Bajo el roble – Capítulo 25: La inexperiencia del caballero 

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


La fuerza del agarre fue suficiente para asustar a Max. Se sorprendió al ver a Riftan mirándola con expresión perpleja, ella sintió de inmediato su sombrío estado de ánimo. Pero estaba segura de que él estaba supervisando a los caballeros en un ejercicio hace solo unos minutos…

—Habría interrumpido la sesión de entrenamiento para presentarte a mis aprendices si solo te hubieras acercado, ¿por qué te vas sin saludarme?

Max aun estaba sorprendida por su actitud.

—No quería molestarte…

—Tú nunca me molestas.

Dio un breve vistazo a los jóvenes caballeros, sin soltar la mano de Max. Los aprendices estaban todos jadeando, sudorosos, con el rostro sonrojado y acababan de hacer sprints rigurosos por el campo con sus espadas de madera.

—¡Dos repeticiones más y luego pueden descansar! Todos pueden tomarse una hora libre y reanudar el entrenamiento después —gritó Riftan a los chicos, que ya estaban a punto de besar el suelo—. Estaré en el anexo.

Luego tomó su mano entre las suyas y comenzó a caminar con ella hacia el castillo Calypse. Max se volvió hacia Rodrigo con una mirada nerviosa, como para disculparse por abandonarlo. Rodrigo, sin embargo, parecía no tener intención de seguir a la pareja. Se quedó quieto, juntando las manos e inclinando la cabeza a modo de reverencia. Riftan avanzó por la pasarela sin siquiera mirarlo.

—¿Qué tal una comida? —preguntó de la nada.

—Oh, ya he comido… Fui al comedor antes. El mayordomo me estaba mostrando todo el castillo y estábamos en camino al anexo cuando nos encontramos contigo —tartamudeó, evitando su mirada.

No era el momento ni el lugar, pero sus pensamientos la traicionaron, las caricias del baño íntimo que compartieron juntos, inundaron su mente…

—Lo, lo siento mucho por molestarte ayer —espetó ella. Por razones por las que se estaba amonestando internamente, no estaba muy segura.

—¿Molestarme? —El hombre disminuyó la velocidad y la miró de nuevo con una mirada desconcertada.

—Por, por quedar, quedarme dormida… no pudimos comer juntos.

—Estabas exhausta por el largo viaje. No hay necesidad de disculparse —respondió Riftan, reanudando sus pasos nuevamente por el camino. El pánico se inundó en su pecho mientras ella se apresuraba tras él. Aunque él dijo que todo estaba bien, ella sabía que algo le molestaba.

—Pero, pero no estabas cansado también… Ya que hiciste la mayor parte del trabajo…

—No estaba para nada cansado —dijo Riftan evasivamente, queriendo desestimar el asunto—. Es porque estás incesantemente tan llena de vida.

—¿Qué?

Riftan suspiró para sí mismo, ahora comprendiendo la ingenuidad de la mujer a su lado, simplemente no había entendido lo excitado que se había sentido después del baño. Por supuesto, él no quería que ella se durmiera. Había tratado de mantenerla alejada del sueño, pero ella estaba demasiado agotada por el viaje.

—Nada. ¿Dijiste que estabas mirando alrededor del castillo? Esta vez seré tu guía.

—Así es…

Los pensamientos de su posible ofensa seguían en la cabeza de ella, mientras caminaba detrás de él…

♦ ♦ ♦

Riftan trepó a través del muro del jardín y subió a la muralla. Luego se inclinó y la jaló hacia las paredes con él como si no fuera más pesada que una niña. Desde su posición privilegiada, podían ver la extensión de colinas escarpadas, acantilados empinados, vegetación verde oscura en la ladera opuesta y los muros que se cernían sobre ellos.

—Todos los días, entre treinta y treinta y cinco soldados patrullan el castillo y examinan los alrededores para ver si hay avistamientos de monstruos. Si ven uno, hacen sonar la trompeta para alertar a otros caballeros. Cuando escuchan la señal, los caballeros comienzan sus preparativos para someter a los monstruos.

Al escuchar su explicación, miró la fortaleza construida en el terreno elevado sobre el valle y observó su estructura simple.

Una pared sólida y alta se alzaba en los cuatro lados. Los dormitorios y las instalaciones de entrenamiento para los caballeros estaban al lado de la puerta principal y una residencia para los sirvientes del castillo y el anexo estaban detrás de la segunda puerta. Detrás del edificio había una torre alta que se extendía hasta los cielos como una espiga.

Cuando lo miró con curiosidad, Riftan explicó:

—Ruth reside en esa torre. Está más cerca de las montañas, por lo tanto, es un lugar conveniente para lanzar magia en caso de emergencia.

