Asomé la cabeza de entre los brazos de Leandro. A lo lejos, una sirvienta alta venía corriendo hacia nosotros, levantándose el dobladillo de la falda.
Entrecerré los ojos y vi el pelo blanquecino ondeando con el viento.
—¿Lily? Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 50: El reencuentro (11)”
Cuando estiré de forma inconsciente la mano para agarrar su camisa blanca, me detuve.
—Ah.
Luego me retorcí un poco para escapar de su agarre.
Al notarlo, el rostro de Leandro se contrajo. No me soltó, en cambio, me atrapó en sus brazos una vez más. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 49: El reencuentro (10)”