Un lirio que florece en otro mundo – Día 13, temprano en la mañana: hombres y mujeres

Traducido por Kiara

Editado por Tanuki


Miyako se paró frente a un espejo con un vestido extravagante. Se ató el pelo y se puso accesorios. Luego remató su estilo con lápiz labial. Su vestido rojo complementaba su pelo castaño.

—Maestra, tienes una mirada intimidante en tus ojos —dijo Umi.

—Sí, estoy muy animada. Esto va a ser una experiencia única en la vida… voy a confesarme después de todo —respondió Miyako.

—¿Y eso es lo que quieres?

—Sí, lo es.

—Entonces todo lo que me queda es apoyarte.

—¿De dónde salió ese lado cariñoso?

—Nya, siempre soy amable. Te echaré una mano en lo que quieras hacer, mi maestro. Y haré todo lo que pueda como espíritu del agua… pero esperar esa clase de sensibilidad emocional de nosotros es un típico engreimiento humano.

—Sensibilidad, ¿eh?

—Al menos, disfrutaste de todos esos días cálidos y tibios en esa cabaña con ella, pero ni siquiera pudiste ponerle un nombre a tus sentimientos.

Miyako miró a la undine que desenterraron, la bola de pelusa que seguramente vendría en su ayuda si Miyako lo deseaba, su gato persa. Pensando en lo que estamos a punto de hacer, no podría estar más aliviada de tenerla a mi lado.

—Oye, Umi…

—¿Qué pasa, mi ama?

—Te ordeno como tu ama: ¡prepárate para los masajes!

Umi maulló en respuesta, Miyako le dio a Umi su dosis diaria de masajes.

Muy bien, es hora de pelear. Esta es mi única oportunidad para atrapar a mi amada villana Fuuka Hamilton a la vista de todos, cara a cara.

Más allá de la ventana, la lluvia comenzó a caer.

♦ ♦ ♦

Mientras tanto, en la mansión Hamilton. Fuuka luchó mientras los sirvientes la inmovilizaban y la obligaban a subir a un carruaje.

—Por favor, ¡llame a un médico!

—¡Manténgala quieta! Atala si es necesario, pero métela en el carruaje.

—¡Escúchenme! Tenemos que hacer algo con respecto a la plaga… —un ligero golpe y el cuerpo de Fuuka se volvió blando. El carruaje se alejó rápidamente.

La familia Hamilton dirigió toda su mano de obra y fondos hacia el proyecto de gestión del río, y sus carruajes formaron una línea que se extendía hasta donde el ojo humano podía ver. Erupciones rojas corrían en filas a través de los cuellos de los asistentes a bordo.

Además…

—Mi señor, debemos llegar al río Enot a tiempo.

—Esa maldita Fuuka. Mi hija bastarda no ha hecho esto fácil…

—¿Mi señor?

El conde comenzó a toser súbitamente.

—¡¿Estás bien?!

—Ejem… Estoy bien. No puedo permitirme perder este proyecto.

El padre de Fuuka, actual cabeza de la familia Hamilton, era Dan Hamilton.

—Acelera. Todo debe estar en perfecto orden cuando saludemos a los Rainhalt.

En su cuello también había un sarpullido rojo oscuro y estaba sudando mucho a pesar del clima.

♦ ♦ ♦

—Ah, no quiero estar aquí.

Una línea de carruajes de varias veces más larga que los Hamiltons, cada uno adornado con las decoraciones más extravagantes, recorría las calles de la ciudad. Dentro de uno de ellos, estaba Klause Rainhalt miraba apático por la ventana.

—¿Por qué tengo que representar al Padre en la ceremonia de oración de la administración del río?

Con su pelo rubio y sus ojos azules, era la imagen misma de un apuesto noble.

—Ohh, ¿qué hago? ¿Qué se supone que debo hacer si mi único y verdadero amor, Miyako, va a la mansión buscándome mientras estoy aquí? Estás de acuerdo conmigo, ¿verdad, espía?

No hubo respuesta.

—¿Hm? Oh, es cierto, el astuto bastardo está de vacaciones.

El espía de la familia Rainhalt no estaba presente para escuchar el ridículo de su amo como suele hacerlo. Por lo tanto, Klause se dirigió solo al río Enot, el mismo destino en las afueras de la capital al que los Hamiltons arrastraban a Fuuka.

El río Enot era el más grande del reino, y se inundaba casi todos los años. Si lograban tener éxito con el proyecto de gestión del río, haciendo que las tierras cercanas fueran aptas para el cultivo, eso en sí mismo sería un logro sobresaliente y ampliaría el poder de la nación.

Los Rainhalt de la alta nobleza estaban decididos a desempeñar un papel fundamental en la facilitación del proyecto de gestión del río. Ese fue el plan que los cerebritos de la familia Rainhalt elaboraron.

—Sólo quiero irme a casa. Estoy un poco enfadado con él por no encontrar a Miyako… pero no es lo mismo sin mi espía.

En este mundo, el poder era un privilegio que se otorgaba sólo a los que nacían con él. No sólo era un noble, sino un miembro de la alta nobleza, y encima de eso, un hombre. Klause Rainhalt nunca cuestionó ninguna de las ventajas con las que había nacido. No consideraba que debían ser cosas de las que estar orgulloso o en las que tuviera que confiar. Los que ejercían el poder nunca se dieron cuenta de la fuerza que les daba.

Así que, para Klause, no había nada de extraño en que su antigua prometida Fuuka Hamilton se viera obligada a arriesgar su vida rezando en la ceremonia del río como un sacrificio. Tampoco veía nada extraño en su inquebrantable y egocéntrica convicción de que la otra prometida que había dejado, Miyako Florence, aún quería casarse con él. Nada de eso le importaba a Klause Rainhalt.

Los carruajes siguieron adelante.

♦ ♦ ♦

Mientras tanto. Un hilo de luz azul corría por el cielo lluvioso de la capital como un cometa. Ese cometa era la figura divina de una undine en forma de un gran tigre, su piel era tan clara como un arroyo de montaña.

A su espalda iba Miyako con un vestido rojo oscuro, sus volantes bailaban en el viento como llamas.

Su destino: el río Enot.

La batalla final estaba a la vuelta de la esquina.

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