Bajo el roble – Capítulo 31: Expectativas erróneas

Traducido por Kiara Adsgar

Editado por Yusuke


—Señora.

Apartó sus pensamientos y giró la cabeza para ver a Rudis de pie en silencio frente a la puerta.

—El señor ha vuelto. Va a cenar con los caballeros en el comedor. ¿Le gustaría bajar también?

Dudó por un momento, y luego asintió. Se sentía incómoda alrededor de los caballeros, pero todavía quería cenar con él. Al menos, debería mantener un poco de amabilidad con ellos la señora Calypse.

—Entonces, te peinaré de nuevo.

La criada trajo un peine y una horquilla y enrolló su cabello prolijamente. Se sentó frente al espejo, analizando su vestido y peinado, y luego salió de la habitación.

En el pasillo, los sirvientes revoloteaban, encendiendo las lámparas. Ella pasó a su lado mientras bajaba las escaleras cuando Max escuchó el sonido de una acalorada discusión que se le metió en los oídos.

Se detuvo y comenzó a moverse lentamente hacia el origen. Echando un vistazo entre la puerta parcialmente abierta del comedor, vio a Riftan y otros tres caballeros siguiéndole mientras discutían entre sí.

—¡Debemos partir hacia el castillo mañana mismo!

—No me hagas repetirlo. Nos vamos en tres días.

—¡Tienes que asistir a la ceremonia! ¡Hasta dónde pretendes ignorar la sinceridad de la Majestad!

—Tengo que estar de acuerdo con Ricardo esta vez. La lluvia ha disminuido, así que no habrá ningún problema en salir pronto.

Max, que no sabía si debía entrometerse y estaba esperando detrás de la puerta, se endureció.

Ahora que lo pienso, lo había mencionado durante su viaje. Él fue el principal contribuyente en la guerra y debería haberse dirigido a la carretera real tan pronto como la batalla terminó. Max entonces estimó la distancia entre la carretera real y Anatol. Debería tomar alrededor de 15 días si viajaron rápido, si no, normalmente tomaría alrededor de un mes.

—Ya he enviado una paloma a la capital. Finalmente volví a casa después de tres años, el rey Rubén lo entenderá.

—Sé que quieres distanciarte del rey Rubén. Pero si actuas demasiado deprisa, tu influencia podría desaparecer.

Ante las palabras del caballero, de pie al final, Ricardo rápidamente giró la cabeza hacia él.

—¿Distanciarse del rey?

—Elnuma Rubén III, legítimo rey, se está impacientando porque no puede convocarte al palacio. Señor, usted siempre ha sido cauteloso y el rey desea mantenerte cerca a la familia real debido a su contribución a la batalla, ¿verdad?

—No es sólo el matrimonio que propuso entre Agnes y tú, parece que el rey quiere mantenerte cerca con una correa ajustada. También entiendo que eres cauteloso. Pero hay que evitar ir demasiado lejos, ya que podría terminar convirtiéndote en su enemigo. recuerda que él es muy cuidadoso con sus vasallos.

—Eliot tiene razón. Si los Caballeros Remdragon están ausentes durante la celebración, seguramente pensará que está siendo humillado delante de su gente. Nunca sabemos con qué tipo de retribución regresará más tarde. Sabes que es alguien que guarda un gran rencor.

—¡Hebaron, Nirta! ¡Están yendo demasiado lejos!

Al escuchar los gritos, Max comenzó a retroceder. La atmósfera entre ellos no era propicia para su apetito.

—Me, me gustaría comer, comer en mi, mi habitación —le dijo a Rudis tan pronto como subió de nuevo las escaleras y regresó a su habitación.

Max no podía deshacerse de la pesadez inundó su corazón mientras regresaba a su aposento, incluso cuando comió su cena sola.

¿Estaré bien sola mientras Riftan esté lejos del castillo? Todo el mundo era amable con ella, pero ella se preocupaba de que el buen trato se debiera a que el señor del castillo estaba cerca, pero si él ¿quién sabe cómo serían las cosas? Se sentía incómoda como si fuera una niña que había perdido de vista a su tutor.

—Señora… ¿la comida no es de su gusto? —preguntó Rudis, que había estado pacientemente esperando al lado.

Al parecer su estado de ánimo era visible en su rostro. Máx rápidamente agitó la cabeza.

—Oh, no. Está delicioso. Bueno, es solo… es solo que no tengo apetito —se disculpó débilmente.

—¿Se siente incómoda en algún lado?

—Creo que es porque estoy cansada…  Me gustaría descansar.

—¿Debo retirar el plato? —Cuando asintió, la criada le quitó el plato, a pesar de que aún quedaba una porción considerable de comida que aún quedaba sin comer en la porcelana.

Max se sentó en la mesa y distraídamente miró a la figura que Aderon dejó atrás. Hace un momento, las pequeñas esculturas que antes les parecían juguetes ahora parecían insignificantes.

¿Por qué actúo como si fuera una niña pequeña? No hay nada malo en estar sola. 

