grainne

Asesorado por Maru

Editado por Sharon


Se dirigían a la dirección que el Sr. Fitzgerald les pasó mediante la carta de reclutamiento con David manejando la camioneta negra que los llevaba. El mercenario sentía una horrible sensación en su pecho, y tenía un mal presentimiento hacia lo que podía ocurrir una vez que llegaran. No confiaba a la primera en nadie, y menos de un empresario.

Arribando a su destino, una enorme casona de estilo belga con un pequeño balcón unos metros arriba de la puerta central, David se acercó un poco inquieto mientras Gina lo seguía por detrás con inseguridad. Él golpeó la puerta con fuerza, haciendo que un  eco retumbara dentro de la casa. Finalmente, una joven ama de llaves los dejó pasar en nombre del empresario.

—Es un placer conocerlos. Soy la ama de llaves de la casa, Bianca. El Sr. Fitzgerald los espera en el living —informó haciendo una reverencia e indicándoles dónde ir.

David y Gina cruzaron miradas dudosas mientras se dirigían al lugar, y cuando empezaron a moverse, la puerta central detrás de ellos se cerró de un golpe. Gina notó esto con nerviosismo y con sus manos temblando.

—Ahora no sé si es buena idea quedarnos… ¿Y si nos matan? —dijo Gina con voz temblorosa mientras agarraba fuertemente el brazo de David.

—Tranquila, ponte firme. Los nervios a un lado, ¿si? —le contestó él acariciando su cabeza dulcemente.

Gina asintió mientras se tranquilizaba y regulaba su respiración.

—De todas maneras, quiero aprovechar esta oportunidad para aprender a matar con facilidad a esas bestias… —exclamó mientras apretaba sus manos con enojo y furia.

—Debes equilibrar tus emociones primero. Menos mal que has pasado la adolescencia, sino ya hubieras muerto —dijo David en un suspiro.

—Sé controlar bien mis emociones, y no me iba a suicidar sabiendo que tengo un excelente tutor. Tengo emociones inestables pero pienso, luego existo —sonrió Gina mientras se sentaba sobre unos sillones caros.

David bufó a la vez que observaba con curiosidad el lugar. El living era una habitación grande con unos sillones en el medio que formaban un rectángulo. En las paredes había unos muebles con ventanillas de vidrio que dejaban ver premios o partes de armas con un cartelito con sus respectivos nombres. El mercenario siguió observando el comedor hasta que su atención fue capturada por una foto donde mostraba a la ama de llaves vestida de manera provocativa y construyendo unas armas. Esto provocó una pícara sonrisa que molestó a la pequeña Gina.

—¡¿Qué estás mirando, viejo pervertido?! —dijo molesta.

—Nada… —respondió David desviando la mirada.

Un gran silencio había invadido la habitación, pero no era para nada incómodo. Ambos estaban acostumbrados a estar juntos de esa manera.

De repente  y sin aviso, el silencio fue interrumpido por el ataque de un demonio que rompió las puertas cerradas, provocando que David y Gina reaccionaran de manera rápida.

Ambos se colocaron en posición de ataque. Él le disparó al monstruo mientras ella preparaba la espada para atacar por detrás. Darles en la espalda era más fácil para ella pero aún le costaba matarlos a la primera. La mejor técnica siempre ha sido apuñalarlos en el corazón, allí escondían toda su energía negativa.

Gina logró apuñalarlo en la espalda mientras retorcía su arma dentro de sus entrañas con presión, y David dio el golpe de gracia con un único disparo en el centro del pecho de la bestia. El cuerpo sin vida cayó al suelo en un charco de sangre negra, dejando un gran desastre en el living. En el silencio que siguió ambos escucharon unos aplausos y unos pasos acercándose a ellos.

—¡Fantástico! Aunque ese demonio era fácil de asesinar. De todas formas me interesaron bastante, la próxima prueba será más difícil. Se los aseguro —exclamó con una leve sonrisa un hombre de apariencia amable, baja estatura y obeso. A primera vista parecía honesto, pero su grave voz le añadía un toque diferente al Sr. Fitzgerald.

—Y una mierda haremos tu prueba —respondió David pateando el cadáver mientras limpiaba su saco bordo. Gina miró a su tutor y luego al Sr. Fitzgerald , mientras se encogía de hombros. Manteniendo su postura firme, él continuó: —Aceptaremos cuando se nos enseñe las reglas y acuerdos adecuados para trabajar.

