Un lirio que florece en otro mundo – Día 11, al mediodía: segundo Hogar y la doncella principal

Traducido por Kiara

Editado por Tanuki


Comparada con los otros nobles de la región, el segundo hogar de la familia Florence en la capital era especialmente modesto. Situada en las afueras de un barrio acomodado al este de la capital, la mayoría de sus terrenos estaban destinados a la jardinería, y el jardinero se había dedicado a cultivar flores, incluso aquellas que no podían crecer fácilmente en la capital.

El lugar había cobrado vida después de que Miyako llegará buscando un prometido, pero cuando el sobrecargado Odin vivió allí solo, los locales comenzaron a tratarla como una mansión sombría y encantada.

—¡Señorita Miyako! Me alegro de que haya regresado sana y salva —dijo la jefa de las criadas, Susie, dando a Miyako una cálida bienvenida. Había sido la criada principal de la segunda casa de la familia Florence desde que Miyako lo recordaba, y las arrugas grabadas en su frente mostraban una especie de dignidad, como si encarnaran su cálida pero estricta personalidad.

Susie suspiró con fuerza.

—Nunca hubiera imaginado que Fuuka Hamilton perdería la cabeza y te secuestraría después de perder su compromiso…

—¿Eh?, ¡¿qué?! ¡¿Eso es lo que la gente está diciendo?! ¡Es al revés! Si es una u otra, bueno, no, es completamente al revés! Tomé la mano de Fuuka y la arrastré a la región del Atika. Entonces, ¿de dónde provino tal rumor?

—No lo se señorita, pero todos los rumores dicen que la propia Fuuka Hamilton confesó ese hecho. No se habla de otra cosa, a tal punto que una vieja sirvienta como yo lo sabe.

—Pero eso es… ¿Por qué haría ella eso? La pregunta giraba en torno a la mente de Miyako.

—He oído que se lo confesó al heredero de la casa Rainhalt. No estoy segura de qué trato hicieron, pero los rumores dicen que para disculparse la familia Hamilton ha asumido la mayor parte de los costes del proyecto de gestión del río Enot en el que están trabajando conjuntamente con la familia Rainhalt.

—Pero…

—Pero estoy aliviada. Cuando me enteré que Fuuka y usted desaparecieron al mismo tiempo, si hubiera habido la más mínima sospecha de que secuestró a una señorita de la familia Hamilton… Me temo que eso habría supuesto el fin de una familia noble tan pequeña como los Florence.

Sus palabras hicieron que Miyako se diera cuenta de lo que había pasado.

—Ahora lo entiendo… Fuuka mintió para protegerme.

—Gracias, Susie.

—De nada. Por cierto… ¿De quién es el gato?

Umi maulló en respuesta.

—Ah es mía, se llama Umi, y…

Y es una Undine que dormía bajo el jardín de nuestra cabaña en el campo, Miyako casi continuó, pero se detuvo.

—Nunca antes habíamos tenido un gato aquí… —Susie estaba claramente indecisa sobre la estancia del animal, así que Miyako se apresuró a suavizar las cosas.

—Es una buena gata, ¡no ocasionará ningún problema!

Umi asintió con satisfacción a los elogios de Miyako. Por el momento, parecía estar siguiendo la petición de Miyako de actuar como una gata normal.

Susie dirigió su aguda mirada a Umi.

—¡Y es muy educada! —continuo Miyako y Umi maullo en respuesta.

—¿De verdad?

—Si, y es tan guapa. ¡Es realmente digna de formar parte de nuestra familia!

—Hmm… ¡¿Estás segura?!

—Aunque quizás estoy exagerando…

—¡¡Nya claro que no!!

Intentando cubrir la voz de Umi después de que olvidara su papel como un gato normal e interferir en la conversación, Miyako hizo desesperadamente su mejor imitación de un gato. Lo que dio como resultado que Susie apenas permitierá a Umi entrar en la casa.

—Bien, entonces, mi señora —Susie aclaró su garganta y empezó de nuevo en un tono más formal— a juzgar por la prisa con la que has vuelto, imagino que tienes algo que te gustaría que hiciera por ti.

Susie se puso de pie y Miyako asintió con la cabeza.

Voy a llevar a Fuuka de vuelta. He vuelto a la capital para hacer eso, para luchar por eso. La encargada de las criadas es una mujer capaz y digna. Puedo contar con su apoyo.