Un ceño fruncido entrelazo sus rasgos, luego se volvió hacia ella y dijo en tono preocupado:

—No te acerques por ningún motivo. Para proteger su investigación, Ruth instaló poderosos círculos mágicos en todo el lugar, lo que causa problemas ocasionales.

—¿Él, él es un mago?

Ella lo miró de nuevo, había despertado su interés. Cuando estaba a punto de hacer más preguntas, Riftan terminó la conversación tan rápido como la había comenzado.

Caminó hacia la parte trasera del castillo. Max lo siguió a su lado, a veces su mirada se enfocaba en la torre, esperando ver aparecer algún tipo de truco de magia.

—Allí están los establos, ese es el granero y ese edificio es el almacén de alimentos. El almacén siempre debe contener más de lo suficiente en caso de batallas largas y prolongadas.

Riftan, que continuaba hablando monótono, de repente la miró.

—¿Estas aburrida? No soy muy bueno en esto. No sé cómo tratar a una mujer… —reveló.

—No estoy aburrida… —dijo con una leve risa, que fue demasiado aguda para su gusto.

Ella era muy consciente de que él estaba lejos de ser un hombre “culto”. Supuso que era alguien sin pasión por la lectura y que carecía de palabras para participar en conversaciones refinadas con mujeres nobles.

Sin embargo, también le resultaba difícil creer su inexperiencia con las mujeres, a menos que de repente se hubiera convertido en un hombre de la noche a la mañana.

¿Está insinuando entonces que en sus veintiocho años como un hombre bien parecido, valiente y fuerza suficiente para hacer que la doncellas más bellas del reino se desmayaran, él nunca ha sido tentado por una mujer?

Max recordó historias de los caballeros que visitaron el castillo Croix, todos ellos eran genios en materia de amor. Ni siquiera podía contar las veces que había escuchado a las sirvientas, que habían disfrutado de estar en los brazos de esos caballeros por una noche, se reían mientras recordaban como algunos de los caballeros las conducían hábilmente al camino de la seducción.

Imposible. Ella creía firmemente que Riftan debía haber tenido una buena cantidad de relaciones con jóvenes sirvientas o bellas damas. ¿Riftan no le había revelado que era costumbre que los señores y las damas se bañaran juntos?

¿Cómo iba a saber esa información a menos que…?

Max se contuvo a tiempo y detuvo sus prediccion por los pensamientos negativos. No importaba lo que hubiera hecho en el pasado, ahora no importaba.

—¿Hay algo mal? ¿Por qué tienes esa expresión en el rostro?

—Oh, está empezando a hacer frío.

Riftan se inclinó y la tomó en su brazos, calentando su cuerpo que se había enfriado. El aroma masculino invadió sus sentidos, detuvo la respiración de Max, esa sensación divertida se instaló en ella una vez más.

—Deberías haber usado prendas más gruesas —dijo en voz baja sobre su cabeza.

—Está bien. Si el viento no soplara con tanta fuerza, estaría bien… el sol es cálido…

—¿Te gusta? Quiero decir, el vestido.

Bajó la mirada hacia su atuendo, demasiado hermoso para ser usada por ella. Sería extraño decirle que, de hecho, esta era la primera vez que usaba ropa tan bonita.

—Me gusta —dijo en su lugar.

—Haré que venga una costurera para que puedas tener tantos vestidos como quieras. Te compraré cientos de ellos.

Riftan le agarró la barbilla suavemente y la levantó, en sus ojos estaba la determinación de su promesa. Max de repente sintió su rostro más caliente de lo normal, además, este no era el comportamiento de un hombre que no estaba familiarizado con las mujeres.

—¿Debo acostumbrarme a esto? —murmuró mirando hacia abajo.

—¿Qué?

—Qué me darás todo lo que pida.

Sus palabras contundentes hicieron que Riftan frunciera el ceño.

—Lo digo en serio. Te dije antes que haría todo lo posible para asegurarme de que vivas rodeada de lujos tal y como era en el castillo de tu padre.

Max se tragó la risa seca que casi brotó de ella. ¿Cómo podría haber vivido una vida llenas de lujos? Nunca le habían dado lo que deseaba, o incluso lo que una mujer noble necesitaba. Si él supiera lo erróneas que eran sus ideas preconcebidas sobre su vida pasada, ¿continuaria esforzándose?

Sintió como si lo estuviera engañando y eso la hizo sentir mal, como si fuera una villana.

—¿Podemos tomar un descanso? —pidió en voz baja.

—¿Estas cansada?

Cuando ella asintió, él dio un paso adelante para llevarla a casa. El viento del norte era fuerte y movía los árboles que cubrían la ladera azulada a lo lejos. Max se detuvo por un momento, inhalando el aroma a pino y la humedad de los hongos.

