Cenicienta – Capítulo 24: Celos (1)

Traducida por Den

Editada por Sakuya


— ¿Qué? ¿Qué dijiste de Brennan?

No podía creer lo que oía.

¿¡Brennan estaba con una joven en una cita en el teatro?! Y la chica es esa… ¡Señorita Castley!

—No puede ser verdad, ¿verdad? —pregunté examinando al chambelán.

— ¡Convoca a esa chica Castley que usó sus encantos con Brennan ahora mismo!

La cara del chambelán se puso azul y salió corriendo a hacer lo que ordené.

♦ ♦ ♦

Dormí demasiado en la mañana después de haber ido al teatro a ver una obra que no vi. Así que desayuné tarde con madre.

Padre había salido temprano para las reuniones del Parlamento.

Después de comer un poco de mi desayuno, le di a madre un informe completo sobre los acontecimientos de la noche anterior.

— ¡El General Brennan se te propuso!

—Supongo que es una proposición, me dijo que quería que fuera su esposa. —le dije a madre, tímidamente cubriéndome la cara con las manos.

¡Su esposa!

Eso sin duda era una proposición.

Oliver sonrió y colocó una tarta de frutas delante de mí.

—Eso parece, supongo…

—Felicidades, Señorita. —dijo Oliver con una sonrisa. Sentí una calidez en mi pecho cuando los sirvientes compartieron su sentimentalismo.

Todos son tan amables, pensé, mientras las lágrimas amenazaban con caer.

Había pasado poco tiempo desde que Eugene rompió su compromiso conmigo y el terror de la ropa interior caída y ahora estaba comprometida con el General Brennan. Me siento realmente afortunada, pero también estoy asustada de que con esta racha de buena suerte, algo malo vaya a suceder, pero no parece ser así.

Mientras reflexionaba, tomé un sorbo del té. En ese momento, pude oír unos pasos apresurados que venían del corredor.

— ¡Señora! ¡Señorita! ¡OH!

Encuentro este rostro desesperado familiar. Era el mismo que cuando el General Brennan dijo que vendría de visita.

— ¿Qué sucede, Marie?

Sería genial si el General Brennan viniera de visita, todo estaba preparado. ¡Puede venir en cualquier momento!

—Oh, Dios mío… ¡una carta! ¡Una carta vino del Palacio! ¡Ha sido convocada por el Príncipe Heredero! —dijo entre jadeos.

Extendió una carta arrugada entre sus temblorosas manos.

Oliver se la quitó rápidamente y nos miró a mi madre y a mí, sorprendido.

—Es definitivamente una convocatoria del Palacio por el Príncipe Heredero, Stephan.

¿Eh? ¿Por qué?

♦ ♦ ♦

Madre y yo rápidamente nos cambiamos a un atuendo adecuado para el Palacio. Con Oliver, Marie y dos sirvientes nos dirigimos al Palacio. Tan pronto como bajamos del carruaje, todos fueron descorteses. ¡No somos cortesanos!

—Venid.

—Apresúrense.

Nos urgieron.

Fuimos llevados rápidamente a un salón de visitas privado.

—Esperen aquí. —dijeron groseramente y se marcharon apresuradamente.

— ¿El Palacio también carece de personas con talento? —nos preguntamos Marie y yo.

A diferencia de Marie y yo que estábamos sorprendidas, madre estaba tranquila. Simplemente levantó una ceja y se sentó elegantemente en el sofá. Oliver comenzó a servir el té que habían dejado. Parecía bastante lujoso, se sentía un aroma maravillosamente suave del té, pero no podía disfrutarlo.

¿Qué quería el Príncipe de mí?

¿Era sobre el General Brennan…? ¿O era sobre Eugene? La cancelación del compromiso ha sido aprobada. O quizás, había sido, sin saberlo, ¿grosera con él? Estaba pensando en cómo me disculparía cuando padre entró. Me acerqué a él.

—Buenos días, padre.

Ya era mediodía, pero me devolvió el saludo. Oliver se marchó.

Padre frunció el ceño y se llevó la mano a la frente. ¿Le dolía la cabeza?

—Fredericka, dime las cosas importantes antes.

—Sí. ¿Saludar es más importante que cualquier otra cosa?

Padre inclinó la cabeza hacia atrás y suspiró. Él y madre se miraron mutuamente.

Jaja, los dos son divertidos.

—No, niña tonta. ¡Me refiero a lo de ayer!

Oh, sobre el General Brennan.

—Era tarde y estaba cansada —y, sobre todo, avergonzada, así que era difícil de decir.

Pero, era esa la causa de esta convocatoria; ¿el incidente de ayer?

—Lo siento. —me disculpé con padre.

Sacó algo de su bolsillo y lo bebió a la fuerza, luciendo disgustado.

—No puede estar en casa para siempre. —dijo madre con una extraña risa detrás de mí.

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