—Susie, quiero que recojas las cosas que te voy a decir tan rápido como puedas.

Al oír la voz de Miyako, Umi movió su cola desde sus brazos.

♦ ♦ ♦

Papel de escribir, un sobre, ropa de sirvientes, un vestido precioso, y una de las pequeñas flores que florecen en la esquina del jardín. Eso es lo que Miyako le pidió a la criada jefe Susie que le consiguiera urgentemente.

—Miyako, ¿qué es eso?

Umi se puso de pie sobre sus patas traseras y miró fijamente las manos de Miyako mientras se sentaba a escribir en el escritorio.

—Es una carta para Odin.

—¿Puedes confiar en él?

—Bueno, mi hermano generalmente no suele razonar mucho las cosas, hace todo lo que se le dice… es el típico obrero. Realmente no tiene ninguna convicción, por así decirlo, así que creo que podemos conseguir que haga lo que queremos.

Miyako sabía que Odin trabajaba para la familia Rainharlt. No sabía que trabajaba como espía, una especie de guardián en la sombra, pero su valoración de Odin no estaba muy lejos de su verdadera personalidad. No tenía convicciones firmes, y era blando con los que están cerca de él. La única razón por la que trajo a Fuuka a la capital fue porque ella se lo pidió.

Trabajaba para los Rainhalt para ahorrar dinero para el futuro cuando asumiera el papel de jefe de la familia de Florence. Aún así, era mucho más adecuado para la vida de un trabajador que para ser un noble de un país que tendría que lidiar con todo tipo de problemas. Es una pena que su actual trabajo tenga unas perspectivas tan aburridas.

Todo eso pasó por la mente de Miyako mientras escribía en el papel con el bolígrafo.

—Bien, ya está hecho. Ahora todo lo que necesito hacer es…

Cerró el sobre con cera y escribió “Odin Florence” en letras grandes. Luego se levantó de repente y se quitó la ropa.

—¡Vaya, qué atrevida, maestra!

—Sólo me estoy cambiando.

Miyako se visitó con las ropas de trabajo que estaban de moda entre la clase trabajadora de la capital. Eran ropas modestas, diseñadas con un tema rojizo y muy poco encaje o botones decorativos. Eran mucho más simples que la ropa sencilla que Miyako usaba cuando vivía en el campo de Atikan.

Primero, tengo que comprobar si Fuuka está bien.

La gente de la casa Hamilton era excepcionalmente fría con los fracasos. Podrían estar tratando mal a Fuuka. En realidad, no hay ningún “podría” involucrado en esto, estoy segura de que es así. Evaluaré la situación primero… Entonces, seré directa con ella cuando la saque de ese lugar; no la tomaré con la guardia baja.

—¿Qué pasa, maestro?

—Nada, sólo pensé, que he cambiado mucho.

Miyako pensó que si hubiera reducido las largas horas de trabajo, quizás hubiera tenido una mejor vida. En aquella época nunca podía decir que no y siempre era pasiva, renunciando a lo que quería. Esperaba en vano que otras personas cambiaran las cosas para ella. Esa esperanza tenía un nombre, “confiaba en que otros la salvarían”

Pero entonces conoció a Fuuka, se enamoró, y se le ocurrió un plan empleando todo su conocimiento y fuerza para huir con ella. Y ahora, ella estaba tomando la iniciativa para tomar el control de su destino y asegurar un futuro que pudiera compartir con Fuuka. Decidió seguir luchando todo el tiempo que fuera necesario.

He cambiado. Siento que podría hacer cualquier cosa por Fuuka.

Lejos del rumbo trazado por el juego, Miyako ya no podía predecir el futuro, pero tenía a un Undine a su lado, además contaba con el apoyo de Shan Li, Aisha, y María. También tenía sus sentimientos por Fuuka.

Miyako estaba tan feliz de tenerlos todos. Se sentía invencible, como si pudiera hacer cualquier cosa.

—¡Está bien!

Se ató el pelo largo y castaño en un moño sencillo y realizó una ovación para animarse.

—¡Primero, tenemos que ver cómo le va a Fuuka!

—Si —respondió Umi.

Miyako apretó el puño con firmeza y dio el primer paso de su plan para recuperar a Fuuka.

Umi bostezo entre sus pies.

Desde detrás de la puerta, una figura los miraba. Era Susie, la criada principal que dirigía a los tres únicos sirvientes de la segunda casa de la familia Florence.

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