Sorprendida, retrocedí un paso y grité.
—M-Maestro, qué… ¿Qué está haciendo?
—Es una pena ver cómo tus bonitas manos se llenan de cicatrices cada día que pasa. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 32: La despedida (5)”
Sorprendida, retrocedí un paso y grité.
—M-Maestro, qué… ¿Qué está haciendo?
—Es una pena ver cómo tus bonitas manos se llenan de cicatrices cada día que pasa. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 32: La despedida (5)”
La luz de las antorchas parpadeaba en esta noche oscura y sin luna. Este año también había unas cuantas luciérnagas volando alrededor. Desde la pequeña colina, su luz era lo único que se movía que podía ver.
Teo había reunido a los guerreros y ya llevábamos media hora buscando a los bandidos. Tomé prestada una tienda a donde Ratoka fue a dormir primero. También me estaba dando sueño, pero como todavía estoy esperando un informe, me quedé esperando afuera de la tienda. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 78: Búsqueda”