¿Olería esto todos los días? Ella le dio un último vistazo al impresionante  paisaje y despues comenzo a caminar detrás de Riftan.

♦ ♦ ♦

Riftan tuvo que dejarla nuevamente para supervisar el entrenamiento de los futuros caballeros. Regresó sola a la habitación y ahora disfrutaba de la comodidad de la chimenea mientras Rudis traía té de jengibre y dulces con frutos secas como refrigerios.

—Como va a cenar con los caballeros esta noche, ¿le gustaría cambiarse de ropa, señora? —pregunto Rudis, volviendo a llenar su taza vacía.

Después de terminar un bocado de frutos secas, miró a la criada confundida.

—¿Cambiarme?

—Sí, dado que los conoces por primera vez como la esposa del señor, me gustaría sugerir una opción más formal, señora. —Ella inclinó la cabeza con una expresión tensa—. Pido disculpas si me sobrepase.

—No, no lo hiciste…

Max hizo una mueca mientras miraba su propio reflejo en el espejo apoyado contra la pared. El cabello que Rudis había cepillado y trenzado elegantemente esta mañana había sido arruinado por el viento.

Ella asintió, sacando algunos alfileres y soltando su cabello ondulado para que la criada hiciera su magia en sus mechones por segunda vez.

—Está bien… por favor, hazlo.

Rudis salió de la habitación con la tetera y regresó con un pequeño joyero que contenía diferentes diseños de peines, aceites perfumados y adornos finos.

Se sentó en una silla frente al espejo, cuando Rudis utilizó por primera vez un peine para alisar los nudos de su cabello dolió un poco. Durante mucho tiempo, ella continuó cepillando, ocasionalmente agregando un poco de aceite y luego cepillando nuevamente. Muy pronto, todos sus esfuerzos por domar su cabello rizado se reflejaron en su cabello ahora brillante y suave.

—¿Deberíamos poner una horquilla? ¿O prefieres usar una corona?

Rudis abrió la caja llena de joyas. Eran tan brillantes que parecían cegar a una persona, los ojos de Max se abrieron como platos.

Broches estampados, collares de perlas, anillos de oro y horquillas plateadas, colocada en orden sobre el satén rojo. Y en una caja separada había una impresionante tiara. Hasta donde ella sabía, la madre de Riftan había muerto cuando él era joven y él no tenía una hermana u otro pariente femenino.

Entonces, ¿de dónde vino todo esto?

¿No estaba demasiado preparado para una cena así? Apenas había pasado un día desde su llegada. Ella solo podía inferir que estas joyas eran artículos de sus amantes anteriores…

—Señora, ¿le gustaría usar alguno de estos?

—A mí…

Se detuvo, sintiendo como si estuviera tomando las cosas de alguien más, objetos que no debía tocar, hizo a un lado sus pensamientos y eligió lo primero que le llamó la atención.

—Este adorno de pelo, por favor…

—Sí señora.

Rudis trenzó el cabello con fuerza, lo enrolló en un lado y lo arregló con las horquillas plateadas decoradas con flores de colores. Luego, colocó un collar de perlas en su cuello y un anillo de cristal en su dedo.

Max miró el extraño reflejo de la mujer con su cabello peinado y las joyas que iluminaban su rostro. No se veía a sí misma… todo lo contrario se veía hermosa . La sencillez de su aspecto resaltaba más sus rasgos.

—Si no le gusta como se ven, puedo traerle otras joyas.

Rudis, que había estado mirando al suelo, se ofreció cortésmente. Max sacudió la cabeza.

—Es, es encantador. Usare estos…

La doncella parecía aliviada. Cuando estuvieron listas para salir de la habitación, ella se colocó un chal delgado, casi translúcido sobre sus hombros. De repente, el crepúsculo descendía por la ventana.

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24 thoughts on “Bajo el roble – Capítulo 25: La inexperiencia del caballero 

  1. Marda says:

    Ya me encariñé con esta pareja. Aún tienen mucho que aprender el uno del otro, y principalmente Max tiene que sincerarse con Riftan.
    ¡Muchas gracias por los capítulos!

  2. Karen says:

    Awwww ella es muy linda y tierna!!! Me encanta esta pareja, hace tiempo que no me emocionaba tanto por una pareja en especial. Ambos son tan bellos 💖💕🌸
    Gracias por traducirla!

  3. Marian Saku says:

    Yo digo que Max tiene que armarse de valor y contarle a Riftan lo mal que vivía con su familia.Me parte el alma cuando ella se siente inmerecedora de tantas cosas lindas sólo por haber sido ninguneada por su padre.

  4. Brisa Delvalle says:

    Es muy bueno~
    Gracias por traer este terrible (terriblemente bueno) trabajo ❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️✨❤️

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