El carruaje del duque era precioso, aunque estuviera pintado todo de negro. En el centro de la brillante pared lateral del vehículo estaba el emblema de la familia. Era incomparable con aquellos cabriolés que estaban inclinados o tenían partes rotas. Para empezar, este carruaje les doblaba en tamaño.
Leandro hablaba con el barón. Como no me interesaba ningún procedimiento formal de saludo entre altos nobles, tomé mi maleta y me acerqué al carruaje. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 53: El destino cambiado (3)”
Hace media hora, al llegar a la gasolinera. Fu Wenduo buscó gasolina mientras Tang Mo se dirigió al bungalow de enfrente para encontrar provisiones, pues, luego de que entraran en Beijing, la comida y agua serían escasas y aunque su demanda de estas era baja, no estaba ausente. Él quería prepararlo todo y evitar incidentes.
—La capacidad de retroceder en el tiempo es real. Me di cuenta por la estantería carbonizada en la parte trasera del quiosco. Estaba ennegrecida pero… —Tang Mo se detuvo un momento—. Había una revista intacta. Seguí leyendo “La Tierra está en línea – Capítulo 106: La marea alta siempre llega rápido”
Cuando interrogué al bandido Valon basándome en lo que Claudia y Gunther me acababan de contar, no parecía que ocultara nada en absoluto, no había nada que pareciera demasiado sospechoso y me respondió de inmediato a todo lo que le pregunté.
Dijo que vino a Arxia para cumplir una misión que le dio su iglesia, que su misión era reunirse con una mujer llamada Diferis que esperaba en el dominio de Ogren, y ayudarla y que algunas personas en el grupo de bandidos, incluido él mismo, creían en la secta Oeste de Alfena de la iglesia Revua, que la iglesia que les dio su misión era la iglesia Oeste de Alfena. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 94: Promesa con un demonio”