Ella siempre había vivido aislada, ¿qué diferencia habría si Riftan se fuera? Durante veinte años, sufrió bajo un padre cruel, el rechazo de su hermana que actuaba como si no existiera y el irrespeto de los sirvientes. No había razón para sentirse desesperado por la ausencia de Riftan de un mes.

—¿Por qué estás mirando el fuego tan fijamente? —preguntó una voz familiar que la sacó de sus reflexiones.

Miró hacia atrás y una mano que de repente apareció sobre su hombro, sorprendiéndola. Riftan había entrado en la habitación sin que ella lo notara y ahora sostenía una de las esculturas de mármol en su mano y la miraba con una expresión que mostraba que no entendía lo que tenía en la mano.

—Es un modelo… estaba escogiendo las decoraciones para el salón del banquete.

—¿El salón de banquetes?

El corazón de Max se desplomó cuando vio que su expresión cambió en cuanto mencionó las decoraciones.

—Tú, me pediste que decorara el castillo, castillo así que… —Su voz poco a poco se apagó.

—No, no estoy diciendo que no —corrigió apresuradamente—. Me olvidé de que tenía un lugar así. Ya veo. El salón de banquetes… Supongo que tendremos que planear una fiesta o un baile pronto, ¿verdad?

Su garganta se secó al ver la mirada de anticipación de Riftan dirigidos hacia ella. Sólo la idea de organizar un baile o un banquete la mareaba de aprensión.

—Sí pero si no quieres…

—No es que no quiera. No estoy acostumbrado a los espacios ruidosos con extraños.

Luego se inclinó, inclinándose hacia ella, y sacó el alfiler de su cabello. El cabello trenzado de Max cayó, cayendo lentamente en la parte posterior de su cuello. Una sonrisa se extendió lánguidamente por en el rostro de Riftan mientras la desenredaba tiernamente con sus manos.

—Pero quiero verte con un hermoso vestido y bailando en el baile.

Max sintió que la palabra hermosa no era adecuada para ella, y fue por eso que nunca estuvo en un banquete antes. Cada vez que veía la diferencia entre las expectativas de Riftan y su verdadera naturaleza extraviada, sentía como si una garra invisible asfixiara su corazón desde el interior.

Esto es demasiado cruel.

—Bueno, bueno, ahora que lo pienso, ni siquiera tuve la oportunidad de agradecerte —comenzó—. Gracias por contratar a un sastre para, para mí.

—No tienes que agradecerme nada —respondió Riftan, poniendo el pedazo de mármol que sostenía sobre la mesa—. Sé que es muy poca cosa en comparación con tu anterior estilo de vida. Incluso si me toma tiempo, te daré todo lo que quieras, así que aguanta un poco —murmuró. Luego le rodeó los hombros con los brazos y bajó la cabeza, dándole un casto beso en el lóbulo de la oreja.

Max se echó hacia atrás cuando él la abrazó, refugiándose en su amplio pecho. Él estaba lejos de faltarle, en cambio, le daba más de lo que ella podría pedir.

Quería decirle que no tenía que esforzarse tanto por ella, pero simplemente no podía hacerlo. Incluso si sus expectativas eran erróneas, se sintió extrañamente aliviada de que él pensara en ella como alguien… preciosa.

—Voy a salir en camino al Palacio Real en unos días, pero volveré con un carro lleno de regalos.

Sus ojos se agrandaron ante su propuesta.

—Sí, sí…

—Volveré tan pronto como pueda. Solo voy a asistir a la ceremonia y… —Sus últimas palabras fueron un murmullo casi indescifrable para ella. Luego un calor suave, húmedo, suavemente fue empujado dentro de su boca.

Sus ojos se abrieron ligeramente. La punta de su lengua sabía levemente a vino. Su barba ligeramente áspera se frotó suavemente contra la suya, y una cálida y reconfortante palma acarició suavemente su mejilla.

Había algo único en la forma en que la acariciaba. Era terriblemente persistente y agresivo, sin embargo, más allá de su lado salvaje, también era cauteloso, abrazándola como si fuera algo sagrado. Cuando sus caricias se sintieron diminutas, casi revoloteando sobre su piel, se sintió como si fuera una flor silvestre.

Una delicada flor arrancada con ferocidad, para ser sostenida con cariño en su mano.

—Maldita sea… realmente no quiero ir —murmuró ásperamente, su cálido aliento calentó sus labios.

Hubo un ligero rastro de saliva cuando sus labios se separaron.

Max lo miró con ojos temblorosos, él ahuecó su mano sobre uno de sus pechos sobre su ropa mientras la acercaba a su cuerpo por la cintura.

—No quiero hacer nada más que quedarme encerrado en esta habitación durante meses, tal vez años, y simplemente descansar. —Ella sintió mucha fatiga en su voz acalorada.

Estaba exhausto. Max solo podía imaginar lo difícil que debió haber sido su trabajo en los últimos tres años. La culpa y la compasión brotaron dentro de ella. Ella vaciló levemente, antes de mover suavemente su mano para acariciar su cabeza. El hombre que le había estado derramando besos en su escote la miró sorprendido.