El Sr. Fitzgerald sonrió mientras observaba a los dos candidatos, a la vez que les pedía que lo siguieran hasta su oficina. Gina asintió mientras arrastraba a David por el brazo.

No estoy seguro de esto, Gina. Debe tener información sobre nosotros, y puede usarla en nuestra contra, pensó David mirando a su hija con amargura.

Tranquilo, estoy segura que este hombre nos dará buen trabajo. Lo hemos hecho bien con ese demonio de antes, respondió la joven con una leve sonrisa dibujada en el rostro.

Ambos podían leer sus pensamientos debido a que eran híbridos,  y tranquilamente podían mantener una charla mental. De pronto, se quedaron congelados al escuchar una tercera voz en sus mentes.

No deberían desconfiar de mí, yo confío en sus habilidades para hacer crecer esta empresa.

Los dos candidatos observaron al jefe atónitos mientras él sonreía.

—No se asusten, soy un híbrido de muy bajo nivel. Muy bien, vamos a hablar de las reglas y acuerdos —dijo mientras jugaba con su oscura barba y se sentaba en la enorme silla frente a su escritorio.

Ambos se pusieron delante de aquel hombre mientras la ama de llaves les sacaba las chaquetas sucias de sangre y les ofrecía ropa limpia.

—Después, Bianca. Ahora tendré una seria conversación con mis clientes. —dijo  Fitzgerald provocando que David suspirara y se cruzará de brazos.

—Lo escuchamos —respondió Gina haciendo una pequeña reverencia mientras Bianca se retiraba de la oficina cerrando las puertas detrás de ella.

—Trabajen para mí y vivirán en esta mansión sin pagarme nada. Los únicos híbridos vivos con buenas habilidades que he llegado a encontrar son ustedes, y necesito su ayuda para investigar el origen de los demonios y eliminarlos por completo. Aquí está el contrato si quieren leerlo. No escondo nada, soy fiel a mis palabras —dijo el jefe con serenidad.

Gina agarró los papeles y los leyó con atención y en voz alta. Luego de unos minutos de lectura y buena observación, ella estaba dispuesta a aceptar, pero David prefirió un momento a solas para discutir bien su decisión.

—¿Estás segura? No me fio de él y siento un mal presentimiento —dijo él mirándola con preocupación.

—Estoy segura de esto. Quiero investigar todo sobre los demonios y detener esta horrible manera en la que sobrevivimos e huimos de ellos. Han intentado violarme, abusarme… incluso han intentado comerme viva. —Gina tuvo que detenerse debido a las lágrimas en sus ojos pero negó con la cabeza. —Quiero vivir, papá. Tengo fe de que es nuestra mejor opción.

En ese momento, David sentía que ya no veía a una niña sino a una sobreviviente con un claro objetivo.

—Está bien, apoyo tu decisión, pero debes saber que si sucede algo por culpa de ese tipo, no sé si estaré ahí para ayudarte. Haz lo que te enseñé y nunca caigas bajo tus nervios. Domínalos —dijo mirándola a los ojos y agarrando sus hombros para luego abrazarla.

Deseo tu felicidad y bienestar. Sobrevive a este horrible mundo y haz lo que siempre deseaste, pensó David acariciando su cabello. Gina sonrió despeinando el canoso cabello de su tutor.

—No nos pongamos sentimentales, vamos a hablar con ese señor así obtenemos este trabajo —respondió.

Luego de un rato salieron de la oficina, mirando a Guillermo Fitzgerald. Ambos decidieron aceptar la propuesta, así que sus nuevas habitaciones y trajes especiales ya habían sido preparados.

Gina estaba tan sorprendida del buen equipo que el jefe tenía para ellos que la emoción le hacía sentir un pequeño cosquilleo en el cuerpo. Incluso saltó de felicidad al ver su habitación hermosamente decorada y con mucha ropa en los armarios. Nunca había podido gozar de esos lujos debido al poco dinero que tenían; se sentía en un sueño hecho realidad.

—David, ¡mira! ¡Amo este vestido! —exclamó Gina luego de tomarse un baño y cambiarse a su nueva ropa.

Él la observó sonriente, no la veía así de contenta desde que sus padres adoptivos la cuidaban. Después de un momento se dirigió al baño melancólico, sentía culpa al ver una persona tan inocente como su hija teniendo que pasar por todas estas horribles cosas a tan corta edad. De todas formas, estaba seguro que Gina tenía mucho más potencial de lo que aparentaba, y lo recordaba bastante bien.

Nunca podría olvidar aquel día en el que fue atacada a los 14 años.

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