Ella logró decir con voz temblorosa,

—Ani, anímate.

Una extraña expresión cruzó sus ojos de ónix. Había vislumbrado una solemne mirada de angustia. Él la observaba sin expresión con ojos brillantes, cuando de repente, se abalanzó hacia ella, cerrando violentamente sus labios contra los de ella. Sintió escalofríos en la parte posterior de su cuello al sentir sus alientos húmedos que danzaban en el interior de su boca.

—Pareces tan dispuesta a animarme, no puedes quejarte cuando te arrepientas —murmuró mientras la tomaba en sus brazos de la silla en la que estaba sentada.

Todo su cuerpo se estremeció y una corriente apareció en la parte baja de su vientre. Ella no estaba asustada, ni cuando dijo algo como eso y sabiendo que era lo que ocurriría. Podía ver vagamente en qué clase de persona se estaba convirtiendo para ella y eso era lo único que realmente temía.

♦ ♦ ♦

—Pa, para… —La voz de Max salió en un suave quejido mientras su estómago descansaba sobre la cama.

Desde las ventanas, una luz brillante se derramaba desde el sorprendente cielo azul cubierto solo por escasas nubes. Era un día bastante soleado. Se arrastró hacia la manta para escapar, pero sus brazos y piernas, que habían sido sometidos a un ejercicio demasiado riguroso durante la noche, carecían de la fuerza para siquiera romper una flor, y mucho menos liberarse del agarre insistente de su esposo.

—Riftan, riftan… por favor, por favor.

—Sólo un poco más…

Ante el aliento que rebotó entre sus piernas, escondió su rostro profundamente entre las sábanas. La luz de la chimenea casi a punto de apagarse titilaba sobre su piel mojada empapada de sudor y humedad por haber hecho el amor tantas veces. Incluso la sensación de calor era como una tortura para Max.

—Es increíble, que puedas aceptarme de esta manera… y poder conectar mi cuerpo contigo de esta manera —murmuró como un borracho mientras la tocaba entre sus piernas.

Sus caderas levantadas en el aire temblaban con cada caricia, sus muslos ya fatigados estaban temblando. Sus pétalos empapados habían palpitado durante mucho tiempo por su continua estimulación, floreciendo en un rojo pálido. Ella contuvo un sollozo por el éxtasis y la calidad erótica.

El hecho de que ella le estuviera mostrando su parte más íntima era dolorosamente extraño para Max. Sentía como si su corazón pudiera salir disparado de su pecho en cualquier momento.

—¿Sabes lo hermosa que eres? —Sintió su voz cálida y ronca sobre su húmeda feminidad.

Y sus dedos empujaron suavemente hacia adentro, separando sus pétalos para acariciarla desde dentro. Max inmediatamente se encontró mordiendo la almohada para contener sus lascivos gemidos.

Ella se estaba volviendo loca. Se sentía como si todo su cuerpo se hubiera derretido y solo la parte bajo su agarre estuviera viva. Mientras las lágrimas corrían por su rostro por el intenso clímax que se rompió como una presa en si interior, él pasó suavemente su mano por su espalda y susurró:

—Verdaderamente hermosa. —Su voz profunda y amortiguada arañó sus oídos como el llamado hechizante de una sirena. Su cuerpo, que ya no era suyo, sucumbió a la salvaje sensación. Max tiró inconscientemente del cabello de Riftan.

Su aliento calienta su suave piel y sus dientes mordieron suavemente sus partes que durante mucho tiempo se habían vuelto sensibles por sus interminables toques. Sintió como si todos los nervios de su cuerpo se estuvieran partiendo en pequeños pedazos, destrozándola desde el interior en un delicioso montón.

—No, no… ¡ah!

Sus palabras no se correspondían con sus acciones, su espalda se arqueó más alto, sus pliegues se estiraron anticipandolo. Riftan apretó sus caderas con fuerza para que ella no pudiera escapar, y después de que él probó persistentemente sus jugos, colocó su miembro palpitante contra su intimidad y lentamente empujó hacia adentro, haciéndola sentirlo hasta la punta.

Max ya no tenía la fuerza suficiente para levantar ni un solo dedo. Cuando su cuerpo grueso y macizo chocó contra ella, tembló como una hoja. Su virilidad presionó dentro de ella, demandando mientras la llenaba profundamente hasta su centro y con cada empuje, su miembro crecía con su respiración irregular. A medida que sus movimientos se aceleraban, podía oír su piel resbaladiza chocar contra la suya, su cuerpo, que se había vuelto casi insoportablemente sensible y acalorado, fue barrido bruscamente por una fuerte corriente.

En el apogeo de sus sentidos, Max finalmente sintió que su visión se desvanecía, los sonidos a su alrededor desaparecían lentamente en conjunto con su conciencia.

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7 thoughts on “Bajo el roble – Capítulo 31: Expectativas erróneas

  1. Norma says:

    Riftan la ama aunque ella no pueda creer que alguien pueda llegar a tener ese sentimiento por ella, no conoció cariño de nadie y llegó mí Riftan para darle y darle duro ❤😂

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